contra el narcotráfico, despenalización de la hoja de coca

Viernes, 22 de junio de 2007

Villaz?n: Latidos en la ruta del contrabando

Miles de familias que emigraron a la frontera viven del contrabando. Cada d?a, bolivianos pasan el r?o de forma ilegal con mercader?a para los comerciantes de Argentina.

250 gramos de coca es lo m?ximo que se puede pasar al d?a por persona, ?porque los argentinos la consideran droga?. Uberlinda Catacora emigr? hace 35 a?os de La Paz a Villaz?n, donde es propietaria de una tienda de venta de coca y mantas junto a la frontera boliviana. Despacha las bolsas de hoja ya empaquetadas por 6,5 pesos (16 bolivianos), que ?compran los argentinos para venderlas m?s caras al otro lado del r?o?.

El contrabando es el pan de cada d?a en la localidad fronteriza de Villaz?n, en el departamento de Potos?. Desde la plaza principal y el mercado central hasta alcanzar el puente fronterizo internacional sobre el r?o casi seco de Sococha, que separa Villaz?n y La Quiaca, Bolivia y Argentina, se extiende un rosario de comercios. Exhiben en su escaparate callejero la mercanc?a procedente sobre todo de La Paz y Oruro, que sus establecimientos venden a un precio algo superior.

Ropa, zapatos, textiles tradicionales, maletas y coca, adem?s de productos electr?nicos y digitales como c?maras de fotos, DVD o televisores (que llegan a Bolivia tambi?n ilegalmente), pasan a La Quiaca de manera clandestina. No s?lo el argentino de a pie cruza la frontera para hacer sus compras por precios m?s ?asequibles?, sino que adem?s, muchos comerciantes argentinos visitan la localidad boliviana en busca de productos, cuyo coste es mucho menor en este lado.

El largo brazo del contrabando

All? existe una modalidad de franquicia mediante la que se permite pasar hasta 150 d?lares al mes de mercanc?a. Por supuesto, este monto resulta escaso para los mercaderes, quienes optan por cruzar la frontera por otro camino casi sin vigilancia: los seis kil?metros de r?o que separan la frontera. Los estibadores de nacionalidad boliviana se encargan de burlar los controles para cruzar a Argentina la mercanc?a adquirida por el empresario. Van cargados con decenas de kilos a la espalda, y al llegar al otro lado reciben el sueldo estipulado.

Este negocio ?libre de impuestos? resulta muy rentable para ambas partes. Ilario Abam, argentino residente en La Quiaca, argumenta que ?los j?venes bolivianos ya no quieren trabajar como obreros, porque ganan m?s con el contrabando?. Por trabajar en la construcci?n ?reciben entre 30 y 80 bolivianos al d?a, dependiendo del cargo. En cambio, con el contrabando ganan 50 bolivianos por hora. Por ejemplo, por cruzar una puerta de 90 cent?metros por 1,50 metros obtienen 30 pesos?. Para Ilario, Bolivia se est? quedando sin bolivianos porque ?es incre?ble el flujo de personas que se desplaza a la Argentina?.

El contrabando contamina todo. ?Aqu? uno no puede hacer un negocio legal, no se puede competir con los precios?. W?lter Condori luch? por ser m?sico, ?pero es una profesi?n dif?cil en este pa?s?. Al villazonense no le qued? m?s remedio que montar un negocio de helados para sobrevivir en su ciudad natal. ?El turismo de Villaz?n no es real. Mayoritariamente vienen argentinos para comprar y tan s?lo consumen pan y agua, y se marchan. Los europeos y estadounidenses gastan m?s, pero no dejan de estar ac? s?lo para cruzar la frontera?. Por otro lado, ?mi padre se dedicaba al comercio legal, y lo pas? mal los ?ltimos a?os del negocio para mantenerlo?.

W?lter apostilla que, seg?n ?el censo del 2001, Villaz?n tiene una poblaci?n de 31 mil habitantes, pero la mayor?a proceden de Potos?, Oruro, La Paz y Tarija. En 10 a?os la poblaci?n se ha duplicado?. El crecimiento acelerado e inestable de la ciudad se ha traducido en una ?planificaci?n deficiente en temas como el alcantarillado?, por el que ?nadie se preocupa en serio, a pesar de haberse invertido mucho dinero en balde?.

