contra el narcotráfico, despenalización de la hoja de coca

Jueves, 31 de enero de 2008

Drogas en la selva

La liberaci?n de Clara Rojas y de Consuelo Gonz?lez Perdomo; la inicialmente fracasada misi?n humanitaria en la que particip? el ex presidente N?stor Kirchner, y las recientes manifestaciones de la siempre intolerante presidenta de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, en apoyo abierto a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC, grupo guerrillero de extracci?n marxista que ahora se proclama "bolivariano") y al Ej?rcito de Liberaci?n Nacional (ELN) ponen a Colombia en nuestro foco de atenci?n. Sin embargo, este conflicto, que el bello pa?s sudamericano soporta desde hace muchos a?os, sigue teniendo facetas desconocidas por muchos.

Colombia cuenta con una enorme riqueza en biodiversidad, ya que posee ejemplares del 15% de todas las especies de plantas del planeta y es una de las ?reas con mayor variedad de anfibios, mam?feros y aves. Esto se debe, en gran medida, a que m?s de la mitad de su territorio sigue siendo selva, por ahora.

El v?nculo entre las drogas il?citas, como la coca?na y la hero?na, y la destrucci?n de los bosques tropicales no parece tan obvio. Sin embargo, esta relaci?n se desarrolla peligrosamente desde dos frentes opuestos: por un lado, el proceso de cultivo de la hoja de coca, y por el otro, el combate de esos cultivos por parte de las autoridades mediante aspersiones a?reas con glifosato.

En primer lugar, para poder cultivar la planta de coca sin ser detectados por los organismos de seguridad los campesinos talan y queman miles de hect?reas de los fr?giles bosques tropicales para proceder con sus cultivos (de no m?s de 1,5 hect?reas cada uno) al amparo de la selva.

El impacto es especialmente grave en los bosques amaz?nicos y tambi?n en los altoandinos, que sufren por esta causa una enorme p?rdida en biodiversidad, que es una importante alternativa con que cuenta Colombia para salir del subdesarrollo.

En Colombia hay alrededor de 80.000 hect?reas sembradas de coca, distribuidas en veintitr?s de los treinta y dos departamentos del pa?s, y el n?mero no parece decrecer. En 2004, por ejemplo, se descubrieron, dentro de un tercio de las 51 ?reas naturales pertenecientes al sistema de parques nacionales naturales de Colombia, cultivos de coca que abarcaban en conjunto m?s de 11.500 hect?reas.

Insecticidas de alta toxicidad como el Etil-paration (t?xico para los insectos ben?ficos y la fauna) y herbicidas delet?reos como el Paraquat (altamente persistente en el ambiente) son empleados en forma indiscriminada por cultivadores de coca y amapola sin la debida capacitaci?n para manejarlos ni con la adecuada protecci?n personal, utilizando dosis que exceden las recomendaciones de los fabricantes. Con frecuencia, adem?s, son almacenados dentro o cerca de las casas y de los alimentos de los propios campesinos.

Una de las regiones m?s ricas en biodiversidad es el Parque Nacional de la Macarena, donde no s?lo se encuentran a?n minas antipersonales enterradas por los guerrilleros y los paramilitares, sino que tambi?n se han localizado, en vuelos recientes, caminos quemados y ?rboles derribados en vistas al cultivo de la coca.

Los intrusos tambi?n han construido decenas de laboratorios de drogas en el parque, y en la aldea de Puerto Arturo acopian toneladas de gasolina, cemento, ?cido hidr?lico y otras sustancias qu?micas t?xicas necesarias para procesar las hojas de los cultivos y transformarlas en coca?na.

De m?s est? decir que en los bosques donde se encuentran los laboratorios y las plantas de procesamiento no existe ning?n sistema de manejo de desperdicios t?xicos, por lo que esos qu?micos mortales son vertidos en el suelo y en los arroyos y r?os que surten de agua potable a la poblaci?n local.

Para hacer la pasta base de coca y hero?na, una vez que se cosechan, las hojas de la coca y el l?tex de la amapola son procesados por los campesinos con otros qu?micos industriales, como ?cido sulf?rico, acetona, permanganato de potasio y gasolina. Luego, la pasta es vendida a guerrilleros o paramilitares, que la refinan para convertirla en coca?na.

