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Lunes, 20 de octubre de 2008

Las crisis del sistema capitalista (Parte I)



I. Características específicas del sistema hoy

En el período premonopolista y concurrencial del sistema capitalista, se distinguían tres procesos relativamente autónomos: a) el proceso de producción; b) el proceso de circulación y c) el proceso de realización de la producción, regidos cada uno por sus propios capitales: el capital industrial, el capital comercial y el capital bancario, los dos últimos obteniendo su parte de beneficios de la plusvalía extraída a los trabajadores en el proceso de producción (1).

Pero con el surgimiento del capitalismo monopolista a fines del siglo XIX y comienzos del XX, que se consolida en la segunda mitad del siglo XX con la llamada revolución científica y técnica (electrónica, informática, etc.) se producen dos hechos fundamentales en la economía mundial: el papel hegemónico que asume el capital financiero en el sistema capitalista y la desaparición de la competencia como mecanismo autorregulador (o relativamente autorregulador) del mercado. Las sociedades transnacionales pasan a ser las estructuras básicas del actual sistema económico-financiero mundial y sustituyen al mercado como método de organización de la economía internacional (2). Sin que por ello deje de existir la competencia entre los grandes oligopolios, que suele ser encarnizada y sin cuartel.

Las relaciones entre las sociedades transnacionales son una combinación de una guerra implacable por el control de mercados o zonas de influencia, absorciones o adquisiciones forzadas o consentidas, fusiones o ententes y el intento permanente pero nunca logrado de establecer reglas privadas y voluntarias de juego limpio entre ellas. Porque la verdadera ley suprema de las relaciones entre las sociedades transnacionales es "devorar o ser devorados".

De modo que cuando actualmente se oye hablar del mercado y de que "el funcionamiento de la economía debe quedar librado a las fuerzas del mercado" debe entenderse que el funcionamiento de la economía (y de la sociedad en general) debe quedar sometido a la estrategia decidida por el capital monopolista transnacional, cuyo objetivo básico es maximizar sus beneficios, apropiándose por cualquier medio del fruto del trabajo, de los ahorros y de los conocimientos tradicionales y científicos de la sociedad humana.

El proceso de constitución del capital monopolista es el resultado de la concentración y acumulación del capital, que dio lugar a la formación de grandes oligopolios y monopolios cuya base financiera se consolidó desde finales del siglo XIX y principios del siglo XX con la fusión del capital industrial y el capital bancario. Los grandes monopolios transnacionales también consolidaron su base financiera constituyéndose como sociedades anónimas, que absorbieron el ahorro popular a través de la emisión de acciones (participaciones en el capital y en los beneficios -o pérdidas- de la empresa) y obligaciones (título de crédito contra la empresa que además devenga un interés).

Pero sobre el fondo de una tendencia permanente, y a ritmo cada vez más acelerado, de concentración y acumulación del capital a escala mundial, la preeminencia del capital financiero es actualmente el rasgo dominante del sistema.

Esta preeminencia del capital financiero sobre el capital productivo es el resultado de un cambio profundo de la economía mundial a partir del decenio de 1970, momento que marca el fin del Estado de bienestar, caracterizado por la producción en masa y el consumo de masas, impulsado este último por el aumento tendencial del salario real y por la generalización de la seguridad social y de otros beneficios sociales.

Es lo que los economistas llaman el modelo económico “fordista”, de inspiración keynesiana.

El agotamiento del modelo del Estado de bienestar obedeció a varios factores, entre ellos: llegó a su término la reconstrucción de posguerra, que sirvió de motor a la expansión económica, el consumo de masas tendió a estancarse o a disminuir lo mismo que los beneficios empresarios. También incidió el “shock” petrolero de comienzos de los 70.

Para dar un nuevo impulso a la economía capitalista y revertir la tendencia decreciente de la tasa de beneficios, se hizo necesario incorporar la nueva tecnología (robótica, electrónica, informática) a la industria y a los servicios y eso requirió grandes inversiones de capital.

