contra el narcotráfico, despenalización de la hoja de coca

Mi?rcoles, 05 de diciembre de 2007

Qui?n gana en la guerra contra la droga

De acuerdo con el ?ltimo informe de Naciones Unidas, entre la poblaci?n de entre 15 y 64 a?os, existen unos 200 millones de consumidores de drogas, ya sea de base natural o sint?tica. Si se toma la poblaci?n mundial en esa escala etaria, tal cifra representa casi el 0,6%, y si se considera la poblaci?n total, corresponde a un 0,38%. Si, a su vez, se calcula que unos 158,8 millones son consumidores de marihuana, entonces el porcentaje de los que usan drogas m?s duras, en comparaci?n con el total mundial de habitantes, es a?n mucho menor.

Si se observa, por ejemplo, la "cadena de valor" que involucra la producci?n, procesamiento, tr?fico y uso de drogas, el dato es impresionante. El caso de la evoluci?n del precio de la coca?na resulta elocuente: tomando el valor de la hoja de coca en el Chapare, Bolivia, pasando por Colombia (para su procesamiento) y M?xico (para su tr?fico), y llegando a Nueva York, para su consumo como coca?na, la variaci?n del precio es, seg?n un reciente estudio de Cornelius Grauber, del 1532%. Esto confirma qui?nes lucran m?s y d?nde se obtienen las mayores ganancias con el negocio de las drogas.

Si se analiza la erradicaci?n de las plantaciones con defoliantes, seg?n datos publicados por el Departamento de Estado de EE.UU., la conclusi?n es penosa. En 1990 se erradicaron, en Am?rica latina, 23.080 hect?reas de coca, amapola y marihuana; en 2006, el total erradicado de esos cultivos fue de 280.694 hect?reas. En 17 a?os, 20.316 kil?metros cuadrados de cultivos fueron destruidos; un ?rea equivalente a cuatro veces el Estado norteamericano de Delaware.

Si se eval?a el proceso de desplazamiento y expansi?n de cultivos il?citos, el resultado es decepcionante. En el caso de la marihuana, Estados Unidos presion? a M?xico, a mediados de los a?os 70, para que llevara a cabo una pol?tica m?s contundente. La llamada Operaci?n C?ndor de la ?poca se present? como un ?xito. En esa direcci?n, Washington demand? una pr?ctica similar en Jamaica. Otro triunfo fue la Operaci?n Bucanero. A fines de los 70, Colombia se convirti? en el principal productor de marihuana. Estados Unidos comenz? a exigirle que siguiera el procedimiento aplicado por mexicanos y jamaiquinos. As? ocurri? con la Operaci?n Fulminante. En los ochenta, la potente variedad de marihuana sin semilla se comenz? a cultivar en Estados Unidos. En 1992, Colombia, M?xico y Jamaica produjeron un total de 9708 toneladas de marihuana y, en 2005, M?xico tuvo una producci?n de 10.100. En 2006, Estados Unidos alcanz? la cifra de 10.000 toneladas y se transform? en el primer productor mundial de marihuana.

Respecto de la coca el proceso fue similar. Washington exigi?, en los a?os 80, a Bolivia, Colombia y Per? una pol?tica de mano dura. En 1992, el total de hect?reas cultivadas entre los tres pa?ses fue de 211.700 y, en 2005, fue de 208.500. En 13 a?os, el total de hect?reas cultivadas de coca apenas se redujo en un 1,6%, por lo que se reconfigur? el ?rea respectiva de cada naci?n y se elevaron los plant?os en el pa?s que tuvo la pol?tica m?s coercitiva: Colombia. Con la hero?na sucedi? lo mismo en M?xico, Guatemala y Colombia. En 1992, M?xico era el mayor productor de la regi?n con 40 toneladas. En la ?ltima parte de los a?os 90, creci? la producci?n en Colombia, que lleg? a 75 toneladas en 1999. En la primera d?cada del siglo XXI, la producci?n parece volver a concentrarse en la parte norte de Am?rica: en 2005 lleg? a 75 toneladas, repartidas entre M?xico (71) y Guatemala (4). Algo semejante a lo vivido en la regi?n sucedi? en el plano mundial con los opi?ceos. El total de toneladas de hero?na en Asia lleg?, en 1992, a 3349 (815 del Sudoeste y 2534 del Sudeste) y, en 2006, alcanz? a 6462,1 (6138,6 del sudoeste de Asia y 323,5 del Sudeste). El caso m?s dram?tico es Afganist?n: en 2001-en el ?ltimo a?o de gobierno talib?n- la producci?n de hero?na fue de 74 toneladas; en 2006 -en el quinto a?o de ocupaci?n estadounidense con su "coalici?n de voluntarios"-la producci?n de hero?na fue de 6100 toneladas.

