contra el narcotráfico, despenalización de la hoja de coca

Jueves, 25 de septiembre de 2008

EEUU y los 500 mil millones de d?lares del negocio de la droga

Opio, coca?na, marihuana y anfetaminas movilizan mundialmente cada a?o un presupuesto que puede doblar el de un pa?s petrolero como Venezuela. Debidamente ?lavadas? y llevadas a honorables bolsas de comercio, las ganancias anuales del narcotr?fico llegan a representar ?en acciones perfectamente legales? m?s de 300 billones de d?lares: una cifra que torna rid?cula la pretendida especie de que es este un negocio manejado por capos tercermundistas que se esconden en alg?n b?nker de Colombia o Afganist?n.

Un campesino boliviano -Julio Quispe, pongamos, por inventar un nombre- que evada el monopolio estatal de la coca, recibir? 1.375 d?lares por los 275 kilos de hojas que hacen falta para producir un kilo de pasta o base de coca?na. Un narco colombiano -Alvaro Jaramillo, digamos- podr? procesar ese kilo de pasta y vend?rsela a cualquier cong?nere por unos $ 5.000, o transformarla en clorhidrato y revenderla en Cartagena o Bogot? por $ 15.000. En Harlem, o en Broadway, o en Harvard, un Tom Smith o Jimmy Johnson cualquiera podr? optar entre ofrecer el polvo puro, a unos $ 30.000 el kilo, o adulterarlo hasta obtener por cada gramo de piedra o crack entre 40 y 80 d?lares. Los 1.375 d?lares de Julio Quispe son ahora, en promedio, 60.000.

Un negocio sencillo, se dir?: no requiere m?s que unas hojas que crecen casi silvestres, algo de keros?n, un poco de ?cido sulf?rico y acetona, una narco-mula o una pista o un pe?ero siquiera. Y, claro, un tanto de mala conciencia y otro de osad?a para mover de un sitio a otro esos mil gramos.

Pero no es un kilo: son 992.000, que eso fue, seg?n la Oficina de las Naciones Unidas para las Drogas y el Crimen (Unodc, por sus siglas en ingl?s), la producci?n mundial de coca?na en un a?o tan cualquiera como 2007. Y no es s?lo coca: tambi?n hay, igual de lucrativos o m?s, 8.870.000 kilos de opio. Y 41.400.000 kilos de marihuana. Y 494.000 de anfetaminas varias. Y pare usted de contar alucin?genos y otras especies.

Hablamos, entonces, de movilizar por todo el mundo, desde las selvas m?s apartadas hasta los colegios y universidades y bares y oficinas de cualquier pueblito primermundista, algo m?s de 50 millones de kilos de sustancias il?citas, que son objeto de persecuci?n feroz y de guerra a muerte. Hablamos, adem?s, de mover tambi?n por el mundo entero otra cosa a?n mucho m?s dif?cil de hacer pasar inadvertida: los 500.000 millones de d?lares que como m?nimo, al decir de los expertos (de la ONU, del Fondo Monetario Internacional, de la Drug Enforcement Administration o DEA), reportan en ganancia anual esas sustancias. A precios de 2006.

Eso es el narcotr?fico. Y es apenas el comienzo.

Cosas que puedes saber con s?lo mirarlas


Al comienzo de la larga cadena del narcotr?fico no todo son eslabones perdidos: se conocen perfectamente los grandes centros de producci?n. Y las grandes rutas de distribuci?n tambi?n.

Con 193.000 hect?reas sembradas de adormidera, Afganist?n concentra 92% de la producci?n mundial de opio. Pura, o transformada en morfina o hero?na, la droga afgana fluye hacia Europa a trav?s de Pakist?n, de las ex rep?blicas sovi?ticas de Turkmenist?n y Uzbekist?n, del largo corredor kurdo, de Georgia, de Chechenia, los Balcanes. De lejos, Myanmar compite con sus 27.000 hect?reas de amapola.

Colombia es due?a de 55% del cultivo mundial de hojas de coca: 99.000 hect?reas. Le siguen Per?, con cerca de la mitad de eso, y Bolivia, con 28.900 hect?reas casi enteramente dedicadas al procesamiento y comercio legal. El clorhidrato de coca?na tiene por destino principal los Estados Unidos. Sube por el Pac?fico, v?a Panam?, o por el Caribe colombiano, o atraviesa Venezuela para hacer escala en las antillas. Otra parte, m?s peque?a, cruza el Atl?ntico y toca Africa antes de entrar a Europa.