Alguien tenía que pagar la factura y comienza entonces la época de la austeridad y de los sacrificios (congelación de los salarios, deterioro de las condiciones de trabajo y aumento de la desocupación) que acompañaron a la reconversión industrial. Al mismo tiempo, la revolución tecnológica en los países más desarrollados impulsó el crecimiento del sector servicios y se produjo el desplazamiento de una parte de la industria tradicional a los países periféricos, donde los salarios eran –y son- mucho más bajos.

En esas condiciones toma cuerpo la llamada “mundialización neoliberal”: el pasaje de un sistema de economías nacionales a una economía dominada por tres centros mundiales: Estados Unidos, Europa y Japón y un grupo constituido por los que se llamaron los "cuatro tigres de Asia": Corea del Sur, Taiwan, Hong Kong y Singapur. Después se produjo el ingreso impetuoso de China y, en cierta medida de India, en los primeros rangos de la economía mundial.

Con la incorporación de las nuevas tecnologías aumentó enormemente la productividad del trabajo, es decir que con la misma cantidad de trabajo humano la producción de bienes y servicios pasó a ser mucho mayor.

Se presentaron entonces dos posibilidades:

1) O se incitaba el consumo masivo de los bienes tradicionales y de los nuevos bienes a escala planetaria con una política salarial expansiva, una política social al estilo del Estado de bienestar, se reducía la jornada de trabajo en función del aumento de la productividad para tender a una situación de pleno empleo y se reconocían precios internacionales equitativos a las materias primas y productos de los países pobres

2) O se tendía a mantener y a aumentar los márgenes de beneficio conservando bajos los salarios, incrementando la jornada laboral y la intensidad en el trabajo y se mantenían bajos los precios de los productos de del Tercer Mundo.

La primera alternativa hubiera sido factible en un sistema de economías nacionales, en las que la producción y el consumo se realiza fundamentalmente dentro del territorio y es posible el pacto social de hecho entre los capitalistas y los asalariados en tanto consumidores.

Pero en el nuevo sistema “mundializado” la producción se destina a un mercado mundial de "clientes solventes" y ya no interesa el poder adquisitivo de la población del lugar de producción.

En las condiciones de la mundialización acelerada, los dueños del poder económico y político a escala mundial con su visión de "economía-mundo" y de "mercado global" apostaron a la segunda alternativa.

Predominó entonces un ritmo lento de crecimiento económico, a causa de que un mercado relativamente estrecho imponía límites a la producción y surgió el fenómeno de grandes masas de capitales ociosos (incluidos los petrodólares), puesto que no podían ser invertidos productivamente.

Pero para los dueños de dichos capitales (personas, bancos, instituciones financieras) no era concebible dejarlos arrinconados sin hacerlos fructificar.

Es así como el papel tradicional de las finanzas al servicio de la economía, interviniendo en el proceso de producción y del consumo (con créditos, préstamos, etc.) quedó relegado por el nuevo papel del capital financiero: producir beneficios sin participar en el proceso productivo.

Esto se se fue concretando de varias maneras:

-Mediante la compra de acciones de empresas industriales, comerciales y de servicios por parte de los gestores de fondos de pensiones, de las compañías de seguros, de los organismos de inversión colectiva y de los fondos de inversión.

-Mediante la compra directa de empresas por los fondos de inversión, que las que conservan si son muy rentables o por razones estratégicas o las “sanean” despidiendo personal y luego las venden con un margen de ganancia considerable. Los fondos de inversión compran las empresas mediante el sistema llamado Leverage Buy-Out (LBO) que podría traducirse como “operaciones con efecto de palanca”, que consiste en financiar la compra con una parte de capital propio (generalmente el 30%) y otra parte (el 70% restante) con préstamos bancarios, garantizados con el patrimonio de la empresa adquirida.

