contra el narcotráfico, despenalización de la hoja de coca

Domingo, 05 de agosto de 2007

Diferentes miradas sobre el trabajo infantil

Hace un tiempo hubo una intensa campa?a del gobierno sobre la explotaci?n infantil hecha por el narcotr?fico. ?sta fue secundada, como es costumbre ya, por los medios de prensa: "los ni?os de la coca", dec?an, en su intento de estigmatizar a la hoja de coca.
Ojala algo se haya hecho contra eso.
Pero hay que recordarle al gobierno, que la explotaci?n del trabajo infantil no es exclusividad del narcotr?fico. Por el contrario, hace a?os que es pan de todos los d?as y no es correcto usar ese tema como una ficha pol?tica o como una cortina de humo.


Trabajo infantil

Un estudio de la Plataforma NAT de Bolivia revela que entre el 25 y 33% del aporte que llega a los clanes, proviene de los chicos que trabajan; ?stos sienten afecto por su familia, estudian y ahorran. Este diagn?stico fue difundido el pasado lunes 23 de julio (http://www.eldeber.com.bo/2007/2007-07-23/vernotasantacruz.php?id=070722220028).

El trabajo infantil se masifica como una espiral. Mois?s Vel?zquez, con tan solo 14 a?os, aporta con Bs 20 diarios al sustento de su hogar, compuesto por cinco hijos, incluido ?l y sus padres. Su jornada laboral empieza bien temprano, cuando toma su carretilla y se dirige al mercado Abasto para ofrecer sus servicios de carga de v?veres, oficio que le arroja ingresos diarios, que var?an seg?n la demanda de clientes que haya. Este trabajo, que lo alterna con la escolaridad, lo realiza desde hace cinco a?os. Sus ingresos, adem?s de contribuir al hogar, le permiten financiar sus ?tiles escolares, gastos de recreo y algunos entretenimientos.

Pero no s?lo varones trabajan, sino tambi?n mujeres. Elizabeth Carlos Se?a (16), es una de los tantos Ni?os y Ni?as Trabajadores (NAT) que hay en Bolivia. Vende abarrotes desde hace tres a?os. Considera que los NAT son actores sociales importantes, porque generan un aporte econ?mico. ?El trabajo es digno, aportamos a la sociedad, por eso, si se proh?be el trabajo infantil nos afectar?a. Hay ni?os que trabajan en este pa?s, y eso hay que aprender a valorarlo?, enfatiz?. De acuerdo con informaci?n del Censo de 2001, en la capital cruce?a existe una poblaci?n de 510.431 chicos desde los 7 hasta los 18 a?os. De esos, 48.000 ni?os, ni?as y adolescentes est?n insertos en la fuerza laboral. No todos los ni?os y ni?as y adolescentes que trabajan est?n institucionalizados, una buena parte lo hace por cuenta propia y sin ning?n apoyo organizacional. Precisamente ese es uno de los retos, incorporarlos a las instituciones que protegen a este segmento de la poblaci?n. Esto lo tiene bien claro Clotilde Morales, de Callecruz. Afirma que es necesario llegar a m?s chicos que no est?n institucionalizados, para brindarles protecci?n y orientaci?n. Y no se equivoca en su apreciaci?n, puesto que algunos estudios indican que el 57% de los ni?os que actualmente est?n en situaci?n de calle, son trabajadores. ?Lo que queremos es darles alternativas para que no se vuelvan ni?os de la calle. Queremos que la mayor?a de ellos tenga la atenci?n debida?.

Basta recorrer los mercados y algunas rotondas para apreciar que son una realidad que no se la puede negar. Entre el 25 y 32% del aporte que llega a las familias de escasos recursos viene de ni?os trabajadores, establece un estudio hecho en 2006 en el Cono Sur (Ecuador, Per? y Bolivia). Entonces, hay que comenzar a verlo con la importancia que tienen y hacer trabajos para que la realidad de estos chicos sea cada vez mejor, sostuvo el director de Defensa del Ni?o Internacional (DNI), Fernando Rivero.

