contra el narcotráfico, despenalización de la hoja de coca

S?bado, 07 de marzo de 2009

Am?rica Latina frente a la crisis global (Parte II)



El impacto de la crisis mundial sobre Am?rica Latina suscita tres tipos de discusiones: la incidencia econ?mica inmediata, los efectos pol?ticos de largo plazo y las medidas sociales requeridas para enfrentar el descalabro financiero.

?Declinaci?n inexorable?

Ciertos analistas atribuyen el futuro desahogo latinoamericano a una declinaci?n estructural e inevitable de Estados Unidos. Las versiones m?s vulgares de este enfoque son habitualmente recogidas por los medios de comunicaci?n. Han sido enunciadas por futur?logos de instituciones pr?ximas al Departamento de Estado y auguran el liderazgo de Europa o Asia y el ascenso de nuevas potencias (China, Rusia, India). Luego del fracaso neoconservador de Bush, algunos le han puesto fecha al fin de la primac?a norteamericana (a?o 2025). (17)

Esos pron?sticos contrastan con el deslumbramiento pro-norteamericano que prevalec?a en la d?cada anterior y tambi?n con la euforia medi?tica que rode? al ascenso de Obama.

Los mismos medios -que teorizan la agon?a de Estados Unidos- resaltaron los atributos del nuevo presidente para restaurar el sue?o americano. En este sube y baja, el fin del imperio y su resurrecci?n se alternan con sorprendente velocidad. (18)

Otros te?ricos de la decadencia ponderan esta regresi?n. Estiman que permitir? superar las desventajas de la dominaci?n global en el terreno econ?mico (menor productividad) y pol?tico (creciente desprestigio). Con esta visi?n transmiten una id?lica imagen de renuncia estadounidense a sus prerrogativas. (19)

Pero es bastante absurdo presentar al imperialismo norteamericano como v?ctima de una supremac?a indeseada. El Pent?gono y el Departamento de Estado ejercen un rol mundial opresivo a favor de empresas norteamericanas y custodian los grandes lucros que genera esa dominaci?n.

Desde una ?ptica muy diferente, los analistas serios han buscado aplicar la tesis de la declinaci?n norteamericana a Latinoam?rica. Presentan datos significativos del retroceso tecnol?gico y productivo de la primera potencia y evidencias de su debilitamiento para ejercer la hegemon?a frente a sus rivales. (20)

Pero este enfoque contiene un reconocimiento problem?tico: el dominio militar estadounidense persiste sin rivales a la vista y es aceptado por sus competidores. Esta ausencia de reemplazante b?lico (europeo o asi?tico) es particularmente decisiva, en el esquema de la escuela sist?mica. Esta corriente asocia cada etapa de la historia contempor?nea con la existencia de una potencia dominante o en curso de ejercer esa supremac?a. (21)

Como los candidatos a ocupar ese liderazgo no pasaron la prueba de las ?ltimas d?cadas (Alemania en los 70, Jap?n en los 80, Uni?n Europa en los 90), habr?a que ser m?s cauteloso con los pron?sticos sobre China.

La supremac?a norteamericana atraviesa por una crisis, cuyo desemboque final es una inc?gnita. No est? escrito en ning?n lado que concluir? con el ascenso de un contrincante o con el reciclaje del propio liderazgo. Resulta imposible determinar, por el momento, si Estados Unidos atraviesa un retroceso acotado o definitivo.

Pero el trasfondo te?rico de este problema es la controvertida noci?n de auge y decadencia de los imperios. Esta tesis de reemplazos c?clicos de la supremac?a mundial presupone una filosof?a de etapas predeterminadas de la historia. Es un enfoque con razonamientos fatalistas, que choca con la asignaci?n de protagonismo a los sujetos sociales. La interpretaci?n de la historia como un devenir de la lucha de clases -en un marco de condiciones objetivas- es incompatible con la regla de la dominaci?n imperial sustitutiva.

