contra el narcotráfico, despenalización de la hoja de coca

Martes, 04 de noviembre de 2008

Una droga adictiva y legal: Cafe?na, la gasolina que mueve el mundo

LEIRE PAJÍN:

LEIRE PAJÍN: "Para mí el café es una militancia". Secretaria de Organización del PSOE, la donostiarra está muy concienciada con el a veces injusto proceso comercial del café. Se cultiva en el Tercer Mundo, pero su precio se fija en los paises ricos. Su dosis: alrededor de tres cafés al día.

HÁBITO | LA 'DROGA' MÁS LEGAL Y EXTENDIDA PARA FUNCIONAR

Cafeína, la gasolina que mueve el mundo

Ni la revolución industrial hubiese sido posible sin ella, ni privados de esta droga, la única con buena prensa, sobreviviríamos hoy a la intensidad que nos exige la vida cotidiana. Los expertos alertan sobre el aumento de su consumo. Sobre todo en los niños, sus nuevas 'víctimas'.



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POR SILVIA GRIJALBA. FOTOGRAFÍAS: THOMAS CANET

Los que «no son persona» si no se toman un cafelito nada más despertarse, los que «gracias» a los litros de bebidas con «chispa de la vida» quitaron horas al sueño para aprobar aquella oposición o los que no conciben una salida nocturna sin una lata de bebida energética, de ésas que dan alas, no lo dudarán ni un instante: la cafeína es el motor del mundo. Lo saben bien los 4,6 millones de españoles que toman la friolera de cinco o más cafés al día.

Lo ha sido desde que los aztecas usaran el cacao como moneda o desde que, en 1440, en las montañas de Etiopía un pastorcillo se diera cuenta de que sus cabras se ponían muy contentas cuando tomaban unos granos rojizos, de eso que llamamos café. Pero ahora, aunque el café, el té, las colas o el cacao siguen siendo una parte esencial de nuestra vida cotidiana –«esto lo resolvemos charlando frente a una taza de café», decimos cuando hay un conflicto–, hay una nueva generación de bebidas con cafeína que están convirtiéndola en una sustancia casi omnipresente en el planeta Tierra. Resulta especialmente significativo que los de Coca-Cola lancen durante esta temporada dos productos rebosantes de esa sustancia. Por una parte, el Burn Day, enfocado a un consumo diurno, en horas de trabajo o de deporte (esta bebida energética tiene un 40% menos de cafeína que el Burn normal, que normalmente se tomaba para alargar las horas de fiesta nocturna). Y por otra, el Tab Fabulous, otra energética, dirigida al público femenino, baja en calorías, pero con más cafeína que el Tab normal. «Hasta el momento», explica Carlos Chaguaceda, director de Comunicación de Coca-Cola, «las opciones de bebidas [energéticas] que existen en el canal nocturno son productos muy masculinos o mixtos. Pero no había ningún producto pensado, diseñado e inspirado en su totalidad en las mujeres».

Tampoco podemos olvidar algunos lanzamientos, de este sector de las energéticas, como la controvertida Cocaine, que hace unos meses se introdujo en el mercado europeo, poniendo un primer pie en Reino Unido. Este brebaje con regusto a wasabi y canela (para, según dicen, dejar en la garganta una sensación similar a la que se tiene al tomar la droga ilegal que le da nombre), tiene una cantidad de cafeína de 260 mg por lata, cuando la dosis de consumo diaria recomendada ronda de los 200 a los 300 mg (dependiendo del peso de la persona), o, lo que es lo mismo, la que contienen cuatro cafés.

Una droga cada vez más joven. Está claro que la cafeína, esa sustancia que durante años y a lo largo de la Historia ha sido nuestra droga de cada día, cada vez está más presente, con hábitos de consumo (como el nocturno para salir de «marcha»Gui?o desconocidos hasta el momento. Otro dato a tener en cuenta es que el segmento de población que se acerca a estas bebidas es cada vez más joven. No olvidemos que el cacao, la bebida infantil por excelencia, tiene cafeína. Aunque el café, que hace un par de generaciones se daba como desayuno a los niños, ha dejado de ser de consumo infantil, y las bebidas de cola o las energéticas lo han sustituido.