La plataforma NAT, acaba de realizar un estudio sobre el aspecto social y econ?mico de los ni?os, ni?as y adolescentes trabajadores de Santa Cruz de la Sierra. La investigaci?n desmitifica algunos aspectos, como el hecho de que sean ni?os sin familia, que no estudian e incluso relacionados con chicos cleferos o delincuentes. El estudio destaca el afecto a la familia que declararon sentir los NAT, aunque varios viven s?lo con uno de sus progenitores, con hermanos u otros familiares. Otro aspecto revelado en las entrevistas, es que un alto porcentaje asiste a la escuela. H?ctor Moreno (16) es un ejemplo de ello. Cursa el tercero medio, gracias a la colaboraci?n de la directora de su unidad educativa y a la instituci?n Asociaci?n XXI, donde pertenece, comenta. Asegura que eso implica un gran esfuerzo, pues debe combinar su trabajo como estibador en el mercado Abasto y de jardiner?a, con las tareas escolares. Los ingresos que logran los NAT y a qu? lo destinan, si bien no son exactos, ya que est?n sujetos a algunas variables, pero contrariamente a lo que creen los adultos, estos montos est?n destinados a la sobrevivencia de la familia. Tambi?n demuestra que se trata de un segmento con un gran potencial, que no est? siendo aprovechado, puesto que la mayor?a declar? su apego por las matem?ticas, entre las materias escolares. ?No son los marginados, los excluidos, sino gente con mucho potencial, y eso hay que saber aprovecharlo?, asegur? Rivero. Esto quiz?s se deba a la familiaridad que tienen con el manejo de las cantidades, debido a la naturaleza de su actividad laboral. Ligado a este punto est? el ahorro, aunque no lo hacen en una entidad financiera, pero una buena parte ahorra un peque?o monto de sus ingresos. Por ejemplo, Mois?s asegur? tener Bs 200 en su chancho (alcanc?a), y dijo que ser? para comprarse una bicicleta, que es uno de sus sue?os.

Otros declaran que no alcanza porque las necesidades son muchas. Sin embargo, el informe tambi?n revela algunos aspectos negativos, los mismos que deben ser una se?al de alerta no s?lo para las instituciones que los apoyan, sino tambi?n para las autoridades y la sociedad. Es una poblaci?n en riesgo, por el solo hecho de estar en la calle, y el manejo de dinero hace que sean vulnerables a los peligros que tiene la calle.

La salud y el maltrato, junto a la ausencia de un documento que acredite su ciudadan?a, son los derechos m?s vulnerados. Los chicos por su parte, corroboran estas debilidades. Violencia y malos tratos en el trabajo (de parte de guardias de seguridad o del p?blico), en la escuela y en el hogar, y el acceso a la salud gratuita, concentran sus mayores demandas.

El Gobierno de Evo Morales dice que tiene un Plan Nacional de la Ni?ez y Adolescencia que toca el trabajo infantil. El viceministro de G?nero y Asuntos Generacionales, del Ministerio de Justicia, Antonio Abal, se?ala que el dise?o forma parte del Plan Nacional de Desarrollo, ejecutado por diferentes carteras de Estado. En lo que concierne a Justicia, promueve cambios en el C?digo Ni?o, Ni?a y Adolescente referidos al trabajo infantil. Se?ala que en algunos casos, como ?colaboraci?n de hijos a padres en labores agr?colas en el ?rea rural y laburo de los lustrabotas en las ciudades deben ser aceptado y reglamentados para darles mejores condiciones?, contrariamente a los principios internacionales, como de la Organizaci?n Internacional del Trabajo (OIT), que proh?ben el trabajo infantil. Abal argumenta, en el primer caso, que se tratan de formar culturales. ?El pa?s es diferente y eso tiene que estar reflejado en los marcos legales?. Sugiere que en vez de prohibir ese tipo de trabajo, se debe reglamentar qu? es lo que pueden hacer los menores y establecer que eso no debe perjudicar su educaci?n. En el segundo caso, el Viceministro inform? que el 12 de abril se reuni? con 160 ni?os lustrabotas de Santa Cruz para conocer sus inquietudes. Se?al? que ellos le pidieron que no se les proh?ba esa ocupaci?n con la que se ganan la vida debido a la pobreza, sino que por el contrario se les respete y que las autoridades no los persigan. As?, la sugerencia es legalizar esa actividad para que los menores est?n protegidos.

