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Mi?rcoles, 24 de noviembre de 2010

Calentando motores: Nelson Manrique

Las ?ltimas encuestas muestran un ascenso de Alejandro Toledo en las preferencias electorales que no ha afectado significativamente a Keiko Fujimori, ni a Luis Casta?eda, ni a Ollanta Humala. Toledo ha aprovechado principalmente el espacio que durante la pasada elecci?n municipal ocupara Susana Villar?n, gracias a la par?lisis de las organizaciones de izquierda, que, para variar, vuelven a entramparse ante el tema de la unidad. La continuaci?n de este derrotero constituye la cr?nica de una muerte anunciada: el desencanto de los electores con relaci?n al divisionismo contumaz.

Cada uno pone su piedra en el camino de los entendimientos: desde quienes convocan a la unidad presentando su candidatura presidencial como innegociable, invitando a desfilar bajo sus banderas, hasta quienes ponen por delante vetos que descartan de antemano cualquier proyecto unitario. Quienes aspiran a ser la izquierda que la derecha quiere dejan que esta raye la cancha, definiendo desde el margen dentro del cual debe plantearse las propuestas "aceptables", hasta con qui?nes pueden aliarse los izquierdistas buenos y con qui?nes no deben juntarse.

Esta actitud timorata se fundamenta en un pragmatismo errado. Durante la pasada elecci?n municipal la alianza establecida por FS con el MNI se convirti? en un flanco en el que la derecha concentr? sus ataques. Susana -argumentaban los propagandistas de la derecha- deb?a zanjar con el MNI y con PR, organizaci?n a la que se presentaba como terrorista, a pesar de que tiene inscripci?n legal ante el JNE, y que viene participando en elecciones hace tres d?cadas y nadie ha podido acusarla nunca de haber cometido acto terrorista alguno. En esas circunstancias Susana se mantuvo firme ante el cargamont?n (m?s que Ollanta, que en varias ocasiones hab?a retrocedido ante los vetos que la derecha impon?a a sus posibles aliados de izquierda). Su firmeza no solo no provoc? la derrota de Villar?n, sino le gan? m?s respaldo popular. La otra gran lecci?n se viene repitiendo desde hace tres d?cadas: una izquierda unida gana un gran respaldo popular mientras que organizaciones fragmentadas cosechan desastres en las urnas.

Cuanto m?s tiempo demore la izquierda en desentramparse, mayor ser? el da?o, pero el panorama se presenta complicado, especialmente por la crisis en marcha en FS. En primer lugar, por la descalificaci?n de quien se consideraba su casi seguro candidato presidencial. El destape de que Nano Guerra Garc?a fue subdirector de El Peruano cuando se produjo el autogolpe de Fujimori el 5/4/92, y no solo no renunci? sino asumi? luego la direcci?n, mientras la izquierda luchaba por el esclarecimiento de los cr?menes de Barrios Altos y La Cantuta, ha herido de muerte su candidatura, si esta pretende presentarse como de izquierda. Sorprende que FS levantara una precandidatura tan vulnerable, especialmente luego de la campa?a de demolici?n que la derecha despleg? contra Susana, que constituy? un adelanto de c?mo ser? la pr?xima campa?a presidencial. Este grav?simo error ha dejado a FS sin candidato propio. Las alternativas posibles, hasta este momento, son el padre Arana y el embajador Manuel Rodr?guez Cuadros, ambas excelentes, aunque ser?an mejores como candidaturas unitarias. Pero el problema de fondo es c?mo se definir? pol?ticamente FS. Es sorprendente que, luego de haber rechazado la alianza con Toledo, haya quienes virtualmente proponen asumir como propias las posiciones que este representa. Si esa era la alternativa, m?s inteligente era ir en alianza con PP.

El favoritismo que Garc?a viene mostrando por Luis Casta?eda constituye una flagrante intromisi?n en el proceso electoral. En esa l?nea se inscribe la condecoraci?n que ayer recibi? por haber cumplido su funci?n como alcalde de Lima. Al mismo tiempo, el JNE ha disipado cualquier duda en torno a su abierta parcialidad al -luego de dilatar todo lo que le fue posible el tr?mite- entregarle sus credenciales de alcaldesa electa a Susana Villar?n en un pasillo de su local, sin darle tiempo ni siquiera para invitar a sus familiares, y por supuesto sin una ceremonia como la que se realiz? en el CAL para entregarle a Casta?eda sus credenciales cuando fue proclamado alcalde.

Fuente: Calentando motores | LaRepublica.pe


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