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Martes, 05 de mayo de 2009

Protesta ind?gena, pandemias conquistadoras: Carlos Reyna

“Aunque la espada fue un arma importante en la destrucción de las unidades políticas de los indígenas y en la creación de los imperios coloniales, no constituyó el principal factor que hizo posible la victoria europea. Fue el cuarto jinete del Apocalipsis, cargado de gérmenes, virus y bacterias…La enfermedad fue la verdadera arma de Santiago Matamoros, no la espada del conquistador español”. Así lo cuenta Noble D. Cook, en su libro La conquista biológica. Las enfermedades en el Nuevo Mundo.

La tesis de Cook es que las epidemias que llegaron con los conquistadores fueron hasta cierto punto funcionales a la empresa imperial española. Ayudaron a doblegar la resistencia indígena. Sin embargo, el propio autor recuerda que el colapso demográfico fue tan grande que la propia corona española tuvo que implantar medidas de protección a los indígenas. Tenían que impedir una escasez absoluta de mano de obra.

Quinientos años después, el fantasma de la llamada influenza A(H1N1) recorre el mundo. También toca nuestras puertas. Si llega a ingresar, todas las personas, en teoría, corren el riesgo de enfermar gravemente. Sin embargo, el peligro es mayor mientras más bajo es el lugar que las personas ocupan en la escala social. Allí están, entre otros peruanos vulnerables, las poblaciones indígenas. ¿Merecerán alguna acción especial frente a esta amenaza?

Por lo pronto, la pandemia acapara la cobertura periodística y está sirviendo para restarle notoriedad a la larga protesta de los indígenas amazónicos. Con ello, también le resta gravitación política. Curiosamente, aun antes de llegar a nuestro territorio, el virus A(H1N1) ya le está dando una manito a quienes quisieran quebrar esta nueva resistencia indígena.

La protesta de asháninkas, yines, machiguengas, kichuas, arabelas, awajún, wampis, cocamas cocamillas, shawis, y otras etnias, se origina en varios decretos legislativos y algunas leyes que afectan los derechos comunitarios sobre sus recursos naturales. Esas normas resultan del credo liberal que quiere imponerles la lógica de los negocios privados. Amparados en normas constitucionales, convenios internacionales, un pronunciamiento de la Defensoría del Pueblo, e incluso en el informe de una Comisión Multipartidaria del Congreso, los indígenas reclaman su derogatoria.

Hace siglos, los arcabuces y las epidemias corrían a los indígenas hacia las profundidades del bosque. Hoy plantan sus acciones de fuerza en las bocas de los grandes ríos y en varias ciudades de la selva. Las organizaciones citadinas y los jóvenes les prestan su apoyo. Los tiempos han cambiado, pero la pandemia neoliberal ha congelado al Ejecutivo y a la mayoría del Congreso como si fueran caricaturas de Francisco de Orellana y Lope de Aguirre. ¿Acaso esperan la ayuda de la influenza?

Por Carlos Reyna

Fuente: Protesta indígena, pandemias conquistadoras | LaRepublica.pe


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