Abad considera que el trabajo infantil es una consecuencia de la pobreza y que ?nunca podr? ser erradicado? de manera que lo que resta es protegerlo. Y anuncia que cualquier modificaci?n en las normas se las realizar? en consenso con los actores ( http://www.crin.org/resources/infodetail.asp?id=14207).

En ocasi?n del 12 de junio del 2007, d?a mundial sobre el trabajo infantil, los Movimientos sociales de Ni?os y Adolescentes Trabajadores NATs (sigla en espa?ol) organizados en Latinoam?rica han realizado diferentes manifestaciones y han elaborado varias declaraciones para presentar sus propuestas, que fueron difundidas por numerosos mass-media independientes como por ejemplo el network mundial Child Rights Information Network CRIN de Londres (http://www.crin.org/resources/infodetail.asp?ID=13790 ).

Alejandro Cussianovich es maestro de educaci?n primaria, co-fundador y acompa?ador de los Movimientos NATs en el Mundo, hoy coordinador del Instituto de formaci?n para educadores IFEJANT de Lima; se desempe?a actualmente como encargado del curso de Historia del Pensamiento Social sobre la infancia en la Maestria de Pol?ticas sociales y Promoci?n de la Infancia de la Universidad San Marcos UNMSM de Lima; acaba de publicar el libro ?Ensayos sobre infancia, sujeto de derechos y protagonista? (www.ifejants.org).

Preguntamos al maestro y profeta Alejandro Cussianovich una lectura de las diferencias entre los Movimientos sociales NATs y las organizaciones internacionales como OIT (www.revistapueblos.org/spip.php?article607).

Infancia y trabajo: Encuentro y desencuentro de matrices culturales del Norte y del Sur

Enunciadas as? las cosas, no queda duda de que estamos ante un tema pol?mico, en lo concreto, en el campo de las ciencias sociales. Pero queda tambi?n en evidencia que estamos ante una cuesti?n mayor si intentamos colocar el tema del mal llamado ?trabajo infantil? como una expresi?n m?s de los encuentros y desencuentros de matrices culturales. Mientras el del Norte sienta sus reales en la ya tradicional tendencia a la colonialidad del poder y del pensamiento que hist?ricamente le ha permitido ubicarse en la superioridad, en la posici?n dominante y en el derecho a se?alar lo que es normal y lo que no lo es, lo que es civilizado y lo que sigue en la barbarie; las culturas del Sur se esfuerzan por hacerse reconocer no s?lo en el campo de la infancia trabajadora, sino en otros campos vitales, para una radical revisi?n de la actual divisi?n internacional del poder y del saber.

Por un lado desde contextos de pa?ses industrializados se tiende a visualizar a la sociedad y al mundo ideal como sociedades sin ni?os trabajadores. Esto se expres?, entre nosotros, en esl?ganes y t?tulos de campa?as como: ?Por un siglo XXI sin trabajo infantil?, ?M?s escuelas, menos trabajo infantil?, ?El lugar natural del ni?o es la escuela? o los afiches recientemente aparecidos en el barrio m?s residencial de Lima: ?Sociedad con valores, sociedad sin ni?os, ni?as y adolescentes trabajadores. Paremos juntos el trabajo infantil?. Por otro lado, en la subregi?n Andina, uno de los argumentos es descalificar el apelar a las culturas originarias como raz?n v?lida para no aceptar un discurso ?nico frente a menores de edad en el trabajo.