El nuevo perfil de Brasil

La actual discusi?n sobre la regresi?n estadounidense contrasta tambi?n con la imagen de una superpotencia imponiendo sus prioridades a Latinoam?rica, que acompa?? al debut del neoliberalismo. Este cambio indica una crisis del viejo rol pretoriano del Pent?gono, protegiendo a clases dominantes fr?giles, estados inestables y elites poco aut?nomas. Especialmente en Sudam?rica no se verifica actualmente el tipo de sujeci?n neo-colonial, que rige por ejemplo en varias regiones de ?frica.

Es incorrecto observar a las principales clases dominantes locales como t?teres de un imperio. Act?an como grupos de explotadores con intereses y estrategias propias, en un escenario que difiere sustancialmente del marco semicolonial. Este cambio de contexto es soslayado por muchos te?ricos de la recolonizaci?n, que s?lo resaltan la reinserci?n subalterna de la regi?n en el mercado mundial o la reaparici?n de formas de sujeci?n prenacionales. (22)

Con esta visi?n se pierde de vista no solo el retroceso de la dominaci?n norteamericana, sino tambi?n la nueva gravitaci?n de Brasil. No se registra que este pa?s es el gran candidato a comandar una multipolaridad opresiva en Sudam?rica.

A pesar del bajo crecimiento de ?ltimos a?os, las empresas transnacionales de ese origen se han consolidado en toda la regi?n. Se apoderaron del 50% de la principal actividad econ?mica uruguaya (industria de la carne), comprando tierras y controlando un tercio de la faena. Capturaron varias firmas estrat?gicas de Argentina (especialmente Pecom y Loma Negra) y ya manejan el 95% de la soja exportada desde Paraguay.

A principios de la d?cada, Petrobr?s se apropi? del 45% del gas, el 39% del petrolero y de toda refinaci?n de Bolivia. En Per? dos conglomerados brasile?os controlan el grueso de las minas de zinc y fosfato. En Ecuador gestionan varios yacimientos estrat?gicos y administran los principales proyectos de obra p?blica.

La expansi?n sudamericana de las multinacionales brasile?as se ha sostenido en la financiaci?n oficial (BNDES). Esos cr?ditos han crecido m?s que los fondos aportados a la regi?n por el FMI o el Banco Mundial. Las compa??as de Brasil sustraen materias primas, dominan fuentes de energ?a y abastecen mercados de consumo. Su principal n?cleo -Petrobr?s, Gerdau, VM, Oderbrecht, Friboi, Marfrig, Vale- opera con elevados niveles de internacionalizaci?n. (23)

El principal proyecto de estas firmas es un conjunto de autopistas e hidrov?as programados en el IIRSA (Infraestructura regional sudamericana). Este plan involucra a todos los pa?ses vecinos y se localiza prioritariamente en la Amazonia. Apunta a explotar los gigantescos recursos naturales de esa regi?n. (24)

La expansi?n multinacional brasile?a se apoya tambi?n en la agresiva diplomacia de negocios que desarrolla Itamaraty. Esta pol?tica ha provocado numerosos conflictos. Petrobr?s se opuso a las nacionalizaciones dispuestas por Evo Morales y Lula busc? imponer t?rminos leoninos a las indemnizaciones en juego. Tambi?n en Ecuador, Brasilia llam? inmediatamente a consultas a su embajador ante los cuestionamientos oficiales que recibi? la empresa Oderbrecht, por represas construidas con fallas estructurales.

Es probable que el pr?ximo conflicto involucre a Itaip?, ya que Paraguay tiene vedado el manejo soberano de sus recursos hidroel?ctricos. Debe vender la energ?a excedente a una tarifa inferior al precio de mercado, para solventar una deuda odiosa con el acreedor brasile?o. (25)

Geopol?tica de dominaci?n

Para sostener la pol?tica de las corporaciones, Brasil se militariza con tecnolog?a francesa. Se construyen submarinos, aviones y helic?pteros destinados a custodiar los intereses de esas compa??as, en las vastas regiones inexploradas del subcontinente.

