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Martes, 17 de junio de 2008

?El "otro" cine?

LAS INDUSTRIAS DE LA IMAGEN MARGINALES AL SISTEMA

Llámelo "cine andino", "cine provinciano" o, más poéticamente, "los cines profundos". Fuera de etiquetas, lo cierto es que en la última década ha surgido un activo movimiento de realizadores que produce y exhibe películas al margen de los multiplex y los circuitos institucionales, y que, pese a ello, o más bien, por ello, ofrece historias cargadas de alta significación social para las audiencias locales sin dejar de lado su filón comercial. Esta es la experiencia de apreciar un auténtico cine alternativo que circula en el Perú a su propia cuenta y riesgo

Imagínese sentado cómodamente en un bus interprovincial, viajando de la costa a la sierra, aburrido con la enésima aventura de Rambo proyectada en los pequeños televisores del vehículo. Tras la infaltable matanza y el esperado llanto del mononeuronal "héroe", los "malos" se rinden y la película llega a su fin. Entonces se anuncia la siguiente: música y escenas del campo, familiares para la mayoría de la platea rodante, aparecen en pantalla, sorprendiendo con diálogos plenos de acentos lugareños y con referencias a personajes y costumbres de la zona.

Las imágenes se visualizan lavadas, el audio distorsiona, y claro, se adivina una procedencia pirata, pero qué importa, la audiencia se pone expectante sabiendo que lo que va a experimentar enseguida tiene que ver con lo que día a día vive la mayoría de los presentes. La emoción es triple: "una buena historia de género (terror, aventuras, romance) localizada en mi terruño y puesta en mis propios términos".

Desde mediados de la década de los noventa, un relevante número de cineastas independientes ha empezado a trabajar en diversos puntos de nuestro país siguiendo este modelo de producción. Estamos hablando de más de una docena de artistas, quienes juntos, según datos de la revista Ideele (No 176, Mayo del 2006), han llegado a filmar más de una cincuentena de películas, algunas de las cuales han tenido resonante éxito de audiencia en sus regiones nativas.

Sus propuestas tienen de "receta" tanto como de "documento": si bien articulan sus historias sobre pautas narrativas clásicas del cine -pueblos abandonados, romances prohibidos, el forastero que llega a romper el orden interno, etc.- por lo general recogen también problemas sociales en la zona, así como tradiciones y creencias que viven ancestralmente en su cultura.

Tal es el caso de los ya reconocidos ayacuchanos Palito Ortega y Melinton Eusebio, con sus sagas del archifamoso Jarjacha -demonio icónico en las tradiciones andinas-, que exponen el horror del más allá junto a denuncias de crisis social y moral en las comunidades de su región; o más recientemente, del puneño Henry Vallejo, quien hace patente la corrupción institucional y el mercado negro reinante en el altiplano en medio de un animado relato de acción que incluye a un chamán y una lectura de hojas de coca, a las que se suman trepidantes carreras y persecuciones motorizadas.

MEMORIAS REPROGRAMADAS
El incipiente boom de producción cinematográfica alternativa en el Perú puede ser imperceptible, tanto para las cadenas de flamantes multisalas de los barrios residenciales de Lima como para sus audiencias domésticas, que prefieren el último taquillazo de Hollywood en Dvd; pero no lo es para las poblaciones que viven y transitan por el interior del país, que sienten estos relatos como conversaciones familiares. Por el contrario, para las audiencias regionales este tipo de cine "a la medida" está muy presente. Y es que, a su carácter de entretenimiento y a la documentación de la vida cotidiana que hacen, se une el hecho de que las películas son exhibidas a través de canales de alta rotación, como rutas de buses, centros comunales y plazas públicas.

Asimismo, se añade que sus películas se reproducen masivamente con tecnologías digitales caseras. Y, por último, que se comercializan en los mercados de pueblos y barrios a través de puestos minoristas. De este modo, la cadena de producción en estas incipientes industrias culturales se completa: se crean, se reproducen, circulan y se distribuyen cabalmente en circuitos de intercambio autosuficientes, cuyos participantes dialogan y consumen entre sí mismos, determinando esferas públicas alternativas a las dictadas por los medios de comunicación de alcance nacional y contenidos producidos por empresas capitalinas.