Nuestros ejemplos muestran que estamos ante sectores herodianos de nuestras sociedades y Estados latinoamericanos que han asumido las orientaciones y enfoques acu?ados en contextos culturales que difieren radicalmente de culturas nativas como la andina, la amaz?nica, por se?alar apenas algunas de las que existen y son plenamente vigentes en nuestros pa?ses. Por ello, consideramos que ni el relativismo cultural ni el determinismo darwiniano que hoy se intenta imponer en la ya larga como agresiva campa?a internacional contra ni?os trabajadores, son enfoques que permitan entender la complejidad de la realidad y sus eventuales respuestas.

Los desencuentros de matrices culturales divergentes

Es quiz?, en materia de lo que hoy se llama trabajo infantil con el nuevo contenido ideol?gico (no s?lo sem?ntico) del que se ha revestido recientemente en los discursos oficiales, donde se hace evidente la necesidad de dejar de pensar la relaci?n infancia trabajo tal como el pensamiento social la ha plasmado en la modernidad, tanto m?s urgente cuanto que hoy los discursos formales del oficialismo se revisten de la autoridad que le otorga, ante los gobiernos, una instituci?n de Naciones Unidas como la OIT, heredera de axiomas de los que no logra desentramparse. Cabe entonces preguntarnos si no estamos asistiendo en el marco de la globalizaci?n neoliberal a la recolonizaci?n del pensamiento por paradigmas y agendas fijadas en funci?n de los intereses del mercado que controlan los poderosos de nuestros pueblos.

Por ello, no cabe atribuir a quienes se inscriben hoy en una corriente de opini?n sobre infancia y trabajo que valoriza a los ni?os trabajadores, como la reedici?n de aquellas clases que se opon?an en los siglos XVIII, XIX e inicios del XX al abolicionismo. Adem?s, desde hace tres d?cadas son las propias organizaciones de ni?os trabajadores los que van elevando su voz en defensa de sus derechos, incluyendo el derecho a trabajar, como est? consignado en el art?culo 22 del C?digo de los Ni?os y Adolescentes del Per?2.

La herencia abolicionista en el discurso jur?dico y normativo

La OIT, y con ella un sinn?mero de organizaciones internacionales y nacionales de todo tipo, es la heredera m?s calificada de lo que en la historia de la infancia trabajadora se ha concretado en el llamado abolicionismo, a imagen y semejanza de la abolici?n de la esclavitud. Y es que el sentido com?n, expresi?n del imaginario social y de la sensibilidad socialmente extensa, expresa esta dimensi?n del sentimiento de infancia ideal. Si bien ello no significa que se haya tenido ?xito en la abolici?n, s? hay que reconocer que a nivel de discurso jur?dico y normativo, se camina hacia una universalizaci?n discursiva, aunque en abierta disonancia con lo que en la vida real de los pa?ses se constata a diario, incluyendo a los llamados pa?ses desarrollados servatis servandis. La firma y ratificaci?n del Convenio 138 de 1973 y que hasta hace menos de diez a?os no contaba sino con una ?nfima minor?a de adherentes, hoy est? pr?cticamente asumida por la mayor?a de gobiernos; ni qu? decir del convenio estrella, el C.182.

Hasta aqu?, hay que reconocer un ?xito de los lobbies, de las presiones, de los ofrecimientos, de la distribuci?n de los recursos econ?micos y de la orquestaci?n de masivos medios de comunicaci?n con figuras reconocidas del mundo pol?tico, art?stico, etc. La cuesti?n no est?, hoy como ayer, en el plano jur?dico en primer lugar, sino en los presupuestos del diagn?stico, del an?lisis, de los paradigmas que subyacen en la comprensi?n del fen?meno social de ni?os en el amplio y difuso mundo de lo que llamamos hoy trabajo.

Uno de los riesgos del pensamiento determinista en la posici?n abolicionista es la homogeneizaci?n, es decir, una universalizaci?n que no da cuenta de las culturas particulares. La clandestinizaci?n es otro efecto comprobado en ciudades como Bogot?, Buenos Aires, Lima, etc. y es que, ante ciertas prohibiciones, las horas de trabajo se han desplazado a horarios en los que no hay ni control policial, ni inspecci?n de trabajo, configur?ndose cuadros de real ocultamiento, lo que hace m?s vulnerables a las ni?as y ni?os. Otro efecto lo tenemos en formas, a?n light en el caso peruano, de limpieza social, como los casos de internaci?n de menores de edad trabajando en calles y plazas. Todo ello fomenta la mano dura contra quienes trabajan, siendo menores de edad, en calles o mercadillos, y mano dura es represi?n, es penalizaci?n de la pobreza, es endurecimiento de las normas y ordenanzas municipales.

