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Martes, 03 de junio de 2008

Soldados Yanquis en nuestro suelo

En aplicación de lo dispuesto por la Resolución Legislativa N, 29234 refrendada por el Presidente de la República, ingresaron al país 111 efectivos militares de los Estados Unidos, portando 111 35 pistolas Beretta de 9 mm., 68 rifles Colt de 5 mm y 8 MG-MAG; con el declarado propósito de emprender “acciones humanitarias” y “a favor de la Comunidad”, en la zona más deprimida del país, conocida como el VRAE, es decir, el valle de los ríos Apurímac y Ene, en el corazón del Trapecio Andino.

Por si no bastara ese despliegue uniformado, el miércoles de la semana que termina, el diario oficial “El Peruano” publicó una nueva disposición, la Resolución Ministerial 497-2008 del Ministerio de Defensa, fechada el 23 de mayo, y de acuerdo con la cual se autoriza el ingreso de personal militar de los Estados Unidos entre el 27 de mayo y el 1 de junio para su participación en cursos de oficiales vinculados a los tratados de asistencia militar que nos ligan a la administración norteamericana.

Llama la atención, sin embargo, que en este segundo caso no se haya hecho conocer el número de los efectivos militares considerados en la disposición ni se haya entregado a la prensa el nombre de los considerados en las listas de ingreso al país.

La extrema discreción que en la materia han observado las autoridades pertinentes no hace sino oscurecer más el panorama y abrir las puertes a la especulación periodística. 

Versiones aún no confirmadas aseguran, en efecto,  que el 13 de mayo pasado, 300 efectivos militares norteamericanos desembarcaron en Pisco y fueron llevados de inmediato a la zona del VRAE para el inicio de sus operaciones armadas. ¿Algo ha dicho de eso el gobierno de García? También  en este caso se ha guardado silencio.

No es ciertamente una novedad en el Perú el ingreso de efectivos militares yanquis.

La historia, tiene vieja data. Hace 44 años, por ejemplo, el entonces primer gobierno de Fernando Belaunde Terry permitió el arribo de tropas norteamericanas en lo que se denominó la “Operación Ayacucho”, que tuvo -como éstas- también proclamados “fines humanitarios”.

Por lo demás, durante muchos años han ocurrido en nuestro país las llamadas “Operaciones Unitas”, que no han sido sino prácticas militares hechas por efectivos armados de los Estados Unidos en nuestro suelo, en procura de adiestrar a las tropas peruanas en la llamada “guerra antisubversiva”.

Sólo que en las “Operaciones Unitas”, se ha involucrado no solamente al ejército, sino a todas las armas. Unidades navales de los estados Unidos han actuado impunemente en nuestros mares con el mismo propósito “antisubversivo”.

Pocos recuerdan ya cuáles fueron los “fines humanitarios” esbozados como fundamento para estas incursiones armadas en territorio peruano. Pero lo que todos saben es que el nivel de vida de los pobladores de la región afectada -el más bajo del país- no mejoró en absoluto; que la salud y al educación continuaron igualmente abandonadas, que el hambre y la miseria hicieron crisis, como siempre, y que millares de jóvenes debieron huir hacia las ciudades en procura de salvar sus vidas, golpeados por el clima de violencia que la presencia foránea generó en nuestro suelo.

Después de la “Operación Ayacucho”, por ejemplo, vino la guerrilla de 1965 y el clima de confrontación que se prolongó hasta 1968. Y luego, años más tarde, el fenómeno de la violencia que se extendió por todo el territorio nacional pero que se hizo más patente en Ayacucho.

Hoy mismo, como consecuencia de ese fenómeno, se siguen descubriendo tumbas clandestinas.

En la localidad de Putis -por ejemplo- acaba de encontrarse una fosa con más de cien cuerpos enterrados clandestinamente como consecuencia de una “operación de rastrillaje” efectuada por los militares en los primeros años de la década del 80.

Los conocedores del tema aseguran que en esa localidad se ha descubierto la fosa común más extendida de la sierra central, y la que fuera guardada con mayor atención por parte de las autoridades castrenses, temerosas que se descubriera, finalmente, tan horrenda matanza.

Hoy sólo cabe recordar que cuando ocurrieron los hechos infaustos de Putis –en 1983- las autoridades correspondientes hablaron de “un choque armado” con una columna de Sendero, y luego de una “matanza de campesinos” efectuada por ·”terroristas de Sendero Luminoso”

Por eso la gente se pregunta en el Perú las cosas más simples: ¿Por qué si se trata de ayuda humanitaria, vienen soldados, y no médicos? ¿Por qué concurren al encuentro de las poblaciones oficiales uniformados, y no ingenieros de caminos cuando de lo que se trata es de construir carreteras? ¿Por qué los soldados portan armas sofisticadas, en lugar de traer, por ejemplo, arados, tambores con leche o alimentos? ¿Por qué no se informa al paìs de manera clara y transparente en la materia?.

Porque la zona a la que accederán los uniformados USA es ciertamente compleja. Allí la miseria es muy grande. Y no deja de serlo con las medidas que adopta el gobierno de García, que disminuye la pobreza en Lima, pero la incrementa en el interior del país.

En Huancavelica, por ejemplo, el 88.9% de la población vive bajo el límite de la pobreza. Y algo parecido ocurre en Apurimac, donde el 77.6% de los que habitan la zona, son simplemente pobres.

En general en todo el VRAE, pero también en el Alto Huallaga, el nivel de la pobreza bate los records de América Latina y genera niveles de confrontación que no serán resueltos sino solamente aplastados.

Lo curioso es que los medios de comunicación, que se rasgan las vestiduras acusando al gobierno de Hugo Chávez de una supuesta e inexistente “ingerencia” en asuntos de nuestro país; no dicen una palabra contra esta verdadera y confirmada ingerencia norteamericana.

¿Qué dirían los cancerberos de la prensa oficial si en lugar de hablar un inglés desbaratado, los soldados que vinieran a nuestro suelo charlaran hasta por los codos un español con acento caribeño y vistieran ropas de comando no USA, sino del ejército venezolano?

No es por cierto la ingerencia yanqui la que les preocupa a ellos. Al contrario, la miran con beneplácito. Y quisieran que se multiplicara, un poco como lo que hoy ocurre en Afganistán, sin duda, o en Irak, donde también actúan –como se sabe- con “fines humanitarios”.

Como hemos dicho antes, la presencia norteamericana en nuestro suelo está cambiando las consignas de nuestro pueblo. Y es que no se trata, tan sólo, de una gestión reaccionaria que cede ante las presiones del Imperio. Se trata más bien, de una medida que afecta la soberanía nacional. Y esas, son ya palabras mayores. (fin)

por GUSTAVO ESPINOZA M. del Colectivo de Dirección de Nuestra Bandera. www.nuestra- bandera.com

Fuente:  Nuestra Bandera


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