contra el narcotráfico, despenalización de la hoja de coca

S?bado, 19 de julio de 2008

Madre de Dios despues del Paro

Falso Pakisha de la mutilación de nuestro patrimonio social y natural

Se dio la semana pasada un paro nacional con liderazgos variopintos y plataformas de todo calibre. Una de las regiones que mejor articuló sus reivindicaciones y preocupaciones fue la selva. Tema central es el paquete de decretos ley que, so pretexto de encausar el TLC con los EEUU, puso en vigencia el Ejecutivo durante junio pasado. Sin excepción, las regiones selváticas han denunciado lo inconsulto del paquete. Además, se han pronunciado contra los DL que afectan el patrimonio forestal y la propiedad comunal, contra el Proyecto Legislativo 840 (“ley de la selva” ) y contra la remoción de los beneficios tributarios en selva. El Ministro del Ambiente, Antonio Brack, opina que esta oposición selvática proviene de desinformación y malos entendidos, particularmente para el proyecto 840, que él considera positivo y donde la selva será la menos afectada. Pero la oposición va más allá de ese proyecto, y es unánime. ¿Es posible que todos estén desinformados?

La protesta más violenta se produjo en Madre de Dios, en la selva sur. Madre de Dios se beneficia del proyecto vial más costoso de la historia peruana (la Interoceánica Sur) y es percibida desde el resto del país como poco poblada, primitiva y prístina. ¿Por qué, entonces,  se puso tan violenta esa gente? El paro en Madre de Dios empezó muy pacífico y bajo el liderazgo unificado de la Alianza de Federaciones, que agrupa a las principales organizaciones de base del departamento. El Presidente Regional, Santos Kaway, decidió no apoyar el paro. Después, abandonó su puesto y la ciudad; falta gravísima. Luego se vino el huayco de la turba incontrolada y destructiva. Los primeros reportes destacaron la participación de indígenas nativos en la invasión e incendio del local del Gobierno Regional. También se señaló la presencia de vándalos juveniles y de mineros en la batahola que acabó con la principal propiedad pública de Madre de Dios. Autoridades, federaciones y el Frente de Defensa no tuvieron control sobre los hechos; fueron ignominiosamente desbordados.

Será imposible encausar a la mayoría de responsables directos; pero así como hubo liderazgos minusválidos, hay responsabilidades políticas clarísimas. Para empezar, Madre de Dios es todavía una región marginal, riquísima en recursos naturales, donde se llega a arranchar esos  recursos, sobre todo ilegalmente, y salir rápido con los bolsillos llenos. La mayoría (mineros, taladores, habitantes precarios urbanos y rurales) es población reciente o pasajera. Las organizaciones delictivas obran impunemente. El desgobierno y los conflictos están a flor de piel. Condiciones exacerbadas por el alto precio del oro y por el mejoramiento de la carretera. Pero, además, aumentan cada día los jóvenes locales sin futuro. Toda esta gente vive al margen del estado de derecho; cualquier orden y gobierno les estorba. Hace más de dos años, desde el Grupo de Trabajo de la Sociedad Civil para la Interoceánica Sur, estamos advirtiendo públicamente sobre el incremento de la delincuencia y la inseguridad ciudadana en Madre de Dios. Hemos ofrecido dos testimonios en el Congreso de la República. Hemos escrito repetidas veces al Ejecutivo sobre el desorden público creciente y sobre la urgencia de gestionar enérgicamente los impactos (negativos y positivos) de la Interoceánica.

