contra el narcotráfico, despenalización de la hoja de coca

Martes, 18 de diciembre de 2007

El lado agrio de la frontera

Viaje por la ruta que llev? el conflicto armado colombiano al Ecuador

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Puente Internacional de San Miguel, a 30 kil?metros de Lago Agrio, por donde diariamente miles de colombianos cruzan a realizar todo tipo de actividades.
Enrique Rivas


El Espectador recorri? desde Mocoa hasta Lago Agrio, en la provincia de Sucumb?os, donde la guerra hace transitar a la gente por ins?litos caminos y los campesinos est?n dejando el negocio de la base de coca para convertirse en ?inversionistas?.
Enrique Rivas G./ Enviado especial al Putumayo y Lago Agrio, Ecuador

El hecho de ser teatro esencial de operaciones militares contra las Farc, territorio experimental del Plan Colombia contra el narcotr?fico y el departamento donde han ocurrido los m?s espantosos cr?menes contra civiles, mantienen al Putumayo en una interminable crisis social. Una situaci?n que sin ser un prop?sito, tambi?n debilita la fr?gil frontera social y pol?tica con Ecuador, desde donde siguen creciendo los reclamos por la exportaci?n del conflicto armado colombiano a su territorio.

Tras un extenuante recorrido a trav?s de accidentadas carreteras desde la ciudad de Mocoa, El Espectador lleg? hasta el casco urbano de La Dorada (Putumayo), cabecera municipal de la regi?n de San Miguel, donde la lucha contrainsurgente y la ofensiva del Gobierno para erradicar los cultivos de coca se mantienen al rojo vivo, empujando d?a a d?a sus efectos hasta el cant?n de Lago Agrio, regi?n ubicada en la provincia de Sucumb?os, al norte de Ecuador.

Luego de atravesar una decena de poblados con viviendas de tabla y zinc enmohecido, que abrazan con su pobreza las polvorientas carreteras que bordean la selva amaz?nica, la pen?ltima estaci?n del viaje es La Hormiga. Un municipio sobre el Valle de r?o Guamuez donde ind?genas, mercaderes, contrabandistas o guerreros esperan impacientes la salida de camionetas y taxis para dirigirse a La Dorada, ?ltimo tramo del trayecto hacia el Puente Internacional de San Miguel, donde una l?nea imaginaria divide la frontera viva entre Ecuador y Colombia.

Llegar a La Dorada es estrellarse con una realidad social cr?tica y un pasado truculento, en el que guerrilleros, paramilitares y narcotraficantes terminaron por crear un territorio sin Dios ni ley. Una zozobra a la que 4.956 habitantes del casco urbano han estado sometidos a diario desde 1999. Desasosiego que, adem?s, impuso una absurda l?gica: el fusil que m?s duro suene es el que define los destinos de esta poblaci?n en el Putumayo.

Un clima de angustia con una historia que apenas se empieza a reconstruir porque los extensos cultivos de coca que se encontraban a lo largo y ancho de la v?a que de Puerto As?s conduce a La Dorada, y que en 2000 llegaron a alcanzar 66.000 hect?reas en todo el Putumayo (un 40% de la producci?n nacional en ese momento), hoy ya no est?n. Como tampoco existen los retenes que serv?an de parapeto para cobrar los ?impuestos? a los cocaleros con el fin de controlar buena parte de los 13 municipios del departamento.

Hoy, en la misma v?a s?lo se encuentran casas abandonadas y veredas con pu?ados de familias esperando qu? hacer. En La Dorada, por ejemplo, la ?fumiga?, como le dicen a la aspersi?n de glifosato sobre las matas de coca y productos de pan coger, acab? el negocio de los cultivos il?citos. ?nicamente queda un turbulento pasado en el que la confrontaci?n armada dej? m?s de 3.000 civiles muertos y, seg?n cifras extraoficiales, 80.000 desplazados, muchos de los cuales terminaron pidiendo refugio o asilo pol?tico en Lago Agrio, Ecuador.

Fueron a?os en los que el flujo del producido de la base de coca impuso una din?mica econ?mica que arrastr? hasta las calles de La Dorada un verdadero contingente de prostitutas, raspachines, malandrines y oportunistas de Colombia y Ecuador. Hoy ya nadie quiere saber de siembras de coca, pero tampoco de improvisados planes de sustituci?n de cultivos il?citos, as? como de plantas de producci?n de palmitos, granjas porc?colas o proyectos de seguridad alimentaria. Todos terminaron en el abandono.

