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Lunes, 18 de mayo de 2009

Una insurgencia fugaz y milagrosa : Carlos Reyna

El último sábado ocurrieron dos milagros. Por primera vez, tras 35 días de iniciada la protesta indígena, Yehude Simon y su gabinete se reunieron para ver exclusivamente ese tema y luego dar una conferencia de prensa en pleno. Por otro lado, también por primera vez en ese lapso, el decano de la prensa nacional le dedicó el titular de su portada a dicha protesta.

¿Qué es lo que ha hecho posible esos dos sucesos tan extraordinarios? Pues la convocatoria de los dirigentes indígenas a la insurgencia de sus bases. El llamado les abrió un flanco a dichos dirigentes. Agilísimos, el gabinete y los adversarios de la protesta se lanzaron a sacar provecho, a rasgarse las vestiduras. Estuvieron más constitucionalistas y más demócratas que nunca en la vida.
Poco les duró la ocasión. Ante una certera invocación de la defensora del Pueblo, los líderes de AIDESEP dejaron de lado aquello de la insurgencia y volvieron al marco constitucional de su lucha, un marco en el que sus demandas han venido ganando más y más apoyo conforme pasan los días.

La declaratoria del estado de emergencia había resultado un búmeran para el gobierno. Activó más resortes de solidaridad con la lucha indígena. En la última semana hubo un fuerte paro en Yurimaguas, una concurrida marcha en Iquitos y dos pronunciamientos de los presidentes regionales de Amazonas y Pasco, todos ellos en apoyo del reclamo de la derogación de los cuestionados decretos. En los medios, por la fuerza de los hechos, se rompió la cortina de silencio.

La mención de la insurgencia pudo haber introducido un factor de grave distorsión y de descontrol sobre este conflicto, con daños colaterales para todo el orden democrático. Ese llamado pudo haber aislado a AIDESEP. Rectificado el error, el papel jugado por la Defensoría del Pueblo muestra cuánto bien hace que existan puentes abiertos entre las demandas sociales y la autoridad pública.

Precisamente, un informe de la Defensoría nos dice que un 80% de conflictos solo consiguen diálogo después de las primeras medidas de fuerza de las organizaciones sociales. Algunas autoridades esperan que haya violencia para reaccionar. La molicie estatal induce a pensar a la gente que si no se levanta no se le atiende. Los primeros subversivos son el ministro o el congresista que mece y luego denigra a los líderes reclamantes, sobre todo a los líderes de etnias que tienen una memoria colectiva de despojo y exclusión.

Todo indica que este conflicto solo llegará a buen fin con una fuerte presión pública sobre el Gabinete Simon, sobre la Comisión de Constitución del Congreso, presidida por un loretano como el aprista José Vargas, y sobre el resto de congresistas y presidentes de las regiones amazónicas que aún no se han pronunciado. Quizás esa presión haga también otro milagro: un final sin mayor violencia.

Fuente: La República


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