contra el narcotráfico, despenalización de la hoja de coca

Domingo, 19 de octubre de 2008

El caso Magaly

Image

¿Atentado contra la libertad de expresión? ¿Cortina de humo para encubrir la fuga del ex ministro aprista Rómulo León, personaje central de los petroaudios de la corrupción? ¿Veredicto exagerado del Poder Judicial? He aquí algunas de las preguntas que se han deslizado esta semana, tras la sentencia de cinco meses de prisión efectiva y el pago de 80 mil soles de reparación impuesta por la jueza suplente del 27 Juzgado Penal de Lima a la conductora de TV Magaly Medina en el juicio de difamación entablado por el futbolista Paolo Guerrero.

La sentencia a Magaly ha generado una polémica que ha involucrado a todos los medios de comunicación y en la que han participado –y lo siguen haciendo– hasta destacados columnistas políticos. Es natural. El fallo está ligado a un derecho fundamental de nuestra sociedad: el de la libertad de expresión.

Hay periodistas y juristas que han creído ver en esta condena judicial un atentado contra ese derecho. Personalmente no lo creo. Magaly, conductora de un programa que sustenta su alto rating en la propensión obsesiva de lo cruel y de lo prohibido, sin respeto alguno por la vida privada de lo que ella misma llama el "chollywood" peruano, cruzó más de una vez, de manera discutible, la línea que separa lo privado de lo público.

Max Weber, en El político y el científico, dice que "pocas gentes saben apreciar que la responsabilidad del periodista es mucho mayor que la del sabio y que, por término medio, el sentido de la responsabilidad del periodista honrado en nada le cede al de cualquier otro intelectual". Lo que hace el sociólogo y filósofo alemán es advertirnos que a veces los periodistas olvidamos el impacto que tienen la palabra escrita en un periódico, o la dicha en una radio, o las imágenes puestas en un noticiero o en un espacio televisivo.

Esa responsabilidad adquiere un mayor dramatismo cuando, como señala Hélan Jaworski de la Universidad Católica, lo publicado violenta "la privacidad, la intimidad" o "la mirada pública penetra e invade nuestros refugios" y se vuelven consumo de las mayorías. Es indudable que un personaje público está expuesto a la mirada inquisitiva de la prensa. Lo que vale para un político –que representa a sus votantes o que quiere representarlos en una elección– vale también para un deportista destacado o un artista consagrado, a los cuales los jóvenes o adolescentes toman como referentes o modelos.

Pero en la responsabilidad de cruzar esa línea de lo privado y lo público la verdad no puede estar ausente. Ryszard Kapuscinski, el aclamado y desaparecido periodista polaco, decía que en el mundo de los medios se había comenzado a reemplazar una ética por otra y que ya no importaba para algunos directores o jefes si la noticia era verdadera, sino "si la puede vender". Magaly sobrepasó esa línea en varias oportunidades. Su adicción al rating la llevó a invadir la vida privada de las personas en espacios que sólo les pertenecían a ellos y a lanzar denuncias que no siempre pudo sostener. Es lo que ocurrió con el video y las fotos que difundió de Paolo Guerrero. La rectificación es el camino que los periodistas tenemos para aceptar nuestro error. Magaly no solo no se avino a enmendarse, sino que por el contrario se burló de los pedidos de la estrella del Hamburgo y de los propios jueces. Se creyó inmune. Y los periodistas, como cualquier ciudadano, estamos sujetos a la ley. Quienes han padecido cárcel por asuntos relacionados con la libertad de prensa saben lo duro que es la prisión. Magaly tiene el camino de la rectificación, como le ha pedido Guerrero, para dejar la cárcel. ¿Cambiará Magaly? Quienes la conocen dicen que no. Que volverá a la TV y seguirá siendo la misma con sus "ampays", muchos de ellos fabricados. En tanto, el debate está abierto. Hay quienes se preguntan si la jueza no debió optar solo por la sanción pecuniaria, y dejar de lado la orden de prisión efectiva. En este terreno habría que discutir sobre la necesidad de contar, tal vez, con un tribunal especial para los casos en que esté de por medio la libertad de prensa. Hasta el próximo domingo.

Por Carlos Castro
Subdirector

Diario La República - Online - Al margen


Añadir comentario

¡Recomienda esta página a tus amigos!
Powered by miarroba.com