contra el narcotráfico, despenalización de la hoja de coca

Jueves, 30 de octubre de 2008

"Narco-senderismo", el nuevo peligro para Per?

 

Renovación. Vieja guerrilla domina dos enclaves selváticos

El fantasma de Sendero Luminoso todavía asusta. Ya no puede ni busca llegar al poder por las armas, pero sí, unido al narcotráfico, dominar dos regiones selváticas de Perú.

El grupo terrorista que sumió a todo Perú en el terror y desató una guerra interna que causó alrededor de 60.000 víctimas entre 1980 y mediados de los noventa, de acuerdo con la Comisión de la Verdad y Reconciliación, ha sido derrotado en su intento de tomar el poder, mas no aniquilado. Sus rezagos todavía existen en dos importantes cuencas cocaleras. Lejos de los centros urbanos, del foco de la prensa y de los grandes atentados, pero todavía capaces de pegar gracias al factor sorpresa y a su conocimiento del terreno, como quedó demostrado el pasado 9 de octubre. Ese día, un convoy de camiones militares fue emboscado en el distrito de Tintay Punco, un lugar tan alejado que la noticia del ataque se conoció en Lima al día siguiente.

Murieron 16 personas, entre ellas, 13 soldados. Fue el golpe más duro de Sendero contra las fuerzas de seguridad peruanas en casi una década. En momentos que el gobierno de Alan García debía cambiar su gabinete por un escándalo de corrupción, el terrorismo resurgía como un dolor de cabeza más.

Lo que queda de Sendero no es mucho. Las autoridades hablan de menos de 500 hombres distribuidos en dos regiones selváticas: El valle del Alto Huallaga, al centro-norte; y el valle de los ríos Apurímac y Ene, más conocido por sus siglas (VRAE), ubicado en la zona central y Sur. Ambas, sobre todo la última, son zonas agrestes, muy pobres y de difícil acceso. También son las regiones más importantes de producción de hoja de coca en el país y Sendero opera en ellas desde el inicio de su lucha armada.

Sin embargo, con el tiempo parece haber cambiado de giro. "A partir del año 2000, estableció una alianza con los traficantes de droga, pero del 2004 en adelante se ha convertido en una firma del narcotráfico", señala el investigador Jaime Antezana. Según él, el marco ideológico maoísta y el objetivo del tomar el poder por las armas han quedado de lado y si se mantienen es sólo en términos declarativos. "Sendero no está resurgiendo ni rebrotando, ahora estamos enfrentando un ciclo de violencia distinto, el narcosenderismo", enfatiza.

"La relación entre terrorismo y narcotráfico no es nueva, se inició en 1984, cuando Sendero ingresó a las zonas cocaleras en busca de financiación", señala Rubén Vargas, otro experto en el tema. Antezana explica que lo que se inició como un acuerdo de protección con los sembradores de coca y los narcotraficantes locales derivó luego en una alianza y finalmente en un negocio propio, al estilo de las FARC colombianas. "Actualmente, tienen sus propios sembrados y centros de maceración para elaborar pasta básica de cocaína, de allí que ahora se hayan fortalecido y cuenten con armamento moderno", asegura. Su renovada fuerza quedó demostrada no sólo en Tintay Punco, sino también en otros atentados de menor tamaño.

El punto neurálgico de la actividad senderista es la localidad de Vizcatán, ubicada en el corazón del VRAE, una zona que fue dominada por Sendero durante décadas y en la que el Ejército -a cargo del frente del VRAE, mas no del Huallaga, del que se ocupa la policía- inició en agosto una ofensiva que retomó el control de la zona, pero no logró aniquilar a ninguna columna importante ni menos capturar a los cabecillas, que se retiraron a zonas contiguas, como la provincia de Tayacaja, donde se ubica Tintay Punco. Desde entonces se han conocido al menos tres ataques senderistas en la región, pero la decisión del gobierno y los mandos militares es no retirarse. "Obviamente recuperar un territorio tomado por más de una década es difícil", señala Vargas. "Además, hablar de la fuerza de Sendero es muy arbitrario. El Ministerio de Defensa dice que se trata de 300 hombres armados, pero la estructura maoísta ha entrado en las comunidades. Hay bases y comités de apoyo que no tienen el fusil en la mano, pero sí dan apoyo logístico. Eso sí, ya no se trata una adhesión ideológica, sino pragmática", agrega.

La coca es la fuente de sustento de muchos pobladores de estos valles y, también, la columna vertebral de un problema que cada vez tiene menos que ver con Marx, Lenin y Mao, y más con el gran capitalismo de la droga.

Dos facciones con poco en común

Del Sendero Luminoso liderado por Abimael Guzmán queda muy poco. Ni siquiera puede hablarse de una coordinación entre sus remanentes. Tras la captura de Guzmán y la mayor parte de su cúpula, en 1992, el grupo terrorista comenzó a escindirse y ahora las dos facciones comparten apenas el nombre y poco más.

Las columnas del VRAE, al mando de dos sujetos conocidos como "José" y "Alipio" incluso renegaron de su antiguo líder y fundador, al que tildaron de "revisionista, capitulador y traidor", luego de que planteara la posibilidad de una "solución política" que pusiera fin al conflicto a cambio de la liberación de los senderistas presos.

"Artemio", líder en el Huallaga y único miembro de la antigua cúpula senderista que sigue en libertad, se ha pronunciado a favor de la "solución política" y, al menos en teoría, se mantiene leal a Guzmán, preso desde hace 16 años en la base naval del Callao. Son sus huestes las que peores golpes han recibido de parte de las fuerzas de seguridad.

En lo que sí se parecen ambas facciones es en sus nuevos métodos. Ya no imponen el terror en las comunidades asesinando autoridades civiles o destruyendo infraestructuras. Sus acciones armadas las dirigen contra las fuerzas de seguridad y, más bien, tratan de posicionarse como promotores y defensores del derecho a sembrar coca.

De esta manera, han logrado mimetizarse en las poblaciones que viven gracias a ese cultivo.

Fuente: Diario EL PAIS - Montevideo - Uruguay


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