Los efectos perversos no son se?alados como una descalificaci?n de pol?ticas que s? deben asegurar la protecci?n y el cumplimiento de los derechos que asisten a la infancia toda y a la infancia trabajadora en particular. Es para justamente abrir una reflexi?n m?s profunda sobre la complejidad del fen?meno y para evitar que el remedio sea peor que la enfermedad, como reza el dicho popular. En s?ntesis, de nuestros c?digos desapareci? formalmente la doctrina de la situaci?n irregular, pero ?sta se instal? con doblegada persistencia en el imaginario social y en el comportamiento diario de la sociedad y de las autoridades. Esta es la paradoja de la ceguera que acarrea el empecinamiento neocolonizador de quines imponen a sangre y fuego planes abolicionistas en nuestras culturas. Trabajar despu?s del Convenio 138 y 182, es estar, en nuestro caso, en la ilegalidad, ser infractores de las normas para un alto porcentaje. De all? a la reducci?n de la edad penal no hay sino un paso y resistirse a ser una poblaci?n mendicante de pol?ticas sociales asistencialistas y a devenir en dependientes colocar? a m?s de un mill?n de los menores que hoy trabajan, en conflicto con la ley y pasibles de consecuencias insospechadas, tambi?n para la gobernabilidad del pa?s.

El pensamiento confuso del abolicionismo y su ?xito formal

Tener pr?cticamente todo para lograr el objetivo de la abolici?n del ?trabajo infantil? y reconocer que el fen?meno sigue creciendo en el mundo, al punto que las estad?sticas se vuelven no fiables permanentemente.

Concentrarse en las llamadas ?peores formas? y terminar provocando el ocultamiento del fen?meno, haciendo a?n m?s dif?cil su conocimiento y las formas de combatirlo. Y es que las ?peores formas? revelan el apuro por meter cuanto atropello hay contra la infancia y cuanto crimen se comete frente a ni?os y ni?as -como la prostituci?n, el tr?fico de ni?os, ni?os soldados, etc- bajo el r?tulo de peores formas de ?trabajo?.

Contar con una legislaci?n internacional forzada y formalmente incluida en legislaciones nacionales sobre trabajo infantil y carecer de pol?ticas p?blicas debidamente financiadas para poner en pr?ctica los preceptos jur?dicos. Y es que dicha legislaci?n internacional ha devenido en una especie de llave maestra para la soluci?n del problema del trabajo infantil en el imaginario social difuso. Se reproduce el enfoque que en Europa fue predominante en el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, vale decir, atribuirle a legislaciones severas por la abolici?n del trabajo de menores de edad, la sustantiva desaparici?n del trabajo infantil en pa?ses hoy llamados desarrollados. Se tiende a olvidar que el derecho es una construcci?n social, necesaria, pero insuficiente como instrumento. Luego de la Convenci?n en 1989 y ante el empuje de movimientos sociales de y en favor de la infancia, muchos de ellos con m?s de una d?cada previa de existencia como los movimientos de NATs, hicieron una hermen?utica no abolicionista del art?culo 32 de dicha Convenci?n, que removi? a organismos internacionales como OIT, UNICEF y con ellos a Agencias internacionales, que emprendieron en 1995 una iniciativa conducente a un nuevo Convenio sobre trabajo infantil que rompiera con la ambig?edad atribuida al art?culo 32. Posiblemente hubo otras motivaciones, pero lo se?alado no estuvo ausente.

