contra el narcotráfico, despenalización de la hoja de coca

Jueves, 14 de agosto de 2008

Narcos colombianos renuevan su liderazgo

El negocio colombiano de la cocaína sigue vivo a pesar de los azotes constantes que recibe de las autoridades de múltiples países. Y sus sistemas de supervivencia, como los de los virus, se basan en una sucesión de mutaciones de nunca acabar.

El 13 de mayo, cuando fueron extraditados en grupo a Estados Unidos 14 de los más prominentes jefes paramilitares del país, se creó la sensación de que los carteles de narcotraficantes colombianos habían quedado desbaratados porque, adicionalmente, un poderoso jefe del negocio, Juan Carlos Ramírez Abadía, alias ''Chupeta'', acababa de ser arrestado en el escondite que tenía en Sao Paulo, Brasil, y otro, Wilmer ''Jabón'' Varela, cayó asesinado por rivales en Venezuela, donde se ocultaba desde hacía años.

Pero no fue así. De manera casi inmediata los carteles comenzaron a reestructurarse y el flujo de cocaína continuó abasteciendo los mercados internacionales bajo la jefatura de decenas de narcotraficantes, entre quienes sobresalen siete nuevos grandes jefes identificados plenamente por la división antidrogas de la Policía Nacional de Colombia.

Son ellos, en su orden de importancia: Daniel Rendón Herrera, alias ''Don Mario''; Pedro ''Cuchillo'' Guerrero Castillo; Daniel ''El Loco'' Barrera; Carlos Alberto Rentería Mantilla, alias ''Beto Rentería''; Néstor ''Felipe'' Ramón Caro Chaparro; Luis ''Comba'' Enrique Calle Serna y Diego Pérez Henao, alias ``Diego Rastrojo''.

''Parece que Don Mario sí es actualmente el principal'', dijo a El Nuevo Herald el fiscal general, Mario Iguarán.

Algunos de ellos dirigen sus organizaciones desde países vecinos. Beto Rentería, por ejemplo, estaría en Venezuela desde hace cerca de tres años.

No obstante, esta cúpula del crimen, como todas, no promete ser duradera.

En lo que va de año, al menos 70 personas han sido asesinadas solamente en Medellín en lo que las autoridades consideran una reorganización de los carteles de las drogas colombianos, en cuyas manos se mantiene invariable la producción de 80 por ciento de las aproximadamente 1,000 toneladas métricas de cocaína que se consumen anualmente en el mundo.

Los nuevos jefes del narcotráfico y sus ejércitos concentran sus actividades principalmente en los departamentos de Antioquia, Guaviare, Putumayo, Chocó, Valle del Cauca, Cauca, Nariño, Córdoba y Meta, donde se libran intensas guerras territoriales.

Aunque la totalidad de los grandes carteles colombianos han sido declarados extintos por las autoridades que los persiguieron, el negocio de las drogas ilícitas continúa incólume: no se acaba, solamente se transforma en la medida que es golpeado por las autoridades o estremecido por los efectos de guerras intestinas.

El comandante de la policía antinarcóticos, general Alvaro Caro, sostiene que cuando un gran jefe es abatido o arrestado, de inmediato ``se presenta un forcejeo entre las segundas líneas de ese líder para tomar el poder. Significa mandar en la ruta, decidir cuánta droga sale, por qué lado sale, cuándo llega, a dónde llega, cómo se vende, etcétera''.

Los relevos en las cúpulas de las organizaciones llegan a ser tan rápidos que un simple sicario en cosa de meses logra convertirse en el jefe de un cartel. Es el caso de Ramiro Vanoy, alias ''Cuco'', del grupo de los 14 jefes extraditados en mayo: no sabe leer ni escribir y aun así se cree que posee una fortuna cercana a los $ 500 millones.

El 27 de julio, dos hombres llegaron en una motocicleta al restaurante de alta cocina Angus Brangus, situado en el sector de Las Palmas, al oeste de Medellín. Ambos entraron sin quitarse los cascos protectores y asesinaron al comensal Antonio López, alias ''Job'', ex jefe paramilitar que en la década de 1980 había pertenecido a las milicias urbanas del izquierdista Ejército de Liberación Nacional (ELN) y servido de negociador con el gobierno del presidente Alvaro Uribe para el desarme y la entrega de millares de combatientes de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).

El alias de ''Job'', de 42 años, le venía desde cuando fue líder juvenil cristiano y entusiasta catequista, antes de vincularse al ELN.

Se inició como paramilitar haciendo de líder político del Bloque Cacique Nutibara de las AUC, propiedad del narcotraficante Diego Fernando Murillo, alias ''Don Berna'', del grupo de los 14 extraditados de mayo.

''Los autores fueron dos individuos en una moto y hay unas imágenes de las cámaras de seguridad [del restaurante] que nos van a servir para este proceso. El estaba con la secretaria cumpliendo una cita'', dijo a periodistas el general de policía Dagoberto García, comandante de Medellín.

