contra el narcotráfico, despenalización de la hoja de coca

Martes, 05 de junio de 2007

Lluvia de coca

En la d?cada de los 80 los narcotraficantes tomaron una decisi?n crucial: cultivar la hoja de la coca aqu? en Colombia. Se instalaron primero en el oriente del pa?s y casi simult?neamente en el sur (Caquet? y Putumayo). Ya no se trataba de solo importar la base de coca de Bolivia y Per? que llegaba por toneladas v?a a?rea a laboratorios casi industriales (Tranquilandia-Villacoca) por su transformaci?n en coca?na. Con la introducci?n del cultivo de la hoja de coca una nueva fase del proceso vino para hacer aun m?s complejo y tr?gico el curso de nuestra violencia.

Desde entonces miles de campesinos se han dedicado a este tipo de siembra ilegal. En condiciones de exclusi?n y marginalidad, no han tenido otra opci?n. No es una justificaci?n, pero quien puede negar que si otro fuera el contexto de esas regiones, tal vez otra seria la historia.

Cuando se les reprimi? en Caquet? y Putumayo, cultivadores, narcos y ?cocinas? migraron a Nari?o, especialmente a su costa Pacifica. Desde Tumaco en el sur, hasta El Charco, en el norte, se tumb? monte y se abandon? el pancoger para sembrar coca. Empezaron los de afuera y les siguieron las gentes de la zona (no todos pero s? una gran mayor?a). Y como de all? derivan las m?s importantes finanzas para la guerra ilegal pues llegaron (crecieron) las Farc. Y como el asunto es tan crucial pues llegaron luego las autodefensas. Ha habido masacres, desplazamiento, asesinatos, amenazas, rupturas sociales, desastre ambiental. Una gran tragedia humana y ambiental como ya es conocido.

Hay razones suficientes, sin embargo, para pensar que este proceso tr?gico que ha vivido la costa Pacifica de Nari?o puede estar en una fase final, de declive. Este puede ser, en s? mismo, un escenario alentador para Nari?o. No lo es para la perspectiva de que Colombia le gane la guerra a las drogas y la violencia porque hay tambi?n razones suficientes para afirmar que la zona rural de Buenaventura se esta configurando, r?pidamente, como el nuevo escenario de esta guerra decisiva.

En Nari?o se han ejecutado tres grandes operaciones de fumigaci?n, y la que ahora tiene lugar se prev? que vaya todo el a?o. La posibilidad de una operaci?n continua con base permanente en Tumaco es parte de la planeaci?n estrat?gica prevista. Y las fumigaciones han tenido un impacto real sobre el ?rea cultivada. Hay por lo dem?s un notable agotamiento en las comunidades frente al cultivo, dadas la violencia y tragedias que han llevado al territorio. En parte tambi?n se llega a un punto de ?quiebre? en raz?n de una actitud operacional ofensiva de la Segunda Brigada de Infanter?a Marina que hoy esta llegando a zonas de tradicional dominio de las Farc, y paramilitares no desmovilizados o rearmados (?nuevas bandas emergentes?), que es donde est?n los cultivos y los laboratorios. Y esto, como lo report? SEMANA y otros medios, tiene repercusiones militares, humanitarias y sobre la din?mica de cultivos, tal y como ocurri? recientemente en el Charco (N).

Pero como ocurri? hace a?os con la migraci?n del sur (Caquet?, Putumayo) hacia la costa de Nari?o, un proceso similar, casi calcado, se empieza a repetir ahora de Nari?o hacia esa amplia zona rural atravesada por vastos r?os que es Buenaventura (bueno es recordar que Buenaventura es mucho m?s que su puerto!). Se trata de un gigantesco corredor ambiental que puede llevar al norte, hasta Panam? o a centros de desarrollo como el Eje Cafetero, Antioquia y por su puesto el Valle del Cauca al que pertenece.

En Buenaventura ha existido cultivo de hoja de coca, en especial en la zona sur que limita con el Cauca conocida como el Naya, pero esto no ha representado una significativa participaci?n en relaci?n con la gran din?mica del narcotr?fico que se mueve desde el sur o el oriente del pa?s. La tuvo si para propiciar la llegada del bloque pacifico de las AUC y la masacre de abril de 2001 que hizo victima a parte de la comunidad ind?gena.

Pero la situaci?n ahora es otra. En la mayor?a de los r?os hay presencia de colonos, narcos y una movilizaci?n creciente de recursos (semillas, dinero, transportes, insumos) animando al cultivo de la hoja de coca. Las comunidades de afrodescendientes y dispositivos institucionales ya han determinado esta realidad adem?s de movimientos de compra de tierras (o arriendos a 100 a?os) y procesos de incorporaci?n de j?venes al proceso de siembra, as? como presiones y expulsiones a quienes hagan resistencia.

Hasta donde se conoce, las Farc hacen parte de esta ecuaci?n perversa. La facilitan ?incluso promueven? y de eso reciben cuantiosos recursos. En medio de todo son notables los esfuerzos de los consejos comunitarios e instituciones de espacios humanitarios por colocar contenci?n y alternativas en este tema. Pero no lo podr?n hacer solos. Si Buenaventura tiene una situaci?n urbana tan violenta y degradada (mejora pero no lo suficiente ni tan r?pido), lo rural, en relaci?n con la nueva realidad de cultivos masivos de coca, sugiere que los peores d?as est?n por venir.

Que pasar? cuando alguien intente (y ocurrir?) quebrar el dominio y el control de las Farc en este tema? El primer hecho violento ya la hubo en diciembre del 2006 cuando las Farc se enfrentaron en la regi?n del Naya contra el ELN y al parecer tambi?n contra un grupo de los llamados ?Rastrojos? del cartel del norte del Valle.

?Qu? pasar? cuando la magnitud de los cultivos solo deje como alternativa la fumigaci?n a?rea? ?Cu?l ser? el impacto ambiental de la enorme deforestaci?n que est? ocurriendo en zonas de reserva forestal e h?drica? ?Cu?l ser? el impacto sobre Buenaventura y Cali y sobre la operaci?n portuaria y de comercio exterior? Y sobre todo: ?cu?l ser? el impacto sobre comunidades que aspiran y tienen el derecho a vivir en paz, ejecutando un desarrollo propio?.

Si los cultivos han llegado a Buenaventura lo hacen porque parte de la pol?tica de su combate ha funcionado en Nari?o. La posici?n ventajosa del puerto y los r?os, v?nculos sociales y familiares, corredores naturales, entre otras razones, explican por qu? el fen?meno llega para instalarse en esta zona.

Pero lo que debe funcionar ahora es un enorme y urgente esfuerzo de contenci?n y prevenci?n: Desarrollo alternativo en grande; erradicaci?n manual; fortalecimiento social y comunitario; planes de prevenci?n y contingencia; pol?tica y acci?n militar y judicial contra estructuras criminales que est?n operando la siembra masiva.

El punto de quiebre del narcotr?fico en Nari?o da la oportunidad de que Buenaventura sea la experiencia de prevenci?n que no ha ocurrido nunca antes en relaci?n con cultivos de uso il?cito. Vamos siempre atr?s apagando incendios. La costa Pacifica del Valle del Cauca pude llegar a ser, en el corto plazo, el m?s intenso de los escenarios de la guerra y violencia en Colombia, pero tambi?n ?y ojal? lo sea? la opci?n de un gran laboratorio de paz y desarrollo humano sostenible. Si ocurre de esta manera tal vez haya un punto de inflexi?n en la lucha contra las drogas sobre la cual existen tantas dudas de que la estemos ganando.

Por Diego Arias

Fuente: Semana.com

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