contra el narcotráfico, despenalización de la hoja de coca

Domingo, 02 de octubre de 2011

Después de la Guerra contra las Drogas: Una Propuesta para la Regulación - Prólogo de Cesar Gaviria

Nos encontramos al borde de un significativo cambio en cuanto a políticas internacionales sobre drogas, un cambio que transformará todo el planeta. Tras décadas de esperar su turno por salir a escena, las alternativas a la prohibición se encuentran ahora firmemente colocadas en la mesa de negociaciones para ser discutidas. La respuesta abrumadoramente positiva de los medios de comunicación al informe de la Comisión Global sobre Políticas de Drogas (a la cual me enorgullezco de pertenecer), ha mostrado que existe una enorme sed de cambio.

Esta traducción al español de “Después de la Guerra contra las Drogas – Una Propuesta para la Regulación” es tan relevante ahora debido a los abrumadoramente catastróficos impactos de la guerra contra las drogas en América Latina, pero también porque ahora existe aquí gran entusiasmo por una reforma progresista. Durante el último año, los presidentes tanto de Colombia como de México han formulado llamados por una discusión basada en evidencias sobre estrategias alternativas, incluyendo la regulación legal.

Cuando ocurra el cambio hacia la regulación legal, éste resultará en importantes beneficios para los países que se encuentran involucrados de manera significativa en la producción, tránsito y consumo de drogas actualmente ilegales. Las repercusiones positivas, sin embargo, se expandirán mucho más allá de estos países y, en última instancia, nos beneficiarán a todos – incrementando la seguridad, promoviendo el desarrollo, reafirmando la democracia y ratificando los derechos humanos. Todos estos valores los llevo muy dentro de mí, desde la época en que fui Secretario General de la Organización de Estados Americanos, cuyos cuatro pilares coinciden con estos principios de política.

Éste no será, sin embargo, un recorrido sin tropiezos. Los EE.UU. han llevado a otros Estados miembros de la ONU a objetar la solicitud de Bolivia de enmendar la Convención Única sobre Estupefacientes de la ONU para permitir que poblaciones indígenas mastiquen hoja de coca, afirmando que ello amenazaría la “integridad” de la Convención Única de 1961. “Integridad” implica que el sistema global para el control de drogas es “intacto, sólido, esencial y completo”. Cada informe sobre drogas de los últimos diez años muestra que ello está muy lejos de ser cierto. Ninguno de estos informes ha llegado al punto de afirmar que el régimen actual está libre de problemas y, de hecho, la mayoría de estos reportes, incluyendo aquellos elaborados por la propia Oficina de las Naciones Unidas sobre las Drogas y el Delito, cuestionan tanto los principios subyacentes como los resultados de este régimen.

Sería más apropiado describir el sistema actual como “corrupto” en el sentido original del término, que significa podrido y dañado. Desde su concepción, el sistema para el control de drogas de la ONU ha estado escindido en dos. En 1961, la Convención Única sobre Estupefacientes formuló un estricto sistema de regulación sobre la producción, suministro y consumo de drogas para uso médico, mientras al mismo tiempo construía una prohibición global absoluta para la producción, suministro y consumo de drogas no médicas.

Estos regímenes de control produjeron dos tipos de mercados muy diferentes – uno regulado por los gobiernos y sujeto a acuerdos comerciales internacionales; y el otro manejado por organizaciones criminales, insurgentes, paramilitares y funcionarios corruptos, ubicado completamente fuera del control de los gobiernos y las agencias supranacionales. Es éste último mercado el que está afligiendo a países tan distantes como Afganistán – donde el Estado de Derecho ha sido significativamente socavado debido a su participación en la producción de opio; Colombia – cuya gobernabilidad está comprometida por la influencia catalizadora de la cocaína en apoyo de las actividades de subversivos, paramilitares y parapolíticos; Guinea Bissau – donde el frágil Estado colapsó para convertirse en un narco-Estado al volverse parte de la nueva ruta para el tránsito de cocaína; y México – donde la violencia de la lucha interna por el control de territorios ha producido decenas de miles de los asesinatos más espantosamente violentos perpetrados en los últimos años.

Y sin embargo, al mismo tiempo, se produce cocaína legal para el mercado médico sin socavar la seguridad regional o global, y se cultiva amapola en todo el planeta tanto para controlar el dolor como para tratar adicciones sin socavar el desarrollo en Estados frágiles ni contribuir a la delincuencia y la criminalidad. La única conclusión que podemos extraer de estos ejemplos contradictorios es que lo que determina la eficacia de los resultados es el régimen de control. El viento que hace balancear los cultivos de amapolas opiáceas en la India, Tasmania y el Reino Unido, les lleva por una ruta diametralmente distinta a la trazada para los cultivos de la misma planta en el sur de Afganistán.

Tal como la presente “Propuesta para la Regulación” demuestra en detalle, la regulación de las drogas no es en absoluto un paso hacia lo desconocido. El mercado paralelo de drogas, legalmente regulado, tiene una larga historia y una sólida base de evidencias que muestra tanto sus fortalezas como sus debilidades. Una lección que debemos recoger de nuestra experiencia es que los gobiernos deben intervenir con más vigor en los mercados de alcohol y tabaco. Es improbable que compañías multinacionales cuya máxima prioridad es la ganancia, tengan mucho respeto por la salud de sus clientes. Ninguna persona seriamente interesada en las necesidades de las personas desfavorecidas y vulnerables toleraría la venta libre de heroína por parte de vendedores sin licencia (tal como ocurre actualmente con el tabaco).

“Después de la Guerra contra las Drogas – Una Propuesta para la Regulación” describe tres opciones básicas para regulación por parte del gobierno – prescripción, venta a través de farmacias y venta con licencia. Dado que la ONU calcula que existen cerca de 250 millones de consumidores de drogas ilegales, resulta extremadamente perverso dejar el comercio que les proporciona estas sustancias en manos de criminales organizados y traficantes exentos de regulación.

El mundo requiere y merece un régimen de control que no sea corrupto, que tenga una genuina integridad – que sea sensato, completo y cabal – que sea democrático, y que ofrezca seguridad, desarrollo y salud en un marco de derechos humanos. Soy realista. Creo que podría tomar otros diez años convertir esta “Propuesta” en realidad.

Resulta trágico que en la próxima década muchos miles de personas más deban morir consumiendo drogas sucias o tratando de dejarlas, o disputando el botín del tráfico ilegal. Al mismo tiempo, colectivamente desperdiciaremos otro billón de dólares en la guerra global contra las drogas.

Sin embargo, ya se están dando pasos positivos en la dirección correcta, y el apoyo del público hacia la reforma crece inexorablemente. La descriminalización de los consumidores de drogas está conquistando terreno en varios países de América Latina, y es casi seguro que dentro de pocos años empiecen experimentos con la regulación legal de cannabis en varios lugares.

A quienes lean este libro, les encomiendo que lo hagan llegar a los políticos que tienen la autoridad para implementar sus conclusiones. Este libro resultará ser un recurso invalorable para quienes busquen una estrategia para escapar de la guerra contra las drogas, y una base sólida para lograr la paz y la seguridad en América Latina y en otras latitudes.

César Gaviria
Ex-Presidente de Colombia
Junio de 2011

Fuente: Fundación Transform Drug Policy  


Tags: Drogas, Políticas de Drogas, guerra contra las drogas, Colombia, México, Perú, Narcotráfico

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