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Martes, 07 de abril de 2009

Fujimori: ?No sab?a nada?

En marzo de 1990 se creó el Grupo Especial de Inteligencia, GEIN, con la misión de investigar y capturar a los mandos de Sendero. Años después le pregunté al general Ketín Vidal, en su momento jefe del grupo y uno de los cazadores de Abimael Guzmán, si recibieron apoyo de Fujimori. “Un día llegó a la sede y lo invitamos a que visitara nuestra reducida oficina y se informara de lo que hacíamos, pero pasó de largo”, contestó el general. ¿Sin Fujimori habría caído Guzmán?, lo interrogué. “Sin ninguna duda”, respondió sin ambages. En junio de ese año el GEIN ya había capturado a los cabecillas del ‘Grupo de Apoyo Partidario’ (GAP) de SL.

El gesto de la señora Raida Cóndor, en el momento en que, el pasado viernes, el ex dictador Alberto Fujimori dice lamentar las muertes de las víctimas de las matanzas de La Cantuta y Barrios Altos, lo expresa todo. Solo le faltó gritarle “cínico, conchudo”. 

Imagino que en ese momento debió haber recordado los meses de angustia y de impotencia que vivió sin que nadie en el gobierno de quien hoy desvergonzadamente se dice defensor de los derechos humanos le informara sobre el destino final de su hijo, Armando Amaro, y de los otros ocho estudiantes y el profesor secuestrados de la Universidad el 18 de julio de 1992.

“Hemos recorrido morgues, hospitales, centros policiales, cuarteles militares, ministerios, comandancias, hemos viajado al interior del país, hemos gastado nuestros ahorros, pero no hemos hallado ninguna señal, ni tampoco ninguna respuesta del gobierno”, dijo el 5 de abril de 1993, Antonia Pérez Velásquez, esposa del asesinado profesor Hugo Muñoz Sánchez.

Para entonces, a 9 meses de la barbarie de Colina, Fujimori, Montesinos, Hermoza, Pérez Documet, Malca, Martin Rivas y sus secuaces sabían que los cuerpos de los estudiantes y el profesor estaban enterrados en un descampado próximo a la autopista Ramiro Prialé, que habían sido ejecutados con disparos en la nuca y que los habían quemado con el salvaje propósito de desaparecerlos. En el colmo del cinismo –lo cual, como señala Mirko Lauer, confirma que Fujimori no ha cambiado en absoluto–, en su último alegato, el ex dictador dijo: “En ningún nivel ni en ningún momento se me informó que se trataba de un escuadrón de la muerte o de miembros del ejército o de inteligencia los que cometieron los crímenes de Barrios Altos y La Cantuta...”.

Así, el descaro de Fujimori es más evidente. Tan pronto como ocurrieron los sucesos, La República informó al día siguiente, el 19 de julio, con el titular a toda página: Detienen a catedrático y nueve estudiantes en campus de la universidad La Cantuta. Los primeros testimonios que recogió LR en ese entonces indicaban que los autores del secuestro habían sido unos 30 militares con el rostro oculto con pasamontañas. Estaba además el testimonio de Antonia Pérez que relataba cómo a su esposo los militares lo habían sacado a empellones de su casa en la madrugada.

Por lo demás, en la fecha de la matanza, la universidad de La Cantuta estaba militarizada por orden de Fujimori. Es estúpido imaginar que un grupo de estudiantes podían ser detenidos, de madrugada, sin el consentimiento de los soldados acantonados en el campus. LR, 5 de abril-93, recuerda que cuando a Fujimori le preguntan por este hecho, responde: “Si han sido detenidos será por algo, y si son inocentes ya saldrán”.

Igual ocurrió con la matanza de Barrios Altos (3 noviembre-91) dada a conocer por LR en su portada, como titular principal. Tres días después, Gustavo Gorriti declaró que la autoría correspondía a un escuadrón de la muerte. Y así fue. El escuadrón no era otro que el criminal Grupo Colina, sobre el cual Fujimori guardó silencio, ordenó el 93 a sus congresistas que archivaran la denuncia de La Cantuta con la tesis del “autosecuestro”, dio la Ley Cantuta el 94 para que el caso pase del fuero común al fuero militar y dictó dos leyes de amnistía para exculpar a los asesinos. Este martes doña Raida junto a los demás deudos de las víctimas de esta matanza podrán recién decir que la justicia ha tocado sus puertas y sus corazones. Hasta el próximo domingo.

Por Carlos Castro
Subdirector

Fuente: No sabía nada | LaRepublica.pe


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