Cuando sus fuerzas armadas se entregaron en el 2004, López pronunció un discurso ante el pleno del Senado de Colombia y fue aplaudido.

No obstante, continuó siendo jefe de bandas paramilitares que no se entregaron y mantuvo una posición de jefatura en la organización conocida como Oficina de Envigado, poderoso sindicato de sicarios y narcotraficantes que conserva su poder en Medellín a pesar de que su principal jefe, ''Don Berna'', fue extraditado.

La muerte de López fue antecedida, el 17 de julio, por los asesinatos del capitán de Ejército, Gerardo Ramírez, miembro de la unidad contra el secuestro (GAULA); el fiscal Javier Lozada Guzmán, el abogado Miguel López y el chofer José Oyola. Esos crímenes fueron cometidos en el barrio San Javier, del suburbio conocido de Comuna 13, por años dominado a sangre y fuego por ``Don Berna''.

Desde hacía cerca de un año, ''Don Berna'' había sido sucedido por Carlos Mario Aguilar, alias ''Rogelio'', quien hace dos semanas viajó a Buenos Aires y se entregó a la Agencia de Lucha contra las Drogas (DEA), que lo llevó hasta Estados Unidos, donde fue acogido como informante.

La entrega de Aguilar se produjo tras la pérdida de dos de sus principales lugartenientes. Uno de ellos, Aldemar Alexander Noreña López, alias ''El Cuñado'', fue asesinado por un niño sicario de 14 años que entró a buscarlo en la clínica El Rosario, del barrio El Poblado, de Medellín, a la que acababa de ser llevado herido en un atentado. Cuando el chico emprendió la fuga fue muerto por miembros de la misma organización que lo había mandado, dijo la policía.

El otro lugarteniente asesinado fue Alejandro Avila Nizo, alias ''Bolívar'', abatido en un centro comercial. Era funcionario de la fiscalía general.

El fiscal general colombiano dijo a El Nuevo Herald haber recibido informaciones en el sentido de que muchos de los homicidios recientes ocurridos en Medellín y en otras zonas de Colombia son venganzas por los secretos que Aguilar y otros paramilitares y narcotraficantes le han estado contando a las autoridades de Estados Unidos.

La Oficina de Envigado actualmente ha recibido nuevos paramilitares y narcotraficantes que dominan cadenas de extorsión y chantaje, rutas del narcotráfico abandonadas por los líderes muertos o extraditados y el manejo de los juegos de azar en Medellín y otras zonas del país.

Durante la última década, las autoridades judiciales y de policía colombianas, así como las estadounidenses, estiman que sus ofensivas conjuntas han dado buena cuenta de los viejos, míticos y poderosos carteles de la cocaína de Medellín, Cali, Bogotá, la Costa Norte del país y los Llanos Orientales, para citar solamente a los más poderosos.

Al mismo tiempo, para el 2007, la Agencia de Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito reportó un aumento de no menos 27 por ciento en la producción de hoja de coca en Colombia: las áreas cultivadas pasaron de 78,000 en el 2006 a 99,000 hectáreas.

Este crecimiento ocurrió a pesar de que durante el 2007 la Policía Antinarcóticos y la DEA destruyeron mediante fumigación aérea y erradicación manual unas 218,000 hectáreas cultivadas en hoja de coca.

Las autoridades colombianas sostienen que han desvertebrado en menos de dos años 17 bandas de paramilitares de 33 que se negaron a entrar al proceso de paz del gobierno con las AUC. Al menos 16 de ellas se encuentran en plena actividad.

Los mayores enfrentamientos por el poder entre bandas del narcotráfico y paramilitares se concentran actualmente en Medellín.

Esta semana, Federico Gutiérrez, presidente del concejo de la ciudad, convocó un debate sobre el armamentismo ilegal. Un revólver de calibre 38 puede conseguirse en el mercado negro por $250 y por $80 es posible alquilar una ametralladora o un fusil.

''Se sugiere al Ejercito que revise la rigurosidad de los requisitos exigidos para la entrega de armas y que capacite a las personas a las cuales se otorga salvoconductos para su uso adecuado'', dijo Gutiérrez.

Por su parte Uribe, quien es natural de Medellín, impartió el miércoles la orden de acabar con la Oficina de Envigado.

``No hay cosa que más atraiga inversión, señores generales, que la tarea de ustedes con esos bandidos que quedan aquí''.

Dirigiéndose al comandante de policía de la plaza, general Dagoberto García Cáceres, Uribe agregó: ''A uno le dicen que todavía quedan alias ``El Yiyo'', ''Memín'', que quedan unos bandidos de esos. ¡Acábelos y por cuenta mía! No se preocupe, mi general''.

G. GUILLEN / El Nuevo Herald

BOGOTA

Fuente: El Nuevo Herald

 

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