contra el narcotráfico, despenalización de la hoja de coca

Mi?rcoles, 23 de abril de 2008

Este jueves en Artco, Hosefa Tavolara expone: Para crecer, uno debe aferrarse a su propio camino

Mi mamá nació en el Perú, pero mi abuelo era norteamericano; y mi papá también nació aquí, pero era de ascendencia italiana. Yo nací en el Perú y viví aquí hasta los 20 años. Estudié en el colegio María Reina. Ingresé a la Universidad Católica a estudiar Educación. Tenía prohibido estudiar arte. Me mudé a Australia en el 86. Mi esposo es italiano, uno de los pocos europeos que podía aguantarme. Hablo tres idiomas -y mezclado también hablo-. Mi hija tiene 11 años.

Cuentos colgados del cielo es la exposición que la pintora Hosefa Tavolara inaugurará el jueves, a las 7:30 p.m., en la galería Artco (Roaud y Paz Soldán 325, San Isidro). Aunque hizo buena parte de su carrera fuera del país, démosle la bienvenida a esta artista de inusual honestidad.

Autoficha:

"Mi nombre es Josefine Marie. Mi mamá era gringa y yo le preguntaba por qué me había puesto un nombre francés. Era el nombre de la señora que crió a mi abuelo. Pero llamarme Josefine Marie en el Perú me parecía un poco raro, y un enamorado me puso Josefa", explica Hosefa Tavolara.

¿Y la hache?
Una vez me fui a Francia. Y a los franceses les cuesta trabajo pronunciar la jota; entonces, le puse la hache a mi nombre para molestarlos porque ellos me fastidiaban con mi acento.

¿Estudió Arte?
No. Estaba prohibido. Mi padre quería que yo fuera médico y creo que, en el fondo, fui una decepción. Me puse a estudiar Educación y me di cuenta de que no me interesaba. Creo que los padres deberían entender estos asuntos. Yo no podía hacer otra cosa. Pero durante un año enseñé religión en el colegio Los Reyes Rojos. Era un curso sobre las diferentes religiones del mundo. Ahí me interesé en el budismo y me quedé en él. También entendí que los niños sí necesitan una disciplina espiritual -no necesariamente una religión-. Mi hija, por ejemplo, hace aikido.

¿A dónde viajó?
A Estados Unidos. Ahí trabajé de modelo para una artista. Después pasé una temporada en una cooperativa vegetariana. También trabajé como modelo de desnudo en escuelas de arte. Y siempre miraba, pero nunca agarraba un pincel. Pasaron Estados Unidos y Canadá y llegué a Francia. Estuve deambulando como gitana buscando trabajos -de niñera, de empleada doméstica, en restaurantes- y viendo qué hacer. Finalmente, en Francia tomé un curso de pintura y entendí que eso era lo que debía hacer. Luego fui a Australia.

¿Qué piensa de esos años?
Ahora que soy mayor, varias cosas: me encantó ser gitana, lo recomiendo. Me decían que era peligroso, pero a mí nunca me pasó nada, gracias a Dios. Fue vivir en libertad -que no es libertinaje-. Libertad es decidir qué hacer y hacerlo. Lo interesante es haber podido seguir mis intereses sin tener que pedirle permiso a nadie. Eso les digo a las mujeres: si algo les interesa, no se queden por fulanito o menganito. Desarróllense internamente. Y, para eso, uno debe aferrarse a su propio camino. Yo he montado 1,200 kilómetros en bicicleta sola únicamente porque quería ver que podía hacerlo. Mmm. creo que mi hija no debería oír estas cosas todavía.

Hace unos años, hizo un trabajo artístico en el Larco Herrera. ¿Por qué?
Fue en el 94. Creo que tenía que enfrentar mi miedo a la locura. Es que soy un poco excéntrica -y en mi familia hay muchos excéntricos. y locos-. Yo justo estaba haciendo psicoterapia. Acababa de volver de Australia y, de estar en esa sociedad libre, vine a esta sociedad machista, clasista y demás; entonces, estaba en shock.

¿Qué presentó?
Mientras yo pintaba con los pacientes, los escuchaba y escribía lo que me decían. Recuerdo un muchacho que dijo: "A mí me gustan los dulces, el agua es dulce, yo soy salvavidas, ¿te acuerdas de los caramelitos salvavidas? El agua es dulce". Me pareció lindo. Otra me dijo "pan quemado, pan quemado, llévame al cajón de los muertos, ya no veo nada". Esta cuestión del pan quemado se me quedó. Empecé a quemar pan en mi casa y, al final, presenté una instalación de panes quemados. Se expuso en el Museo de la Nación. Justo en esos días quedé embarazada y decidí que sobre eso iba a ser mi siguiente muestra.

¿Se refiere a la presente exposición?
Sí. Entretanto expuse otras cosas que ya había hecho. Mi hija tiene 11 años ahora. Y esta exposición me ha costado mucho trabajo. No me ha sido fácil admitir la importancia del texto ni que quería hacer una propuesta... tierna. Porque uno siempre quiere ser vanguardia, 'cool', y yo no lo soy. Tengo que resignarme a aceptar lo que soy.

Son cuadros de vestidos escritos.
Son vestidos que encarnan diferentes cosas. Yo me la paso dibujando vestiditos -alguna vez intenté coser, pero no soy buena costurera- y estos son pura piel. Hace mucho tiempo entendí que los cuentos tienen una simbología escondida fascinante. Los cuentos no son solo para niños, también son para adultos. Y he retomado el tema. En muchos momentos de mi vida, el cuento ha sido como una medicina. Y la humanidad posmoderna, que tiene tantas heridas, necesita los cuentos para sanar. Yo pensaba que mi muestra era sobre la maternidad pero, en realidad, es sobre el principio femenino. Es una manera serena y dulce de decir yo soy libre.

Por Jose Gabriel Chueca

Fuente: Perú 21


Añadir comentario


hello hosefa,

paul & I have been wondering how you've been...

you seem to be doing pretty well.

we're here in new zealand since 2006 and we love it.

hope to hear from you and we really like your art.

sincerely
Paul & Lina Bains
¡Recomienda esta página a tus amigos!
Powered by miarroba.com