contra el narcotráfico, despenalización de la hoja de coca

S?bado, 17 de enero de 2009

Bolivia: "Traigo una agenda de 11 puntos para mi labor en la ONU"

Pablo solón, embajador ante la onu

“El bombardeo a Gaza demuestra que se necesita un cambio en el Consejo de Seguridad de la ONU”.
“La arquitectura financiera mundial a todas luces va a sufrir ajustes en la ONU por la crisis”.
“Mi trabajo, en gran medida, en la ONU es buscar alianzas. Sin ellas es imposible tener incidencia”.
“La convicción es que es un error haber colocado a la hoja de coca como un veneno”.

Pablo Solón es el nuevo embajador plenipotenciario de Bolivia ante la Organización de Naciones Unidas (ONU), aunque su nombramiento fue cuestionado porque el presidente Evo Morales no respetó el rechazo de la Cámara de Senadores a la designación de esta autoridad.
Actualmente funge como representante adjunto, es decir, mientras no exista un embajador designado por el Congreso, Solón será la cabeza de la delegación boliviana ante este organismo internacional. Llegó a Nueva York el primer día de 2009, y el viernes conversó por teléfono con La Prensa acerca de las 11 “misiones” que le encomendó el Mandatario boliviano, como la despenalización de la hoja de coca y la “democratización” de la ONU. Él cree que todo es posible entablando alianzas con otros Estados y afirma que las transformaciones políticas en América Latina obligarán al organismo a reformular sus posiciones en temas como medio ambiente y los ataques de Israel a Palestina.

—¿Cuál es el escenario con el que se encontró en sus primeros dos días en Nueva York y en la ONU?

—Bueno, yo acabo de llegar. Obviamente hay un tema que ha causado mucha preocupación y movió la agenda aquí en las Naciones Unidas: son los bombardeos de Israel a la Franja de Gaza, esto ha motivado reuniones del Consejo de Seguridad, pronunciamientos de varios países y proyectos de resolución, uno de ellos se ha aprobado, pero no tiene carácter vinculante.

—El presidente Morales anunció que una de sus tareas fundamentales será lograr la despenalización de la hoja de coca. ¿Cómo piensa lograrlo?

—Es una de las tareas, pero, como usted sabe, la estrategia no se hace pública mediáticamente. Es una tarea muy importante que se va a desarrollar en el transcurso de este año.
La convicción es que es un error haber colocado a la hoja de coca como un veneno, ese error es absolutamente demostrable científicamente y ése será el camino para lograr que sea retirada la hoja de coca (de la lista de sustancias prohibidas por la JIFE, un organismo de la ONU). Una cosa es la hoja de coca y otra es la cocaína, la heroína, en fin.

—¿Ya están definidas algunas acciones para lograr este propósito?

—Lo que tenemos que lograr es una explicación muy objetiva. Para darle un ejemplo, en Bolivia cuando hablamos de coca todos sabemos que estamos hablando de la hoja. Esto, que es tan obvio para nosotros, en países del norte no es así, la pronunciación de la palabra coca es traducida muchas veces como cocaína. Hay que explicar y conseguir el apoyo de las diferentes misiones, lograr que estén absolutamente informadas y en la posibilidad de hacer una clara diferenciación entre un estupefaciente con una planta con características tradicionales como hay muchas otras. Ése es uno de los temas claves en esta discusión porque lo que queremos no es que se retire a la cocaína (de la lista) sino a la planta de la hoja de coca.

—¿Usted considera que se alcanzará este objetivo, tomando en cuenta que se fracasó en este intento?

—Tenemos la razón obviamente, es lo racional.

—¿Usted tiene otras tareas definidas aparte del tema coca?

—Varias, varias. Aquí tenemos una discusión sobre la reforma del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Por primera vez ahora se va a negociar. Hasta ahora el tema de la reforma ha sido manejado como recolección de opiniones, en el 63 periodo de sesiones se lo ha puesto como un tema de negociación muy importante. La propia crisis que estamos viviendo en el caso del bombardeo de Israel a Gaza muestra que se requiere una reforma del Consejo de Seguridad porque no está cumpliendo su misión precisamente por esas características de contar con miembros permanentes, vitalicios y que tienen derecho a veto. Basta que uno de ellos se oponga para que el organismo se paralice y no pueda actuar.

—Usted, antes de viajar, hablaba de la necesidad de democratizar la ONU. ¿Se refería a esto?

