contra el narcotráfico, despenalización de la hoja de coca

S?bado, 21 de febrero de 2009

Que se vayan todos: Naomi Klein

Al mirar la muchedumbre en Islandia que golpe? cacerolas y sartenes hasta que su gobierno cay?, me acord? de una popular consigna en los c?rculos anticapitalistas en 2002: "T? eres Enron. Nosotros somos Argentina".

Su mensaje era sencillo. Ustedes -los pol?ticos y ejecutivos en jefe api?ados en alguna cumbre comercial- son como los imprudentes y estafadores ejecutivos de Enron (claro, no conoc?amos ni la mitad de la historia). Nosotros -la chusma de afuera- somos como el pueblo de Argentina, el cual, en medio de una crisis econ?mica inquietantemente parecida a la nuestra, sali? a las calles golpeando cacerolas y sartenes. Ellos gritaron, "que se vayan todos", y expulsaron a cuatro presidentes, uno tras otro, en menos de tres semanas. Lo que hizo ?nico al levantamiento argentino de 2001-2002 fue que no estaba dirigido a un partido pol?tico en particular o siquiera a la corrupci?n en abstracto. El blanco fue el modelo econ?mico dominante; ?sta fue la primera revuelta nacional contra el capitalismo contempor?neo desregularizado.

Se llev? un rato, pero desde Islandia a Lituania, desde Corea del Sur a Grecia, el resto del mundo finalmente tiene su momento "?que se vayan todos!".

Las estoicas matriarcas islandesas que golpean sus cacerolas incluso mientras sus hijos saquean el refrigerador en busca de proyectiles (huevos, claro, pero, ?yogurt?) hacen eco de las t?cticas que se hicieron famosas en Buenos Aires. As? como lo hace la rabia colectiva contra las elites que destrozaron un pa?s que alguna vez fue pr?spero y pensaron que se podr?an salir con la suya. Como dijo Gudrun Jonsdottir, oficinista island?s de 36 a?os: "Simplemente ya me hart?. No conf?o en el gobierno, no conf?o en los bancos, no conf?o en los partidos pol?ticos y no conf?o en el Fondo Monetario Internacional (FMI). Ten?amos un buen pa?s, y lo arruinaron".

Otro eco: en Reykjavik, no van a convencer a los manifestantes con un simple cambio de cara en las alturas (aunque la nueva primera ministra sea una lesbiana). Quieren asistencia para la gente, no s?lo para los bancos; una investigaci?n penal de la debacle; y una profunda reforma electoral.

En Lituania, en estos d?as, se pueden escuchar demandas similares. Ah?, la econom?a se ha contra?do m?s bruscamente que en ning?n otro pa?s de la Uni?n Europea, y el gobierno se tambalea. Durante semanas, el capital ha sido sacudido por las protestas, que incluyeron un verdadero disturbio con la gente lanzando adoquines, ocurrido el 13 de enero.

Como en Islandia, los habitantes de Lituania est?n horrorizados con la negativa de sus l?deres de asumir alguna responsabilidad en su desastre. Cuando Bloomberg TV le pregunt? al ministro de Finanzas de Lituania qu? ocasion? la crisis, se encogi? de hombros: "Nada especial".

Pero los problemas de Lituania por supuesto que son especiales: las mismas pol?ticas que permitieron que el Tigre B?ltico creciera a una tasa de 12 por ciento en 2006 ahora provocan una violenta contracci?n a 10 por ciento proyectado para este a?o: el dinero, liberado de todas las barreras, sale tan r?pido como entra, con una buena cantidad desviada a los bolsillos pol?ticos. (No es coincidencia que muchos de los casos perdidos de hoy son los milagros de ayer: Irlanda, Estonia, Islandia y Lituania.)

Hay algo m?s argentinesco en el aire. En 2001, los dirigentes de Argentina respondieron a la crisis con un brutal paquete de austeridad prescrito por el FMI: 9 mil millones de d?lares en recortes al gasto, mucho del cual golpeaba a la salud y la educaci?n. Esto result? ser un error fatal. Los sindicatos llevaron a cabo una huelga general, los maestros trasladaron sus clases a las calles y las protestas nunca se detuvieron.

