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Martes, 21 de agosto de 2007

Per?: La crisis social en su punto

Fueron tres minutos, pero parecieron trescientos para el com?n de los mortales que vivieron en vilo el terremoto del pasado mi?rcoles 15 de agosto. Aunque los da?os materiales en la capital no fueron cuantiosos, la tragedia s? se ense?ore? en las zonas m?s deprimidas de la ciudad y se hizo carne, y sangre, en las denominadas ?provincias del sur chico?, pero tambi?n en Ica y Huancavelica, en la costa y en la sierra m?s deprimida. .

Aunque han transcurrido ya m?s de 90 horas de los sucesos, las autoridades no tienen una versi?n final de los hechos. No se sabe a ciencia cierta cu?ntos fueron los muertos ni los heridos. Tampoco a cu?nto ascienden los da?os materiales ni el n?mero de las viviendas destruida. S?lo existen datos espor?dicos y epis?dicos: En la ciudad de Chincha, un poblado de casi cien mil habitantes, 16,000 viviendas se fueron al suelo. Y el n?mero de muertos calculado en el departamento de Ica supera los 500. Cuando se tengan a la mano los informes finales, se ver? que estas cifras se quedaron en peque?o y las p?rdidas humanas y materiales fueron ciertamente mayores.

La crisis social lleg? a su punto, sin embargo, por otros indicadores. El colapso de las comunicaciones, fue uno de ellos. Durante tres horas la gente en todo el pa?s pugn? desesperadamente por comunicarse por v?a telef?nica con sus hogares y seres queridos. Todos los esfuerzos fueron vanos. Las empresas privadas de telecomunicaciones, que tienen el monopolio del servicio, no se dieron abasto y simplemente salieron de la competencia. El pa?s qued? incomunicado ?D?nde se produjo un fen?meno similar? ?En qu? pa?s del mundo ocurri? un hecho de esta naturaleza?

La explicaci?n que brindan las autoridades es rid?cula. Ocurre - dicen- que todos quisieron llamar al mismo tiempo. Y eso bloque? las l?neas. ?Qu? debiera hacerse, entonces, en circunstancias como ?sta? Ordenar por ejemplo a los interesados para que llamen por orden alfab?tico y por turno? ?O pedirles que usen m?s bien se?ales de humo para no enturbiar la red establecida?

Pero apenas se supo que la tragedia mayor se hab?a producido en las localidades situadas al sur de Lima, subieron desmesuradamente los costos de los pasajes para esos destinos. Si antes hab?a pagado doce soles para viajar a Ica, ahora tendr?a que pagar sesenta para concretar el mismo prop?sito. La regla del mercado dice, en efecto, que la mayor demanda permite elevar los precios. Y esa mayor demanda existi?: todos quer?an viajar para conocer la situaci?n de los suyos, y el estado de sus viviendas.

Los pocos establecimientos encargados de comercializar v?veres, subieron tambi?n abruptamente sus precios. Si antes pod?a comprar diez panes por un sol, ahora le daban apenas cuatro por la misma suma. Y as? como falto el pan, escase? el agua, y los medicamentos. Y hasta los cajones de difuntos para enterrar a las v?ctimas de la tragedia se tornaron inalcanzables para la gente. Los propietarios recordaron que era agosto, y por tanto quisieron hacer el suyo a su antojo. Y nadie pudo poner orden ni concierto porque esa era la norma del Mercado.

Curiosamente, nuestro pa?s no ha previsto tener -como s? ocurri? en el Imperio de los Incas- dep?sitos con alimentos no perecibles. Tambos destinados a almacenar productos que pudieran ser usados en una circunstancia dram?tica como ?sta que, por lo dem?s, se repite peri?dicamente en nuestro suelo.

