contra el narcotráfico, despenalización de la hoja de coca

Jueves, 12 de marzo de 2009

Juicio contra Fujimori: llega la justicia despu?s de un a?o

Por Gisela Ortiz Perea
Representante de familiares Caso La Cantuta

El 18 de julio de 1992, un destacamento de asesinos, integrados por agentes de inteligencia del Ejército, comandados por Santiago Martín Rivas y con la protección de la dictadura de Alberto Fujimori; ingresó a la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle, La Cantuta (bajo protección militar desde mayo de 1991); para secuestrar, asesinar y desaparecer a nueve estudiantes y un maestro quienes estaban descansando en las viviendas universitarias.

Nuestros familiares estuvieron desaparecidos hasta julio de 1993, cuando desde la tierra donde los enterraron por tercera vez, después de quemarlos; aparecieron para señalar a sus asesinos, negándose a ser olvidados o a formar parte de esa estadística dolorosa que nos cuestiona a todos como peruanos, pero también para mostrar el rostro cruel y criminal de la dictadura.

La historia del largo trajinar de los familiares para conocer la verdad de los hechos y la ansiada justicia ha sido difícil, llena de incomprensiones, de estigmatizaciones, de abandono por parte de un Estado que decidió proteger a los asesinos para no reconocer su propia responsabilidad y de pretender que todos olvidemos estas muertes con las leyes de amnistía. Hemos sido capaces de mantenernos unidos y firmes en un compromiso que nos planteamos desde ese 18 de julio: ganarle a la muerte a través de nuestra memoria y hacer respetar nuestro derecho a la justicia caiga quien caiga.

En septiembre del 2007, la Corte Suprema de Chile decidió extraditar a Alberto Fujimori por algunas de las violaciones a los derechos humanos que se cometieron durante su dictadura, entre ellas, el crimen contra nuestros familiares. La justicia esperada durante 16 años y arrancada con plantones, movilizaciones, vigilias, denuncias, con gritos en las calles, lágrimas que marcaron nuestro rostro y la solidaridad de muchas personas se hacía real, se convertía en algo posible.

Han transcurrido 15 meses del inicio de este proceso de justicia. Un proceso complicado para los familiares por la forma como se fue desenvolviendo. Tener que compartir la sala de audiencia con los hijos, seguidores y fanáticos de Fujimori ya de por sí es difícil, más aún, cuando de parte de ellos no saben que es el respeto a la memoria, al dolor de quienes somos las víctimas. Tener que ver al principal responsable de la muerte de nuestros familiares, con actitud soberbia y sin poder mirar de frente a los familiares; escuchar a cada uno de los asesinos narrar sus crímenes como una forma natural de desempeñarse como militares;  las mentiras de todos los cómplices que desfilaron por la sala; todo esto sólo puede haber servido para darnos cuenta que no nos equivocamos cuando señalamos quienes fueron y son los culpables.

La verdad es un derecho que ayuda a sanarnos por dentro, que devuelve respuestas negadas tantas veces, de conocer y aceptar una historia que nos duele y nos avergüenza por la propia indiferencia. La justicia es la forma de recuperar la tranquilidad que nos robaron, de convencernos que es posible seguir formando parte de una sociedad donde no nos obligan a convivir con los asesinos; de darle valor oficial al testimonio de los familiares. Por eso nos gustaría que toda esta historia reafirmada a través de este juicio, nos  sirva a todos como país, para comprender cuál debe ser el papel que le toca asumir al Estado, cuáles son sus límites y que la vida de sus ciudadanos no les pertenece para que decidan sobre ella, y, lo más importante, que todos tenemos que ser considerados  iguales ante la ley para asumir las responsabilidades de nuestros actos.

Después de un año y con todo lo escuchado y conocido, los familiares mantenemos la esperanza de que al final de este proceso, no sólo se determinará la responsabilidad de Fujimori en la comisión de estos crímenes por los cuales será sentenciado, sino que, con este juicio, se ha demostrado que la voluntad de hacer justicia para las víctimas de esta violencia pasa por el profesionalismo, el respeto y el atrevimiento de los magistrados que tienen que asumir esta responsabilidad.

No es venganza lo que ha motivado la lucha de los familiares a lo largo de todos estos años, es la exigencia del cumplimiento de nuestros derechos, es la negación a enterrar a nuestros seres queridos en el olvido y la impunidad, es la negación a convertirnos en cómplices de todos los criminales, es la oportunidad de demostrarles que se equivocaron si pensaron que nos asustarían o nos callarían; que el miedo que quisieron sembrar sólo sirvió como fuerza que nos hizo salir a las calles a reclamar justicia, sin paralizarnos; a desenmascararlos sin tregua y a hacernos escuchar más allá de nuestras propias fronteras.

Nuestra perseverancia es también un aporte a la construcción del país diferente con el que todos soñamos, con respeto, con igualdad y sin impunidad. Para que estos crímenes no vuelvan a repetirse en el futuro, la justicia tiene que darse ahora. Ese es nuestro máximo anhelo.

Fuente: Ser - Servicios Educativos Rurales - Juicio contra Fujimori: llega la justicia después de un año


Añadir comentario

¡Recomienda esta página a tus amigos!
Powered by miarroba.com