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Jueves, 18 de septiembre de 2008

Bolivia: Nada f?cil frenar los cambios

La sublevación terrorista de la oligarquía derechista ha obligado a casi todos los mandatarios de América del Sur a pronunciarse contra cualquier movimiento, que intente derrocar al gobierno legítimo de Evo Morales.

Incluso varios gobiernos como los de Venezuela, Nicaragua y Honduras han acusado abiertamente a Estados Unidos de inmiscuirse en los asuntos internos bolivianos y rechazaban como inadmisible su actitud, con lo cual asestan un fuerte golpe a los intentos separatistas promovidos por Washington para contrarrestar la fortaleza política del Presidente boliviano.

Unos 18 indígenas murieron en Pando y un centenar resultó herido por ataques de delincuentes contratados por el prefecto Leopoldo Fernández, y el gobierno se vio en la necesidad de decretar el Estado de sitio y la persecución del prefecto (gobernador) Fernández.

Prófugo, Fernández se prestó a ser la punta de lanza de la sangre que se derramó y de los disturbios de los paramilitares también en los departamentos de Santa Cruz, Tarija y Trinidad.

Parece que el cocinado se calentó en Santa Cruz el 25 de agosto, cuando fue la última visita del injerencista embajador norteamericano, Philip Goldberg, a los enemigos del cambio radical en la nación andina, con sus masas tanto tiempo hambrientas.

Ya Goldberg no estaba después de su expulsión, pero el plan se perpetró tal como lo habían planificado en la embajada norteamericana y el Departamento de Estado en Washington.

No contaron con la resistencia de las grandes masas, y el millonario Branco Marinkovic, presidente del llamado Comité Cívico de Santa Cruz, quizás al partido derechista más filofascista de Bolivia, más el prefecto de la oligarquía Rubén Costas, lanzaron contra las agrupaciones de indígenas y campesinos a sus tropas de asalto de la Unión Juvenil Cruceñista (compuestas en gran parte por marginales y delincuentes), que para aprovechar la ocasión rompieron cristales y saquearon todos los comercios que pudieron.

La gran lucha es para que la Carta Magna aprobada por la Asamblea Constituyente no sea sometida a plebiscito, porque sería aprobada por el pueblo. Marinkovic, Costas y los otros prefectos de los departamentos que forman la llamada media luna, no desean una nueva votación después de la victoria aplastante de Evo en el referendo revocatorio.

En Internet, periodistas bolivianos han denunciado con frecuencia el clima de odio racial hacia Morales y los indígenas que promueve personalmente Marinkovic, en un estilo peor que el de los conquistadores españoles.

Santa Cruz ha devenido en ciudad con las paredes cubiertas de letreros llenos de insultos a los aborígenes y se ha promovido un trato brutal hacia ellos en todas partes.

En los momentos en que se escriben estas líneas, martes 16, la derecha parece haber cedido un tanto por la firmeza del gobierno, las masas y la condena internacional encabezada ahora por la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR).

Es evidente que a la contrarrevolución boliviana se le hace difícil frenar los cambios que tienen lugar en su país, a pesar de que Washington los empuja.

Fuente: ARGENPRESS.


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