Este mismo rechazo -que proviene de abajo y se dirige a los de arriba- a pagar por la crisis unifica muchas de las protestas de hoy. En Lituania, mucha de la rabia popular se enfoca en las medidas de austeridad gubernamentales -despidos masivos, servicios sociales reducidos y salarios del sector p?blico recortados-, todo para tener derecho a un pr?stamo de emergencia del FMI (no, nada ha cambiado). En Grecia, los disturbios en diciembre ocurrieron despu?s de que la polic?a le dispar? a un joven de 15 a?os. Pero lo que ha hecho que contin?en, con los granjeros asumiendo el liderazgo despu?s de los estudiantes, es el enojo generalizado ante la respuesta gubernamental a la crisis: los bancos recibieron un rescate de 36 mil millones de d?lares mientras que a los trabajadores les recortaron sus pensiones y los granjeros recibieron pr?cticamente nada. A pesar del inconveniente de tener a los tractores cerrando las carreteras, 78 por ciento de los griegos dice que las demandas de los granjeros son razonables. De modo similar, en Francia, la reciente huelga general -provocada, en parte, por los planes del presidente Sarkozy de reducir dr?sticamente el n?mero de maestros- obtuvo el apoyo de 70 por ciento de la poblaci?n.

Quiz? el hilo m?s fuerte y resistente que conecta este contragolpe global es el rechazo de la l?gica de las "pol?ticas extraordinarias" -la frase fue acu?ada por el pol?tico polaco Leszek Balcerowicz para describir c?mo, en una crisis, los pol?ticos pueden ignorar las reglas legislativas y aprobar a toda prisa "reformas" impopulares. Este truco ya no les funciona, como descubri? recientemente el gobierno de Corea del Sur. En diciembre, el partido gobernante intent? usar la crisis para aprobar a la fuerza un controvertido acuerdo de libre comercio con Estados Unidos. Llevaron la pol?tica a puertas cerradas a nuevos extremos: los legisladores se encerraron en la C?mara para poder votar en privado, e hicieron una barricada en la puerta con escritorios, sillas y sillones.

Los pol?ticos de la oposici?n no lo aceptaron: con mazos y una sierra el?ctrica, irrumpieron y tomaron durante 12 d?as el Parlamento. La votaci?n se retras?, lo cual permiti? que hubiera m?s debate. Fue una victoria de un nuevo tipo de "pol?tica extraordinaria".

En Canad?, la pol?tica no se presta para ser vista en YouTube, pero aun as? ha estado asombrosamente llena de incidentes. En octubre, el Partido Conservador gan? las elecciones nacionales con una plataforma que no era ambiciosa. Seis semanas m?s tarde, nuestro primer ministro Tory encontr? su ide?logo interno y present? una iniciativa presupuestal que le quitaba a los trabajadores del sector p?blico el derecho a huelga, cancelaba los fondos p?blicos destinados a los partidos y no conten?a est?mulos econ?micos. La respuesta de los partidos de la oposici?n fue formar una coalici?n hist?rica, que s?lo se logr? impedir que tomara el poder mediante una abrupta suspensi?n del Parlamento. Los Tories acaban de regresar con un presupuesto revisado: las pol?ticas favoritas de la derecha desaparecieron y est? lleno de est?mulos econ?micos.

El patr?n es evidente: los gobiernos que ante una crisis creada por la ideolog?a del libre mercado respondan con una aceleraci?n de esa misma agenda desacreditada, no sobrevivir?n para contarlo. Como los estudiantes italianos, gritan en las calles: "?No pagaremos su crisis!"

Por Naomi Klein, autora de La doctrina del shock.

Copyright 2009 Naomi Klein. www.naomiklein.org.

El texto fue publicado en The Nation.

Traducci?n: Tania Molina Ram?rez.

Fuente: La Jornada


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