El Asia oriental y tecnologizado representa el 55% del mercado mundial de anfetaminas (?xtasis y otros estimulantes), y se encarga por s? misma de producir y consumir sus tabletas. Lo mismo hacen sus otros dos grandes competidores: la culta Europa y el Estados Unidos de la implacable DEA.

De esos mismos supervigilados predios de la DEA -el territorio estadounidense- se sabe con certeza que acaparan la mayor porci?n de la torta en el mercado mundial de producci?n y consumo de marihuana, gracias a las t?cnicas del cultivo hidrop?nico en interiores e incluso en subsuelos. Aunque m?s democr?tico en su irrigaci?n por el globo -el cannabis se siembra en 172 pa?ses-, Am?rica concentra 55% de la producci?n y tiene en su lado Norte una de las m?s altas tasas de prevalencia mundial: 10,5% de los norteamericanos entre 15 y 64 a?os son consumidores. En Europa, con tres millones de adictos (consumo diario), encabeza esta hierba las estad?sticas del Observatorio Europeo de las Drogas y Toxicoman?as.

Con apenas estos pocos datos, algunas cosas comienzan ya a llamar la atenci?n en el oscuro mundo del narcotr?fico. Cosas, digamos, que no terminan de parecer casuales.

Por ejemplo, que Afganist?n, el cuasi monop?lico centro mundial de producci?n de opi?ceos, est? literalmente cruzado de tropas invasoras y misiles y tanques y muertos, y sin embargo.

Que de Pakist?n y las ex rep?blicas sovi?ticas del sur, amistosamente occidentales, no se hable. Que Georgia y Chechenia, y el corredor kurdo (Ir?n, Irak, Turqu?a), y la puerta trasera de Europa (Albania, los Balcanes), sean tan crudamente escenario de guerras, de intervenciones, de vigilancia extrema por la mal llamada "comunidad internacional", y sin embargo.

Que Myanmar est? en la lista de "Estados fallidos", y sin embargo.
Que Colombia acumule nueve a?os de Plan Colombia, y de balas, y desplazados y muertes otra vez, y sin embargo.

Que el Caribe sea tan decididamente mare nostrum de los gringos, tan erizado de patrullas, y de sat?lites, y sin embargo.

O, por ejemplo, que la marihuana, por largo rato el rubro de mayor peso en el narcotr?fico mundial -80%, en t?rminos de tonelaje-, y el que m?s alarmas de consumo enciende en los pa?ses altamente desarrollados, y el que all? mismo se produce -igual que las anfetaminas-, sea justamente la droga menos perseguida.

Pero claro: no se imagina uno un "Plan Holanda", un bombardeo incendiario de laboratorios sembrados en Borgo?a, una invasi?n aliada contra Londres, unas autodefensas que desplacen y aniquilen a los pobladores de Harlem o de Queens. Aunque sean negros, aunque sean boricuas. All? el narcotr?fico sirve para otra cosa.

Peones, capataces, buhoneros


Un simple c?lculo matem?tico establece que si las 50.000 toneladas de producci?n mundial de drogas se transportaran en contenedores de uso corriente, se necesitar?an 1.250 gandolas para cargarlos. Otros, m?s ociosamente, han calculado que las ganancias respectivas, apiladas en billetes de cien d?lares uno sobre otro, formar?an una torre de mil metros de altura: cuatro torres del Parque Central de Caracas, una encima de la otra.

No es f?cil esconder un alijo as?. Seg?n diversos informes internacionales que ratifica el ex presidente brasile?o Fernando Henrique Cardoso, los presupuestos del combate mundial contra el narcotr?fico equivalen "casi al mismo valor generado por el comercio de drogas" (http://colombiadrogas.wordpress.com/). Tan solo el Plan Colombia, para el momento de su aprobaci?n por Bill Clinton, contempl? para ese fin un monto de 1,3 billones de d?lares. Un total de 87 oficinas de la DEA se reparten en 63 pa?ses -aparte de las 227 existentes en territorio estadounidense- para recordarle al mundo que esa lucha es exigencia de la mayor de las potencias econ?micas, militares y policiales.

Y sin embargo: en todo 2007, esa misma DEA tuvo que jactarse como logro mayor de una incautaci?n de 19.434 kilos de coca?na en un barco de bandera paname?a: 1,9% de la producci?n mundial.

