contra el narcotráfico, despenalización de la hoja de coca

Viernes, 11 de abril de 2008

La eficacia del Plan Colombia es duramente cuestionada


En la frontera con Colombia. Militares ecuatorianos ha destruido varias plantaciones de hoja coca. Ampliar Imagen  Foto:EL COMERCIO

International Crisis Group hizo un balance de la lucha antidrogas en la región.
Para el ente, las políticas para frenar el tráfico y el consumo han sido inútiles.

La crisis diplomática entre Ecuador y Colombia, el último informe oficial sobre narcotráfico y otro estudio independiente sobre el mismo fenómeno confluyeron con extrema puntualidad a evaluar el desarrollo del Plan Colombia.

Las recientes tensiones entre los dos países andinos, pese a la resolución de la Organización de Estados Americanos (OEA), según algunas voces en Washington, tienen de fondo al narcotráfico como el mayor enemigo de la paz y el aumento de las cifras de ganancias de este negocio seguirán tensando la armonía regional.

"Las políticas para detener el flujo de la cocaína desde Colombia, Perú y Bolivia a los dos mayores consumidores, EE.UU. y Europa, han sido insuficientes e inútiles", dice el informe del International Crisis Group, que pone en duda los esfuerzos de países consumidores para reducir la demanda.

"La disponibilidad de cocaína y la demanda se han mantenido estables en Estados Unidos y han aumentado en Europa". Incluso hay un daño colateral que está adquiriendo presencia: Chile, Argentina y Brasil, además de países de tránsito, comienzan a engrosar la lista de consumidores.

Con las cifras sobre la mesa, para Mark Schneider, vicepresidente del International Crisis Group, el Plan Colombia es un fracaso. "No redujo los cultivos, no bajó la producción, ni detiene la venta en los mercados. En 1999 se cultivaba hoja de coca en nueve departamentos colombianos, las fumigaciones han esparcido las siembras a 23 departamentos".

Pero hay algo del Plan Colombia que "sí funciona". El logro, en palabras de Schneider, es: fortalecimiento de las instituciones judicial, policial y de las Fuerzas Armadas de Colombia. Ahora el Estado colombiano tiene capacidad de resistir a los grupos guerrilleros y paramilitares de ese país.

Steven Robertson, vocero de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA), no ve un fracaso en esta lucha pese a que las cifras del mercado hablan por sí solas: en el 2002 se producían unas 900 toneladas métricas de clorhidrato de cocaína, para el 2006 eran
1 000 y en el 2007 esa producción subió a 1 400, según John Walters, director de la oficina de control de drogas de la Casa Blanca, en los Estados Unidos.

"Esto es como otras luchas, así como la del sida, la del tráfico de drogas y el consumo son enfermedades que afectan globalmente y, desafiarlas lleva largo tiempo y aunque sea mucho el dinero invertido, ese valor es poco comparado con las vidas que se salvan, con el bienestar de la sociedad y de la economía de los países", dijo Walters a este Diario.

A su criterio lleva generaciones atacar este tipo de enfermedad. "La gente puede pensar que porque ve muchas drogas la batalla está perdida, pero las inmensas incautaciones que hemos hecho, por ejemplo, en Panamá y México, representan una victoria".
Hasta ahora este combate se ha llevado al terreno donde crece la hoja de coca y su instrumento ha sido en exclusiva militar, pero el informe independiente insiste en un viejo reclamo: instalar la guerra contra las drogas casa adentro, "hay que combatir el consumo que es quien pone el combustible para ampliar el fuego del narcotráfico y sus efectos", según el embajador del Ecuador en Washington, Luis Gallegos.

"Si el Plan Colombia no tiene éxito en la reducción de la producción y venta de las drogas se tiene que pensar en la reducción de la demanda", dice Schnieder, mientras Gallegos evidencia los dos lados del problema.

"Son entre 300 y 400 toneladas al año que se consumen aquí y unas 250 a 300 en Europa, haciendo cuentas esto es una tonelada diaria en Estados Unidos. Este negocio entre los dos mercados suma unos USD 100 000 millones y la mayoría de ese dinero no va a parar al alto Putumayo, sino que se queda en los bancos del Primer Mundo, por lo tanto tiene que haber una corresponsabilidad", argumentó el funcionario.

Robertson reconoce que el desafío dependerá de una combinación de factores que requieren de la cooperación global contra el narcotráfico. "Necesitamos trabajar juntos porque los carteles de Colombia están llevando cocaína al África, Asia y Europa", dijo.

José Miguel Insulza, secretario general de la OEA, también lo ve desde ese ángulo: "El narcotráfico es un problema continental y no hay país inmune. Aunque en Ecuador no se siembra droga, el país está afectado como Perú, Colombia, Bolivia y ahora México y no vamos a parar el narcotráfico si no hay cooperación".

El asunto es que este tipo de guerra "solo llega a su fin cuando uno de los dos bandos cae y en DEA no nos vamos a rendir", advirtió Robertson y así dio a entender que el Plan Colombia continuará.

La prevención es una meta

La demanda es el talón de Aquiles en esta guerra. Las sociedades donde se consumen drogas provenientes de los países andinos o de Afganistán no han logrado al menos catalizar este problema pese a que cuestionamientos como las de Schneider y Gallegos apuntan a por qué no se ha emprendido una campaña global y sistemática como se hace contra el consumo de cigarrillo, que da resultado.

"También se tiene que hacer como con el alcohol. Aquí los niños desde que entran a la escuela saben que no pueden tomar si van a manejar. Algo así se tiene que hacer", dice Schneider, quien también asegura que sí hay programas de prevención y rehabilitación, pero son mínimos.

En conjunto, entre quienes consumen éxtasis, marihuana, heroína, metafetaminas y cocaína hay unos 860 000 personas que dejaron de usarlas, dijo. Pero las cifras de consumo siguen siendo altas: unos 15 millones de estadounidenses consumen drogas con cierta regularidad.

En la región

El Ecuador, en el informe queda libre como cultivador de hoja de coca, aunque se habla de unas 300 hectáreas del lado ecuatoriano, tampoco se lo menciona como productor, pero señala que aumentó su presencia como país de tránsito.

La más importante recomendación del momento es que es urgente que Estados Unidos, Europa y América Latina intercambien información de Inteligencia que permita atacar este fenómeno.

Por Olga Imbaquingo
Corresponsal en Nueva York

Fuente: El Comercio - Ecuador


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