Los Estados Unidos son el principal consumidor de coca?na del mundo, y Colombia les provee del 90 por ciento de la coca?na y del 50 por ciento de la hero?na que se comercializan all?.

Los cultivos destinados a la producci?n de drogas han destruido en Colombia 17.000 kil?metros cuadrados de selva y bosque en zonas que contienen la m?s alta diversidad biol?gica del mundo. Pero a esa destrucci?n se suma la causada por el propio Estado, mediante las fumigaciones realizadas en el marco del Plan Colombia, un programa de asistencia sostenido por Washington con cientos de millones de d?lares, log?stica, inteligencia y hombres, que busca reducir el consumo de drogas en los Estados Unidos y fortalecer las fuerzas armadas de Colombia para derrotar a la guerrilla.

Por otra parte, tambi?n las comunidades ind?genas colombianas pagan un alto precio ambiental y econ?mico por la aspersi?n a?rea -alentada por los Estados Unidos- de cultivos ilegales con el herbicida glifosato.

As?, da?os a la salud humana, destrucci?n de cultivos l?citos y contaminaci?n del agua son s?lo algunos de los resultados globales de las operaciones antidrogas del Plan Colombia.

Al cabo de a?os de rociar plantaciones de coca con herbicidas y otras sustancias t?xicas, los Estados Unidos y Colombia no han logrado reducir la producci?n de coca?na, que se mantiene relativamente estable a lo largo de los a?os.

Tal vez ello se deba, en parte, a que las operaciones de fumigaci?n son por dem?s imprecisas, ya que para erradicar de manera efectiva una hect?rea de coca es necesario fumigar unas 11 hect?reas de bosques, proporci?n que tiende a aumentar debido a que los cultivos son cada vez m?s peque?os y se mimetizan con el entorno.

La fumigaci?n gubernamental para destruir las plantas de coca ha provocado el desplazamiento de los cultivadores y los traficantes desde su territorio habitual hacia los parques nacionales, donde la aspersi?n a?rea est? prohibida. De modo que ahora est?n quemando all? miles de hect?reas de selvas v?rgenes, a la vez que envenenan los suelos y las aguas con sustancias qu?micas.

En Colombia, el narcotr?fico financia las actividades de grupos armados como el Ej?rcito de Liberaci?n Nacional (ELN), las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que, con sus acciones, tambi?n provocan consecuencias devastadoras para el ambiente.

Estos grupos han realizado m?s de setecientos ataques a oleoductos y ocasionado el derrame de m?s de 2,5 millones de barriles de crudo a lo largo de la frontera con Venezuela. Esto representa, aproximadamente, una cantidad de crudo diez veces mayor que la derramada por el buque-tanque petrolero Exxon Valdez en el estrecho del Pr?ncipe Guillermo en 1989.

La droga a?ade as?, a sus muchos y graves da?os a la salud humana y social, su nefasta contribuci?n a los cambios y desequilibrios clim?ticos e hidrol?gicos del planeta, como resultado del arrasamiento de la selva, que genera el desequilibrio de la autorregulaci?n ecol?gica y el incremento de CO2 atmosf?rico, con el consecuente efecto invernadero.

Una reducci?n en el consumo de estas drogas il?citas ocasionar?a una disminuci?n dr?stica en su producci?n en Colombia, lo que a su vez desacelerar?a la deforestaci?n y disminuir?a la contaminaci?n de los bosques tropicales.

El deterioro social y el nocivo impacto ambiental causados por el consumo y la producci?n de drogas como la coca?na y la hero?na constituyen una amenaza a?n mayor de lo que solemos percibir.

El problema de los cultivos il?citos y el narcotr?fico no es s?lo colombiano, sino tambi?n global. Quienes pagan por la coca?na y la hero?na est?n pagando tambi?n por la devastaci?n de la selva y del planeta.

Por Federico Caeiro (h.) - ex director general de la Comisi?n de Ecolog?a de la Legislatura porte?a.

Fuente: La Naci?n

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