contra el narcotráfico, despenalización de la hoja de coca

Domingo, 14 de enero de 2007

BOLIVIA: Coca, pobreza y esperanza

Por Diana Cariboni y Franz Ch?vez

COROICO, Bolivia, dic (IPS) - En el coraz?n de los f?rtiles Yungas bolivianos se puede producir de todo, dicen los campesinos, pero s?lo la coca prospera y no alcanza para espantar la pobreza.
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En estas monta?as de vegetaci?n enmara?ada, pl?tanos, grandes helechos y variedad de flores, la coca crece desde tiempos inmemoriales. Relatos de cronistas del coloniaje espa?ol describen los cocales que los reinos aymaras del Altiplano ten?an en los Yungas.

Y a?n hay "?rboles grandes de coca incaica", seg?n Santiago Guti?rrez, de 38 a?os, secretario de la alcald?a de Coroico.

"La coca y el turismo", responde Guti?rrez a la pregunta sobre las principales actividades econ?micas de este municipio, capital de la provincia de Nor Yungas, en el departamento de La Paz.

Coroico est? ubicada 90 kil?metros al norte de la ciudad de La Paz y tiene 12.750 habitantes. Unas 3.000 familias (o sea toda su poblaci?n) dependen de la coca, agrega Guti?rrez, con larga experiencia como l?der cocalero y del cap?tulo local del gobernante Movimiento al Socialismo.

La ley 1.008, de 1988, autoriz? la plantaci?n de 12.000 hect?reas en esta zona para el consumo nacional (masticaci?n, usos medicinales y rituales). Sin embargo, nadie niega que los plant?os exceden largamente esa cota.

En el subtr?pico andino, a unos 1.700 metros sobre el nivel del mar, "todo se da bien", dice Guti?rrez. Pero, "despu?s de dos tiempos (dos cosechas) de coca, no se puede cultivar nada m?s", advierte.

Las familias la plantan en predios de menos de un "cato" (1.600 metros cuadrados) hasta una hect?rea, y completan el sustento con alg?n otro cultivo o la cr?a de ovejas y cerdos.

"Un cato ya cansado de nosotros da entre cinco y ocho 'taques'" (tambor o paquete) de 50 libras (22,5 kilogramos), nos dice, tras vencer muchas desconfianzas, el cocalero Pac?fico Olivares, de 50 a?os y presidente de las regionales Coroico, Arapata y Coripata de la Asociaci?n Departamental de Productores de Coca (Adepcoca), que comprenden 22 comunidades de cultivadores.

Cada taque se vende en el mercado de La Paz por unos 800 bolivianos (100 d?lares). Los cocales admiten entre tres y cuatro cosechas anuales y requieren mano de obra. "Hay que cultivar, cosechar, sembrar, secar (las hojas) y comercializar", apunta su joven hijo que estudia administraci?n en La Paz.

Detr?s del jornal, de unos 3,75 d?lares, llega gente a los Yungas, sobre todo del Altiplano. Y con ella, la hojita verde se esparce por los cerros.

A RACIONALIZAR

El presidente de Bolivia, Evo Morales, hizo su trayecto pol?tico enarbolando la bandera de los cocaleros del central Chapare, en abierta confrontaci?n con los gobiernos de turno y con las pol?ticas antidrogas de Estados Unidos.

Bolivia es hoy el tercer mayor productor de cultivos il?citos de Am?rica Latina, detr?s de Colombia y de Per?, con una superficie que ronda las 25.000 hect?reas, seg?n estimaciones de la Organizaci?n de las Naciones Unidas (ONU) y de Washington.

Morales, investido en enero, cambi? el principio de erradicaci?n forzosa por el de racionalizaci?n, o reducci?n voluntaria de los cocales.

?sta ha de ser fiscalizada por los influyentes sindicatos de cultivadores de coca. A eso le llaman aqu? control social.

Desde 1994, los campesinos se organizan en comit?s comunitarios que conforman la regional de Adepcoca, con unos 1.000 afiliados, y que se ocupan de fiscalizar el cultivo y la venta.

Morales reclama a Adepcoca que los plant?os familiares se reduzcan de una hect?rea a un cato.

"Yo estoy de acuerdo con el Evo", dice Guti?rrez. Con m?s superficie cae el precio, muchos dicen que llegar? a 600 bolivianos el taque, alega.

Adepcoca replica pidiendo una reforma de la ley 1.008 que extienda la legalidad hasta 18.000 hect?reas de cocales.

"Nor Yungas ya est? racionalizado, los terrenos no tienen m?s parcelas para extenderse", contesta en?rgico Olivares en su casita de ladrillos en la aldea de Cruz Loma, de unos 200 habitantes, a pocos kil?metros de Coroico.

Y se explica: "Mi pap? ten?a una hect?rea. La ha dividido en cinco hijos. Yo tengo cuatro hijos, lo que tengo lo voy a dividir en surcos. Racionalizaci?n en Caranavi, no aqu?", insiste.

Son varias las voces que hablan de miles de hect?reas de coca en la vecina provincia. El monitoreo satelital de la ONU indica una superficie de m?s de 1.000 hect?reas ilegales en Caranavi.

Los gobiernos pasados han dejado el problema, asegura Olivares. "Han sembrado ellos la coca para ser electos. Y ahora Evo? Todos creen que la va a dejar libre, pero no", opina.

