contra el narcotráfico, despenalización de la hoja de coca

Jueves, 18 de septiembre de 2008

La crisis crediticia se agrava: Parte I

¿Quién nos metió en el berenjenal y qué opciones políticas hay para salir de él?

Entrevista a Michael Hudson*

Por tercera vez a la lo largo de este verano, Mike Whitney entrevista al experto norteamericano en mercados financieros y política fiscal Michael Hudson. El significado de la intervención del gobierno norteamericano en los dos gigantes hipotecarios norteamericanos, Fannie Y Freddie, el rumbo hacia la “servidumbre por deudas” de la mayoría de la población que significa la financiarización de la economía, la incompetencia culpable de la teoría económica al uso y la necesidad imperiosa de la izquierda de redefinir drásticamente las políticas fiscales son algunos de los temas tocados en esta entrevista a uno de los economistas más penetrantes analíticamente, y más lúcidos políticamente, de nuestro tiempo.

El viernes por la noche, el gobierno anunció planes para poner a los dos gigantes hipotecarios, Fannie Mae y Freddie Mac, en “situación de conservación”. Los accionistas serán virtualmente borrados (las acciones han caído ya más de un 90%), pero el Tesoro norteamericano dará pasos para proteger la deuda de ambas compañías. Hasta cierto punto, protegerá también sus acciones preferenciales, las cuales [a diferencia de las acciones comunes, que tienen derecho de voto, pero no prioridad en la distribución de dividendos; T.], según Morgan-Chase, sólo se han depreciado la mitad.

Eso parece la intervención pública más radical en los mercados financieros de toda la historia de los EEUU. Si esas dos compañías terminan nacionalizadas, se añadirán 5,3 billones de dólares en el Debe del balance contable nacional. Mi primera pregunta es, entonces, ¿por qué el Tesoro sale en rescate de tenedores de obligaciones y de otros inversores en sus reconocimientos de deuda hipotecaria? ¿Dónde está aquí el interés público?

El Tesoro destacó que la ultimación de los detalles de la toma de control tenía como plazo máximo el domingo por la tarde, antes de la apertura de los mercados asiáticos de valores. Esa preocupación revela los condicionamientos a que está sometido el rescate: la balanza de pagos y la situación militar. Los bancos centrales de China, de Japón y de Corea son importantes tenedores de esas obligaciones, precisamente por la gran dimensión de Fannie Mae y Freddie Mac: los 5,3 billones de dólares que usted menciona y los 11 billones del conjunto del mercado hipotecario estadounidense.

Cuando usted mira el balance de activos norteamericanos disponible para la compra por parte de los bancos centrales extranjeros y sus excedentes de entre 2,5 y 3 billones de dólares, lo que observa es que los bienes raíces son el único activo de suficiente envergadura como para absorber las fugas de la balanza de pagos ocasionadas por los gastos militares norteamericanos, el comercio exterior y la huída del capital inversor. Cuando los militares estadounidenses gastan dinero por doquiera para librar la Nueva Guerra Fría, esos dólares se reciclan crecientemente por la vía de las obligaciones hipotecariamente respaldadas, porque no hay mercado lo bastante grande como para absorber las sumas en cuestión. Recuerde que nosotros no permitimos a los extranjeros –especialmente, a los asiáticos— comprar tecnología de punta, ni nada que afecte a la “seguridad nacional”, ni infraestructura clave. El gobierno preferiría que se quedaran con bienes raíces, trofeos inocuos como el Centro Rockefeller, o con participaciones minoritarias en bancos en situación de quiebra técnica, como las acciones de Citibank compradas por los sauditas y los bahreiníes.

Pero hay un límite a esa descarnada explotación que el gobierno norteamericano hace de los bancos centrales extranjeros. Necesita que el reciclaje de dólares se mantenga en funcionamiento, a fin de prevenir una drástica depreciación del dólar. De aquí que el Tesoro haya dado garantías informales a los gobiernos extranjeros de que se responderá al menos por el valor en dólares del dinero que sus bancos centrales están reciclando. (Con todo, esos gobiernos saldrán perdiendo, en la medida en que el dólar caiga frente a las monedas fuertes, que son ahora mismo casi todas, salvo el dólar.) Un fracaso en punto a ofrecer garantías de inversión a los extranjeros ¡rompería la continuidad del gasto militar estadounidense en ultramar! Y una vez rescatados los extranjeros, el Tesoro tiene que acudir al rescate de los inversores norteamericanos por motivos políticos muy sencillos de entender.

