contra el narcotráfico, despenalización de la hoja de coca

S?bado, 12 de julio de 2008

Bolivia dijo: "Gringos, erradiquen sus narices"

En Bolivia es la embajada a secas. Como si no hubiese otras. Durante veinte años, la embajada fijó la política antidrogas de La Paz, los programas económicos, sacó y puso funcionarios en las áreas de Seguridad y Defensa y enterró carreras políticas a través del poderoso mecanismo de rechazar la visa. Desde la década del 80, el territorio donde esa intervención se hizo más visible fue la selva subtropical del Chapare, un área donde se practica el cultivo de hojas de coca. En el marco de la guerra contra las drogas, los Estados Unidos realizaron operaciones militares, instalaron oficinas de la DEA y potenciaron un brazo supuestamente más simpático: USAID, la principal agencia de cooperación norteamericana. Entre otros objetivos, USAID tenía el de potenciar el desarrollo alternativo a la hoja de coca: para Washington, la hoja de coca es igual a cocaína.

Durante ese período, los sindicatos cocaleros liderados por Evo Morales resistieron la erradicación forzosa. En graffitis pintados en La Paz, en 1994, propusieron una solución. “Gringos, erradiquen sus narices”. Ayer USAID anunció que se marchará del Chapare, cumplido el ultimátum que le pusieran los sindicatos cocaleros. El gobierno de Evo Morales ha denunciado a USAID como parte de un plan de desestabilización en su contra. Un documento de 2007 del Departamento de Estado, hoy desclasificado, señalaba que USAID “está enfocando su asistencia hacia Bolivia en programas que fortalecerán democracias vibrantes y eficaces, incluyendo el apoyo a contrapesos al control unipartidario”. Desde esta perspectiva, el MAS (el gubernamental Movimiento al Socialismo) sería el “unipartido”.

“Ojalá que el Chapare no solamente sea libre de analfabetismo, sino que sea territorio libre del imperialismo norteamericano”, declaró Morales al conocerse la salida de USAID. En una entrevista con Crítica de la Argentina publicada dos meses atrás, había dicho que el embajador de los Estados Unidos, Philip Goldberg, era el jefe de la conspiración que buscaba tumbarlo. La semana pasada, Goldberg fue llamado a consulta a Washington –una muestra de malestar– porque una marcha de protesta contra su gobierno había puesto “en riesgo” la sede diplomática.

La relación Washington-La Paz ha entrado en un tobogán desde septiembre pasado. Ese mes, Bolivia restableció relaciones diplomáticas con Irán y el presidente Mahmud Ahmadinejad visitó La Paz, Morales formalizó el pedido de visa para los estadounidenses que quieran entrar al país y reclamó el cambio de sede de Naciones Unidas, ya que considera que cada vez que visita Estados Unidos lo maltratan. Goldberg declaró que no le extrañaría que Bolivia pidiera también la mudanza de Disney World. Morales le prohibió la entrada al Palacio Quemado y el 12 de octubre cerró un acto con un grito cocalero que no había pronunciado desde que asumió la presidencia: “¡Causachun coca! ¡Wañuchun yanquis!”(¡Viva la coca! ¡Mueran los yanquis!).
En los dos años del gobierno de Morales, la embajada, contra todos los pronósticos, no se inquietó tanto por el aumento de los cultivos de coca ni por las medidas de gobierno, sino por el discurso del presidente y por su alianza con Cuba y Venezuela.

Para contrarrestar esa supuesta “chavización”, la embajada, en uno de los actos de mayor torpeza del último lustro, intentó conchabar a estudiantes norteamericanos como pequeños radares y micrófonos para que les informen sobre las actividades de cubanos y venezolanos en Bolivia. La difusión de la historia en ABC, en marzo de este año, obligó a la embajada a reconocer “el error”. Hasta ese momento había negado cada una de las acusaciones que hizo Morales desde que llegó al Palacio Quemado. El jefe de Estado había denunciado que marines disfrazados de estudiantes habían entrado al país; insinuó que Washington había mandado al ciudadano estadounidense que mató a dos personas; aseguró que la embajada financiaba a la oposición, que participaba de conspiraciones y planes desestabilizadores.

Después de anunciar la salida de USAID, el Departamento de Estado, a través de su vocero Heide Bronke, rechazó los “actos de violencia sin sentido” contra los Estados Unidos en Bolivia. “Nos tomamos en serio cualquier amenaza”, concluyó Bronke.

Por Martín Sivak:
Periodista. Su último libro es Jefazo: Retrato íntimo de Evo Morales.

Fuente: Crítica de Argentina | Edición Impresa


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