Los supuestos "grandes capos" de la droga que terminan apresados o muertos guardan proporci?n con estas ?ltimas cifras. Carlos Lehder, cofundador del Cartel de Medell?n, era al ser capturado "due?o de dos hoteles, dos aviones, siete fincas en Quind?o y otros departamentos, lanchas y al menos 1,8 millones d?lares en efectivo" (www.pabloescobargaviria.info/index). Al ultra-famoso y finado Pablo Escobar Gaviria se le atribuy? una fortuna (nunca auditada, jam?s comprobada) de entre 5.000 y 10.000 millones de d?lares: 1% o 2% de lo que produce "el negocio" en 12 meses apenas.

Esos "grandes zares" nunca fueron m?s que peque?os intermediarios. Hoy, cuando ya no est?n, cuando ya no es posible ser a un mismo tiempo capataz de finca productora y presidente de un banco o una universidad, sus sucesores son miles y miles de peones que s?lo se alzan un escal?n o dos por sobre esa buhoner?a del narcotr?fico del tal Jaramillo o el Tom Smith o Jimmy Johnson.

Dijo una vez el ex presidente venezolano Carlos Andr?s P?rez, conocedor de oficio: "Hay dos cosas imposibles de ocultar: la tos y la riqueza".

La gran lavadora


?C?mo se hace para esconder cuatro torres de Parque Central hechas de billetes de cien d?lares? ?C?mo se borra un presupuesto que duplica casi el de un pa?s petroleramente boyante como Venezuela? ?C?mo pueden pasar desapercibidos 500.000 millones de d?lares por a?o?

Porque, obviamente, la finalidad del narcotr?fico no estriba en enterrar morocotas bajo el piso.

Antes de llegar al extremo superior de la cadena, el negocio de las drogas tiene -como es sabido- un eslab?n fundamental en el lavado de dinero. De cumplir esa funci?n en los niveles de la buhoner?a e intermedios se encargan sistemas artesanales: desde el individuo que abre 10 o 20 cuentas en otros tantos bancos hasta esos centros vacacionales que repentinamente, sin motivo aparente, se ponen de moda y se llenan de lujosos edificios y centros comerciales que luego quedan abandonados o nunca se concluyen.

No obstante, como toda gran industria en un mundo de ac?rrimo capitalismo y libre mercado, tambi?n ?sta es altamente concentracionaria y monop?lica. Quien tenga, pues, un modesto 10% de esa torta, deber? lavar cada a?o 50.000 millones de d?lares. Vale decir, la misma cifra que desde el a?o 2000 e in?tilmente viene pidiendo reunir la ONU para poder cumplir su gran Objetivo del Milenio: la reducci?n de la pobreza.

Para solventar problemas de este tipo -el blanqueamiento de dinero sucio de cualquier especie-, el sistema financiero internacional permite -y apadrina- un no-sistema: un espacio de extraterritorialidad, ajeno del todo a leyes nacionales, a superintendencias bancarias, a regulaciones, a convenios internacionales: ajeno a todo cuanto no sea el dinero y su intr?nseca tendencia a la ganancia y la acumulaci?n.

Ese espacio es el de los as? llamados para?sos fiscales y la banca offshore, cuyas interioridades han sido exhaustivamente develadas por el periodista y escritor argentino Julio Sevares en estudio titulado "El dinero sucio, sangre del sistema econ?mico y el poder" (disponible en www.argentina.attac.org/).

Para el a?o 2004 exist?an en el mundo 72 de esos para?sos, en los que funcionaban por entonces un mill?n de sociedades amparadas por el anonimato: empresas -virtuales o reales- a las que nada ni nadie obliga a presentar balances, establecer su composici?n accionaria o, incluso, tener capital alguno. No obstante, a ellas se sumaban m?s de 4.000 bancos offshore con dep?sitos conjuntos que superaban los cinco billones de d?lares.

Para?sos fiscales c?lebres son los de Las Bahamas y las Islas Caim?n, en el Caribe, pero los hay por todo el mundo: funcionan profusamente en el centro de Londres, en M?naco, en Tokio, en el diminuto estado de Delaware, a pocos minutos de Nueva York y de Wall Street. Y los hay incluso tan curiosos como el Principado de Sealand, que funciona en una antigua plataforma petrolera del Mar del Norte, o el Dominio de Melchizedek, situado sobre un des?rtico atol?n vecino a las Islas Marshal, que a trav?s de la p?gina web www.Melchizedek.com ofrece ciudadan?a y pasaporte y facilidades para toda clase de negocios. Sin un solo edificio a la vista, tiene en sus bancos 25.000 millones de d?lares.