Este correlato militar de la expansi?n multinacional no se limita al radio fronterizo. Desde el 2004 Brasil lidera las fuerzas de ocupaci?n que reemplazaron a los marines en Hait?. Garantiza all? una pol?tica neoliberal, que agrava la tragedia de hambre, pobreza y emigraci?n, utilizando los m?todos policiales que ensay? en las favelas. Esas acciones han facilitado el ingreso de las firmas brasile?as al Caribe.

La estrategia geopol?tica en curso apunta a lograr desde UNASUR, el ambicionado asiento brasile?o en el Consejo de Seguridad. Con este objetivo Itamaraty ampl?a el radio de alianzas (ahora con M?xico) y estimula el ingreso de Cuba a Grupo R?o.

Lula repite la pol?tica de lobby que desarroll? Felipe Gonz?lez, para posicionar a las empresas espa?olas en Am?rica latina. Como busca garantizar la estabilidad de negocios arbitrados por la diplomacia brasile?a, rechaza las pretensiones separatistas de la extrema derecha sudamericana (Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija en Bolivia, Zulia en Venezuela, Guayas en Ecuador).

Brasil subordina incluso la continuidad del MERCOSUR a su liderazgo. Demorar? la moneda com?n y el parlamento regional hasta que tenga asegurada esa conducci?n. Tampoco renuncia a estrategias unilaterales. En la ?ltima reuni?n de la OMC abandon? a sus aliados del G 20, para buscar un compromiso directo con los pa?ses desarrollados.

Pero la direcci?n del bloque sudamericano requiere neutralizar pol?ticamente a Venezuela (dentro o fuera del MERCOSUR) y resolver los conflictos comerciales con Argentina. S?lo fuertes beneficios geopol?ticos pueden atenuar las constantes quejas de los industriales de Sao Paulo hacia el vecino del Sur.

Todo indica, por lo tanto, que Brasil busca ocupar los espacios creados por la crisis de dominaci?n estadounidense. Pero aspira a cumplir este rol sin chocar con la primera potencia. Tratar? de saltar un escal?n dentro de la coordinaci?n hegem?nica que ha prevalecido desde la posguerra. Las clases dominantes brasile?as pretenden jugar un rol m?s visible, pero al mismo tiempo m?s integrado al imperialismo colectivo.

?C?mo responder? Estados Unidos? Hasta ahora predomina la indefinici?n. En el 2007 Bush suscribi? un acuerdo estrat?gico con Lula para desenvolver una pol?tica com?n de agro-combustibles. El abaratamiento del crudo y las disputas aduaneras en torno al etanol amenazan ese convenio. Pero muchos opinan que Obama podr?a retomar ese tratado, para asociar al principal pa?s sudamericano a la dominaci?n global. (26)

Semiperiferia y subimperialismo

En su nuevo rol dominante Brasil tiende a jugar un rol subimperialista. Este papel se est? gestando bajo la cobertura de intereses regionales compartidos y no resultar? menos adverso para los pueblos, que la opresi?n tradicional ejercida por el imperialismo estadounidense o europeo.

El t?rmino de subimperialismo surgi? en los a?os 60 para retratar una expansi?n de Brasil conectada a las prioridades del Departamento de Estado. Con el prefijo "sub", Ruy Mauro Marini indicaba el car?cter tard?o y perif?rico de la nueva potencia y su asociaci?n subordinada con Estados Unidos. (27)

La denominaci?n distingu?a una acci?n imperial emergente (Brasil) de una funci?n ya dominante (Estados Unidos, Gran Breta?a, Francia). Tambi?n alud?a a diferencias con imperialismos menores (Suiza, B?lgica, Espa?a), extinguidos (otomano, austro-h?ngaro) o fallidos (Rusia, Jap?n).

