contra el narcotráfico, despenalización de la hoja de coca

Martes, 13 de mayo de 2008

El ideario indigenista: Apuesta del presidente Evo Morales en Bolivia

“No robar’’.
“No matar’’.
“No mentir’’.

Juan Evo Morales, el líder indígena que destronó a dos gobiernos democráticos de su nación en menos de tres años y que apoya, sin cansancio y sin titubeos, a los cocaleros de su país, está al frente de la Presidencia de Bolivia, el agobiado país suramericano que, a pesar de contar hoy en día con inmensas riquezas de gas natural y de agua potable, tiene una pobreza que raya en la miseria y que carece de salida al mar, un camino que le serviría para mejorar su situación económica y estratégica hacia el inmediato futuro.

Sin usar las armas, este hombre quiere transformar la cultura política de su país, cansado de tanta ineficiencia y corrupción de los antiguos partidos políticos. Evo Morales alcanzó con suma facilidad la presidencia de Bolivia, en una transformación que parece darse camino hacia un presumiblemente socialismo moderado, sin que las cosas se dieran de manera traumática, como quiso hacerlo en los años 60 el médico Ernesto “Ché’’Guevara, el primer revolucionario estructuralmente comunista de esa pequeña nación.

Defensor a ultranza de mecanismos que permitan mejorar la calidad de vida de todos los bolivianos, el indígena presidente está fundamentando su fortaleza política en los principios o idearios indígenas que, al decir de él, le permitirán “sacar adelante los compromisos sociales de Bolivia, y llevar al país al sitio que por muchas razones, se merece’’.

“El no robar, no matar, no mentir’’, los puntos fundamentales de ese anhelado ideario indígena que Evo, con apenas 46 años de edad, es lo que quiere aplicar en todos los estamentos del Estado, facilitaría, sin duda alguna, el cambio de las costumbres tanto políticas como sociales de su país y, adicionalmente, los dineros de la Nación, no hay duda de ello, destinados a la transformación económica, educativa, cultural y de salud de todos sus compatriotas, alcanzarían para elevar todo el entorno social de los bolivianos.

Con olfato social

Evo Morales no niega que sus amigos más cercanos están comprometidos con llevar la causa estructural de sus principios de gobierno a todas las esferas gubernamentales, por encima de la amistad, el compadrazgo y el sentido burocrático de los políticos de antaño que durante años y años, inmisericordemente despilfarraron e hicieron del erario, la cuota principal del desgreño administrativo.

Amigo de Fidel Castro, el dictador cubano que está en el poder desde 1959, Evo Morales está haciendo el tránsito hacia la conquista de aliados en el sector del socialismo mundial, incluyendo, desde luego, al presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, y el apoyo de los presidentes de Argentina, Brasil y Uruguay, donde como se sabe, son estados gobernados hoy día con estilo socialista.

Su mayor complicación será lograr un entendimiento con Chile, país que acaba de elegir a la primera mujer en su historia política para gobernar el estado, la doctora Michelle Bachelet, con la que buscará, no hay duda de ello, el entendimiento necesario para concertar y encontrar una solución a la conflictiva situación de que Bolivia encuentre una salida al mar.

Con una aparente inmadurez política y administrativa al frente de las cosas del Estado, Evo Morales está pensando seriamente en que su obra de gobierno tiene que llegar, de frente y sin contemplaciones, en el formato del socialismo moderado, incluyendo desde luego, que el camino sea allanado para mejorar el ingreso de todos sus gobernados y les permita elevar su calidad de vida.

Sí a la coca, no al narcotráfico

Bolivia, que tiene aproximadamente unas 30 mil hectáreas sembradas de matas de coca, no se siente responsable de la situación como cuota-parte del narcotráfico en el mundo, especialmente si de la elaboración, distribución y consumo de dicha sustancia adictiva se trata.

Con claridad y firmeza, el presidente indígena de los bolivianos ha dicho que se mantendrá la siembra de la coca, “algo ancestral, que hace parte de nuestra cultura, de nuestro sistema de vida’’, y que por lo tanto, “no estamos pensando en erradicar dichos cultivos’’.

“El uso de la hoja de coca en la mayoría de nuestra población es innato, curativo, medicinal, insustituible para nuestras tareas cotidianas. Otra cosa es el narcotráfico, que es una semblanza empresarial y de las mafias internacionales, para expender la cocaína, contra la cual, desde ahora, anunciamos que actuaremos de la manera más represiva posible, sin aceptar ningún tipo de convivencia con sus gestores’’, ha dicho el líder indígena.

Sin atuendos formales, vistiendo casi siempre de suéter y de manera deportiva, Evo Morales ha dicho, desde el comienzo de
su gobierno, que no habrá posibilidad alguna de que la corrupción pueda tener participación “en mi gobierno’’. De eso, dice, “pueden estar seguros. Al que sorprenda en esas, se atendrá a las consecuencias’’.

El triunfo del líder cocalero en Bolivia, deja una clara lección en América Latina, sector del mundo que está dando un viraje hacia la izquierda moderada, con la aplicación de gobiernos socialistas, de que el sistema político y económico neoliberal fracasó y que cada día se acrecienta más la pobreza, la desigualdad social y la distancia entre ricos y pobres.

Sin temblarle la mano ni el pulso, sus primeras medidas gubernamentales mostraron la decisión férrea, inapelable, de hacer cambios de fondo, incluyendo el retiro de los principales mandos castrenses, a quienes dejó a un lado, para integrar su cúpula con militares de menor rango, pero con la convicción de que se hará respetar por encima de cualquier otra consideración.

Su gabinete, alejado de compromisos políticos y con la disposición de que la obra de gobierno llegue hasta el último rincón de Bolivia, aceptó, sin discusión alguna, la disminución de sus salarios que, como el propio Evo Morales se lo aplicó, pasó de ser de 4.000 a 1.700 dólares mensuales, egresos menores en la nómina, que servirán para crear más escuelas y ofrecer mejores servicios en salud en toda la nación.

Todo eso está bien, desde luego. Lo único que no vemos por ninguna arista de su gobierno, es que el camino que está tomando sea con los verdaderos principios democráticos así sea a base de la aplicación de un sistema socialista que esté bajo control y no se le vaya a salir de las manos.

Por Antonio Andraus

Fuente: El Centinela


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