En el libro Capitalismo criminal: ensayos cr?ticos (Bogot?: Universidad Nacional de Colombia, 2008), Tom Blickman precisa la magnitud y el modus operandi de estas eficientes lavadoras: "La Organizaci?n para la Cooperaci?n y el Desarrollo Econ?micos (OCDE), que agrupa a los 30 pa?ses m?s ricos del mundo, estima que el volumen del comercio mundial que pasa por los para?sos fiscales de manera documentada creci? durante este per?odo [desde comienzos de los 70 hasta 2004] en cerca de un 50%, pese a que estos lugares representan apenas un 3% del producto bruto mundial. Esta extraordinaria discrepancia es una indicaci?n del grado en que la mayor?a de las principales corporaciones aprovechan la movilidad transnacional de sus capitales para lavar sus ganancias a trav?s de para?sos fiscales y reg?menes de impuestos bajos".

Y a?ade de seguidas: "Dichas corporaciones utilizan una variedad de mecanismos, como la refacturaci?n y los precios de transferencia -bienes comerciados entre compa??as con un due?o com?n a precios arbitrarios, independientes del mercado, y que permiten bajar impuestos declarando costos altos y precios de venta bajos en los lugares de mayor tributaci?n de las ganancias-, o como las transacciones realizadas hacia compa??as de papel y hacia fondos fiduciarios secretos extraterritoriales. Medios tales como las 'cuentas fiduciarias m?viles', que se trasladan autom?ticamente a otra jurisdicci?n en cuanto se realizan averiguaciones, o solicitudes de asistencia mutua judicial, facilitan claramente el delito".

Como la inmensa mayor?a de las empresas asentadas en tales "territorios", buena parte de los bancos offshore no mostrar?n nunca al cliente ni oficinas ni empleados: son, en realidad, instituciones virtuales, conocidas en el argot como "corresponsales", que para funcionar s?lo requieren de una cuenta abierta en una instituci?n bancaria f?sicamente establecida en ese u otro "para?so". Si se quiere o necesita a?n mayor seguridad en el borramiento de toda pista que vincule a depositario y dep?sito, se recurre al nesting o ennidado: una cuenta en un banco que a su vez tenga cuenta en otro banco que tenga cuenta en un offshore.

Quien tenga dudas -inmerecidas, hay que decirlo- sobre la seriedad de esa banca virtual, puede as? perfectamente depositar su confianza en el respaldo que le proporcionan principal?simos bancos de Suiza, Inglaterra, Alemania, Jap?n, Estados Unidos y muchos m?s.

Julio Sevares recoge informaci?n de la revista The Economist, en su edici?n del 14 de abril de 2001, que permite en tal sentido disipar las aprehensiones del m?s desconfiado de los narcotraficantes: "Tres cuartos de los grandes bancos investigados por el Senado estadounidense tienen, cada uno, m?s de 1.000 cuentas de bancos corresponsales. Los dos bancos m?s grandes de la lista, que no son estadounidenses, tienen 12.000 y 7.500 cuentas cada uno. A mediados de 1999 los cinco principales bancos estadounidenses con cuentas de corresponsales ten?an 17.000 millones de d?lares en esas cuentas. Los 75 mayores bancos ten?an depositados en ellas 35.000 millones de d?lares".

Ese es el no-sistema. En un informe de 1999 ("Mercados internacionales de capital"), el Fondo Monetario Internacional (FMI) citaba a Alan Greenspan, por entonces presidente de la Reserva Federal en Estados Unidos: "Nosotros no entendemos completamente la din?mica del nuevo sistema".

Pero no interesa entenderlo. Funciona. Y c?mo lava.

El ?ltimo eslab?n de la cadena


Si nunca ha habido ni habr? un "Plan Holanda", tampoco se ha pensado jam?s en una mera "Operaci?n Melchizedek". Al final de la larga cadena del narcotr?fico no hay razzias, ni allanamientos, ni alcabalas, ni fotos de frente y perfil con n?mero abajo. Obvio.

