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Lunes, 05 de noviembre de 2007

Correa en 50 aniversario de la FLACSO: "Hay que recuperar el pensamiento cr?tico latinoamerican

Extractos del Discurso de Rafael Correa en la conmemoraci?n de los 50 a?os de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO).
Quito, 29 de octubre de 2007

"Hay que recuperar el pensamiento cr?tico latinoamericano"

Si bien podr?amos organizar un seminario para ver el papel de la FLACSO en las ciencias sociales, quisiera reflexionar sobre retos que puedo percibir, en el marco de una critica constructiva.

Principalmente tratar? de centrarme en una reflexi?n cr?tica sobre lo que creo constituye uno de los principales problemas de la academia latinoamericana y al que no escapa la FLACSO: la crisis de pensamiento latinoamericano.

Una pregunta clave, que todo cientista social alguna vez se ha formulado, es la que lleva a interrogarse por el sentido de la labor cient?fico-social: ?Qu? es lo que en rigor justifica la existencia y desarrollo de las ciencias sociales? ?Cu?l es la misi?n que como cient?fico social le corresponde a cada uno de nosotros ante la din?mica, contradictoria y en muchos aspectos dolorosa realidad del mundo contempor?neo?

Si bien se pueden dar m?ltiples respuestas, en t?rminos generales, podr?amos decir que los acad?micos buscamos contribuir a aumentar nuestra compresi?n de los fen?menos del mundo social para incrementar tambi?n nuestra capacidad de actuar en la construcci?n de una sociedad mejor de la que todos podamos y puedan beneficiarse. Particularmente, en el campo social, una teor?a que no implique claros corolarios de pol?tica para mejorar la realidad, es sencillamente una teor?a inservible.

No obstante, surgen algunas preguntas que esconde esta respuesta general. Cuando decimos "nuestra comprensi?n de los fen?menos" a ?qui?nes nos referimos con NUESTRA comprensi?n? Y cuando hablamos de una sociedad mejor, ?c?mo estamos entendiendo la palabra MEJOR?

RESPECTO A LO PRIMERO hay que se?alar que existen diferencias entre la compresi?n que realiza la academia de aquella que se da en otros espacios de saber. El tipo de explicaciones que construye el discurso acad?mico, a diferencia de otros como el del sentido com?n, el del sofista o el del mismo pol?tico, se basa en un proceso espec?fico para producir sus argumentos y verificarlos. Esto no significa menospreciar o no buscar formas de di?logo entre diferentes saberes y experiencias, ni creer que existen jerarqu?as entre ellos. El argumento cient?fico-social no se justifica a trav?s de la intuici?n, de la creencia o del deseo sino a trav?s de un procedimiento reflexivo que reconozca el error, los mecanismos que lo producen, las formas de superarlo dejando intacta la capacidad de descubrimiento. Como dir?a Pierre Bourdieu no se trata simplemente de una metodolog?a abstracta que funciona como un manual -como conjunto de reglas aplicables a todos los casos- y como garant?a inequ?voca de cientificidad. Justamente porque la obediencia incondicional a un organon de reglas l?gicas tiende a producir un efecto de clausura prematura para el descubrimiento.

M?s bien se trata de una actitud de vigilancia epistemol?gica en donde no s?lo hay un esfuerzo por captar la l?gica del error sino un esfuerzo para construir una l?gica del descubrimiento de la verdad. En este sentido, puede decirse que el acad?mico-investigador busca el mayor grado de "objetividad" posible. El ideal ser?a que a trav?s de la transparencia de la metodolog?a (de las operaciones realizadas y de las justificaciones esgrimidas para cada decisi?n) y de la democratizaci?n de la informaci?n cualquier persona pueda lograr la reproducibilidad de los resultados y conclusiones encontradas. De esta manera, a trav?s de un juego dial?ctico, se podr?a seguir mejorando la calidad en el conocimiento de la realidad.