La palabra subimperialismo podr?a err?neamente sugerir una delegaci?n del poder central a servidores de la periferia. Pero en el caso brasile?o siempre apunt? a resaltar el proceso opuesto de mayor autonom?a de las clases dominantes locales. La aplicaci?n de ese concepto para la regi?n difiere, por ejemplo, de su uso para el caso de Israel (que act?a por mandato del Pent?gono) o de sub-potencias como Australia y Canad?, que actuaron siempre adheridas al eje anglo-norteamericano. Una analog?a m?s pr?xima a Brasil ser?a el rol jugado por Sud?frica, en la regi?n austral del continente negro.

Hace cuarenta a?os el sub-imperialismo brasile?o debutaba como gendarme anticomunista, en acciones de una dictadura comprometida con la guerra fr?a. En la actualidad, Brasil sostiene el orden capitalista por cuenta propia (ocupaci?n de Hait?), se abastece con pertrechos de Francia y pone serios l?mites a la plataforma de los marines en Colombia.

El acierto m?s perdurable de los primeros te?ricos del subimperialismo fue captar la transformaci?n de las viejas burgues?as nacionales (promotoras del mercado interno), en burgues?as locales (que priorizan la exportaci?n y la asociaci?n con empresas transnacionales). Marini denomin? "cooperaci?n antag?nica" al proceso de internacionalizaci?n del capital local y polemiz? con los autores que presentaban ese viraje, como un acontecimiento favorable al desarrollo del pa?s. (28)

Este giro multinacional de las clases dominantes se ha consolidado en las ?ltimas dos d?cadas y se plasma actualmente en la expansi?n de las firmas brasile?as hacia los pa?ses vecinos. Marini atribu?a este despliegue for?neo a la estrechez de un mercado interno, afectado por la fragilidad del poder adquisitivo. Estimaba, adem?s, que los grandes capitalistas brasile?os acentuaban la compresi?n del poder de compra, recurriendo a formas de superexplotaci?n de los trabajadores.

Los seguidores de esta tesis han resaltado el agravamiento contempor?neo de estos desequilibrios, en ausencia de un consumo de masas equiparable al fordismo de las econom?as avanzadas (29). Estas carencias impulsan a las multinacionales a invertir en el exterior, los capitales sobrantes que genera la restrictiva acumulaci?n interna.

Como resultado de esta contradicci?n Brasil adopta conductas subimperiales, antes de haber alcanzado el poder?o que tuvieron las principales econom?as centrales en los siglos XIX y XX. Esta asimetr?a ilustra las modalidades contempor?neas que adopta el desarrollo desigual y combinado.

La noci?n de sub-imperialismo contribuye a superar el simplificado esquema de centro-periferia e indica la variedad de relaciones que genera la polarizaci?n del mercado mundial. Retrata la existencia de formaciones intermedias, que algunos pensadores han teorizado con el concepto de semi-periferia.

Este t?rmino alude a frecuentes situaciones intermedias de la historia del capitalismo. Indica el surgimiento de potencias desafiantes que alcanzaron liderazgos (EEUU, Jap?n, Alemania) o fallaron en el logro de esa meta (Italia, Espa?a, Rusia). (30)

Las semi-periferias han sido subimperialismos (o imperialismos) potenciales que prosperaron o abortaron. En Sudam?rica esta evoluci?n se frustr? en Argentina durante la primera mitad del siglo XX, pero contin?a abierta para Brasil. M?ltiples razones econ?micas, pol?ticas y sociales explican esta evoluci?n divergente.

Las nociones de semiperfiera y subimperialismo permiten captar el dinamismo contradictorio del capitalismo. Este sistema peri?dicamente transforma las relaciones de fuerza en el mercado mundial. Una fotograf?a congelada del centro y la periferia impide registrar estos cambios. No permite captar, por ejemplo, mutaciones hist?ricas tan sorprendentes como el salto procesado por China en las ?ltimas d?cadas.