Tambi?n ha ocurrido lo mismo con las drogas sint?ticas. Las presiones sobre los productores perif?ricos permitieron que hoy Holanda y B?lgica se convirtieran en los mayores productores mundiales de ?xtasis.

Si se examina el fen?meno de las drogas desde una perspectiva organizativa, el corolario es alarmante. Las t?cticas aplicadas para desmantelar los conglomerados mafiosos han generado organizaciones criminales m?s sofisticadas, influyentes, recursivas y virulentas. La criminalidad transnacional ya no constituye una clase emergente, sino que se ha transformado, en muchos casos, en una clase dominante. Hace unos a?os, el asunto del narcotr?fico era un hecho criminol?gico; hoy es una cuesti?n sociol?gica: o se coexiste, con inestabilidad y violencia, con una nueva clase social criminal, o se la asimila y domestica, como sucedi? en pa?ses como Estados Unidos entre los a?os 20 y 50, o se la desarticula (con un activo concurso de la sociedad civil) o esa nueva clase se torna hegem?nica (como est? ocurriendo en el plano local, provincial y regional de muchos pa?ses). No hay muchas m?s opciones.

Si se estudia la militarizaci?n de la lucha contra las drogas -la participaci?n de las fuerzas armadas en labores b?sicamente policiales- el producto ha sido desafortunado. El efecto de la participaci?n militar en las acciones antinarc?ticos incidi? negativamente en las relaciones c?vico-militares, los derechos humanos y los grados de corrupci?n. El papel directo y activo de las fuerzas armadas en tareas de erradicaci?n, interdicci?n y persecuci?n no significaron un avance promisorio en la direcci?n de eliminar, o siquiera reducir, el fen?meno de las drogas. Cada cierto tiempo, seg?n el pa?s de turno, se anuncian triunfos trascendentales gracias al despliegue represivo militar: al cabo de algunos a?os, comparando las situaciones hist?ricas y las existentes, se puede concluir que apenas se trataba de victorias p?rricas. En ese proceso, las fuerzas armadas, como corporaci?n, se han vuelto adeptas a la "guerra contra las drogas": se nutren de recursos internos y externos, ganan influencia dom?stica y reciben el consentimiento de Estados Unidos.

Ante estos hechos cabe preguntar: ?se justifica seguir con la fallida "guerra contra las drogas" para superar un problema que bien podr?a enfrentarse con otra racionalidad? Los datos mundiales muestran que la prohibici?n de drogas ha resultado un fracaso. Sin embargo, nada parece detener la cruzada prohibicionista. La dificultad para terminar con la l?gica de la "guerra contra las drogas" proviene de un hecho cultural: en realidad se trata de una kulturkampf, un combate cultural. Esto lleva, a su vez, a una pregunta esencial que debe hacerse al abordar el fen?meno de las drogas, cui bono : qui?n gana m?s, qui?n se beneficia m?s con la permanencia de las actuales pol?ticas antinarc?ticos.

En la Argentina hay muchos sectores ansiosos de sumarse a la "guerra contra las drogas". Unos conscientemente, otros por exasperaci?n y muchos por desconocimiento exigen una estrategia m?s punitiva. Esto es un desprop?sito. Lo que el pa?s necesita es abordar y resolver los problemas estructurales que permiten que el negocio de los narc?ticos prospere y se expanda. El papel del Estado en este sentido es esencial. Mientras tanto, la sociedad debe informarse m?s y mejor sobre el tema y procurar la generaci?n de coaliciones internas e internacionales que ayuden a repensar las costosas e improductivas pol?ticas vigentes.

Dec?a Jorge Luis Borges en El jard?n de senderos que se bifurcan : "Preveo que el hombre se resignar? cada d?a a empresas m?s atroces; pronto no habr? sino guerreros y bandoleros".

Ese presentimiento se har? efectivo si finalmente la prohibici?n se impone nacional y globalmente.

El autor es profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de San Andr?s.

Por Juan Gabriel Tokatlian
Para LA NACION

Fuente: La Naci?n

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