Los grupos financieros pasan asi a intervenir en las decisiones de política de las empresas con el objeto de que su inversión produzca la alta renta esperada, imponiéndoles estrategias a corto plazo, cuyo eje principal es la reducción del personal y la degradación de las condiciones de trabajo, en materia de salarios, de intensidad del trabajo y de incremento de la jornada laboral.

Pero además los inversores financieros que participan en actividades productivas exigen una renta anormalmente elevada y la logran mediante una repartición inequitativa de los beneficios con el capital productivo, en detrimento de este último.

-Otra manera en que crece el papel del capital financiero especulativo es que las mismas empresas industriales, comerciales y de servicios invierten parte de sus beneficios en diversos títulos y papeles financieros especulativos, en lugar de hacerlo en la producción.

De modo que a través de la intensificación de la explotación del trabajo humano el capital transnacional (y sobre todo el capital financiero parasitario) mantuvo y mantiene una alta tasa de beneficios a pesar del crecimiento económico lento y de la existencia de un mercado restringido.

Entonces surgió la ilusión y hasta se teorizó acerca de que el dinero y los productos financieros, circulando en los mercados, son por sí mismos creadores de valor.

Pero lo cierto es que el dinero y los productos financieros no crean valor sino que representan un valor. Esa supuesta creación de valor y generación de beneficios por el dinero y los productos financieros no es otra cosa que la apropiación del valor creado por el trabajo humano en el proceso productivo de la economía real.

Partiendo del supuesto de que el dinero y los productos financieros circulando en los mercados crean valor, para enriquecerse no hay otra cosa que hacer que crear productos financieros o adquirir los ya existentes y hacer que se reproduzcan mediante adecuadas operaciones especulativas.

La consecuencia de esto ha sido la autonomización e “inflación” de productos financieros (burbujas financieras).

Además de los productos financieros tradicionales (acciones y obligaciones) se han creado muchos otros. Entre ellos los productos financieros derivados, que son papeles cuyo valor depende o "deriva" de un activo subyacente y que se colocan con fines especulativos en los mercados financieros. Los activos subyacentes pueden ser un bien (materias primas y alimentos: petróleo, cobre, maíz, soja, etc.), un activo financiero (una moneda) o incluso una canasta de activos financieros. Así los precios de materias primas y de alimentos esenciales ya no dependen sólo de la oferta y la demanda sino de la cotización de esos papeles especulativos y de ese modo los alimentosd pueden aumentar (y aumentan) de manera inconsiderada en perjuicio de la población y en beneficio de los especuladores.

Por ejemplo cuando se anuncia que se fabricarán biocombustibles los especuladores “anticipan” que el precio de los productos agrícolas (tradicionalmente destinados a la alimentación) aumentará y entonces el papel financiero (producto derivado) que los representa se cotiza más alto, lo que repercute en el precio real que paga el consumidor por los alimentos.

Las inversiones en productos financieros implican diversos niveles de riesgo. Con la esperanza de cubrir dichos riesgos se han inventado una compleja serie de productos financieros que inflan cada vez más la burbuja y la alejan aun más de la economía real.

Chesnais escribe:

...”los inversores financieros, así como también los bancos centrales creyeron tener finalmente una técnica milagrosa que garantizaba al sistema bancario contra el riesgo: la titulización generalizada. ¿Qué es esta titulización (en francés “titrisation”, aunque la expresión original en inglés es “securitization”Gui?o? Pues consiste en “transformar las acreencias en manos de establecimientos de crédito, sociedades financieras, compañías de seguros o sociedades comerciales (las cuentas-cliente) en títulos negociables”. Estos títulos tienen nombres estrafalarios pero es obligado mencionarlos. Están en primer lugar los RMDS (Resiential Mortgage Backet Securities), adosados a los préstamos inmobiliarios. Se encuentran luego los CDS (Credit Default Swaps), derivados de crédito que conllevan la transferencia con intereses y elevadas comisiones del riesgo ligado a la posesión de obligaciones de empresas (estos CDS eran instrumentos de cobertura de riesgo, pero pasaron a ser instrumentos de colocación especulativa). Están finalmente los CDO (Collateralized Debt Obligations), que son “títulos derivados de títulos” que suponen dos operaciones sucesivas de titulización y una total opacidad sobre la composición del “producto sintético” (El fin de un ciclo. Alcance y rumbo de la crisis financiera).