Los dos conceptos intermedios tambi?n chocan con la estrecha clasificaci?n de los pa?ses latinoamericanos en colonias, semicolonias y capitalistas dependientes. Este modelo es particularmente insuficiente para una regi?n -que a diferencia del resto de la periferia- logr? una emancipaci?n temprana del yugo colonial. Por soslayar situaciones semi-coloniales durante gran parte del siglo XX, Brasil tiende a saltar hacia un estadio subimperial.

Notas:

17) Fukuyama Francis. "Nuevos desaf?os geopol?ticos" Clar?n, 29-9-08. Gray John, ?Fin del liderazgo estadounidense?", Clar?n, 1-10-08. Diament Mario, "Adi?s a la era de EEUU", La Naci?n, 17-5-08.
18) Con la Obamania recuperaron terreno los que apuestan a un resurgimiento basado en la capacidad norteamericana para absorber inmigrantes. Oppenheimer Andr?s, "EEUU y la era post-Bush" La Naci?n, 25-11-08.
19) Roubini Nouriel. "La decadencia del imperio americano" Global EconomMonitor, 9-08.
20) Guill?n Arturo. "La declinaci?n de la hegemon?a estadounidense y sus implicaciones para Am?rica Latina". Ponencia al Segundo Coloquio de la SEPLA, Caracas, 14-16 noviembre de 2007.
21) Es el enfoque de Wallerstein Immanuel, Capitalismo hist?rico y movimientos anti-sist?micos: un an?lisis de sistemas - mundo, 2004, Akal, Madrid, (cap 28).
22) Estos enfoques remarcan tambi?n la subordinaci?n de las elites locales al capital for?neo y la restauraci?n de formas primitivas de acumulaci?n basadas en la depredaci?n. Un debate sobre estos temas plantea por Sorans Miguel, "?Hay una recolonizaci?n mundial?", Correspondencia Internacional n 26, octubre- diciembre 2008. Ver tambi?n: Salinas Figueredo Dar?o. "Las coordenadas de la pol?tica estadounidense". Crisis de hegemon?a de Estados Unidos. Siglo XXI, M?xico, 2007.
23) La proporci?n de las ventas externas en comparaci?n a las internas es muy significativo en todas estas compa??as. Un completo an?lisis de estas empresas presenta: Luce Mathias, "La expansi?n del subimperialismo brasile?o", Patria Grande, n 9, diciembre 2008.
24) Son 514 proyectos de energ?a, transporte y comunicaciones a desarrollar diagramados concebidos para el per?odo 2005-2010. Verdum Ricardo, "Financiamento a megaproyectos: novos desa?os", Contra Corriente, Janeiro 2009. Tautz Carlos "A Amazonia como alvo principal", Contra Corriente, Janeiro 2009.
25) Lamarque Cecile, "El tratado entre Paraguay y Brasil: un esc?ndalo que dur? demasiado", www.cadtm.org/spip.php, 25-12-08.
26) Oppenheimer Andr?s, "Una decisiva alianza energ?tica", La Naci?n, 20-1-09.
27) Pagni Carlos, "La estrategia latinoamericana de Barack Obama", La Naci?n, 18-1-09
28) Marini Ruy Mauro. "La dial?ctica del desarrollo capitalista en Brasil". Subdesarrollo y revoluci?n, Siglo XXI, 1985. Marini Ruy Mauro. Dial?ctica de la dependencia, ERA, M?xico, 1985.
29) Marini Ruy Mauro. "Razones del neo-desarrollismo". Revista Mexicana de Sociolog?a a?o XL, vol. XL, 1978.
30) Osorio Jaime. "Una cartograf?a para redescubrir Am?rica Latina". Oikos, n 18, 2 do semestre 2004.

Por Claudio Katz (especial para ARGENPRESS.info)

Fuente: ARGENPRESS.info - Prensa argentina para todo el mundo

 

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