Respecto a lo SEGUNDO, es decir qu? entendemos por un mundo mejor, surge uno de los peligros m?s graves que se esconden bajo el discurso acad?mico: este es tratar de igualar objetividad con neutralidad y, por lo tanto, deslindarse del inevitable car?cter pol?tico que entra?a todo quehacer docente e investigativo, especialmente en ciencias sociales. Siguiendo a Boaventura de Sousa Santos, creo que es fundamental distinguir entre objetividad y neutralidad. Debemos querer ser cient?ficos sociales objetivos pero no neutros, y ello significa utilizar las mejores metodolog?as que las ciencias sociales nos ofrecen y hacerlo con la mayor rigurosidad, imparcialidad y autonom?a posibles.

Pero a su vez, hay que tener claro en qu? lado estamos, es decir, c?mo construimos nuestro problema de investigaci?n, nuestro objeto de estudio, c?mo formulamos nuestras hip?tesis de trabajo, c?mo elegimos la estrategia metodol?gica y hasta las mismas t?cnicas de investigaci?n. Tal no neutralidad (inevitable en nuestro oficio) nos lleva indiscutiblemente a las posiciones pol?ticas, sociales, culturales, etc. que encarnamos necesariamente y sobre las cuales es indispensable tener vigilancia constante. Pero atentos, vigilar no es lo mismo que negar.

Ejemplo: mi Patria.

Una vez que tenemos claras estas distinciones, podemos ahora preguntarnos por ejemplo: ?De d?nde surgen los temas de investigaci?n en las ciencias sociales actuales? ?Desde qu? lugar se construyen las preguntas de investigaci?n? ?Cu?l es la econom?a pol?tica de las teor?as dominantes en las ciencias sociales? lo que nos lleva a plantear ?cu?l es la forma de producci?n del conocimiento que parece funcionar en la academia de Am?rica Latina?

Estas preguntas nos ubican en un espacio de reflexi?n sobre lo que ha acontecido en las ?ltimas d?cadas en la academia latinoamericana y de lo que la FLACSO, creo yo, no ha podido escapar. Como mencionamos anteriormente:la crisis de pensamiento latinoamericano.

Ej. De m?xima expresi?n de esa crisis: el Consenso de Washington.

Sin temor a equivocarme sostengo que los espacios acad?micos son espacios de disputa ideol?gica en pos de construir hegemon?a de unos intereses por sobre otros, de unas visiones del mundo por sobre otras. Se trata de imponer significaciones sobre lo que llamamos "realidad" y de esta forma construirla y lo que en ?ltima instancia cada uno de nosotros entendemos por un mejor mundo. En esta l?nea, el espacio acad?mico latinoamericano fue pr?cticamente colonizado por un conjunto de teor?as y recetas metodol?gicas que surgieron de los pa?ses centrales.

Por ejemplo esto pudo verse en el predominio que adquiri? la econom?a positivista y que se aplic? acr?ticamente y descontroladamente al campo de la ciencia social. Se produjo una suerte de homogeneizaci?n a un nivel muy profundo del quehacer investigativo y docente y s?lo marginalmente ciertos reductos lograron resistir y disputar lo que se ha transformado en una suerte de sentido com?n de la academia.

El argumento esgrimido fue que tales teor?as y procedimientos eran los ?nicos que garantizaban temas "pertinentes" a estudiar, perspectivas de an?lisis "objetivas" (confundido este concepto con neutralidad) y metodolog?as "cient?ficas". El resto era justamente resto. Era residual. Siguiendo con nuestro ejemplo podemos pensar en el Racional Choice aplicado al campo de la Ciencia Pol?tica y en algunos casos hasta de la Sociolog?a Pol?tica.

Esto ha implicado el retorno del dominio de una metodolog?a positivista a ultranza que solo da valor a lo que puede "observarse"
(l?ase preferencias) y por lo tanto "medirse" y que menosprecia todo aquello que desde ese lugar se considera "subjetivo".

Teor?a inservible. Ej. Aceite de carburador.