Quien quiera, pues, nombres y rostros, deber? atender al buen olfato o la mala lengua de los periodistas. O confiar en su propia suspicacia.
Recordar, por ejemplo, que Lucio Gelli, gran capo de la Logia P-2, tuvo por socio principal en el Banco Ambrosiano al Vaticano, all? por los 70.
Que en el esc?ndalo del Bank of Credit and Commerce International (BBCI), s?ptima instituci?n bancaria en el ranking mundial, salieron a relucir en 1991 asuntos tales como financiamiento del terrorismo y lavado de dinero, y las cuentas personales de Manuel Noriega, Saddam Hussein, Ferdinando Marcos, y dep?sitos de la Organizaci?n para la Liberaci?n de Palestina (OLP) y el servicio secreto israel? (Mossad) y la contra nicarag?ense. Y que con el banco se vino abajo la gigantesca transnacional de auditor?as (?auditor?as!) Price Waterhouse. Y que en los juicios subsiguientes, del lado de la defensa de uno de los grandes socios del BBCI, intervino cierto bufete entre cuyos abogados estaba cierta Hillary Rodham, m?s tarde conocida -a pesar de lo Lewinsky- como Hillary Clinton.

Que el ser?simo Citibank dej? de serlo por las continuas investigaciones y denuncias que lo han vinculado a la pr?ctica del lavado, con directas referencias a reg?menes altamente corruptos como el del mexicano Carlos Salinas de Gortari, el peruano Alberto Fujimori y el filipino Joseph Estrada. No casualmente, jefes de Estado en pa?ses productores de drogas.

Que al primer ministro italiano Silvio Berlusconi se le descubri? en su vasto conglomerado medi?tico una contabilidad paralela para 64 empresas fantasmas: suerte de s?per lavadora para uso personal.

Que, en fin, la KBR, gigantesca transnacional de la ingenier?a y la construcci?n, se ha hecho en estos ?ltimos a?os de milmillonarios contratos en todos esos grandes centros de producci?n de drogas aqu? citados, y en los corredores que van de Pakist?n a Bosnia y de Colombia a M?xico. Y que socios claves de esa empresa son la familia Bush y su segundo al mando, el vicepresidente Dick Cheney.

?Por qu? o para que?


No tiene entonces mucho sentido preguntarse por qu?, si los gobiernos que rigen el destino del planeta dedican tanta energ?a al tema del narcotr?fico, no apuntan sus armas contra los cuarteles generales de esa industria. Cabr?a m?s preguntarse el porqu? han puesto tan aparentemente al mundo en pie de guerra contra ella.

Catherine Austin Fitts, una ex funcionaria del gobierno de Bush padre y actualmente directora de un fondo de inversiones en Wall Street, apunta un motivo que ayuda a comprender las razones de esa supuesta contradicci?n: cada d?lar que se apunta en el rengl?n ganancias de una transnacional -General Motors, Toyota, British Petroleum, pongamos por caso-, representa autom?ticamente, por esa extra?a l?gica del libremercadismo, un incremento de seis d?lares en el valor de sus acciones.

No es poca cosa, si se multiplican por seis los 500.000 millones del narcotr?fico. Cedidos en pr?stamo a bajo inter?s, o incluso en canje simple por acciones, son 300 billones de d?lares. Perfectamente legales, cambiables, usables. A mutuo beneficio. Un monto que no conviene dejar al alcance de potenciales competidores.

Ha dicho el renombrado periodista franc?s Christian de Brie: "El abandono de las soberan?as nacionales y la mundializaci?n liberal -que permite a los capitales circular sin control de un lado al otro del planeta- han posibilitado el crecimiento explosivo de un mercado financiero fuera de la ley, motor de la expansi?n capitalista lubrificado por las ganancias del gran crimen" ("Crimen, la mayor empresa libre del mundo", en http://mondediplo.com/2000/04/05debrie).

As?, mientras las ganancias del narcotr?fico hacen de motor del selecto grupo de empresas que realmente domina el planeta, y mientras las guerras les permiten apoderarse -para ese u otros negocios- de pa?ses enteros, el menudeo de la droga sirve de carne de ca??n.

All? lejos, Julio Quispe, Alvaro Jaramillo, los Tom Smith o Jimmy Johnson cuentan felices su p?rrica ganancia sin saber que son a la vez v?ctimas y propulsores necesar?simos del neoliberalismo salvaje. Una droga como cualquier otra.

Fuente: ABN


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