Ante la misiva del argentino, W?lter considera que muchos j?venes trabajan como carpinteros y obreros, o si no ??c?mo se ha construido este pueblo??. Adem?s, los argentinos vienen a este lado para ?encargar puertas, muebles y piezas de fontaner?a y se lo llevan a su pa?s m?s barato?.

La promesa del futuro

Un mejor porvenir. Eso es lo que motiva a la mayor?a de los bolivianos a cruzar al pa?s vecino. El problema viene cuando las fuentes de trabajo no son suficientes o est?n mal remuneradas y la alternativa resulta m?s rentable adem?s de no implicar un elevado riesgo.

Fidelia pasea por La Quiaca. 10 de sus 27 a?os los ha vivido en esta localidad, a pesar de haber nacido en Potos?, lo que puede intuirse en su indumentaria, especialmente en su sombrero blanco adornado con flores rosadas. Escueta en palabras, admite trabajar como ?pasante?, pero le asusta conversar con desconocidos. ?Cuando llegamos con la mercanc?a nos pagan lo acordad?, relata la joven en voz baja, como si de un secreto se tratara.

S?lo hay que observar la distribuci?n de las casas para entender la vida en cada lado del r?o. Las construcciones de ladrillo y adobe de la ribera boliviana cuelgan de la pendiente, parecen querer alcanzar el otro lado s?lo mirando por la ventana. En cambio, en la orilla argentina hay una distancia de unos cien metros hasta las viviendas.

El ?barrio boliviano? de la localidad argentina, que se extiende a partir de la calle Bol?var, es el m?s pr?ximo al r?o. Una de las calles sin asfaltar que pr?cticamente nace en el arroyo es la entrada al pa?s de los estibadores. ?Como si de una fila de hormigas cargadas con su sustento se tratara, muchos bolivianos cruzan para entregar la mercanc?a a los comerciantes argentinos?, relata Ilario. Esto ocurre en aquellas ?pocas en las que se aten?a la vigilancia de la gendarmer?a argentina, que en estos d?as no es el caso.

Un reciente accidente con uno de los coches de los gendarmes provoc? el refuerzo de la vigilancia y, seg?n la gente del lugar, un incremento en su n?mero. La versi?n de Ilario y Uberlinda es que varios bolivianos lo empujaron cuando estaba en una de las lomas cercanas a la ribera argentina. En cambio, el capit?n Santos sostiene que ?el gendarme que lo conduc?a sali? del veh?culo sin poner el freno de mano?, motivo por el que se despe??. Adem?s, se?ala que no se increment? el n?mero de oficiales.

Cualquiera que sea la versi?n, lo cierto es que en el ?ltimo mes se ha congelado en gran parte la salida de mercanc?a ilegal de Bolivia. As? lo evidencia la vendedora boliviana Uberlinda Catacora. ?Me mud? cuando cumpl? 27 a?os con mi mam? y mis hijos. Ac? hab?a m?s trabajo. Alquil? esta tienda en la que vendo mantas y hoja de coca?. La pace?a prepara bolsas envueltas de 250 gramos, dado que all? ?se considera una droga?, argumentan Ilario y el capit?n Santos.

A pesar de que la familia de Eusebio Llavo vive en La Paz, ?l trabaja en Villaz?n. Pasa la semana en un cuarto que tiene alquilado por 150 bolivianos. Por el establecimiento donde vende sus textiles artesanos en la avenida Argentina, principal v?a que llega hasta el puente, paga 300 bolivianos a medias con otro comerciante de DVD. ?Aqu? es m?s rentable poner un negocio?, relata.

En la misma acera tiene su comercio Uberlinda que, apenada, cuenta c?mo llegan muchos de los bolivianos que emigraron a Argentina. ?Algunos son campesinos que vendieron sus tierras antes de marcharse. No les fue bien all? y ahora vuelven con las manos vac?as. Incluso algunas mujeres tienen que prostituirse?. Uberlinda frunce el ce?o al afirmar que ?somos los bolivianos los que nos arriesgamos y los argentinos se benefician m?s?.