La catedrática de Nutrición y Dietética de la Universidad Complutense de Madrid, Ana Requejo, afirma que no debemos ser alarmistas respecto a las bebidas de cola. «Un consumo moderado, de uno o dos vasos al día», explica, «no perjudica a un niño sano». El problema está, como en todo, cuando el consumo es desmesurado, como ya sucede en Estados Unidos, donde estos refrescos se venden en multitud de colegios. El doctor Ángel Rubio, director médico del Instituto Hipócrates, especializado en adicciones, coincide en que la moderación y el sentido común son la clave y que no hay por qué prohibir su consumo a los niños, pero recuerda que la cafeína es una sustancia psicoactiva. «Hay que tener en cuenta», explica, «que la cafeína, como la nicotina, influye en la estructura cerebral y desde luego no es recomendable que los niños tomen con la misma frecuencia agua o zumos que bebidas con cafeína porque su cerebro se está formando».

Hay que advertir que, a veces, el problema radica en la falta de información. Los padres confunden las energéticas con las isotónicas (destinadas a restablecer la pérdida de líquidos cuando se hace deporte) y no son conscientes de que con cuatro latas de una energética normal, sus hijos han rebasado con creces el consumo recomendable de cafeína.

En cualquier caso, si la mejor forma de educar pasa por el ejemplo, en este caso está complicado. Si un día cortaran el suministro mundial de cafeína, una buena parte del Primer Mundo lo tendría casi imposible para ponerse en marcha a las siete de la mañana y cumplir su jornada laboral toda seguida. Y otra buena parte del Tercer Mundo (el de los productores de caféGui?o vería desplomarse su estructura económica, con las consecuencias que esto tendría. Porque no olvidemos que el café es la segunda materia prima (después del petróleo) más influyente en los mercados internacionales y que alrededor de 100 millones de personas están involucradas directa o indirectamente en el negocio de este producto, de los cuales alrededor de un 25% son pequeños agricultores de países de África o Latinoamérica. En 2007, España importó 262.227 toneladas de café verde para ser tostado, la mayoría comprado a Vietnam.

Motor de revoluciones. La cafeína, es decir, el café, el té, las bebidas de cola y las energéticas, ha jugado y juega un papel esencial en la evolución de la Humanidad. La revolución industrial le debe mucho. Hasta la popularización del té en Inglaterra, en el siglo XVII, los padres de familia se levantaban y se tomaban una cerveza, una bebida mucho más saludable que el agua, que era una fuente infinita de enfermedades si no se consumía hervida. El consumo masivo del té hizo que los trabajadores llegaran despabilados y llenos de energía a trabajar –en vez de medio borrachos–, algo muy beneficioso para la productividad. Además, este estimulante (que encima hacía que sus hijos engañaran al hambre con esa bebida caliente y con cierto poder saciante que en Inglaterra se ha bautizado como «la gasolina de los pobres»Gui?o también les permitía no dormirse en mitad de su jornada laboral en la fábrica, que estaba interrumpida por pausas para tomar té. Un precedente del anglosajón coffee break o del cafelito español, que pese a ser un parón, no está mal visto.

Esa complacencia tiene que ver con que la dosis de cafeína se asocia a la productividad. Si hablamos de drogas legales (y el café es, como hemos visto, una droga digamos que «blanda», con su síndrome de abstinencia, con su alteración de los receptores dopaminérgicos), ninguna como la cafeína está tan bien vista. Por una parte, su uso está muy extendido: alrededor de un 80% de la población mundial la consume en alguna de sus formas. Y esto va a más porque los países emergentes empiezan a aficionarse seriamente a los refrescos de cola y, en Asia, el consumo del café empieza a añadirse al del té. Por ejemplo, en China ha aumentado el consumo de esta bebida en un 40% durante 2007. Y por otro, la vida moderna, nos «obliga» a estar despiertos y despejados más horas.

En España, según un estudio de la consultora IPSOS para la cadena Café y Té, un 21% de los españoles (es decir, unos 4,6 millones de personas) toma cinco o más tazas de café al día. Y sin contar con las bebidas energéticas, ni el té, ni las de cola, ni los analgésicos con cafeína. Una cantidad que rebasaría el máximo de consumo diario de cafeína recomendado, sin el que más de uno «no puede con la vida».