Michel Drouin, por su parte, escribe:

"El desarrollo de los flujos de capitales internacionales, impulsado por la desregulación y la descompartimentación casi general de los mercados financieros, hizo de los años 80 el decenio de la mundialización financiera… Las operaciones financieras, cuyo volumen estaba ya desconectado del volumen de las transacciones en bienes y servicios, se hicieron autónomas, es decir movidas no por la lógica de las transacciones corrientes sino por la de los movimientos de capitales. La esfera financiera basó su desarrollo sobre ella misma a partir de la búsqueda de un beneficio surgido de la variación de los precios de sus propios instrumentos. El carácter especulativo de esta lógica de crecimiento permite hablar del surgimiento de una economía internacional de la especulación". (Le système financier international).

Los Estados Unidos y una parte de la población de dicho país son los primeros beneficiarios del proceso de mundialización financiera, la que les permite apropiarse del producto del trabajo y de los ahorros de los pueblos de todo el planeta.

Con esta "economía internacional de la especulación", como la llama Drouin, se aceleró la acumulación de grandes capitales en pocas manos a expensas sobre todo de los trabajadores, de los jubilados y de los pequeños ahorristas. Aunque los pequeños ahorristas participan de la ilusión de que el dinero y los productos financieros se reproducen (crean valor) por si solos. Hasta que la burbuja financiera estalla.

De modo que a la tradicional expropiación del fruto del trabajo que practica el capital en el proceso productivo (obtención de plusvalía), se ha venido a sumar la que realiza el capital financiero especulativo sin participar en el proceso de producción.

El capital financiero, además de estos mecanismos “legales” destinados a obtener una tajada cada vez mayor de los valores creados en la esfera productiva, se apropia directamente de los bienes de los trabajadores, jubilados y pequeños ahorristas, cometiendo verdaderas estafas.

Por ejemplo en Estados Unidos, el gigante transnacional de la energía Enron se declaró en quiebra reconociendo una deuda de 40 mil millones de dólares y dejó en la calle a su personal (12000 personas), al que, por añadidura, despojó del capital previsional de su jubilación, invertido en acciones de la propia empresa. En otras quiebras de grandes bancos o grupos financieros transnacionales, miles de pequeños ahorristas han visto evaporarse el fruto de muchos años de esfuerzos e incluso de privaciones.

Después de Enron se sucedieron otros casos similares como el de WorldCom y resultaron implicados los dos más grandes bancos estadounidenses: Citygroup y JP Morgan Chase (3).

En el caso de WorldCom, un pequeño ahorrista que en marzo de 2000 compró 10.000 dólares en acciones se encontraba en julio de 2002 con que sus acciones valían sólo 200 dólares (Despacho de AFP del 21/07/02 ).

Una situación similar se produjo también en algunas transnacionales basadas en otros países, como Vivendi y otras en Francia. La acción de Vivendi llegó a cotizarse a 141,60 el 10 de marzo de 2000 y valía sólo 9,30 el 16 de agosto de 2002.

Los escándalos financieros revelados en el curso de 2002 causaron enormes pérdidas a los más grandes fondos de pensión estadounidenses, los que decidieron iniciar juicios contra los responsables, entre ellos Enron y su auditor Arthur Andersen, WorldCom y otros. Calpers, que administra el dinero de 1.300.000 funcionarios californianos , CalSTRS (687000 docentes del mismo Estado) y Lacera (132000 empleados de Los Angeles) han perdido 318 millones de dólares a causa de la quiebra de WorldCom (más de 7 mil millones de dólares evaporados). El fondo de pensión de los funcionarios del Estado de Nueva York (112 mil millones de dólares de activos) perdió 300 millones de dólares en la quiebra de WoldCom.

