contra el narcotráfico, despenalización de la hoja de coca

Lunes, 25 de agosto de 2008

El pa?s vac?o y los indios invisibles

Por Nelson Manrique

La derrota política que el Apra ha recibido en el Parlamento, en su intento de imponer la “Ley de la Selva” –es decir, el paquete de decretos que pretende allanar el camino a la desposesión de las tierras de las comunidades nativas para favorecer a los monopolios extranjeros– dice algo sobre nuestra historia.

Alan García persiste en una política que repite lo peor del repertorio político criollo con relación a las poblaciones indígenas.

Algo que es una constante en la actitud del Apra con relación a las poblaciones andinas y amazónicas (“vasto e ignaro campesinado”, las llamó Haya de la Torre en El antimperialismo y el Apra), que asume que los indígenas son incapaces de iniciativas políticas autónomas: si se movilizan, deben de haber agitadores metiéndoles en la cabeza esas ideas que ellos son incapaces de producir por sí mismos.

Esto no hace más que reciclar los viejos prejuicios racistas coloniales, que “minorizan” a la población indígena.

Los indios son vistos tradicionalmente desde el poder como menores de edad: niños incapaces de hacerse cargo de sí mismos y de pensar por cuenta propia. De allí que la política indigenista estatal tradicionalmente haya sido la tutela: una política reservada para los niños y los minusválidos.

Desde los inicios de la República, las clases dominantes del país cultivaron una ideología según la cual el Perú era un “país vacío”.

Por eso, hablar de construir la Nación a lo largo del siglo XIX era hablar de inmigración: se necesitaba importar colonos para explotar las ingentes riquezas naturales del país, porque el Perú no tenía la población para hacerlo.

Esto era una ilusión ideológica; si el país les parecía “vacío” era porque no consideraban que los indígenas formaran parte de él. La contrapartida del país vacío son precisamente los nativos invisibles, inexistentes.

Cuando el arquitecto Fernando Belaúnde decidió imitar a Brasil, y construir la capital del Perú en la Amazonía, surgió el proyecto Ciudad Constitución. Pero cuando viajó a inaugurarla aparecieron nativos armados con arcos y flechas que pretendían enturbiar las celebraciones y tuvieron que ser corridos a tiros por la Guardia Civil, para que continuara la ceremonia. Eran los habitantes de esos territorios, sus propietarios ancestrales. Pero, claro, eran invisibles… Según me contaron, el trazo de las calles de Ciudad Constitución terminó convertido en un excelente aeródromo para las avionetas del narcotráfico.

Es risible pretender construir la modernidad con políticas del siglo XIX.

Me sumo al homenaje a Constantino Carvallo. Conforta ver la huella que has dejado a tu paso por la tierra.

Fuente: Perú21


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