Necesitamos estimulantes, sustancias que hagan que se mantenga la actividad, la energía para tirar «pa’ adelante». Eso se nota no sólo en el consumo de las bebidas de siempre, como el café, el té o la cola, sino también en el reciente éxito de las que tienen dosis más altas, es decir, de las bebidas energéticas. Un estudio de la Fundación Norteamericana del Sueño revela dos datos importantes al respecto. Por una parte, que el 65% de las madres de familia toman bebidas con cafeína (especialmente energéticas) para «soportar el ritmo de la vida diaria» y, según datos de la consultora Berverage Digest, el consumo de bebidas, como Rockstar (que tiene 360 g de cafeína y que se comercializa únicamente en Estados Unidos) ha aumentado en 2007 un 38,7%.

Pero el cafetómano o el gran consumidor de bebidas de cola o energéticas no sólo no está mal visto, sino que se considera alguien productivo, activo, una pieza perfecta del engranaje que mueve el mundo. Casi nadie frunce el ceño si alguien dice que se toma ocho vasos de bebida de cola al día o que sin el café o el té del desayuno «no puede ni hablar»… Es decir, que es «adicto» a esas sustancias. En cambio, no miraríamos con tan buenos ojos a alguien que confiese que sin su coñac de por la mañana no puede ir a trabajar o que se niegue a hacer un viaje transoceánico porque no puede estar sin fumar seis horas.

El doctor Ángel Rubio lo confirma, advirtiendo, eso sí, de nuevo, que es una sustancia psicoactiva pero suave. «Efectivamente, sustancias como la nicotina o la cafeína», puntualiza, «no están mal vistas, porque no nos llevan a hacer locuras, pero por supuesto que la cafeína crea una dependencia, igual que cualquier droga psicoactiva que, como ella, influya en los mecanismos de recompensa y en los receptores dopaminérgicos. Los consumidores habituales de cafeína, si dejan de tomarla, tienen un síndrome de abstinencia claro, con dolores de cabeza, irritabilidad, a veces somnolencia, otras nerviosismo. Eso es porque el cerebro está habituado a recibir esa sustancia y la necesita. Esto se ve claramente cuando te dicen que alguien que toma mucho café o bebidas energéticas o de cola, necesita una de esas bebidas para irse a dormir porque ‘le da sueño’. No, no le da sueño, lo que pasa es que el cerebro necesita la cafeína y si no se le proporciona no podrá dormir porque tendrá ese síndrome de abstinencia. La sustancia no le estimula, simplemente le hace estar normal».

A raíz de productos como Cocaine, un estudio realizado por la Universidad norteamericana John Hopkins ha alertado sobre el peligro del abuso de estas bebidas, que cada vez son más populares. Consideran que la población debe saber que el consumo desmedido puede provocar intoxicación por cafeína y, por otra parte, recomiendan un especial cuidado si se toman con alcohol porque estos líquidos enmascaran los efectos de éste. De todas formas, volviendo a la polémica sobre Cocaine, no debemos olvidar que el principio activo de la Coca-Cola (que no lleva ese nombre por casualidad) era la hoja de coca, antes de que, en 1904, se sustituyera por la cafeína. Como bien apunta el historiador Juan Carlos Usó, «la Coca-Cola, cuando entró en España, tuvo que comprarle la patente a una bebida que se hacía en Valencia, en Aielo de Malferit, que era la Tónica Cola, que se producía a partir de hojas de coca».

Y al respecto, el filósofo Antonio Escohotado advierte de que el uso desmesurado de la cafeína no difiere tanto de los efectos de la cocaína. En el capítulo dedicado al café de Aprendiendo de las drogas (la versión reducida de su célebre Historia de las drogas, editada por Anagrama) escribe: «Calculando que la cafeína posee unas 10 veces menos actividad que la cocaína, y que el litro de café concentrado equivale a unos 10 gramos de cafeína, esas personas [se refiere a casos atípicos de gente que trasiega litros de café al día, pero se puede hacer el cálculo a partir de bebidas de cola o energéticas] están consumiendo al día dosis equivalentes a un gramo de cocaína, cantidad poco recomendable para la salud de casi nadie».

