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Lunes, 27 de abril de 2009

Hilaria, el Congreso como reflejo: Carlos Reyna

Es fácil explicar la presencia de Hilaria Supa o María Sumire en el Congreso, o antes la de Paulina Arpasi. Sus electores, con todo derecho, prefieren gente que se les parezca a ellos. Es la opción por la representación que Hannah Pitkin o Bernard Manin llaman “descriptiva” o “por reflejo”. Les otorgan su confianza porque suponen que a mayor parecido, mayor lealtad.

A su vez, la opción de esos electores se explica por su decepción con la representación que premia a los más distinguidos, ya sea por riqueza, ilustración o por ideologías. Estos últimos tipos de representantes son los que han perdido confianza en tiempos recientes. Electores como los de Supa buscan a otros como ellos, con su misma pinta, condición social o cultura, que no es igual a saber occidental. Es su derecho. Y es derecho de Supa competir por su voto.

Las últimas cartas constitucionales han establecido el sufragio de los analfabetos. No han puesto más requisitos para ser congresista que ser peruano y mayor de 25 años. No ha sido por puro idealismo democrático. Ha sido por tres lúcidas convicciones. Primero, que es mejor que el pueblo escoja. Segundo, que es mejor que los representantes tengan la confianza del pueblo antes que otros títulos. Tercero, que el mejor no es el experto jurista sino el que, jurista o no, decide en función de los sencillos derechos y valores fundamentales cuya defensa le fue encargada.

Lo racional en la evaluación de Supa, por tanto, no debiera ser, para nada, su ortografía. Debiera ser, en todo caso, la lealtad con sus electores, sus votaciones, sus pronunciamientos, sus proyectos. Pero en el ataque que se le ha hecho no hay nada de racionalidad. Solamente hay un racismo provocador y pueril.

Racismo, porque la supuesta incultura no se le aplica como estigma solo a Supa. También se menciona explícitamente a María Sumire y, de paso, al gobierno boliviano. Provocador, porque el ataque está pensado para excitar las fobias de gente que piensa que ya hay demasiada democracia. Pueril, porque la gran revelación de las fallas ortográficas es el típico sadismo del acusete escolar que espera el aplauso de su pandilla.

Aunque no plenamente incuestionable, es bueno recordar el punto de vista de John Adams, el segundo presidente de los EEUU, sobre la asamblea representativa: “Debe ser un cuadro en miniatura exacto del pueblo en su totalidad. Debe pensar, sentir, razonar y actuar como él”. Y cómo olvidar, aquí, las frases del diputado Pedro Gálvez, en su defensa del sufragio indígena contra el elitismo criollo de Bartolomé Herrera: “Acuso de atentatoria contra la personalidad del hombre y la nobleza de su destino,  la ley que, dividiendo la humanidad en dos porciones, confía exclusivamente a una la dirección de la otra, sometiéndola a perpetua tutela”. Fue, bueno es recordarlo, hace 160 años. Sigue vigente.

Fuente: LaRepublica.pe


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