La incapacidad del Estado, por otra parte, se torn? pat?tica. Las autoridades oficiales ped?an a gritos que un alma caritativa le llevara cargadores frontales para descargar de los aviones cajas con v?veres y medicinas. El Director de la C?rcel de Tambo de Mora rog? a los 700 reclusos que all? se hallaban, que abandonaran el penal para salvar sus vidas. Y luego se habl? de la ?fuga masiva? de los presos. El Presidente Garc?a pidi? que no se enviaran medicinas porque ?ya ten?a lo suficiente?, pero los hospitales y las postas sanitarias no pod?an atender a los pacientes porque les faltaba todo: medicinas, camas, personal, instrumental quir?rgico, vitualla.

En Pisco, a nadie se la hab?a ocurrido construir antes una Morgue. Por eso centenares de cad?veres fueron llevados a la Plaza de Armas de la ciudad para ser all? reconocidos por sus familiares y luego velados a la luz de la luna y a la intemperie. Porque claro, as? como se suspendi? el agua, as? tambi?n desapareci? la electricidad, y los v?veres, y los medicamentos, y el orden social precario que existe en las aldeas olvidadas.

Como la disposici?n presidencial era que los camiones llegaran a Ica con auxilio, los conductores pasaron de largo las numerosas poblaciones intermedias. Y los habitantes de ellas vieron discurrir todo los que tambi?n a ellos les faltaba. Optaron, entonces, por bloquear las carreteras y asaltar los veh?culos. S?lo as? tuvieron el l?quido elemento y lograron llevarse algo a la boca. Pero los medios de comunicaci?n hablaron de inmediato de ?saqueo? y de ?pillaje?.

Esos medios, en efecto jugaron en el marco de esta crisis un papel siniestro: unos se limitaron a clamar a Dios pidiendo ?piedad? para los peruanos de nuestro tiempo. Otros, alentaron el caos y lo exaltaron como si fuera la antesala de algo bueno. Y la mayor?a se dedic? a buscar los ribetes llamativos del fen?meno como una manera de servir la voracidad competitiva del mercado.

Sin embargo, como no todo es drama ni es tragedia, el pueblo ha comenzado a enfrentar -?l mismo- con sabidur?a y tino sus problemas. Y ha ido descubriendo por su propia experiencia que la ?nica manera de asimilar la circunstancia es recurriendo a la organizaci?n ciudadana. Desde la base misma de la sociedad, en Pisco, en Chincha, en Ca?ete, han ido surgiendo comit?s de pobladores organizados que han buscado afirmar la tarea con optimismo pero, sobre todo, con conciencia y dignidad.

La solidaridad internacional no se ha hecho esperar. La gran potencia del mundo, los Estados Unidos, se ha dignado enviar, sin embargo, una suma rid?cula: cien mil d?lares para los damnificados, en tanto que la Uni?n Europea ha entregado un mill?n de euros, Ya hoy se calcula en m?s de cuarenta los millones de d?lares que habr?an de llegar a nuestro pa?s para asistir a los martirizados pobladores de las zonas siniestradas. Despu?s habr? que pedir cuentas del modo c?mo esta ayuda fue utilizada para evitar el afloramiento de nuevos ricos a la sombra del poder.

El primer avi?n que aterriz? en nuestro suelo, es bueno que se recuerde, fue boliviano. Evo Morales lleg? al coraz?n de los peruanos con la primera ofrenda de apoyo y de ayuda, confirmando el lazo de solidaridad y colaboraci?n que lo une a nuestro pueblo. Pero Argentina, Chile, Venezuela, Brasil, Ecuador y tambi?n Colombia se hicieron presentes como un modo de testimoniar la hermandad americana. Y Cuba -y esa es ya una vieja lecci?n para nosotros- una vez m?s nos tendi? la mano pese a todas las adversidades que afronta por la presi?n del Imperio. La Habana nos ense?? otra vez que la solidaridad no consiste en entregar lo que nos sobra, sino en repartir lo que se tiene. Esta vez, lo volvi? a hacer.

A cuatro d?as de la tragedia, nuestro pueblo comienza a levantarse, m?s consciente que el sistema -y el modelo- no sirven. Y pa?ses como el nuestro deben buscar nuevos derroteros para el desarrollo y el progreso (fin)

Por Gustavo Espinoza M. - Colectivo de Nuestra Bandera -

Fuente: Indymedia

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