Se obtienen im?genes de la ?realidad? del trabajo de ni?os, y ?stas mismas pervierten dicha realidad al simplificar su complejidad. Esto es parad?jico, pues cuando gracias a los medios inform?ticos, hoy podemos suprimir distancias y duraci?n del tiempo y entrar en relaci?n virtualmente directa y fresca con los acontecimientos, la selecci?n misma de im?genes y la palabra que las acompa?a, falsean una realidad no reducible globalmente a ciertos hechos por m?s extensos que pudieran ser. Se da entonces una falsa representaci?n. Esto es parte de una estrategia medi?tica a favor de las tesis de la abolici?n y en vistas a crear un sentido com?n y un sentimiento colectivo anti trabajo de ni?os.

Tener que movilizar a NATs contra sus pares NATs para imponer una visi?n absolutamente cuestionable. Nos referimos a la Marcha Global contra el Trabajo Infantil. Y es que el mundo rural como el ind?gena nos coloca ante el imperativo de una mayor flexibilidad conceptual y pr?ctica, nos convida a un ejercicio de desabsolutizaci?n de nuestra cosmovisi?n occidental dominante.

Durante largos a?os, los abolicionistas locales, reprocharon a los que desde otra perspectiva sosten?an la valoraci?n cr?tica del trabajo, incluso el derecho a trabajar y la exigencia ?tica, pol?tica de normar exigentemente dicho derecho, como una banda de ut?picos. Bastar?a colocar uno tras otro los diversos nombres que se pretend?a dar a lo que hoy es el Convenio 182, para ver qui?nes fueron ?descendiendo? a una cruda realidad y ?refugi?ndose? hasta las calendas griegas en el abolicionismo transformado en utop?a. Hoy hablan de una ?erradicaci?n realistamente gradual?, dir?amos m?s bien, simb?lica.

En s?ntesis y, quiz?, para considerar en nuestras decisiones

Los an?lisis sobre la realidad de los ni?os, ni?as y adolescentes trabajadores en el mundo, provocan una masiva perplejidad. Sea aquellos que s?lo pintan los horrores de la vida de muchos de estos menores de edad- con frecuencia la cr?nica policial period?stica- sea aquellos que aventuran an?lisis que se?alan crudamente las imbricaciones del fen?meno a las estructuras de dominaci?n, de globalizaci?n neoliberal, de la exclusi?n social y de la pobreza. Pero perplejidad no es par?lisis, sino exigencia de seriedad, de permanente revisi?n y eventual rectificaci?n de los caminos emprendidos-con buena voluntad- pero quiz? simplificados por la premura de no quedar atrasados en relaci?n a los est?ndares internacionales que nos presionan institucionalmente.

Lo primero tiene que ver con la tendencia observada en Estados y en Gobiernos sometidos a la presi?n de organismos internacionales y locales, por cumplir con las formalidades. Por un lado, se aquietan las presiones y amaina la tempestad; por otro lado se trasladan ?stas a las incoherencias en el cumplimiento de dichas formalidades aprobadas para lo cual siempre hay excusas de todo tipo. En algunos de nuestros pa?ses esta premura por la adopci?n oficial de las medidas internacionales, no ha estado ajena a formas poco ejemplares de lobby sobre funcionarios, parlamentarios y personas influyentes de ONGs.

Observamos una creciente tendencia a desplazar el tema de los ni?os, ni?as y adolescentes trabajadores a escandalosas formas de representar el trabajo. Al punto que incluso se incluye como trabajo, verdaderos cr?menes de lesa humanidad como inducir a la explotaci?n sexual comercial infantil, el tr?fico de ni?os, los ni?os en conflictos armados como tropa activa y actuante. El Convenio 182 se presenta como la consagraci?n internacional de esta tendencia al shock que contribuye a un nuevo sentimiento de infancia marcado por una sobredosis de compensaci?n social. Las Agencias Internacionales de ayuda a la infancia, no escapan de ser solicitadas para implementar dichos programas, llamados ?humanitarios?; y es que esc?ndalo y shock van de la mano con ?humanitarismo?. Neosalvacionismo en marcha.

