contra el narcotráfico, despenalización de la hoja de coca

Jueves, 29 de mayo de 2008

El tr?fico de drogas marca su terreno

Regiones y barrios son controlados por los narcos en la región.

El fenómeno del narcotráfico se ha extendido por América Latina. Así lo confirman las cifras oficiales recogidas en este reportaje especial sobre el dominio o la territorialización del tráfico de drogas elaborado por el Grupo de Diarios de América (GDA).

Cada nación, de acuerdo con  sus particularidades y al rol que desempeña en el pingüe negocio de la producción y comercialización de estupefacientes, lo sufre de manera diferente. Pero existe un consenso: estamos ante un problema cada vez más acuciante y que ya resulta un enorme reto para los gobiernos y sociedades del continente.

A contrapelo de lo que sostienen los defensores de la hoja de coca, la venta de cocaína y pasta básica ha dejado de ser un mal exclusivo de los países ricos. Los informes de los miembros del GDA desmienten categóricamente tal afirmación.

El consumo de drogas se ha incrementado en la gran mayoría de ciudades de la región agravando las contingencias de seguridad y de salud pública. Allí donde se comercializa cocaína y pasta básica la delincuencia se dispara, el abandono escolar se incrementa y la salud de los ciudadanos (en especial la de los jóvenes) se deteriora aceleradamente. De acuerdo a sus necesidades y a las condiciones geográficas, naturales, sociales y políticas que encuentra en cada país, el narcotráfico se asienta en ellos y los utiliza según su conveniencia.

Así, determinados países son productores y exportadores de cocaína, otros son empleados para el tránsito y reexportación de cargamentos ilícitos y varios más son puntos de venta y comercialización de estupefacientes, meros mercados.

Siguiendo la lógica siniestra que dicta el negocio, esta actividad delictiva reclama para sí el control de territorios, zonas y barrios en los cuales instaura su autoridad por medio de la violencia y del terror. Esto sucede en las regiones cocaleras de Colombia y Perú; en los corredores de la droga en el norte del Ecuador y la larga franja que forma la frontera colombo-venezolana; en las favelas brasileñas, y en algunos barrios marginales de ciudades como Buenos Aires, Rosario y Córdoba  en Argentina, Santiago en Chile, San José en Costa Rica,  y Lima y Trujillo en el Perú.

Los productores

Desde los años setenta y ochenta  Bolivia y Perú tuvieron el dudoso honor de convertirse en los principales productores de hoja de coca y pasta básica de cocaína del mundo.

La conversión en cocaína de estos productos y su posterior envío al resto del orbe estuvo a cargo de traficantes colombianos. Pero desde finales de los ochenta  y comienzos de los  noventa, por impulso de los cárteles de la droga, Colombia se transformó inesperadamente en el primer productor de hoja de coca del mundo, sin que este cultivo sea originario de dicha nación.

La expansión de campos de coca en los tres países citados tuvo como inmediata consecuencia que en esas amplias e inhóspitas zonas se asentara el poder de los capos. Durante los años del primer ‘boom de la coca’ (del 80 al 95), el Huallaga, una extensa región ubicada en la selva central peruana, se convirtió en el paraíso del narcotráfico. Allí, en medio de los bosques, los pantanos y con el respaldo de la violencia más criminal que haya sacudido al Perú (desatada por Sendero Luminoso), prosperaron, se arruinaron, murieron o fueron encarcelados decenas de barones de la droga.

Si bien esta situación ha disminuido, el tráfico de drogas aún mantiene en vilo a  la región. Los primeros días de mayo del 2007  un grupo de comandos fue recibido por una lluvia de plomo al aproximarse a unas pozas de maceración construidas en las cercanías del caserío Mantaro (Huánuco), ubicado en el extenso Valle del Huallaga.

Tras repeler el ataque descubrieron lo que esperaban: tres laboratorios rústicos de pasta básica de cocaína (PBC). Pero en medio de la espesura del bosque hallaron una señal inesperada. En el tronco de un árbol, a manera de advertencia, se habían  tallado una hoz y un martillo junto a las inconfundibles siglas: PCP (Partido Comunista del Perú, el nombre oficial de Sendero Luminoso). Sin proponérselo, la Policía dio con otra prueba que vincula a las esmirriadas huestes subversivas (unos 150 hombres) con el tráfico de drogas.

Hoy serían un cartel más que controla una zona del Huallaga, gracias a su poder de fuego y experiencia de combate para evitar que sus cultivos y laboratorios sean destruidos por las autoridades.

Los lugares que tanto narcos como senderistas han convertido en refugios para sus turbios negocios serían: Aucayacu, Anda, Río Frío, Cerro Azul, Pavayacu, Primavera, Huamuco (en el Alto Huallaga), Pólvora y Pizana (Bajo Huallaga).

Tres clanes serían los encargados de producir cocaína. Los tres son familias ayacuchanas (Huanta) y se trasladaron del Huallaga al Vrae. Según la  Policía, son los Tineo Taipe, los Bendezú Quispe y los Quispe López. Los llaman ‘Tibenqui’, bautizados así por los agentes antidrogas al juntar las primeras sílabas de sus apellidos paternos.

Colombia  es otro gran productor. Pero en años recientes sus poderosos carteles han perdido su otrora capacidad de corrupción y dominio. Hoy, según la Policía, solo existen organizaciones de ‘narcos’ con influencia en los Llanos Orientales, región desde la que envían coca a México y Estados Unidos a través de  Venezuela y Brasil.

También suelen moverse en la región de Urabá, la Costa Atlántica, el Putumayo, Nariño, el Valle y los límites entre Antioquia y Córdoba.

Informes de inteligencia, sin embargo, aseguran que los carteles colombianos ejercen presión mediante ejércitos privados, conformados por paramilitares desmovilizados de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), aunque sin tener control territorial. Su área de influencia comprendería grandes extensiones de cultivos de coca en esos departamentos, ríos y esteros utilizados para sacar la droga hacia las costas y zonas con dificultades topográficas que complican el acceso de los organismos de seguridad.

El último estudio de la Oficina contra el Delito y las Drogas de la ONU,  revelado en el 2007 sobre los censos de zonas cultivadas en el 2006,  muestra que el área afectada en el país alcanza las 78  260 hectáreas, lo que significa una disminución del 9%, comparado con el 2005, cuando el área sembrada de hoja de coca llegaba a 86  000 hectáreas. Esta cifra es muy inferior a las 163 000 hectáreas detectadas en el 2000, cuando se registró el pico histórico más alto. En la actualidad este tipo de cultivos está presente en 23 de los 32 departamentos del país.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una de las últimas operaciones de la Policía ecuatoriana. A inicios de mayo, las autoridades se incautaron una tonelada y 14 kilos de cocaína cerca de la frontera con Colombia. La carga iba camuflada en panela. Ampliar Imagen  Foto:EL COMERCIO

Fuente:

El Comercio

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