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Martes, 04 de agosto de 2009

Per?: Micropopulismo y elecciones

Acaso lo que m?s llama la atenci?n de los mensajes presidenciales no es tanto las promesas incumplidas o los anuncios de obras que solo existen en la imaginaci?n del mandatario, como la c?rcel en la selva para los corruptos, sino m?s bien este intento de hacernos creer lo que ?l mismo no cree. La idea que el Presidente desaprovecha estos momentos para comunicarse con el p?blico debe ser discutida a partir de una pregunta muy simple: ?Le interesa al Presidente comunicarse?

Esta pregunta puede parecer un poco extra?a, pero me temo que la respuesta es s? y no. Alan Garc?a es un pol?tico y sabe muy bien cu?ndo debe y cu?ndo no debe comunicarse con la poblaci?n. Por eso decir que ha desperdiciado una oportunidad podr?a conducirnos a un error basado en la ingenuidad: como no ha dicho lo que yo quer?a escuchar, el Presidente, simplemente, no se ha comunicado.

En realidad, el presidente s? se ha comunicado. Lo que sucede es que no se ha comunicado con todos -menos con sus cr?ticos y opositores- sino m?s bien con un sector con el cual hace tiempo conversa. A este sector le ha dicho (o reiterado) dos cosas importantes: a) que la lucha, por no decir la guerra, contra todos aquellos que quieren cambiar el modelo econ?mico neoliberal (podemos llamarlos antisistema o estatistas) contin?a; y b) que no habr? cambios salvo en todo aquello que represente la continuidad del mismo.

Para ello ha planteado una estrategia basada en dos puntos: por un lado, mantener el orden, es decir, reprimir las protestas ya que detr?s de estas est?n los antisistema; por otro, desarrollar una pol?tica clientelar. Para todo eso est?n las fuerzas del orden, los flamantes n?cleos juveniles ejecutores y los municipios cooptados por el gobierno que ser?n las nuevas clientelas pol?ticas.

Si se observa bien, este modelo pol?tico ya se implement? con cierto ?xito en la ?poca de Fujimori y consisti? en conciliar neoliberalismo y populismo. La suma de ambos puede ser definida como micropopulismo y se fundamenta en asociar el gasto social, v?a peque?as obras, con los calendarios electorales y el incremento de la legitimidad presidencial. El nexo pol?tico existente entre el populismo y el neoliberalismo encuentra sus bases en la tendencia rec?proca de explotar y exacerbar la desinstitucionalizaci?n de la representaci?n pol?tica. Por eso no nos debe extra?ar que uno de los pr?ximos blancos presidenciales sea el Congreso y la propuesta de cambiar a mitad del periodo presidencial la mitad de los parlamentarios. En este contexto debemos tambi?n ubicar la amenaza de un refer?ndum si el Congreso no aprueba esta reforma constitucional. La idea es ponerse a la cabeza de la cr?tica a los pol?ticos y al Congreso como un mecanismo para reforzar el caudillismo.

Hace algunos a?os (1999), el estudioso Norbert Schady demostr?, por ejemplo, que los proyectos que el Foncodes aprob? durante el periodo comprendido entre 1993 y 1995 fueron espec?ficamente destinados a las provincias que apoyaron a Fujimori en 1990 pero que luego lo abandonaron en 1993. Por ello el proceso a trav?s del cual Fujimori logr? su legitimidad y respaldo popular se relacion? con la naturaleza del pacto social que logr? establecer con aquellos grupos poblacionales que lo favorecieron  pol?ticamente: por un lado, los pobres y, por el otro, los ricos. En otras palabras, el medio para obtener las rentas pol?ticas que le permit?an la permanencia en el poder  supon?a atender a los pobres, pero preservando los altos grados de desigualdad socioecon?mica existentes. Es la vieja estrategia de alentar la antipol?tica, apoyar a los ricos y generar mayores niveles de desigualdad para luego atenderla como un mecanismo para incrementar la legitimidad pol?tica.

Se puede afirmar, entonces, que hemos entrado a una etapa crucial en la cual el alanismo muda y se transforma en una suerte de neofujimorismo.  Dicho en otras palabras: la etapa superior del alanismo es el neofujimorismo. Las razones principales de esta transformaci?n son la reafirmaci?n de la alianza con los grandes grupos econ?micos, la extensi?n de la corrupci?n, la b?squeda de impunidad y la cercan?a de las elecciones regionales y presidenciales. Por lo tanto, luego del mensaje presidencial, finalmente, se ha dado inicio al proceso electoral.

Sin embargo, la otra pregunta es si esta estrategia es posible. En los a?os 90 pesaba m?s el temor al terrorismo y a la crisis econ?mica que las demandas por empleo y mejores ingresos. El cambio en las demandas se produjo a finales de esa misma d?cada y determin? la decadencia del fujimorismo y su posterior derrota. Si bien estos a?os no son los 90 y es otro el movimiento popular, cabe preguntarse si la ausencia de una fuerte y organizada oposici?n pol?tica es el factor que hace similares ambas ?pocas. Esperemos que no, si en verdad queremos derrotar al neoliberalismo.

Por Alberto Adrianz?n M. -

www.albertoadrianzen.org

Fuente: Micropopulismo y elecciones | LaRepublica.pe


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