Cuando el lenguaje revela nuestras confusiones

El proceso de colonizaci?n del pensamiento en torno al ?trabajo infantil?- hace parte en el tiempo y en la tendencia de una profunda transformaci?n en el lenguaje- expresa la adopci?n de paradigmas conceptuales acu?ados en la matriz neoliberal capitalista del mercado. Y es que el lenguaje empleado por el abolicionismo devela en sus andares y desandares- como es el caso de los textos que preparaban lo que ser?a el C.182- el evolucionismo y el dualismo que sirvi? para plasmar categor?as mentales como la de minoridad, la de inferioridad, la de pertenecer al pasado, la de ser primitivo [1]. Por ello la relaci?n infancia-trabajo se debe entender como parte de la relaci?n adulto-ni?o y ?sta como expresi?n de la historia del poder, como parte de la historia de las ideas y de la historia social y cultural del poder, como parte de la historia del lenguaje del poder, portador, en este caso, de violencia epist?mica. Ha sido materia de controversia, el empleo en ingl?s- una de las lenguas oficiales de los documentos de organismos internacionales como la OIT- de child labour y de working children. Indefectiblemente estamos ante algo convencional, que hace necesario remitirnos a lo que los tomistas sol?an llamar explicatio terminorum para entenderse en los debates. Lo que queremos alertar, es que las traducciones al espa?ol, sistem?ticamente hacen una arbitraria reducci?n. Cuando el texto en ingl?s se refiere a ?child labour?, en castellano se traduce como ?trabajo infantil?, entendiendo por ?ste un trabajo que por ser ?infantil? debe ser abolido, erradicado sin m?s. Y aqu?, consideramos, se excede lo que el art?culo 32 de la Convenci?n cuidadosamente expresa al se?alar que el ni?o tiene derecho a ser protegido contra la explotaci?n econ?mica, etc., no dice contra ?el trabajo infantil?.

El coprotagonismo: nuevo eje de relaciones sociales entre infancia y mundo adulto

Desde hace casi una d?cada, y en el contexto de una larga y fecunda reflexi?n en el movimiento nacional de NATs organizados de Per? en torno a la participaci?n de adultos en la propia organizaci?n de ni?os, ni?as y adolescentes, se ha ido acu?ando la expresi?n coprotagonismo para se?alar que no s?lo los ni?os son protagonistas, sino que todos los seres humanos est?n llamados a desarrollar su condici?n de seres aut?nomos, miembros y por ende participantes en su entorno social por derecho propio. La expresi?n entonces, recuerda que por m?s afirmaci?n que los ni?os hagan de su condici?n protag?nica, ni ellos ni los adultos solos podemos crecer y desarrollarnos en nuestra condici?n humana. Pero decir que somos coprotagonistas no desconoce las diferencias existentes entre generaciones ni las asimetr?as y desigualdades sociales evidentes. Pero ello exige modales y responsabilidad ?tica. Baste citar lo que la mism?sima OIT-IPEC se?alan en ocasi?n de la evaluaci?n al programa de erradicaci?n del trabajo infantil: ?En
Am?rica Latina se da una situaci?n excepcional que consideramos fundamental entender para comprender la estrategia del Programa. Existe en la regi?n un Movimiento de Organizaci?n y Promoci?n de los Ni?os y Adolescentes Trabajadores (NATs). Estas organizaciones que se sit?an fundamentalmente en Per?, Bolivia, Ecuador y Paraguay tienen un indudable arraigo y ?defienden? el trabajo infantil. Dichas organizaciones han tenido, sin duda, una influencia notable en la redacci?n de los C?digos de Ni?os en algunos pa?ses (Per? y Paraguay por ejemplo). Uno de los esfuerzos del IPEC ha sido, sin entrar en confrontaciones dial?cticas, en indicar a los gobiernos los peligros de este tipo de movimientos y crear alianzas estrat?gicas con diversas ONGs de los pa?ses, como contrapunto a estos llamados movimientos de NATs?. Huelga comentario alguno despu?s del 11 de Septiembre .

Para reflexiones abiertas

Deconstruir el poder discursivo sobre infancia trabajadora acu?ado desde el abolicionismo y desde la corriente de pensamiento que se caracteriza por una valoraci?n cr?tica de los ni?os, ni?as y adolescentes en su condici?n de trabajadores.