Bebida sociable. Pero la buena fama actual de la cafeína no tiene únicamente que ver con su relación con la productividad. Los estudiantes y muchos creadores saben que ayuda a la concentración y tiene un efecto sobre la sociabilidad. De hecho, según el citado estudio de Café y Té, un 78% de los españoles toma café con amigos, familiares o compañeros de trabajo. Las bebidas de cola están desde hace algún tiempo en cualquier fiesta infantil, el ritual del té es una forma de relación en muchos países asiáticos, los cafés son sitios de reunión tranquilos, las discotecas ya no se conciben sin gente tomando bebidas energéticas… Nos relacionamos a casi todas las horas del día con una bebida con cafeína en la mano. Y esto viene de antiguo. Tom Standage en el libro La historia del mundo en seis tragos (Debate) explica cómo el café (y más tarde los cafés) fue un elemento esencial para que triunfaran la Ilustración y el racionalismo de finales del XVII y el XVIII y se convirtió en casi un símbolo. «El café era el gran estimulante, la bebida de la claridad mental, el epítome de la modernidad y el progreso: en resumen, la bebida ideal para la Edad de la Razón».

Los cafés han sido tradicionalmente lugares de reunión para los intelectuales y también foros donde se han forjado revoluciones (en el siglo XVII, en Londres, los detractores del puritano Cromwell se reunían en cafés para restaurar la monarquía con Carlos II; en Francia, para alumbrar la Enciclopedia, el existencialismo o Mayo del 68 y, en Madrid, se citaban en el Gijón o el Café Pombo para luchar contra el franquismo). Eran lugares donde se intercambiaba información (unas veces veraz y otra no), donde se podían poner en contacto minorías que no tenían una «voz» oficial, o enclaves para la distribución de panfletos.

La era digital sigue estando presente en el café. Se habla de «cibercafés», donde se puede hacer uso públicamente de la Red y tomarse uno chateando con alguien que está al otro lado del mundo. El caso es relacionarse con algo que nos mantenga frescos, despiertos, alerta.

LEIRE PAJÍN
"Tomo café y azúcar de Comercio Justo"
Para la secretaria de Organización del PSOE, el café “es una militancia” por su contacto, desde que empezó a trabajar en Solidaridad Internacional, con los entresijos del cultivo y el comercio de este producto que, como ella afirma, “se produce en los países del Sur, pero su precio se fija en los mercados internacionales, por los del Norte”.

Durante los años en que fue secretaria de Estado de Cooperación Internacional, Leire Pajín (San Sebastián, 1976) conoció muy de cerca los problemas que una oscilación en el precio del café puede traer en la economía de países como Ruanda, donde miles de pequeños productores pueden pasar de subsistir a no tener qué comer. Por eso, ella es una defensora a ultranza del llamado Comercio Justo. “A partir de la crisis del 97”, explica, “que fue una auténtica tragedia para muchos pequeños productores, se decidió que, por medio de la etiqueta de Comercio Justo, se protegiera a esos agricultores, de manera que no dependieran de las fluctuaciones económicas que imponen los países del Norte. Que el dinero fuera directamente a ellos y también, una parte, a proyectos de desarrollo de esas zonas”.

P. Según creo, una de las primeras cosas que hizo al llegar al Ministerio fue pedir que se pusiera una marca de Comercio Justo en la máquina del café…

R. Sí, efectivamente, en Moncloa las máquinas tienen ese café y el primero se lo tomó el Presidente Zapatero. Yo creo que en política hay que predicar con el ejemplo. Pero aún nos queda camino por recorrer, ojalá nos sigan más ministerios.

P. ¿Cuándo cambió el Cola-Cao por el café?

R. En mi caso fue el Nesquik. Recuerdo que fue en el instituto. En los recreos empecé a aficionarme al café, pero sobre todo por el ritual, por lo que tiene de acto social.

P. ¿Cuánta cafeína toma al día?

R. Por la mañana desayuno café, nada más levantarme y, a lo largo de la mañana, cae otro o dos más, dependiendo si tengo reuniones o visitas. Antes tomaba también alguno por la tarde pero ahora lo he sustituido por el té, que es menos fuerte y a lo mejor me bebo dos tés. Y de vez en cuando, una Coca-Cola Zero, porque no sé qué tiene que el cuerpo te la pide. Bebidas energéticas no, no bebo nunca.

P. ¿Cómo toma el café?, ¿alguna manía especial?

R. Normalmente lo tomo cortado, con azúcar (si estoy en casa, de caña, de Comercio Justo, igual que el café, claro).

P. ¿Tiene alguna “receta secreta” de té o café?

R. Secreta secreta, no. En Levante se hace mucho el bombón, que es café con leche condensada. Antes lo tomaba bastante. También el “café del tiempo”, que consiste en café con una rodaja de limón. El té me encanta, y en verano, con hielo.

Fuente: ELMUNDO.ES | SUPLEMENTOS | MAGAZINE 474


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