Los bolivianos que residen en la frontera bien saben c?mo les influye el estado de la econom?a argentina. ?Cuando se dio la crisis del 2001, los argentinos hasta vend?an sus trenzas. El comercio aqu? se paraliz?, as? que mucha gente volvi? a sus ciudades?, relata la mujer mientras su nieto le reclama atenci?n. ?Una vez que comenz? a recuperarse de nuevo la situaci?n, tambi?n lo hizo el pueblo?.

La descendencia boliviana

?Yo quiero ir a Higueras (Tarija) con mi abuela, pero mi familia no me deja?. Luis Miguel Mart?nez, de 17 a?os, es argentino hijo de madre boliviana. Reside en el barrio de Santa Clara de La Quiaca junto con sus padres y algunos de sus ocho hermanos, de los cuales siete son argentinos y dos bolivianos.

Cuando Yolanda Mart?nez ten?a 18 a?os y un beb? de ocho meses en sus brazos se march? de su pueblo natal, Higueras, con su esposo de nacionalidad argentina a vivir a Villaz?n. ?Cada d?a mi esposo cruzaba la frontera para trabajar en chapa, pintura y construcci?n, pero los gendarmes le hac?an pagar unos pesos para pasar. Por ello decidimos pasar a vivir a La Quiaca, donde ahora se encarga del control de ca?er?as en la compa??a Agua de los Andes?.

Yolanda dej? a su primera hija en la casa de su madre, donde ambas se dedican a la agricultura. All? es donde Luis Miguel quer?a mudarse porque ?me gusta estar en el campo con mi abuela, bajo el sol. Visit? Buenos Aires, pero no me agrad? nada. Yo no querr?a irme a vivir all? con mis hermanos. Las calles est?n ensombrecidas por los altos edificios. No se ve el sol?.

La mujer relata que ?hay mucha gente en este lado que vive del contrabando. Ahora se han puesto m?s estrictos y ya no nos dejan ni pasar algunos kilos de papas que nuestros parientes en Bolivia nos regalan?, por lo que la ?nica opci?n es ?pasar por el r?o, aunque cada vez es m?s peligroso?.

Desde la casa de los Mart?nez casi se puede divisar el campo de f?tbol de La Quiaca, ubicado junto al r?o donde cinco gendarmes vigilan. Varios ni?os que vienen de la escuela cruzan por aquellas aguas para llegar a casa. ?Dejamos pasar a los ni?os porque es absurdo hacerles dar la vuelta hasta el puente?, relata el capit?n Santos.

?Nosotros cumplimos con nuestra labor de vigilar y obligar a todos a pasar el puente?, explica el argentino, que momentos despu?s reflexiona y replica: ?Yo comprendo que es su forma de vida y la gente tiene necesidades que cubrir. Eso puede provocar roces entre los gendarmes y los bolivianos, pero es nuestro trabajo?.

5 a 2. Justo detr?s de los gendarmes los chicos de Villaz?n y los del barrio de Santa Clara en el lado argentino disputan un partido cuyo resultado parece inclinarse a favor del segundo. Las botas de los jugadores revuelven el polvo del campo de f?tbol limitado s?lo por dos porter?as hechas con palos de madera. Se r?en unos de otros en cada amistoso de los s?bados.

Curiosamente, uno de los jugadores de Santa Clara, Omar Betanzos, visita cada verano La Paz y sus padres son benianos. ?Me encanta Bolivia y ac? bolivianos y argentinos nos llevamos muy bien. La prueba es que nos reunimos cada semana para jugar y que la mayor?a de esta zona tenemos alg?n familiar que es boliviano?.

Adem?s de las 120 personas que el capit?n Santos calcula que cruzan cada d?a la frontera, otros tantos cientos se las arreglan para alcanzar el otro lado. Casi siempre obligados por el contrabando.

por Patricia Cruzado V.

Fuente: La Raz?n

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CONTRABANDO SI DEL LADO BOLIVIANO Y ARGENTINO , SOLO QUE DEL LADO GAUCHO NO VEN LA VERDAD DE LAS COSAS O NO QUIEREN VER.
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