contra el narcotráfico, despenalización de la hoja de coca

Lunes, 15 de enero de 2007

La ilusi?n de prohibir

ElDiarioExterior.com
Alvaro Vargas Llosa
15 de enero de 2007

Imaginaba que ser?a posible encontrar coca?na en Cartagena, el famoso puerto caribe?o de Colombia. Pero no sab?a lo f?cil que resultar?a ni lo barata que es. Me tom? cinco minutos ir en autom?vil desde la Ciudad Amurallada hasta la Calle de la Media Luna, donde se ofrece "perico" en cada esquina. ?El precio? 20.000 pesos (8 d?lares) el gramo. "Demasiado rosada para mi gusto", dije, simulando displicencia, mientras me alejaba. Ten?a la informaci?n que necesitaba para esta columna: la coca?na es abundante y barata.

En Colombia, tarda cinco minutos confirmar lo que los pol?ticos a lo largo del hemisferio occidental niegan en p?blico: que la guerra contra las drogas es un glorioso fracaso. Toma tambi?n cinco minutos comprobar la devastaci?n causada por mafias que deben su existencia, precisamente, a la guerra contra las drogas. El d?a de llegu?, otra muerte m?s relacionada con el reciente esc?ndalo sobre los v?nculos entre los grupos paramilitares y el estamento pol?tico conmocion? al pa?s. Jairo Andr?s Angarita, uno de los jefes de la poderosa fuerza de 35.000 efectivos desmovilizada a cambio de sentencias reducidas, fue asesinado porque pose?a informaci?n acerca de reuniones que tuvieron lugar en 2001 entre pol?ticos muy conocidos y su grupo paramilitar de derecha, conocido como las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y financiado, como sus contrapartes de izquierda, por la coca?na.

Desde 2002, el gobierno de Alvaro Uribe ha realizado un esfuerzo tit?nico para erradicar el cultivo de coca, dedicando un tercio de la asistencia estadounidense a ese fin. En los tres a?os siguientes, las plantaciones de coca cayeron casi a la mitad. Pero los sembradores trocaron las grandes plantaciones por las peque?as parcelas desparramadas por casi todos los departamentos del pa?s, de modo que al cabo de un tiempo las cifras fueron revertidas. La gran mayor?a de los campos detectados en la actualidad son nuevos.

En un pa?s que ha realizado admirables progresos en otros frentes, la guerra contra las drogas est? impidiendo que el gobierno termine con las organizaciones narcoterroristas. Entre 2002 y 2005, la pol?tica de "seguridad democr?tica" de Uribe logr? alejar a estas organizaciones, especialmente al imperio marxista conocido como las FARC, de varias ciudades. El n?mero de homicidios disminuy? un tercio y el n?mero de atentados terroristas cay? dos tercios. La econom?a repunt? notablemente. Pero luego la campa?a contra el terrorismo se empantan? por razones que no puedes ser atribuidas exclusivamente al demonio de las selvas colombianas. Las mafias que deben su existencia a la penalizaci?n de la coca?na siguen generando los fondos suficientes para igualar todos los esfuerzos que hace el gobierno para potenciar su capacidad militar (las fuerzas militares y policiales se han expandido en un tercio).

La frustraci?n ha reabierto el debate sobre la guerra contra las drogas. Algunos pol?ticos piden, sin ambages, la despenalizaci?n. Otros proponen mecanismos intermedios. La analista Olga Gonz?lez sostiene que en los ?ltimos quince a?os "Colombia ha extraditado a centenares de colombianos y fumigado cientos de miles de hect?reas. Sin embargo, la coca?na sigue siendo un excelente negocio. El contubernio entre mafia y pol?tica ha llegado al poder, como registran hoy las revelaciones de la ?para-pol?tica??". Ellos recuerda que en los a?os 70 exist?a en Colombia un lucrativo comercio de marihuana. Cuando los estadounidenses comenzaron a cultivarla en casa, las mafias colombianas desaparecieron. ?Por qu? los laboratorios estadounidenses ?se pregunta? no desarrollan la coca?na sint?tica para la que existe ya un prototipo? ?O por qu? los estadounidenses no desarrollan una hoja de coca gen?ticamente modificada que requiera menos radiaci?n solar y humedad tropical a fin de que los consumidores puedan cultivarla en sus balcones?

Todas estas soluciones, sin embargo, chocar?an con la prohibici?n del consumo. Y en el caso de la coca?na sint?tica, lo cierto es que ?a pesar de la guerra contra las drogas? la aut?ntica es mucho m?s barata de producir. El debate que urge abordar es el de la despenalizaci?n. El lugar para abrir ese debate no es Colombia sino los Estados Unidos. Ning?n gobierno latinoamericano podr?a despenalizar las drogas de forma unilateral sin provocar la ira fatal de los Estados Unidos, exponiendo a su pa?s a feroces represalias. Un ejemplo reciente es el intento del ex Presidente mexicano Vicente Fox de promulgar un proyecto de ley sancionado por el Congreso que legalizaba peque?as cantidades de ciertas drogas para el consumo personal. Cuando las siete plagas de Egipto cayeron sobre Fox ?por cortes?a de Washington?, el mandatario conservador tuvo que dar marcha atr?s.

De tanto en tanto, se abre en los Estados Unidos el debate sobre la despenalizaci?n de ciertas drogas, pero se esfuma pronto. Es un tema delicado, dadas las horrendas consecuencias asociadas al abuso de su consumo. Aun as?, figuras conocidas como Henry Kissinger y el fenecido Milton Friedman, o publicaciones respetadas como "The Economist", han postulado la despenalizaci?n. Con buenas intenciones, la guerra norteamericana contra las drogas est? trayendo m?s da?os que beneficios a Colombia, uno de los m?s firmes aliados de Washington en el hemisferio occidental. Ello amerita reabrir el debate m?s pronto que tarde.

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(c) 2007, The Washington Post Writers Group

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