contra el narcotráfico, despenalización de la hoja de coca

Jueves, 03 de julio de 2008

Colombia: Que no se oculte la verdad

Todos los días se conoce nueva información sobre los nexos entre paramilitares, narcotraficantes y altas figuras del establecimiento colombiano. Cuando parece que todo se ha destapado, otros personajes entran en escena: nuevos políticos que no figuraban en las listas iniciales, altos mandos militares, funcionarios o ex funcionarios del gobierno. Todos tienen el común denominador de haber apoyado firmemente a Uribe Vélez, y muchos pertenecen a sus circulo más cercano, como su primo, su ex jefe del DAS, la familia de su Ministra de Relaciones Exteriores, entre otros. Los escándalos no salpican sino al uribismo, pero sus amigos ni nadie responde por ello.

Las revelaciones han mostrado la realidad aterradora de la Colombia de los últimos lustros. Todos estos personajes participaron de una u otra manera en crímenes tales como masacres, tráfico de drogas, secuestros, asesinatos, apoderamiento o desvío de recursos del Estado, y acciones que produjeron el desplazamiento de millones de personas que hoy deambulan por las ciudades sin que el gobierno les proporcione una solución estable. La lista de los untados y protagonistas no se encuentra completa todavía y los jefes de los paramilitares que están en el llamado proceso de paz, apenas han comenzado a hablar a cuenta gotas, al paso que algunos analistas calculan que a ese ritmo el proceso de confesiones durará varias décadas. La justicia está al borde del colapso y parece incapaz de afrontar todos los procesos.

Las evidencias muestran que los paramilitares siguen delinquiendo y viejos o nuevos agrupamientos campean por todo el país, atemorizando y amenazando a dirigentes locales e interviniendo descaradamente en el proceso que culminará en las próximas elecciones de octubre.

Sin embargo, para la casa de Nariño no pasa nada. La “seguridad democrática” está en su mejor momento. Todo es normal y la paz se aclimata. No hay duda de que el mundo se ve distinto desde el palacio presidencial. Los acólitos y lagartos ocultan la triste verdad de que el emperador está desnudo.

En el terreno económico las señales tampoco son alentadoras. La crisis del mercado inmobiliario en Estados Unidos ha puesto de relieve la vulnerabilidad de la economía colombiana y así como fuimos perjudicados por la revaluación que castiga las exportaciones, ahora la devaluación encarece la deuda externa, hace volar los capitales golondrina lejos del país, desvaloriza las acciones de la Bolsa y llena de incertidumbre a los ahorradores que no tienen donde colocar sus dineros para no perder su valor adquisitivo. Cada movimiento de las finanzas mundiales en cualquier dirección amenaza convertirse en una expropiación de ingresos de los colombianos, como ha sucedido en otras latitudes. Palo porque bogas y palo porque no bogas.

Todo esto se debe a que la política económica ha expuesto a Colombia a los vaivenes de la especulación internacional y ha amarrado la suerte del país a la del dólar y a la de la economía de Estados Unidos, que según estudiosos se encuentra a las puertas de una recesión.

Al parecer la bonanza de precios de las materias primas está por terminar, y con ello la economía colombiana puede revelar nuevamente que el crecimiento no se debe a las virtudes de la política económica sino a los ciclos de la economía mundial.

Estas pequeñeces parecen no importarle a Uribe. Mientras haya efectivo en la caja, no hay de que preocuparse. Y el efectivo parece estar asegurado con la venta del patrimonio estatal que se ha venido haciendo a gran escala y sistemáticamente. También quedarán más recursos para el gobierno central con la disminución de los dineros de las regiones, producto de la reciente aprobación de la Ley de Transferencias. Si a esto le sumamos la confianza ciega en que la inversión extranjera vendrá a redimirnos, se completa la elemental hoja de ruta del actual gobierno.

Se trata de gastar el patrimonio estatal en una gigantesca operación clientelista y mediática, dando toda clase de garantías al capital extranjero. Prosigue el proceso de legalizar a los paramilitares y sus fortunas y considerar que todo el que se oponga a esto es un aliado de la guerrilla y del terrorismo. Según este credo, mientras que el gobierno proteja la seguridad ciudadana, se le puede perdonar todo.

Sin embargo, las cosas no parecen ser tan fáciles. Los partidos uribistas resultaron un fiasco y están divididos, sin liderzazo y su función se reduce a votar sí frente a todo lo que el Ejecutivo proponga. El Partido Liberal de César Gaviria, que optó por la opción de “centro” y tal vez por pudor no se atrevió a disputar el terreno de la izquierda al Polo Democrático Alternativo, participa en las elecciones en forma gris y sin mensaje, ya que la complicidad con el gobierno le quitó todo su encanto para vastos sectores de opinión. Votan a favor del gobierno, mas no se atreven a hacer una cruzada en defensa del mismo. La izquierda liberal quedó triturada, empero algunas de sus voces mantienen el debate con el gobierno.

La comunidad internacional, tiene crecientes preocupaciones sobre el gobierno de Uribe y las revelaciones que acá ya son rutinarias, en el extranjero preocupan a muchos gobiernos y sectores de la opinión. En Estados Unidos, cuyos dirigentes conocen hace tiempo esta situación y cuya cúpula ha sido cómplice de la misma, las inquietudes aumentan. No parece ser presentable para el pueblo norteamericano que este gobierno sea el mejor y uno de los únicos aliados de Bush en Suramérica. Algunos medios sospechan que sostener este tipo de gobiernos es lo que ha llevado al descrédito de Estados Unidos en la región.

Ello ha colocado a Uribe en el peor de los mundos. En Estados Unidos lo cuestionan y tratando de superar esta situación él hace toda clase de concesiones en el terreno económico, para no recibir sino más cuestionamientos. Los demócratas no encuentran la forma de apoyarlo y por ejemplo cuando el TLC está en remojo en Estados Unidos, voceros de la administración Bush vienen y le dicen al oído que la mejor forma de eliminar las reticencias demócratas es acelerar el trámite en Colombia. El gobierno procede y en la administración estadounidense todos se frotan las manos de alegría.

Nadie en Colombia puede dudar de la locuacidad del presidente Uribe. Diariamente hace discursos y concede entrevistas. Parece ser una persona informada y de una memoria asombrosa. Sin embargo, guarda silencio sobre su responsabilidad en todo el proceso del paramilitarismo y no da explicaciones sobre por qué sólo sus amigos están acusados de todo lo que ha pasado.

Por eso el movimiento popular ha levantado la bandera de que no se encubra más la verdad, que los procesos sean llevados a su término en forma rápida y transparente, que las víctimas sean reparadas y los victimarios castigados. La población no puede seguir dejándose engañar con los fuegos artificiales que realzan supuestos progresos en una seguridad que no protege a los ciudadanos y una política económica que –según reconoce el mismo gobierno– no produce empleo ni elimina la pobreza.

Fuente: Editorial Deslinde - Revista del Centro de Estudios del Trabajo


Añadir comentario

¡Recomienda esta página a tus amigos!
Powered by miarroba.com