(Entre par?ntesis podr?amos decir que este punto volvi? a plantear de manera decidida la imagen de la academia como ?nico espacio de saber v?lido y el menosprecio del dialogo con otros saberes. As?, se dej? de lado -entre otras cuestiones- aquellas perspectivas te?ricas y metodol?gicas que hac?an hincapi? en la participaci?n de los sujetos a investigar al considerar que eran ellos los principales beneficiarios de tales estudios).

Tambi?n involucr? la generaci?n de explicaciones unidimensionales que tendieron a dar cuenta de los fen?menos sociales siempre bajo un argumento similar y ?nico: el hombre ego?sta, at?mico, maximizador, etc., etc.

Bajo tal dominancia, la definici?n del "mundo mejor" que debe buscar la ciencia social, pudo reducirse a la optimizaci?n maximizadora individual de las utilidades, vista ?sta principalmente, por las preferencias expresadas en cualquier MERCADO (pol?tico, cultural, econ?mico, familiar, comunitario) v?a el consumo (tambi?n de cualquier producto: voto, bien, dinero, amor, consumo cultural, etc.).

Adem?s de ser una teor?a en gran parte inservible, tremendamente reduccionista, pretendi? presentar a las ciencias sociales como independiente de juicios de valor. Ej. Teor?a de mercado, agentes racionales, intercambios voluntarios y chica perdida en el desierto.

Una revisi?n de los dise?os curriculares de los programas de formaci?n en ciencia pol?tica, sociolog?a y econom?a de muchas de las sedes FLACSO devela hasta qu? punto esa dominancia tambi?n cal? hondo en una instituci?n que pretend?a generar un pensamiento independiente y propiamente latinoamericano. Ni mencionar los programas que se conocen bajo el t?tulo de Gobierno y Asuntos P?blicos o Administraci?n y Pol?ticas P?blicas.

Lo que hay que darse cuenta es que estas teor?as y las categor?as de an?lisis a ellas asociadas, que cooptaron el espacio ideol?gico, nos impiden ver otras maneras de construir los problemas de investigaci?n y los objetos de estudio relevantes para los proyectos de cambio en los que creemos. Tambi?n invisibilizan la herencia intelectual de aquella academia latinoamericana, esa que hasta hace algunas d?cadas atr?s se enorgullec?a de sus avances y de su compromiso con la emancipaci?n latinoamericana.

No se trata de un retorno acr?tico del pasado sino de una recuperaci?n m?s justa de un legado que no ha sido suficientemente valorado. Con esta dominancia han desaparecido disciplinas y l?neas completas de investigaci?n como por ejemplo la Historia, la Sociolog?a en su vertiente Agraria, los estudios de estructura social, de concentraci?n econ?mica, de desigualdad social, entre otros.

Es verdad que se han incorporado otros temas sumamente relevantes que tiene que ver con formas de exclusi?n social. Por ejemplo, el tratamiento de grupos conformados a partir de determinaciones de edad, como los j?venes; de g?nero como las mujeres, de origen ?tnico como los ind?genas, de movilidad como los inmigrantes, etc. La academia ha sido particularmente sensible a estas problem?ticas y a los grupos humanos que han sido hist?ricamente privados de su voz. Esto puede verse en los m?ltiples proyectos que se han desarrollado por ejemplo en las sedes FLACSO y sobre todo en las tesis de investigaci?n que esas sedes promueven.

Como afirma Todd Gitlin, si bien la profusi?n de agentes sociales ocurri? en toda la sociedad, pensemos en la visibilidad que adquieren las minor?as y los movimientos sociales en los ?ltimos a?os, en ninguna parte parece haber resultado tan vigoroso como en el mundo acad?mico. All? en los m?ltiples programas de estudio cada movimiento pudo experimentar el regocijo de una identidad basada en el grupo. El problema radica en que la expansi?n de lo que se dio en llamar la "pol?tica de la identidad" fue inseparable de la fragmentaci?n pol?tica de lo compartido que se dio primeramente.