Fannie y Freddie han venido embarcándose en hipotecas de riesgo desde tiempos inmemoriales, subestimando los riesgos a fin de incrementar el precio de sus acciones y de forma tal, que los altos ejecutivos pudieran remunerarse a sí mismos decenas con millones de dólares en salarios y opciones de acciones. Ahora son, en esencia, insolventes, puesto que lo que está en cuestión es el propio principal de la deuda. Año tras año, eso fue criticado por mucha gente. ¿Por qué no se hizo nada?

Fannie y Freddie eran célebres por su intensa actividad de cabildeo lobista en Washington. Compraron el apoyo de congresistas y senadores, que se las arreglaron para participar en las comisiones parlamentarias de control de las finanzas, con objeto de situarse en una posición que les permitiera recibir financiación para sus propias campañas electorales por parte de un Wall Street deseoso de que no llegara a ponerse por obra regulación efectiva alguna.

Al nivel más amplio, el secretario del Tesoro, Paulson, ha dejado dicho que se toma el control de estas compañías, a fin de reflotar el mercado inmobiliario. Fannie y Freddie estaban aguantando casi en solitario el mercado de las hipotecas basura que hizo rico a Wall Street.

Los altos ejecutivos empresariales alegaban que se pagaban grandes sumas a sí propios en concepto de “innovación”. En la actual jerga orwelliana, “innovación” financiera significa creación de un privilegio de extracción especial de renta. El privilegio fue capaz de hacerse con el proverbial free ride (esto es, con renta económica) por la vía de tomar prestado a tipos de interés público bajos para comprar y reempaquetar hipotecas y venderlas a tipos de intereses altos. Su “innovación” radica en la ambigüedad que les permitió actuar con ademán de prestatarios públicos, cuando lo que querían era tomar prestado a tipos bajos, y comportamiento de arbitristas privados, cuando lo que querían era lucrarse con márgenes más elevados.

Los auditores públicos del Estado están descubriendo ahora que su otra innovación era retocar los libros de contabilidad, al estilo Enron. Cuando crecieron la morosidad y los impagados, Fannie y Freddie no devaluaron contablemente sus títulos hipotecarios con precios realistas. Lo que dijeron es que lo harían en un año, más o menos: en 2009, cuando los desreguladores de la administración Bush hubieran dejado el cargo. La idea era cargarle el muerto a Obama cuando quebraran.

Pero en el nivel más profundo, la “innovación” que sirvió para crear un orificio extractor de renta consistió en el engaño, según el cual el crecimiento de los préstamos hipotecarios basura podría continuar indefinidamente durante mucho tiempo. La dura realidad es que ningún crecimiento exponencial de la deuda ha sido nunca capaz de sostener la devolución de la misma por más tiempo que unos pocos años, ya que ninguna economía ha sido jamás capaz de generar excedente con la rapidez suficiente como para mantener el ritmo de la “magia del interés compuesto”, locución, ésta, sinónima de la de crecimiento exponencial de la deuda.

El camino hacia la servidumbre por deudas

En una entrevista anterior, dijo usted: “La economía ha llegado a su límite de endeudamiento y está entrando en una fase de insolvencia. No estamos en un ciclo, sino en un fin de época. El viejo mundo de la piramidalización de la deuda en grado fraudulento no puede restaurarse.” Podría desarrollar eso, a la vista de lo que está pasando ahora?

¿Durante cuánto tiempo se puede seguir bombeando dinero al mercado inmobiliario, cuando el ingreso personal disponible no crece lo bastante como para subvenir a esas deudas? ¿Cómo puede pagar la gente hipotecas que valen más que el valor de su propiedad? ¿De dónde puede venir la “demanda del mercado”? Los especuladores comenzaron ya a huir del mercado inmobiliario a fines de 2006 (cuando representaban una sexta parte de todas las ventas).

Lo más que puede conseguir el rescate del fin de semana pasado es posponer las pérdidas procedentes de deuda dimanante de las hipotecas basura. Pero eso es cosa harto distinta de restaurar la capacidad de pago de los deudores. El señor Paulson habla de aumentar el préstamo, a fin de sostener los precios inmobiliarios. Pero eso lo que hará es evitar que el precio de la vivienda caiga a niveles accesibles para la gente sin tener que endeudarse cada vez más con hipotecas. Los precios de la vivienda están muy, pero que muy por encima del precio de equilibrio, conforme a la definición tradicional de éste, a saber: un precio, el costeamiento anual del cual equivale a lo que costaría el alquiler de la vivienda durante ese mismo tiempo.

