contra el narcotráfico, despenalización de la hoja de coca

Domingo, 14 de diciembre de 2008

Colombia: El pa?s de la coca(?na)

El monumental edificio financiero de DMG estaba pegado con un ingrediente bastante conocido en Colombia: coca. Los ejércitos paramilitares y la guerrilla de las Farc crecieron gracias a un combustible de alta potencia: la coca. Detrás del irracional precio de las mejores tierras rurales del país está el dinero maldito, pero bien recibido de la coca.

También en buena parte del negocio de propiedad raíz urbana con sus carísimos y demandadísimos apartamentos y centros comerciales en Cartagena, Bogotá, Medellín y Cali. La mayor cantidad de colombianos detenidos en las cárceles del mundo, lo están por una causa: coca.

La creatividad criolla para lavar los dineros provenientes del lucrativo negocio del narcotráfico desafía la imaginación. Su última creación conocida, DMG, nació en los departamentos con mayor producción y fumigación de coca del país: Putumayo y Nariño. No hay punto en el planeta donde más glifosfato se haya regado ni mayor extensión de selvas fumigadas por cuenta de la coca que las de Colombia. La embajada norteamericana en el país está entre las cinco más grandes del mundo por la misma razón: coca. Y ligado a ésta, su interés en la guerra contra las Farc y el apoyo en inteligencia, recursos económicos y militares, se da por considerarlas más un cartel del narcotráfico que una guerrilla subversiva. Interesamos en el mundo periodístico internacional, cada vez son más los documentales de la televisión por cable sobre Colombia, también por el mismo tema: la coca.

En una palabra, existimos en la geopolítica del mundo por una razón: somos el país de la coca. Un negocio en el que somos francamente exitosos, eficientes, productivos e imaginativos. El presidente colombiano en estos tiempos, cualquiera que sea, tendría que entender que es el presidente del mayor productor y exportador de coca del mundo. Sólo si acepta con realismo este hecho, lamentable pero evidente, podría tener la capacidad para negociar con los pesos pesados del planeta y darle a Colombia una salida de fondo. Ello implica aceptar de entrada que la causa de todos nuestros pesares no es la guerrilla de las Farc, hoy con un cuerpo armado que no supera los 5.000 hombres, sino la realidad del narcotráfico capaz de permear la sociedad en su conjunto y de corroer la institucionalidad pública y privada.

Andrés Pastrana avanzó cuando en su visita de Estado a Washington en octubre de 1998 le propuso al gobierno Clinton la necesidad de una especie de Plan Marshall para Colombia, similar al planteado para la reconstrucción de Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Lo sustentaba afirmando que el destino de la paz del país estaba inexorablemente ligado al negocio de las drogas ilícitas, cuya solución debía comprometer a las grandes potencias del mundo, en cuanto se trataba de un problema universal, cuya salida trascendía las fronteras nacionales. Planteamiento que le dio origen al primer Plan Colombia que fatalmente se desdibujó en el camino.

El tema tiene hoy más vigencia que nunca, cuando el poder de los dineros sucios ha logrado, a través de una ingeniosa operación, penetrar la economía formal, poniendo en serios aprietos al propio presidente Uribe. Es en 6 años el único hecho que ha golpeado severamente la imagen presidencial, quitándole de un tajo 20 puntos de su favorabilidad. Es hora de abrir los ojos, pues la amenaza es blanca porque el nombre del juego es uno: coca.

Por: María Elvira Bonilla

Fuente: ELESPECTADOR.COM


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