Un desencanto que llev? a organizaciones sociales como la Mesa Departamental del Putumayo o la Mesa Municipal de Organizaciones Campesinas a plantearles a los gobiernos nacional y departamental un Plan de Desarrollo con el que se pretende buscar alternativas de producci?n agr?cola y manejo de recursos locales sin la sombra de los cultivos de hoja coca. Sin embargo, mientras estos planes se materializan, los campesinos protagonizan una ins?lita forma de ganarse la vida.

Ahora imperan las peque?as oficinas llamadas ?grupos de inversi?n?, donde cada persona deposita $130.000 o m?s y al cabo de un mes recibe una cifra igual en ganancias. Hay sitios en los que se ofrecen intereses hasta del 250% anual, de ah? que los campesinos est?n acu?ando una frase que hoy recorre los 24.885 kil?metros cuadrados del Putumayo: ?Pasamos del negocio de la hoja de coca a las ganancias de las hojas de papel?. Una econom?a que se intenta reacomodar con sorprendentes negocios de papel en La Dorada y La Hormiga.

Del inmediato pasado s?lo queda el componente militar del Plan Colombia que pretende ?de la mano de los Estados Unidos?, seguir erradicando cultivos de coca y aniquilando la presencia de las Farc. Un componente que el 3 de noviembre pasado lleg? hasta Santa Rosa de Sucumb?os (Ecuador), donde el Ej?rcito y las Farc terminaron enfrent?ndose. Una confrontaci?n que llev? al ministro de Defensa ecuatoriano Wellington Sandoval, a afirmar que su pa?s limitaba por el norte con las Farc y el Eln, referenciando as? la falta de control militar en 600 kil?metros de frontera.

La afirmaci?n del ministro se dio despu?s de varias acciones militares que terminaron en territorio ecuatoriano. En marzo 22, una granada impact? una casa ubicada en el sector de La Bocana; en julio 7, las Farc lanzaron cilindros explosivos desde Ecuador hasta el corregimiento de Tetey?, y los d?as 13 y 14 de este mismo a?o, dos granadas de mortero explotaron en una casa de Pueblo Nuevo.

Donde m?s se siente el conflicto es en Lago Agrio, poblaci?n a la que diariamente llegan desplazados, prostitutas, delincuentes, paramilitares y guerrilleros. Seg?n Pastoral Social, hasta junio de este a?o, producto de combates y ? fumiga? en territorio colombiano, 1.000 personas solicitaron refugio. Una crisis social que tiene a 80 familias en este mismo cant?n de la Provincia de Sucumb?os, generando desempleo y actos delincuenciales en los que siempre est?n involucrados colombianos.

Una crisis que desgasta e inquieta al gobierno ecuatoriano, pues ha tenido que generar, desde 2000, recursos econ?micos y humanos para atender las consecuencias del conflicto armado que se traslad? hasta su patio. A tal punto que paramilitares y guerrilleros libran una lucha a sangre y fuego en las propias calles de Lago Agrio. Seg?n estad?sticas del ?rea de movilidad humana de la Iglesia Cat?lica, en este poblado ecuatoriano, en 2005, se produjeron hasta 8 muertes diarias, todas atribuidas al traslado de la confrontaci?n armada de Colombia.

Un fen?meno que genera reacciones de odio hacia los colombianos y que aument? desde el pasado 21 de julio con el asesinato de la intendente de Polic?a Irene Guerr?n, quien hab?a expresado p?blicamente su descontento por el continuo ingreso de compatriotas a la regi?n. Por eso, buena parte de los habitantes de Lago Agrio no son solidarios con los refugiados. Todo lo contrario, para ellos, una cosa es la frontera pol?tica que se maneja desde Bogot? y Quito y otra es la frontera viva que subsiste del comercio, del tr?fico de armas, de comprar gasolina y gas dom?stico y de la confrontaci?n armada que llega de Colombia.