El objetivo perseguido por el Tesoro es la reanimación de Fannie y Freddie como prestamistas, y por consiguiente, como vehículos de la economía estadounidense en punto a conseguir préstamos de los bancos centrales extranjeros y de los grandes inversores institucionales internacionales antes mencionados. Prestar más, se supone, vendrá en auxilio del mercado inmobiliario, previniendo un rápido desplome del mismo; de hecho, el objetivo es mantener en crecimiento la pirámide deudora. La única forma de hacerlo es prestar a los hipotecariamente endeudados el dinero suficiente para que puedan seguir pagando los gastos de amortización y de intereses sobre el volumen existente de deuda. Y puesto que el grueso de la gente no está realmente ingresando más –de hecho, su presupuesto está encogiendo—, la única base para poder tomar más a préstamo es inflar el precio inmobiliario ofrecido como colateral de la refinanciación hipotecaria.

Es pura hipocresía que un hombre de Wall Street como Hank Paulson diga que todo lo que está haciendo es para “ayudar a los propietarios de vivienda”. Éstos no son sino vehículos de quien gana dinero, no los beneficiarios. Están en la base de una cadena trófica financiera, crecientemente extractiva y carnívora.

Prácticamente todos los especialistas en mercados inmobiliarios coinciden en que, en uno o dos años, muchos de los actuales propietarios de vivienda serán prisioneros del lugar en el que viven. Su situación es harto parecida a la de los siervos medievales, atados a la gleba. No pueden vender, porque el precio de mercado no cubriría la hipoteca que adeudan, y no tienen ahorros bastantes para pagar la diferencia.

Complica y agrava las cosas el hecho de que los tipos de interés tienen que revisarse al alza de aquí a fin de año, en 2009 y en 2010, lo que incrementará las cargas financieras. Recuerde usted que Alan Greenspan recomendaba a los compradores de vivienda que contrataran hipotecas a interés variable, porque el norteamericano medio cambia de residencia cada tres años. Cuando llegue un momento en que la tasa de interés suba, explicaba, podrán venderle a la casa a otro comprador como en un juego pueril de sillas musicales, en la idea de que, presumiblemente, en cada ronda del juego se añadirán más y más sillas, y para empezar, las más lujosas.

Ello es que quienes hoy poseen una casa no pueden moverse, de manera que se encuentran atrapados con unos intereses hipotecarios al alza y enfrentados a precios crecientes de la gasolina, la calefacción y la electricidad, a crecientes costes del transporte, de la alimentación y del seguro de salud, y aun a unos impuestos a la propiedad acrecidos, en la medida en que el fisco comenzó a ponerse a la par de la burbuja de precios.

El gobierno se ha cuidado mucho de evitar la nacionalización de las compañías, lo que montaría tanto como incorporarlas a su propio balance contable. Lo que ha hecho es crear una “conservaduría” (palabreja, ésta, que no reconoce mi corrector ortográfico). Tal parece, pues, que el rescate de Fannie y Freddie sea un intento de los republicanos de jugar simplemente al juego de las apariencias hasta que dejen el gobierno en febrero, tras de lo cual podrán echar las culpas del fracaso del “milagro del interés compuesto de la deuda” a los demócratas.

Politiqueo habitual: actúa a corto plazo. A largo plazo –en un año, incluso— el mercado inmobiliario continuará su deriva bajista.

Las noticias económicas son, a cada día que pasa, más desoladoras. Pero no se diría eso, si uno se limita a escuchar a los políticos de la Convención Republicana. La única vez que se trajo a colación la economía fue en un contexto de loas al libre mercado y a la globalización. El desplome inmobiliario y la fusión del mercado crediticio, ni se mencionaron. ¿Podría usted decirnos qué significan para los EEUU el número creciente de desempleados, la caída de la demanda, el incremento acelerado del número de embargos y ejecuciones de hipotecas, así como el actual desjarretamiento de los mercados crediticios? ¿Es sólo una señal en el radar, o nos hallamos en medio de un proceso de gran retracción que traerá consigo una caída de los niveles de vida y una recesión larga y de gran calado?

Los republicanos prefieren distraer la atención; no les interesa que se hable del fracaso del régimen de Bush en los pasados ocho años. Centrando la atención en Irak y en el terrorismo, o en el estilo de vida privada de las personalidades, se esquiva la discusión seria de esos asuntos. Y es lo que están haciendo los medios de comunicación.