El mundo universitario y acad?mico ha adoptado estos nuevos temas desde un lugar poco cr?tico ya que en muchos casos tales l?neas de investigaci?n involucran el abandono de la preocupaci?n por aquello que los seres humanos y grupos comparten. El estudio de la "identidad" se vuelve el estudio de una suerte de destino inexorable, en un mundo conformado por identidades intr?nsecas y esencialistas que impiden conectarse con el otro. La voz de los sin voz puede terminar conformando as? un nuevo silencio, funcional al paradigma dominante y la academia no ha sido ajena a ello.

ENTONCES, bas?ndome en gran medida en lo planteado por Boaventura Sousa Santos, quiz?s una deuda y un reto pendiente que tiene la FLACSO para construir durante sus pr?ximos 50 a?os sea la decisi?n de invertir tiempo, dinero y recursos humanos en plantear aportes hacia una decidida revisi?n epistemol?gica y te?rica sobre las ciencias sociales actuales. Una revisi?n desde una mirada latinoamericana, es decir, desde el SUR.

Asimismo, la comprensi?n del mundo que realizan las ciencias sociales en muchos casos niegan la experiencia social y niegan los cambios sociales que est?n aconteciendo. Ej. Fin de la historia. Un conjunto de experiencias quedan as? desperdiciadas, desconocidas, descredibilizadas por visiones hegem?nicas. As?, lo que se presenta como la tesis es a lo sumo la teor?a dominante. Nuestro desaf?o debe ser enfrentar este desperdicio de experiencia social. Ello se lograr? en la medida en que no s?lo nos ocupemos de la discusi?n por las condiciones objetivas de la transformaci?n de la sociedad sino de aquellas condiciones que hablan de la voluntad de cambio. Quiz?s hay que pensar en como crear una subjetividad rebelde y no una objetividad paralizante.

En este sentido, lo que trato de decir es que no podemos salir de este atolladero con las ciencias sociales que tenemos porque son parte del problema. Hay que primero trabajar las ciencias sociales epistemol?gicamente. Nuestras formas de racionalidad emergen de la periferia y debemos tener en cuenta esto para producir un cambio en los esquemas de pensamiento como dir?a Edgar Mor?n.

En buena medida, como afirma Santos, esto pasar? si nosotros pensamos las "ausencias" desde un lugar diferente. Me explico. Mucho de lo que no existe en la sociedad es producido como no existente lo que termina reduciendo "la realidad" (siempre construida) a lo existente. Una mirada desde las ausencias es un procedimiento insurgente para mostrar lo que no existe pero con un objetivo diferente y claro: buscar alcanzarlo. Tambi?n implica ver lo que no existe todav?a pero que est? emergiendo, que da se?ales de vida. Por ejemplo, hacer una ampliaci?n simb?lica de un movimiento social o ciudadano. Sin romanticismos debemos credibilizar esta emergencia.

Tambi?n cuestionar aquellos conceptos que nos hablan de un tiempo que no es el nuestro y de un punto ya definido de llegada. As?, en el tiempo andino e ind?gena lo ancestral no es parte del pasado como se nos dice sino del presente cotidiano; o las mismas nociones de pa?ses "desarrollados", de "progreso", de "modernizaci?n" y hasta de "globalizaci?n" nos hablan de un tiempo y un destino que nos son ajenos aunque los hayamos interiorizado como necesarios de ser alcanzados. Un primer paso para esto es repensar la noci?n de desarrollo. No desde un lugar modernizante o centrado solo en el crecimiento. Creo que esto ya est? incluido en nuestro Plan Nacional el cual articula, m?s all? de las miradas economicistas, la relaci?n del ser humano con la naturaleza, la relaci?n entre las personas y la forma de perpetuar indefinidamente las culturas latinoamericanas.

Por otra parte, hay que repensar el modo de producci?n del conocimiento. No olvidemos una vez m?s que lo que est? en juego es la construcci?n de hegemon?a. No necesitamos alternativas sino un "pensamiento alternativo de alternativas". No queremos decir con esto que hay que negar el conocimiento del "norte" sino que hay que conocerlo para descubrir sus formas de construcci?n del saber, aquellas que lo vuelven hegem?nico.