La reacción ex post facto del gobierno estadounidense, adoptando, el 25 de julio de 2002, la Corporate Auditing Accountability Act, con la sola finalidad de frenar el "krach" bursátil, se hizo necesaria para restablecer mínimamente la confianza de la población, después que Bush dijera públicamente: "Los escándalos han traicionado al pueblo americano. Los inversores han perdido su dinero, los jubilados su seguridad y los trabajadores sus empleos. La práctica de negocios deshonestos equivale a robo y fraude...”.

Como se puede apreciar, en 2002 el Gobierno estadounidense tomó medidas aparentemente destinadas a evitar que se repitieran ese tipo de situaciones, pero en realidad sólo para calmar a la opinión pública. Y las crisis se siguen repitiendo...

Otras formas que permiten al capital financiero transnacional apropiarse en forma parasitaria del fruto del trabajo ajeno, es decir sin intervenir en el proceso productivo, son la privatización de la seguridad social, de la que se han hecho cargo fondos privados de pensiones, la sustitución de parte del salario o de otras remuneraciones de que es acreedor el personal de las grandes empresas por acciones o por opciones sobre acciones de la misma empresa (stock-options), etc., que son distintas formas de robar o estafar, como dicen los economistas Labarde y Maris. (4)

En síntesis, el capital financiero transnacional está funcionando como una bomba aspirante de las riquezas producidas por el trabajo a escala mundial, riquezas que de esta manera se concentran en pocas manos y en ciertas regiones del planeta, particularmente en los Estados Unidos.

El pago de la deuda externa (real o supuesta) por parte de los países periféricos contribuye en no poca medida a alimentar las cajas del capital financiero transnacional.

Notas:

1) Christian Palloix, L'économie mondiale capitaliste et les firmes multinationales, T. II, edit. François Maspero, Paris, abril 1975, pág. 103.

2) Palloix, op. cit. págs. 106 y 107, quien cita a Stephen Hymer (The efficency (contradictions) of multinational corporations en The American Economic Review, mayo 1970, nº2, pág. 441).

3) En agosto de 2005 el ex jefe financiero de la firma Worldcom, Scott Sullivan, fue sentenciado a cinco años de cárcel por su participación en el mayor fraude contable en la historia corporativa de los EE.UU.
Sullivan desempeñó también un papel importante como testigo "clave" contra el ex presidente de Worldcom, Bernie Ebbers, quien a su vez fue condenado a 25 años de prisión. Sullivan fue declarado culpable de conspiración, fraude con títulos valores y falsas declaraciones financieras.
La compañía de telecomunicaciones Worldcom colapsó en 2002 luego de un fraude contable de US$ 11.000 millones. "Sullivan fue el arquitecto del fraude en Worldcom", dijo la juez federal estadounidense Barbara Jones al entregar el veredicto. El colapso de Worldcom fue la mayor quiebra corporativa en la historia de los EE.UU. Cerca de 20.000 trabajadores perdieron sus empleos luego de la declaración de bancarrota. La compañía salió de la quiebra en 2004 y hoy se conoce como MCI.

4) Philippe Labarde y Bernard Maris, La bourse ou la vie, la grand manipulation des petits actionnaires, edit. Albin Michel, Paris, mayo 2000. Véase también Michel Husson, Les fausses promesses de l'épargne salariale, en Le Monde Diplomatique, febrero 2000 y Whitney Tilson, Stock options, perverse incentives, en www.fool.com/news/foth/2002/foth020403.htm, 03/04/02.

Autor imagen: ADMIT-ONE

Fuente: ARGENPRESS.info



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