—Exactamente. ¿Qué quiere decir la democracia? Un ciudadano es igual a un voto. En el ámbito multilateral esto quiere decir: “un Estado es igual a un voto”. En el caso del Consejo de Seguridad tenemos cinco miembros permanentes con derecho a veto, un Estado no es un voto.
—¿Qué otros temas planteará Bolivia ante ese organismo internacional?
—Hay un tema que es muy poco entendido, la discusión sobre los derechos humanos “de todos”. La concepción de los derechos humanos viene teniendo una evolución, primero se reconocieron los civiles y políticos. En una segunda fase se reconocieron, a nivel de la ONU, los DESC (derechos económicos sociales y culturales) y los derechos al trabajo, salud y educación.
Ahora hay un debate mundial, ya no sólo hay que hablar de los derechos individuales, civiles o políticos, sino de los derechos colectivos que tenemos todos. Porque hay un derecho que es afectado cuando se contamina al medio ambiente y acaba afectando a todos los habitantes, ése es un derecho mundial, el derecho a poder vivir en el planeta. Los efectos de un cambio climático están dañando la situación de todos, pero es provocada solamente por algunos. Es a lo que le dicen los derechos de los pueblos. Es un tema en el que las Naciones Unidas está entrando. Queremos promover una visión de los derechos que no sea sólo antropocentrista, que sólo se ocupe de los seres humanos y no de los seres vivos. Si nosotros promovemos una cultura de la vida, como es la que plantea el presidente Morales, tenemos que asumir que también hay que pensar en esos otros seres vivientes y sus derechos.

—Con estas propuestas, Bolivia podría obtener un protagonismo inédito en las Naciones Unidas…
—Hay que ser muy proactivos en el marco de la ONU. Es eso a lo que apostamos, creemos que hay temas muy importantes que tratar, como el cambio climático, la creación de un mecanismo multilateral de la lucha contra el narcotráfico. Bolivia quiere que haya mayor fiscalización a la lucha contra el narcotráfico, más transparencia en la lucha contra las drogas, más apoyo, pero que sea de carácter multilateral y que no sea un mecanismo controlado por un solo país. Ya lo dije, traemos una agenda muy grande, de once puntos que se van a ir desarrollando a lo largo de este año.

—¿Cuáles son los otros puntos?

—Le puedo mencionar algunos, los otros van a ser anunciados oficialmente en la reunión de embajadores (de la ONU) que tendremos a fines de enero. Está la reforma del sistema financiero internacional; la visión global de los derechos humanos “de todos” los seres vivientes; la discriminación, revalorización y despenalización de la hoja de coca y lucha contra el narcotráfico; también buscamos la implementación de la declaración de los derechos de los pueblos indígenas; debatir el cambio climático. Otro punto es el problema del agua, este año habrá una cumbre del agua organizada por las Naciones Unidas, y el presidente Morales está invitado. Otro tema en esta gestión es la revisión de los compromisos sobre la Convención contra la Discriminación y la Xenofobia.

—Estos puntos requerirán la conformación de un bloque o de alianzas con otros Estados. ¿Ya ha pensado el Gobierno en esta posibilidad?

—Totalmente. El trabajo en gran medida en las Naciones Unidas es buscar construir las alianzas más grandes posibles. Sin ellas es imposible lograr un grado de incidencia. Ésa es una condición sine qua non.

—¿Usted considera que con estas alianzas se logrará cambiar la estructura de las Naciones Unidas?

—Yo opino que no sólo a través de los pactos, sino de la realidad. La realidad obliga a los cambios, y la realidad está mostrando que se necesita hacer transformaciones. En el ámbito económico financiero y en el ámbito político como es la democratización de la ONU. Este conjunto de acuerdos y de articulaciones entre países tiene que ver también con que la realidad es bastante fuerte y obliga a que se tomen medidas.

—¿Cómo lograr esa transformación si otros países trataron de hacer lo mismo y no tuvieron éxito?

—Hay que democratizarla, la democracia tiene que llegar a la Organización de las Naciones Unidas. Hay una contradicción, su Carta dice que todos los países son iguales, pero en realidad no lo son. Hay países que tienen derecho a veto y eso tiene que ir cambiando.

—¿A qué se refiere?

—Claro. Hay problemas que tienen que resolverse, por ejemplo el bloqueo a Cuba. No estoy seguro de si ya son 16 o 17 votaciones que han habido acerca del bloqueo impuesto por Estados Unidos. La última votación fue: 186 países votaron contra el bloqueo sobre 192, y sin embargo un país no cumple las resoluciones.

—Estados Unidos…
—Estados Unidos se opone, y no se cumple, eso tiene que cambiar. Si otro país menor no cumplía y, aun con menos votos, ya habrían obligado a ese país a cumplir con la resolución.