Tambi?n hay que reflexionar en torno a las condiciones en que la academia latinoamericana lleva a cabo su labor.

En primer lugar es necesario pensar y relacionar el financiamiento con la producci?n investigativa. Muy frecuentemente las investigaciones y los programas de formaci?n est?n condicionados por la fuente de financiamiento ya que no s?lo definen cu?nto se gasta sino en qu? y c?mo se gasta. En muchos casos, los programas surgen primero por la necesidad de fondos antes que por una necesidad acad?mica.

Esta forma de financiamiento ha promovido investigaciones de corto plazo, ligadas a proyectos puntuales de coyuntura y son desestimadas las investigaciones de problemas estructurales y de largo alcance. Todas ellas, terminan reproduciendo el predominio de una l?gica de la consultor?a y la asesor?a t?cnica m?s ligada a las ONGs que a la academia. En el mejor de los casos las agendas investigativas de largo plazo son proyectos personales y no institucionales. Todo esto ha producido que desaparecieran la idea de programas o l?neas de investigaci?n y solo parecieran relevantes las individualidades que se vuelven, islotes o archipi?lagos de estatus.

Por estas razones tampoco se trata de indagaciones de corte emp?rico. En la mayor?a de los casos constituyen recopilaciones de fuentes secundarias, estados de arte, investigaciones bibliogr?ficas o de generaci?n de interpretaciones sin ning?n respaldo en trabajos de campo.

Esto tambi?n ha estado acompa?ado de un cambio relevante respecto al perfil del cientista social. El doble papel o utilidad de las ciencias sociales en tanto insumo t?cnico y espacio de productividad intelectual perdi? su equilibrio en el marco de la creciente participaci?n de estos recursos humanos en los procesos de transformaci?n del Estado promovidos por las pol?ticas neoliberales. La relevancia que adquieren los soci?logos, polit?logos, antrop?logo, entre otros, para abordar el dise?o, evaluaci?n y fundamentaci?n te?rica y metodol?gica de las pol?ticas p?blicas de estos a?os no ha sido suficientemente valorado en t?rminos de los efectos para la autonom?a del campo y el papel pol?tico de tales recursos.

Frente a este problema, lo primero que es necesario recuperar es la autonom?a de la producci?n investigativa y las agendas respecto al financiamiento, y la soberan?a de la oferta de programas de formaci?n en funci?n de criterios acad?micos y de necesidades sociales.

Uno de los mensajes que quiero dejar en claro es que parte de la crisis de pensamiento se debe al descr?dito de la pol?tica que se vivi? en las ?ltimas d?cadas. La academia se autoinmol? tratando de visibilizarse como algo separado de la pol?tica a nombre de una objetividad confundida con neutralidad. Bajo el predominio del discurso tecnicista de los ?90 se dot? de toda la negatividad a lo pol?tico. Creo que debemos repensar qu? entendemos por lo pol?tico en la academia. No se trata de justificar intereses pol?ticos mediante las investigaciones o la docencia, sino de reconocer el car?cter pol?tico de las visiones de realidad que construimos desde la academia. Esta es una responsabilidad que no se puede eludir.

Los invito entonces a construir una academia comprometida con las necesidades de Am?rica Latina y atenta a los procesos de cambio que hoy por hoy estamos experimentando. Y esto no es menor, quiz?s ahora no lo percibimos con claridad, no vemos materializada una revoluci?n, pero eso no significa que no la estemos transitando. Ya hay se?ales de que estamos viviendo no s?lo una ?poca de cambios sino un cambio de ?poca. Ayud?mosla a nacer desde el lugar que nos toca ocupar en este tiempo hist?rico.

Extractos del Discurso de Rafael Correa en la conmemoraci?n de los 50 a?os de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Quito, 29 de octubre de 2007

El discurso completo puede descargarse aqu?

Fuente: Rebeli?n

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