La característica principal de estas películas es que configuran retratos costumbristas corales. Por lo demás, son retratos que si bien se estructuran sobre temas locales, están contados con estrategias narrativas universales, consolidando experiencias familiares para el espectador gracias a la lógica de "volver a vivir" sus tradiciones, esta vez proyectadas en una pantalla. En ese sentido, las tramas de las películas incorporan, por lo general, recreaciones de mitos y creencias significativas para las identidades de las audiencias, lo que provoca un sentido de empatía en el asistente y le ofrece también relecturas de su propio entorno social. Es el proceso que el francés Foucault llamó "la reprogramación de la memoria": es la reformulación de la cultura propia a la luz de lenguajes y propósitos contemporáneos.

EL DEBATE PIRATA
Se podrá objetar la calidad técnica y discursiva de las obras, que no se atienen a los parámetros de "calidad" impuestos por las industrias transnacionales del entretenimiento. Estas objeciones comprenden la competencia narrativa propiamente dicha: por lo general las cintas contienen tomas aberrantes, malas actuaciones, ediciones abruptas, etc. Lo mismo aplica a las copias en exhibición: distorsión, desenfoque, ruido. Y es que la mayoría de las películas son hechas con tecnología digital casera, con escasos recursos de producción disponibles; se trabaja con actores que en realidad son amigos de los realizadores y, además, la posproducción queda a merced de lo que se pueda hacer en una PC.

En otras palabras, quien no sienta proximidad y ritualidad con los temas, percibirá un cine mediocre, caracterizado por la "estética de la interferencia", como diría el antropólogo Brian Larkin, analista de un fenómeno similar -aunque de abismales dimensiones- como el de la industria del video cine de Nigeria. Bien vale citar este caso como ejercicio de comparación: pese a las críticas que tuvo al inicio por su "deficiente" factura, y pese, incluso, a la persecución que tuvo en su propio país al inicio (por razones legales y religiosas, dados sus temas de vudú y magia negra), hoy "Nollywood" es una fuente de ingresos de proporciones millonarias. Es la tercera cinematografía del mundo en número de películas producidas (2 mil títulos durante el 2007), la mayoría de ellas hecha con producción casera y destinada a ser vista en casa.

Una parte importante de su venta se ha extendido a los mercados de Nueva York, París y Londres, donde se ubica la diáspora nigeriana. Es decir, un espejo de interesante crecimiento del cual se podría aprender mucho.

Como ya está largamente documentado, la economía informal, es decir, los intercambios de bienes y servicios al margen de las instituciones y el Estado, sustenta las bases de la organización social en países como el nuestro: los llamados del "tercer mundo".

Así se han construido, en Lima y otras ciudades del interior, conos urbanos enteros, dinámicos parques industriales y mercados emergentes que de otro modo no hubiesen podido surgir. La piratería de mercancías culturales, como la de discos de audio (Cd) y video (Dvd), están comprendidos en estas operaciones. ¿Qué tan importante es la copia y distribución pirata del cine local para la creación de las mencionadas esferas públicas alternativas en el Perú? ¿Se deben reprimir, o por el contrario, buscar alinear a la ley, por medio de políticas complementarias que institucionalicen su funcionamiento? El debate es largo y agotador, y no se debe quedar solo en si es perjudicial para la propiedad intelectual y los impuestos al Estado, o si ayuda a la constitución de "bolsones" de resistencia cultural que equilibre el poder de las transnacionales.

Esa es una discusión que debe darse en niveles normativos o burocráticos. En lo cualitativo, y sobre todo, lo político, pensemos que gracias al video cine socialmente significativo, muchos de nuestros colectivos ciudadanos están gozando de canales de expresión e identificación que de otro modo no podrían tener. Y ello basta y sobra para celebrar su existencia y promover mejores condiciones para su producción y consumo.

Por Tito Castro, Antropólogo - Profesor de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas.

Fuente: El Comercio


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