Nuestra última misiva, suscrita por más de 160 ciudadanos y 14 organizaciones, incluyendo la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos y el Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado, denunció el asesinato del Teniente Gobernador de Alerta, Julio García Agapito, a manos de un sicario de la mafia forestal que amedrenta y corrompe a la región. El criminal sigue libre; no pasa nada. Hemos indicado también repetidas veces la responsabilidad que le cabe al Ministerio de Energía y Minas, a la Sociedad Nacional de Minería y Petróleo y a los comerciantes de maquinaria pesada por propiciar, con su ausencia y con su venal silencio, el establecimiento de territorios sin ley en los campamentos mineros de Madre de Dios. Estos son refugios de criminales avezados, enclaves de labores forzadas, focos de corrupción de comunidades nativas y de trata sexual de menores; hervideros de uta, malaria, tuberculosis e infecciones venéreas. Y no se ha hecho nada. Hemos comunicado el rechazo de las comunidades nativas a la superposición de lotes petroleros sobre sus territorios; hemos denunciado la expoliación maderera en territorios indígenas. Hemos tenido que rechazar iniciativas tan alucinadas como la mutilación del Parque Nacional Bahuaja-Sonene, un emblema natural mundial; y la reacción del “más alto nivel” fue un garabato periodístico sobre el perro del hortelano. Esta combinación esquizofrénica de ignorancia y arrogancia, de silencio con injuria, de inacción con violaciones de nuestro patrimonio también es una forma de violencia. Y la violencia engendra más violencia; una tan execrable como la otra.

Tampoco estamos desinformados al oponernos al paquete García: El DL 1090 (“ley forestal” ) increíblemente retira de los recursos forestales de la nación a las tierras de capacidad de uso mayor para producción forestal, lo cual abre la puerta a la deforestación gran-privatizadora agraria que promueve el Ejecutivo como modelo de desarrollo agrario en selva. El DL 1015 reduce dramáticamente la proporción de votos necesarios para que una comunidad decida la venta de sus tierras. Es una bomba de tiempo contra los territorios indígenas y campesinos. El DL 1054 prácticamente eterniza la vigencia de las concesiones mineras aunque estén inoperantes y el DL 1040 encarga la papa caliente de la “pequeña” minería a los debilísimos gobiernos regionales. Así, la actividad más dañina del Perú, la que produce mayor erosión social, recibe un segundo aire y privilegios; mientras se ataca radicalmente al tejido social comunitario.

Tengo a la vista el acta de reunión con la “comisión de alto nivel” en Puerto Maldonado. Negociación fructífera y exitosa, según la prensa oficial. Negociación que no ocurrrió, pues se negocia con quien tiene algún control sobre algo, y nadie en Puerto Maldonado controló a la turba. En el acta, ninguno de los graves problemas arriba mencionados se encara de raíz. Ni una palabra sobre los antecedentes del motín ni sobre la madre del cordero: la hegemonía impune de la precariedad y el delito organizado en Madre de Dios. El congresista se compromete a revisar los DL rechazados, cuando los plazos de revisión legalmente previstos son perentorios y los decretos ley están vigentes. El enviado de Energía y Minas se compromete a acelerar la formalización minera, cuando la impunidad que campea en los campamentos mineros no es un problema de letras ni contratos, sino un soez abandono del territorio nacional y de nuestros compatriotas más vulnerables a los antisociales. Ayer, según las noticias, el ministro Brack fustigó a los gobiernos regionales por no atender los conflictos en sus regiones, y esperar que el gobienro central los solucione. Como si los conflictos no fueran causados y mantenidos desde el propio gobierno central, como el paquete García y su mutilación de nuestro patrimonio forestal y nuestra tradición comunitaria.

Cuando una chusma incendia propiedad pública a vista y paciencia de los ciudadanos, por tercera vez en una década, a pesar de la aparente concordia de las organizaciones de base y a pesar de las pacíficas relaciones entre autoridades regionales y sociedad civil, es porque las mismas causas subyacentes siguen funcionando. Y resolver problemas subyacentes –además en nuestras fronteras-- es la labor constitucional del gobierno central. Pero como los jerarcas del oro, del petróleo, de la agroindustria ecocida y de las mafias sobre-explotadoras del mar y el bosque comandan la voluntad del gabinete García, se insiste en ver la paja en el ojo regional antes que el propio desgreñe y desgobierno. Señor ministro Antonio Brack ¿qué hacer? Hay, hermanos, muchísimo que hacer.

Por Ernesto Raéz Luna

Fuente: Ser 

Tags: paro-nacional, madre-de-dios, mineras

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