contra el narcotráfico, despenalización de la hoja de coca

Lunes, 16 de junio de 2008

La hoja de coca, culpable o inocente?

El embajador de Bolivia en México, Jorge Mansilla, asegura que su país encabeza una campaña mediática para “demostrar la inocencia de la hoja de coca”.

Las embajadas de Bolivia en el mundo realizarán actos para desmitificar el uso de la hoja de coca. Foto: Mariana Bazo/Reuters

El gobierno de Bolivia prepara una campaña mediática en México a favor del consumo de la hoja de coca, para lo cual su embajada organizará un simposio en la Universidad Nacional Autónoma de México con expertos que confrontarán sus posturas a favor y en contra de este producto que le permitió al ahora presidente Evo Morales salir del anonimato y escalar la vida política de su país.

Como líder de los cocaleros bolivianos, Morales inició hace varios años una “guerra” a escala mundial para desmitificar el uso de la hoja de coca, catalogado un acto sagrado para los incas, y ha sostenido su postura desde que llegó a la presidencia.

Mientras los cárteles mexicanos se encuentran enfrascados en una batalla con el gobierno federal, el consumo de la hoja de coca —la cual aseguran sus defensores no causa adicción—, tendrá una defensa a gran escala, ya que cada embajada de Bolivia, incluida la que se encuentra en México, realizará actos para su desmitificación.

Este esfuerzo incluye exigir a la Convención de Viena que la desclasifique como estupefaciente.

En México, el embajador boliviano, Jorge Mansilla, en entrevista con MILENIO, explicó que esta estrategia fue diseñada con un fin: “Vamos a demostrar la inocencia de la hoja de coca. Quisiéramos hacer aquí a fines de este año, con auspicio de la UNAM o de algunas instituciones democráticas, abiertas a la vida, una especie de simposio, con el eslogan “La hoja de coca, ¿culpable o inocente?”

“Que vengan los de la DEA (agencia antidrogas estadunidense), y también vamos a invitar a los defensores de la hoja de coca, especialistas de Bolivia y de México para que haya un careo de unos dos o tres días, en el transcurso del cual, con autorización de la UNAM y de las autoridades; vamos a invitar té de coca”.

El proyecto inicial para México incluye usar la televisión “para que nos permita mostrar las virtudes de la hoja de coca y, por qué no, eventualmente algunas hojas de coca, para que la gente se quite los demonios y deje de seguir pensado lo que los curas españoles en 1650, que es cosa del diablo”.

Sin embargo, advirtió que es apenas un plan, pues “tenemos que hacer nuestros protocolos, pedir permisos. Sabemos que se nos va a caer el mundo encima, que nos van a satanizar, pero estamos buscando el apoyo de organizaciones, de las facultades de Ciencias Políticas, de Química, de científicos, para afrontar esto de una vez; es la dignidad de la hoja de coca, no es peyote”.

Explicó que el gobierno de su país está en una campaña, “porque queremos sacar a la coca de la cárcel en la que está desde 1963, cuando en la Convención de Viena la clasificaron como estupefaciente e iniciaron un proyecto de 10 años para extirparla de la naturaleza y pidieron prohibir el acullico”, que consiste en reposar la hoja de la coca entre las encías y las mejillas.

“Será una arremetida para sacar de la Convención de Viena esta clasificación. Sabemos que en 1974 o 1975 se desmintió esta clasificación y dijo que se debe respetar el consumo de la hoja de coca en las regiones”.

La devoción

Los indios bolivianos, explicó el embajador de ese país en México, tienen una gran devoción por la hoja de coca, que aún permanece y convierte su consumo en un ritual.

Antes de ponerse la hoja le rezan. Le dicen: “¡Cúrame, ayúdame, coquita, mamita. No te masco por vicio sino por beneficio para este duro oficio!”

Los curas, explica, decían que era la hostia del diablo, y se preguntaban por qué tenían los indios que ponerse a hablarle a una hoja verde.

Ahora, asegura el diplomático, “a la hoja de coca no se le puede encarcelar o vilipendiar. La coca no es cocaína. En Bolivia decimos que como la uva no es vino y la cebada no es cerveza, la caña de azúcar no es alcohol.

“Alguien encuentra incluso antecedentes en la Biblia, en alguna parte del libro de los Orígenes, el árbol de la vida que está sembrado a la mitad del camino del que toman la hoja de coca y vuelve la fraternidad, el amor a Dios y dibujan un arbolito, pensamos que es la hoja de coca”, sostuvo.

Cómo se usa

La hoja de coca se coloca entre las encías y las mejillas y ahí se deja reposar. No se mastica. Al humedecerse con la saliva, las hojas sueltan sus químicos.

Está demostrado, dice, que su uso cura migrañas, dolores estomacales, ayuda a sobrellevar la diabetes, potencia la vista, equilibra la presión, si es alta, la baja, si hay presión baja, la sube, “es un recurso de la naturaleza”

Puede ser un complemento alimenticio: “La hoja tiene un poder regulatorio, incluso, se dice que es un energético sexual también para los que la consumen. Tiene virtudes que difícilmente se pueden creer. Ayuda al tratamiento de cáncer. No hay un solo indio que muera de cáncer ni de diabetes, se mueren de viejos o de desnutrición, no quita el hambre, la pospone; no quita el sueño, lo posterga; y es un recurso ideal para mantener la vida viva a 3 mil 800 metros de altura sobre el nivel del mar”.

Los obstáculos

El diplomático consideró que a pesar de que existe una historia documentada de los beneficios del uso de la hoja de coca, desde antes de la llegada de los españoles a Bolivia, existen aún grandes obstáculos para que su uso sea permitido, debido en gran parte a los intereses de los grandes laboratorios que verían disminuidas sus ganancias.

“¿Por qué no se quieren difundir las facultades benéficas, biomédicas, de este producto?, porque no interesa y no conviene a los grandes laboratorios, que si se profundizaran los estudios sobre las virtudes de la coca y su potencia curativa, muchas cosas se solucionarían”, consideró.

Crea poetas y embajadores

Al hablar de su propia experiencia, el embajador boliviano recordó que en cierta ocasión se enfrascó en una discusión con una doctora que insistía en que el uso de la hoja de coca crea adicción.

“No crea adicción, tiene que creerme, crea poetas, crea escritores, si acaso un poquito críticos, crea embajadores, aunque usted no lo crea”, fue su respuesta.

Recordó también que él mismo vivió hasta los 22 años en una zona minera ubicada a 3 mil 400 metros sobre el nivel del mar.

“Se nos permitió a los 13 o 14 años, después de una discusión sindical, el acceso a la hoja de coca a los estudiantes de secundaria, para mantenernos atentos, para mantenernos despiertos.

“El riesgo era, decían, que pudiéramos caer en adición, pero se ha comprobado que la hoja de coca no crea adicción, concluyó.

México • Daniel Venegas

Fuente: Milenio.com


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