Cuando los políticos hablan de economía, la estrategia básica de cara a las elecciones de noviembre es discutir sobre quién ofrece el sueño más hermoso en relación a lo que le gustaría creer a la gente. Por asombroso que pueda resultar, lo cierto es que muchos norteamericanos creen realmente que hay grandes probabilidades de llegar a ser millonarios. Se niegan, sencillamente, a mirar al Debe del balance contable.

La dinámica económica, por mucho, más llamativa de nuestros días es la polarización social entre quienes viven de los rendimientos de la riqueza (finanzas y propiedad, superlativas extractoras de intereses y rentas), de un lado, y quienes, del otro, viven de lo que ingresan, bregando por pagar los impuestos y las deudas contraídas. La contabilidad del ingreso y del producto nacional –PIB e ingreso nacional— nada dice de la polarización de la propiedad, y no incluye las ganancias de capital, que son hoy en día la fuente del grueso de la riqueza, y no, como fabulan los lobistas de la teoría económica del “derrame hacia abajo”, la inversión directa real en medios de producción.

He aquí como están las cosas ahora mismo: el 1% más rico de la población recibe el 57,5% de todo el ingreso generado por la riqueza –es decir, pagos por privilegios, la mayoría de ellos, heredados—. Esos rendimientos –ganancias de intereses, rentas y capital— no son rendimientos resultantes de haber emprendido algo. Son pura inercia, mercados grávidos. No “liberan” mercados; lo que hacen es conceder barra libre a las familias más ricas. El 20% más rico de la población recibe cerca del 86% de todo este ingreso: eso es lo que está gravitando sobre el presupuesto familiar.

Lo que la gente ve todavía como una democracia económica está trocando a marchas forzadas en oligarquía financiera. En sus campañas electorales, los políticos buscan sobre todo el apoyo de esa oligarquía, porque es la que tiene el dinero. Así que hablan todo el tiempo de una economía risueña y apelan al optimismo norteamericano, pero son muy pragmáticos en punto a saber a quién hay que servir, si quieren seguir adelante y no ser fulminados en el camino.

Durante los años 90, el 90% de la población en la base de la sociedad trató de sostener el ritmo endeudándose para comprar casas y otras propiedades. Lo que no vieron fue que se precisa de un crecimiento insaciable de la deuda para mantener en expansión una burbuja inmobiliaria y financiera. Todo ese crédito impone cargas financieras onerosas. Ellas han sido, y por mucho, responsables de una polarización tan drástica de la propiedad de la riqueza en las últimas décadas.

Las cargas deudoras han llegado a hacerse tan pesadas, que los deudores sólo son capaces de pagar tomando nuevos préstamo para servir los intereses debidos. Y lo que les ha permitido en los últimos años tomar nuevos préstamos ha sido el poder ofrecer como garantía de pago sus bienes inmobiliarios y otros tipos de colateral, cuyos precios se hinchaban como resultado de la política de la Reserva Federal. El Tesoro también ha contribuido lo suyo con favoritismo fiscal, desgravando la propiedad y las finanzas. Eso obliga al mundo del trabajo y del capital industrial tangible a la laxitud fiscal, precisamente porque se les fuerza a soportar una carga deudora más pesada.

Los propietarios de vivienda no salen ganando con este mercado inmobiliario con precios situados muy por encima de los de “equilibrio”. Precios más altos simplemente significan más gasto de deuda. Unas tasas precio/renta y precio/ingresos al alza para propiedades, acciones y obligaciones financiadas con deuda obligan a los asalariados a dedicar más y más años de su vida laboral a pagar la vivienda y a comprar acciones y obligaciones generadoras de ingreso de cara a su jubilación.

La expansión de la deuda a fin de adquirir propiedad parece una cosa por sí misma justificada, mientras se mantengan al alza los precios de los activos. Esa inflación de los precios de los activos se perfila como “creación de riqueza”, un eufemismo al que sólo puede darse pábulo obnubilándose con los precios de los bienes raíces, de las acciones y de los títulos de las obligaciones e ignorando el hecho palmario de que el ingreso personal disponible para vivir, así como las condiciones laborales, no dejan de deteriorarse.

Bueno, para volver a la pregunta general suya, yo no veo mucho incremento de la demanda consumidora, salvo en el caso de los turistas que vienen aquí a gastar su dinero mientras cae el dólar. Aquí, en Nueva York, son los compradores extranjeros quienes sostienen al mercado inmobiliario. El curso bajista de Wall Strett ya ha obligado a la ciudad a posponer los prometidos recortes fiscales y la prometida ampliación del metro subterráneo. Mi mujer y yo acabamos de recibir esta semana nuestra factura fiscal por el condominio en que vivimos. Había una nota explicativa en la que se nos contaba que los únicos recortes fiscales serán para propietarios de inmuebles comerciales. Las tasas fiscales para la vivienda, aumentan.