Las fosas comunes que cuentan la historia

Sobre el mediod?a del domingo 25 de noviembre, un cortejo f?nebre que recorri? a paso lento las principales calles de La Dorada (Putumayo) llen? de rabia y melancol?a a sus habitantes. La ceremonia, encabezada por un joven que llevaba un peque?o f?retro de madera caf? en sus manos, termin? en el cementerio del pueblo, destino final del descuartizado cuerpo de Libardo Guerrero, quien hab?a desaparecido hac?a siete a?os.

Los restos de Libardo fueron entregados a sus deudos junto con otros 16 cuerpos el d?a anterior en La Hormiga, la principal poblaci?n del Valle del Guamuez, que colinda con el municipio de San Miguel ?La Dorada?, regiones fronterizas con Ecuador, donde se han encontrado, entre junio de 2006 y este a?o, 228 v?ctimas del paramilitarismo en cerca de 70 fosas comunes. Los cementerios clandestinos han sido hallados en las veredas El Tanque, La Balastrera, La Marranera, El Placer, El Para?so, El Arco, La Bocatoma y Las Calaveras, sitios en los que seg?n la Fiscal?a, podr?a haber unos 3.000 muertos, entre ellos 500 ecuatorianos.

La escena de ese domingo fue bastante especial para los habitantes, porque el cuerpo de Libardo Guerrero no s?lo les record? cerca de una d?cada de horror, sino que inmediatamente les trajo a la memoria la muerte de Ligia Meneses hace tres semanas, en la plaza de mercado. La v?ctima fue una de las personas que denunciaron recientemente ante la Fiscal?a el aniquilamiento de su familia.

El entierro de Guerrero los traslad? tambi?n al 9 de enero de 1999, d?a en el que las autodefensas del Frente Sur del Putumayo entraron a sangre y fuego a la inspecci?n de El Tigre ? jurisdicci?n de La Hormiga?, y asesinaron a 26 campesinos, muchos de los cuales fueron degollados y lanzados a las aguas del r?o Guamuez.

Fueron a la vez tiempos en los que la forma de sacrificar a las personas no tuvo fronteras. Cuentan los habitantes, en voz baja, que luego del ingreso de las Auc a La Dorada en 2000, se implantaron normas de comportamiento individual y colectivo, se fijaron horarios a los bares y discotecas, impusieron ?vacunas? y ejecutaron a los que ellos consideraban miembros de las Milicias Bolivarianas. Seg?n los pobladores, la situaci?n lleg? al punto de que todo el mundo era sospechoso, hecho que gener? el abandono de buena parte del municipio, de ah? que La Dorada pas? de 25.000 habitantes a tan s?lo 14.480.

Tambi?n eran tiempos en los que guerrilleros que cambiaron de bando terminaron se?alando a quienes fueron sus colaboradores. Una sentencia a muerte que comenzaba con la sacada de las v?ctimas de sus casas para ser llevadas al campo, donde las obligaban a cavar tumbas y, luego de un tiro de gracia, las descuartizaban o, en algunos casos, los verdugos terminaban practicando el canibalismo.

Hab?a d?as en los que la guerrilla corr?a del pueblo a las autodefensas a punta de plomo, y en otros, los ?paras? haciendo lo mismo con las Farc. Una confrontaci?n que en los ?ltimos nueve a?os provoc? el desplazamiento de 12.762 familias, muchas de las cuales salieron en estampida hacia Lago Agrio (Ecuador).

Pero la rabia que produjo el cortejo f?nebre ese domingo no fue ?nicamente por los cr?menes que d?a a d?a se suced?an en el pueblo. Lo era tambi?n por tantos a?os de impunidad, en que la funci?n de la justicia fue apenas un saludo a la bandera.

La ins?lita historia de la injusticia provoc? reacciones como la del comerciante Jos? Hurtado, quien organiz? el 28 de enero de 2005 una marcha para se?alarles a las autoridades las casas donde viv?an los paramilitares. A?n as?, los violentos no perdonaron la acci?n, Hurtado fue asesinado el mismo d?a y 40 comerciantes que lo acompa?aron en su protesta debieron abandonar La Dorada. Pero ni la barbarie ni los desplazamientos fueron suficientes para callar a los habitantes, a pesar de que la muerte sigue en las calles del pueblo. Una inocultable violencia que si bien hoy se da en menos porcentaje que antes, sigue latente como qued? demostrado con el crimen de la se?ora Meneses.

Fuente: El Espectador

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