—A propósito de Cuba, el Presidente pidió la reincorporación de Cuba a la Organización de Estados Americanos (OEA). ¿Usted qué opina?

—Es un tema que compete a la OEA y yo respeto al Embajador que va a ir a esa institución. Prefiero no comentar nada.

—Hay dos puntos recurrentes en la relación Bolivia y Estados Unidos. Estando allá, ¿hará gestiones por recuperar el ATPDEA y la extradición de Gonzalo Sánchez de Lozada?

—Mi función es de representación ante las Naciones Unidas. Todas las gestiones que se puedan hacer para difundir ambos casos en el marco de la ONU las haremos, pero gestiones ante el Gobierno norteamericano no son atribución de nuestra misión; sin embargo, expondremos ambos casos ante la comunidad internacional.

—¿Existe alguna misión especial sobre la crisis financiera que también afectará a Bolivia?

—Es un tema muy importante el debate sobre la reestructuración del sistema financiero mundial en el marco de las Naciones Unidas. Hay todo un sector, un grupo de países que plantea que se haga como en sus orígenes, en el marco del acuerdo de Bretton Woods cuando nacieron el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Éste fue precisamente el marco que dio origen a las Naciones Unidas. Aquí se denomina esto como el G-192, que está integrado por los 192 países que conforman las Naciones Unidas. Esto, obviamente, entra en contradicción con la postura de algunos países que plantean que sólo deberían ser 20 países los que debatan y decidan cuál va a ser la nueva arquitectura financiera internacional que a todas luces va a sufrir ajustes por la crisis financiera que tiene un gran impacto sobre la economía real.

—¿Bolivia llevará un planteamiento al respecto?

—Nosotros estamos copatrocinando actualmente un proyecto de resolución para que el escenario de discusión de los ajustes sea las Naciones Unidas y que se convoque a todo un proceso que culmine con una cumbre de Jefes de Estado donde se apruebe una reestructuración del sistema financiero internacional que incluya a las organizaciones de Bretton Woods (Banco Mundial, FMI), pero no sólo éstas. Porque ya no solamente es un problema de un fondo de estabilización monetaria o un banco de desarrollo, se requieren instituciones que regulen los flujos financieros, los movimientos de capitales que permitan generar mecanismos de regulación de las reservas para evitar los impactos que actualmente estamos viendo. Tenemos un conjunto de áreas de la economía internacional que van mucho más allá y que tienen que tener definiciones. El debate en el centro actualmente es que no se puede aplicar una política de liberalización de mercado cuando se trata de servicios financieros. Todos, y cuando me refiero a todos hablo de Estados Unidos y Europa, coinciden en que tiene que haber una mayor regulación estatal. El debate se concentra en si esta regulación estatal debe darse sólo en los marcos nacionales o deben crearse entidades supranacionales que velen por esta regulación mundial. Ése es uno de los grandes temas en discusión al respecto.

—Para finalizar: ¿usted mantiene su designación como Embajador plenipotenciario? ¿Cuál es su situación en Nueva York?

—Mi designación como embajador extraordinario plenipotenciario para temas de Integración y Comercio se mantiene. Es hecha al amparo del artículo 11 de la Ley del Servicio Exterior. Es atribución del Presidente nombrar embajadores en la medida que sectores de la oposición se oponen. Yo no ejerzo el cargo de representante permanente ante las Naciones Unidas, sino el cargo de representante adjunto y, como en cualquier misión, al no haber Embajador, tengo la función de cabeza de la delegación.

Perfil
Nombres y apellidos:
Pablo Solón Romero.
Hoja de Vida: Es hijo del extinto y reconocido pintor Wálter Solón, quien impulsó la fundación del mismo nombre, un centro de investigación cuyos estudios se enfocan contra el modelo de economía de mercado.
Ese organismo funciona en la ciudad de La Paz.
Es un cercano colaborador del presidente de la República, Evo Morales, quien lo nombró embajador extraordinario de Comercio e Integración de Bolivia y uno de los negociadores del acuerdo de libre comercio que persiguen la Comunidad
Andina (CAN) y la Unión Europea (UE).
Sus detractores lo tildan de “impostor político” y lo recuerdan por haber formado en la UMSA la Organización Socialista de los Trabajadores.
Solón es ex candidato a la Secretaría General de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y desde hace dos semanas ocupa el cargo de embajador plenipoten- ciario responsable de Integración y Negocios, y mientras no exista un representante designado por el Congreso ante la ONU, es el máximo delegado de Bolivia.

Fuente: la prensa


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