Estad?sticas e im?genes del horror: una forma de crear otro sentimiento de infancia. El paternalismo y la conciencia lastimera suelen estar a flor de piel y suelen finalmente condecirse con cierto autoritarismo y conciencia militarizada que subsiste en muchos de nuestros pa?ses de la regi?n. Ambas actitudes y comportamientos suelen quedar pasmados cuando la correcci?n o el poner orden y brindar seguridad a la ciudadan?a, se transforman en violencia no s?lo simb?lica sino brutalmente f?sica contra ni?os que trabajan en calles y plazas o viven en la calle.

El derecho a trabajar en condiciones dignas no obstante los nuevos contextos de flexibilizaci?n, deslocalizaci?n, desterritorializaci?n e inmaterializaci?n en que se da el fen?meno de lo que venimos llamando trabajo. Habida cuenta de contextos en que m?s del 70 y 80 por ciento de la poblaci?n econ?micamente activa est? o semiempleada o autoempleada y, adem?s, en la mal llamada econom?a informal. Y derecho no significa obligaci?n de trabajar. Como distinguen bien los juristas, una cosa es el goce de un derecho y otra, el ejercicio. Reconocer el derecho a trabajar crea el imperativo ?tico, pol?tico, jur?dico, de normar el ejercicio; reconocer un derecho no es una puerta abierta a cualquier forma de ejercerlo. Regular un derecho es constitutivo del derecho reconocido. Pero es precisamente en este sentido que consideramos no aceptable la categor?a conceptual que aplica a nuestro enfoque Marten van den Berge quien nos coloca como ?regulacionistas? del trabajo infantil. Otros nos llamaron ?proteccionistas?, y ahora eso de regulacionistas desconoce que primero viene la afirmaci?n del derecho a trabajar y por ser un derecho debe ser normado, regulado. Esa es la diferencia con quienes sostienen hoy que hay que regular ya que por ahora no es posible abolir, hay que erradicar las peores formas mientras se mantiene en el horizonte el proyecto abolicionista. Esa no es la perspectiva de los movimientos de ni?os trabajadores en Per?.

Trabajo digno o trabajo ?decente? Debate que en que la mism?sima OIT no termina de tener clara una fundamentaci?n te?rica consistente al respecto.

El abolicionismo como posici?n d?bil por dogm?tica. Toda posici?n radicalmente cerrada, inflexible y dogm?tica expresa seguridades formales que encubren inconsistencias graves. Ello puede incluso explicar la agresividad, la violencia del lenguaje, cierta falta de humildad institucional, o por lo menos de funcionarios, y el recurso eventual a alianzas basadas en obediencia a consignas aunque en la pr?ctica se mantengan discursos que configuran una doble moral. Incluso cierto aire de autosuficiencia se puede percibir cuando en la primera evaluaci?n del programa IPEC se les nombraba y reconoc?a con cierta incidencia en la elaboraci?n de la normativa sobre infancia en algunos pa?ses e incluso se les reconoc?a como un peligro del que ya hab?an advertido a gobiernos y en base a ello se har?an alianzas con ONGs para enfrentarlos. En la ?ltima evaluaci?n, no s?lo ni se les menciona, sino que se les alude as?: ?Subsisten algunos grupos que rechazan el enfoque de erradicaci?n del trabajo infantil, entre otras razones por no considerar que el trabajo infantil en general haya de ser erradicado, ni reconocen como trabajo infantil, sino como delito penal, algunas de las peores formas tal como son definidas en el C.182. Con todo, la opini?n p?blica va inclin?ndose progresivamente por el rechazo al trabajo infantil? .

Por: Cristiano Morsolin (especial para ARGENPRESS.info)

Cristiano Morsolin, educador italiano y operador de redes internacionales para la defensa de los derechos humanos en Latinoam?rica. Co-fundador del Observatorio Independiente sobre la Regi?n Andina SELVAS. Trabaja en Latinoam?rica desde 2001.

Fuente: Argenpress

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