contra el narcotráfico, despenalización de la hoja de coca

Lunes, 14 de abril de 2008

"Le cog? amor a la erradicaci?n de coca"

José Mario Hoyos Ramírez, de 52 años, cumple alrededor de cinco años como capataz en sitios donde el Gobierno Nacional busca a mano limpia acabar con las plantas del alucinógeno. Destaca la actividad como generadora de empleo. Labor.

La pregunta, además de ser casi siempre la primera, es obligada: ¿por qué sigue erradicando coca sí eso es tan peligroso? José Mario Hoyos Ramírez ni se inmuta y responde como si fuera algo de rutina: "Simplemente le cogí amor a la erradicación de coca". Claro que también reconoce que es la manera de ganarse la vida, desde hace cerca de cinco años.

En mayo del 2003 se convirtió en capataz de uno de los primeros grupos móviles de erradicación manual en Colombia.

La semana pasada la Policía Nacional reconoció su labor y junto con tres compañeros más, entre ellos uno de Palestina, recibieron la medalla entregada por la Dirección de la institución.

"La erradicación es lo único que genera empleo fijo en Colombia, sin exigir entrevistas, 'sin palancas' ni políticos. Permite que 10 mil personas tengan cada año un medio de sustento. Algún día se escribirá que fuimos pioneros de la erradicación, algo que ayuda a sacar a Colombia de la droga y a salir adelante".

De cerca

LA PATRIA habló con José Mario Hoyos, uno de los erradicadores más antiguos del país:

- ¿Qué hacía usted antes de ser erradicador de plantas de coca?

Era bombero permanente en Pensilvania. Luego salí para Manizales, donde me ofrecieron este trabajo.


- ¿Por qué aceptó el trabajo de la erradicación manual?

Lo vi como una buena alternativa laboral. Me llamó la atención el sueldo.

- ¿Cuánto lleva en la labor?

Empecé en el 2003, cuando arrancó el programa. Primero estuve en Pensilvania y Samaná, luego estuve en Yacopí Topaipí, Cumbitarrra, en el límite Cundinamarca-Boyacá; San José del Guaviare, Anorí, Tarazá y Caucasia en Antioquia, entre otros.

- ¿Cuál es su labor como capataz?

Seleccionar los trabajadores, enviar la papelería, y tener listo el personal para el día de partida.

Con reinsertados

- ¿Cómo era el ambiente con reinsertados, sabiendo que en las erradicaciones el programa de la Presidencia incluía a ex guerrilleros y ex paramilitares?

Eso me tocó en Pensilvania y Samaná. Era un asunto muy tenso, entre ellos. Pero poco a poco se fueron uniendo, sobre todo cuando se enteraron que la guerrilla los tenía como blanco principal, por considerarlos traidores. Además, la Policía les dejó muy claro que los estaba protegiendo por formar parte del programa de reinsertados. También sabían que para seguir en el programa se les hacía un seguimiento de su disciplina.

- ¿Qué tal era el rendimiento de los reinsertados?

Regular tirando a mal. Ellos estaban en sus grupos ilegales enseñados a caminar mucho, pero no al trabajo. Por eso, les daba duro arrancar las matas.

-- ¿Cómo convence a las personas, teniendo en cuenta el alto número de muertos y heridos por minas antipersona?

Les digo la verdad. Les digo que en la zona la Fuerza Pública brinda seguridad, buena alimentación, dormida, ofrecen salud. Les pagan bien. Nos entregan dos pantalones, dos camisetas y un par de botas. Un capataz se gana mensual un promedio de 640 mil pesos y un erradicador, 550 mil. También les advierto que donde hay cultivos ilícitos, hay subversivos, es decir les digo también sobre los riesgos.

-- ¿Pero siguen los accidentes con minas y peligro por hostigamientos?

Los erradicadores están entre varios anillos de seguridad. La Policía tiene claro que los tiene que proteger. Lo que pasa es que hay gente que se sale de allí. Algunos hablan con civiles, sin tener en cuenta que puede ser inteligencia de grupos ilegales. Por eso, es tan fundamental la instrucción para la gente antes de salir.

Calificación

-- ¿Quién no sirve para ser erradicador?

Cuando uno está recogiendo gente, todos dicen que sirven, pero después se empiezan a quejar. Allí hay que trabajar y por eso se advierte sobre las condiciones. Los viciosos no tienen cabida. Es increíble, pero siempre aparece alguien con marihuana y hay que sacarlo del trabajo porque crean mal ambiente.

-- ¿Por qué hay tantos caldenses en el programa?

Son cerca del 65 por ciento en Colombia. El caldense es muy buen trabajador. Por ejemplo los de Manzanares se destacan, quizá como los mejores del país. A pesar de que ese municipio ha puesto la sangre, siguen ingresando al programa. Pero también hay de Marquetalia, Pensilvania, Manizales, Neira, Aranzazu, Palestina, Chinchiná, Pácora y Anserma.

- En la Macarena murieron siete manzanareños, ¿qué significó ese hecho para las condiciones de trabajo de los erradicadores?

Al principio íbamos como trabajadores independientes. Ahora estamos por empresas de empleos temporales. Nos pagan el sueldo fijo cada dos meses, con las respectivas bonificaciones. Descansamos una semana y regresamos.

-- ¿Siente miedo por su actividad?

No, desde el principio tenía claro que había riesgo. Por eso, estaba preparado psicológicamente.

-- ¿Qué se siente al ver compañeros muertos o lisiados por minas antipersona?

Una sensación de impotencia. Es muy duro cuando uno ve a los muchachos, luego de la explosión, que tratan de caminar y no pueden porque la mina les voló las piernas.

-- ¿Cómo maneja a su familia a la hora de partir hacia los cultivos?

Al principio no les decía. Ante mi ausencia tocó explicarles, y asímismo les tocó entender. Hoy se sienten orgullosos de la labor que cumplo.

Café o coca

-- ¿Por qué tanta mano de obra del oriente caldense prefiere erradicar coca que coger café?

Creo que es principalmente porque a los recolectores les pagan cada ocho días y la plata se les vuelve de bolsillo, de cantidad, de casas de lenocinio, y al hogar llegan sin un peso. En cambio un erradicador se va dos meses, no se gasta nada y recibe toda la plata junta. Fuera de eso, acostumbramos avisarles a las familias que vamos a pagar para que sepan que los señores recibirán dinero determinado día. Además, la cosecha cafetera es dos veces al año, en cambio la coca es todo el año.

-- ¿Qué es más fácil coger café o erradicar coca?

Para el campesino es igual porque ellos son expertos en trabajo. Uno pensaría de entrada que es más fácil arrancar matas de coca, pero igual esto es difícil, sobre todo cuando son plantas de cinco y seis años, que están tan aferradas, que se necesita palín y a veces hasta dos hombres.

Por Óscar Veiman Mejía
Editor regional/LA PATRIA
Manizales

Fuente: La Patria


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