Las cosas van a peor. Sin mejoras en el transporte, los asalariados quedarán como acorralados. Los precios al alza del gas, de la electricidad, del cuidado sanitario y de los alimentos disparan los gastos, y fuerzan a la gente a contraer más deuda. Por eso crecen la morosidad y la quiebra técnica. Incluso los alquileres suben, a pesar de la caída de los precios inmobiliarios. Porque las casas que están bajo proceso de ejecución hipotecaria no pueden alquilarse, de modo que millones de viviendas quedarán fuera del mercado.

¿Qué quiere decir usted exactamente con “moderna servidumbre por deudas”?

Es lo que ocurre cuando los asalariados se ven obligados a destinar todos los ingresos que están por encima de sus necesidades de subsistencia básicas al sector FIRE (acrónimo en inglés de Finanzas, Seguros y Bienes Raíces; T.): principalmente para el servicio de la deuda, pero también para pagar seguros obligatorios y, más recientemente, las cargas fiscales de las que las finanzas y la propiedad han conseguido librarse.

La medida distintiva de la servidumbre es la falta de opciones. Es la antítesis de los mercados libres. Como observé antes, muchas familias se hallan actualmente atrapadas, en situación de quiebra técnica, en casas cuyo precio de mercado es inferior al de la deuda hipotecaria contraída. Esas viviendas no se pueden vender, a menos que la familia pueda pagarle la diferencia al banco que ha realizado el préstamo hipotecario basura. Esa diferencia puede significar una cantidad superior a los ingresos familiares anuales: como, análogamente, la ganancia sobre el precio de la vivienda llegó a ser, sobre el papel, superior a la dimanante, potencialmente, de su alquiler anual.

Mas ¿qué importaba eso, visto retrospectivamente, si la casa era para vivir, no para comprar y vender? Esa dimensión de valor de uso se dejó completamente de lado con la obsesión por la riqueza sobre el papel.

In nuce, la servidumbre por deudas es la otra cara de la moneda en una economía de rentistas. La quiebra técnica a que estamos asistiendo hoy en día es un componente clave de la servidumbre por deudas. Fuerza a los siervos deudores a gastar sus vidas trabajando para salir de la deuda. Cuanto más desesperados, más riesgos toman, y tanto más se abisman. Uno de mis estudiantes en Kansas escribió un trabajo de curso estudiando la medida en que la causa inmediata de buena parte de la morosidad hipotecaria eran las deudas de juego. En Misuri hay una muchedumbre de cristianos fundamentalistas que creen que Dios los está observando al detalle. Buenas gentes que son, quieren darle a Dios una oportunidad para que les recompense por vivir una vida honrada. Así que acuden a los garitos ribereños de juego. Pero la suerte les es adversa, y se diría que Einstein andaba errado al suponer que Dios no jugaba a los dados. El juego, como el grueso de la especulación financiera, es un asunto de probabilidad, y el azar es tan adverso a los jugadores como hostil es a los deudores. Siendo leyes de la naturaleza, las leyes de la probabilidad son como el privilegio de la tenencia de tierras: una licencia de juego lo que hace es brindar a la casa de juego una oportunidad para extraer renta económica desde arriba. [[FIN DE LA PRIMERA PARTE. PARA VER LA SEGUNDA, PULSE AQUÍ]]

* Michael Hudson es ex economista de Wall Street especializado en balanza de pagos y bienes inmobiliarios en el Chase Manhattan Bank (ahora JPMorgan Chase & Co.), Arthur Anderson y después en el Hudson Institute. En 1990 colaboró en el establecimiento del primer fondo soberano de deuda del mundo para Scudder Stevens & Clark. El Dr. Hudson fue asesor económico en jefe de Dennis Kucinich en la reciente campaña primaria presidencial demócrata y ha asesorado a los gobiernos de los EEUU, Canadá, México y Letonia, así como al Instituto de Naciones Unidas para la Formación y la Investigación. Distinguido profesor investigador en la Universidad de Missouri de la ciudad de Kansas, es autor de numerosos libros, entre ellos Super Imperialism: The Economic Strategy of American Empire.

Traducción para www.sinpermiso.info: Ricardo Timón

Fuente: SIN PERMISO

 


Añadir comentario

¡Recomienda esta página a tus amigos!
Powered by miarroba.com