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Jueves, 14 de enero de 2010

Nuestro papel en el trance haitiano

Si verdaderamente queremos ayudar a este pa?s devastado, debemos cesar los intentos de controlarlo y explotarlo

Cualquier gran ciudad del mundo habr?a sufrido da?os considerables por un terremoto como el que asol? la capital haitiana en la tarde del martes, pero no es ning?n accidente que buena parte de la ciudad de Puerto Pr?ncipe parezca ahora una zona de guerra. Gran parte de la devastaci?n causada por la m?s reciente y desastrosa calamidad que ha golpeado a Hait? se comprende mejor como el resultado de una larga e infame secuencia de acontecimientos hist?ricos causados por el hombre.

El pa?s ya ha tenido que enfrentar m?s cat?strofes de las que en justicia le corresponden. Cientos de personas perecieron en Puerto Pr?ncipe por un terremoto en junio de 1770, y el gigantesco terremoto del 7 de mayo de 1842 pudo matar a 10.000 personas solamente en la ciudad norte?a de Cabo Haitiano. Los huracanes golpean a la isla con regularidad, los m?s recientes en 2004 y 2008; las tormentas del a?o 2008 inundaron la ciudad de Gonaives y destruyeron la mayor parte de su fr?gil infraestructura, matando a m?s de mil personas y destruyendo varios miles de viviendas. La extensi?n del actual desastre puede que no se conozca hasta dentro de varias semanas. Incluso reparaciones m?nimas pueden tardar a?os en completarse, y el impacto a largo plazo es incalculable.

Sin embargo, lo que ya est? bastante claro es que ese impacto ser? el resultado de un proceso hist?rico a?n m?s largo de debilitamiento y empobrecimiento deliberado. Hait? se suele describir rutinariamente como "el pa?s m?s pobre del hemisferio occidental". Esa pobreza es el legado directo del que tal vez haya sido el sistema de explotaci?n colonial m?s brutal de la historia, agravado por decenios de sistem?tica opresi?n poscolonial.

La noble "comunidad internacional" que en estos momentos se prepara con gran estruendo para enviar su "ayuda humanitaria" a Hait? es en gran parte responsable de la extensi?n del sufrimiento que ahora quiere aliviar. Desde la invasi?n y ocupaci?n norteamericana de 1925, cada tentativa pol?tica seria de permitir que el pueblo haitiano pudiera pasar (en la frase del anterior presidente Aristide) "de la miseria absoluta a la pobreza digna", ha sido bloqueado deliberada y violentamente por el gobierno de EEUU y algunos de sus aliados.

El propio gobierno de Aristide (elegido aproximadamente por el 75% del electorado) fue la ?ltima v?ctima de esa injerencia al ser derrocado en 2004 por un golpe patrocinado internacionalmente en el a?o 2004, que mat? a varios miles de personas y dej? gran parte del pa?s hundida en resentimiento. Las ONU ha mantenido en el pa?s desde entonces una enorme y muy onerosa fuerza militar de pacificaci?n.

Hait? es hoy un pa?s donde, seg?n el mejor estudio disponible, cerca de 75% de la poblaci?n "vive con menos de 2 d?lares al d?a, y el 56% -cuatro millones y medio de personas- vive con menos de 1 d?lar diario". Decenios de "ajuste" neoliberal e intervenci?n neoimperial han despojado al pa?s de cualquier porci?n significativa de capacidad para invertir en su pueblo o regular su econom?a. Condiciones punitivas de comercio y financiaci?n internacional garantizan la permanencia, en un futuro previsible, de esa indigencia e impotencia como hechos estructurales de la vida haitiana.

Es exactamente esa pobreza e impotencia lo que explica la extensi?n del actual horror en Puerto Pr?ncipe. Desde los ?ltimos a?os de la d?cada de los 70, un implacable asalto neoliberal a la econom?a agraria de Hait? ha obligado a decenas de miles de peque?os agricultores a trasladarse a viviendas informales y deficientes, a menudo encaramadas en las faldas de barrancos deforestados. La selecci?n de la gente que vive en tales lugares no es en si misma m?s "natural" o accidental que la extensi?n de las heridas que ha sufrido.

Como indica Brian Concannon, director del Instituto por la Justicia y Democracia en Hait?, "esa gente lleg? a esos lugares porque ellos o sus padres fueron expulsados intencionadamente de las ?reas rurales por pol?ticas de ayuda y de comercio dise?adas espec?ficamente con la intenci?n de crear en las ciudades una fuerza de trabajo cautiva, y por lo tanto f?cil de explotar; por definici?n se trata de gente que no cuenta con los medios para construir casas resistentes a los terremotos". Entretanto, la infraestructura b?sica de la ciudad -agua corriente, electricidad, carreteras, etc- permanece deplorablemente inadecuada, a menudo inexistente. La capacidad del gobierno para movilizar cualquier tipo de ayuda contra cat?strofes es pr?cticamente nula.

La comunidad internacional ha gobernado efectivamente Hait? desde el golpe de 2004. Los mismos pa?ses que ahora alardean con el env?o de ayuda de emergencia a Hait? han votado sin embargo consistentemente, durante los ?ltimos 5 a?os, contra cualquier extensi?n del mandato de la misi?n de la ONU m?s all? de sus objetivos estrictamente militares. Propuestas para desviar parte de de estas "inversiones" hacia programas para la reducci?n de la pobreza o el desarrollo agrario se han bloquedado, en consonancia con las pautas de largo plazo que siguen caracterizando la "ayuda" internacional.

Las mismas tormentas que mataron a tanta gente en 2008 golpearon a Cuba con la misma fuerza, pero aqu? dejaron solamente 4 muertos. Cuba ha eludido los peores efectos de las "reforma" neoliberales y su gobierno conserva la capacidad de defender a su pueblo contra los desastres naturales. Si queremos seriamente ayudar a Hait? a salir de su ?ltima crisis, deber?amos tomar en consideraci?n esos resultados. Juntamente con el env?o de ayuda de emergencia, deber?amos preguntarnos qu? podemos hacer para favorecer el fortalecimiento de la autodeterminaci?n del pueblo de Hait? y sus instituciones p?blicas. Si queremos en serio ayudar, tenemos que dejar de intentar controlar el gobierno haitiano, pacificar a sus ciudadanos, y explotar su econom?a. Y luego tendremos que empezar a pagar al menos una parte del destrozo que ya hemos causado.

Por Pete Hallward
The Guardian

Traducido para Rebeli?n por Jos? Luis Vivas

Fuente: Rebelion. Nuestro papel en el trance haitiano


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