EL PARA?SO DE LA COCA

Los cocales prosperan todo el a?o, no requieren casi abonos ni plaguicidas y, "bien cuidados", viven entre 10 y 30 a?os, explicar los campesinos.

Las variedades yungue?as, de "hoja dulce", no crecen m?s de medio metro. Las hojas, de unos cinco cent?metros, menores que las del Chapare, contienen m?s alcaloide y por eso son m?s codiciadas.

Citando la memoria de su abuelo, Guti?rrez habla de un auge colonial. "Los espa?oles trajeron a los (esclavos) africanos, y lo primero que hicieron fue plantar coca".

Los hacendados hispanos emprendieron la producci?n comercial de un cultivo cuyas virtudes nutritivas y estimulantes se hac?an imprescindibles para mejorar el rendimiento de los trabajadores de las minas de Potos?, unos 490 kil?metros al sur.

De aquellos tiempos quedan "cerros pelados donde todav?a se ven las zanjas de la coca", afirma Guti?rrez.

En las primeras d?cadas del siglo XX, los terratenientes segu?an controlando el negocio mediante la prensa, instrumento clave para armar los taques, y exportaban a Espa?a.

"Mi abuelo nace en 1920, y me contaba que los campesinos trabajaban seis d?as por semana, cuatro gratis para el jefe, dos d?as para ellos y gozaban de un d?a libre. Y eso siempre era coca", dice Guti?rrez.

El negocio prosper? hasta la reforma agraria de 1952, cuando se entregaron tierras a los campesinos. ?stos "no sab?an d?nde vender, no ten?an precio. Entonces la coca ha desaparecido, queda s?lo para consumo local, y en su lugar viene el caf?".

La planta volvi? a florecer en los Yungas con las dictaduras de Hugo Banzer, entre 1971 y 1978, y de Luis Garc?a Meza (1980-1981), por la mayor demanda de los mineros y por la llegada en firme del narcotr?fico, que encontr? su terreno m?s propicio en el Chapare.

?OTRO SUSTENTO?

Cuando se pregunta a los Olivares por alternativas, el padre habla de mandarinas, naranjas, limas y toronjas, de los pl?tanos, de la miel que nos ofrece mezclada con agua para beber, del excelente caf?. "Podemos tener carne y aves de corral".

Pero cualquier otro cultivo que no sea coca s?lo admite una cosecha anual y se vende a precios inferiores.

"Con los c?tricos estamos subvencionando al gobierno, porque nunca sube los precios. La situaci?n es muy dif?cil, no tenemos tierras y en este pa?s no hay trabajo" se queja el padre.

Los cultivadores reclaman inversi?n productiva, "que no se est? viendo", admite el oficialista Guti?rrez.

"No hay mercados, no hay caminos y no hay precios. Dejamos la coca, pero con el TLC (Tratado de Libre Comercio firmado entre Bogot? y Washington) Colombia nos va a dejar sin cupos para exportar caf?. Adem?s, la geograf?a no nos permite mecanizar", protesta Olivares.

El rosario vuelve al inicio: "El precio es la gran diferencia. La coca nos cubre todo, alimentaci?n, transporte, salud. No ahorramos nada".

Bolivia tiene 9,2 millones de habitantes, 67,3 por ciento de los cuales viven en la pobreza y 34,5 por ciento son indigentes.

En la casa de los Olivares, no hay cr?ticas al presidente cocalero. "Este gobierno es muy bueno para nosotros. Nos ha tra?do el Juancito Pinto (un bono escolar mensual de unos 25 d?lares por ni?o). Est? muy contenta la gente", sentencia el padre.

Pero "ser?a interesante que el gobierno diera cr?ditos para crear microempresas. Hay que ver que con la coca no se ha mejorado", reconoce su hijo.

Y "bien ser?a mejorar el suelo, porque el barbecho es muy bajo", apunta el padre. "Necesitamos otros proyectos, traer profesionales, pero ahora mismo. No esperar, ya no m?s".

EL PURGATORIO

Para llegar a Los Yungas hay que recorrer un trayecto de 90 kil?metros desde La Paz en autobuses grandes o peque?os, m?s o menos destartalados. De los 3.600 metros de altura de La Paz se trepa hasta la Cumbre, de m?s de 4.000, en un camino nevado y fr?o para descender luego al calor.

En los ?ltimos 50 kil?metros, el camino de trocha angosta tallado en la monta?a parece imposible para el tr?nsito sin caer al vac?o. De hecho, cada tanto cae alg?n veh?culo.

Unas normas particulares de tr?nsito, como circular por la izquierda, y los "sem?foros humanos" --hombre, mujer o ni?o que pasa buena parte de su jornada en una curva estrat?gica bajo un sol intenso-- son ayudas para llegar a destino.

Seg?n el ?nimo del viajero, la sensaci?n de peligro se mitiga o se potencia con la belleza del paisaje.

Desde el camino se ve la nueva carretera Cotapata-Santa B?rbara, que conduce al oriente hasta la frontera con Brasil, mucho m?s segura y amplia. Pero lleva 10 a?os en construcci?n y a?n le faltan "uno o dos kil?metros" para ser habilitada, nos comenta un conductor.

EXTRANJEROS ABUNDAN

Cuando hay agua suficiente, los r?pidos del r?o Yolosa sirven para que los turistas practiquen rafting. Otro deporte favorito de los visitantes es recorrer la "ruta de la muerte" en bicicleta. Los hoteles en Coroico y sus alrededores y el continuo deambular de extranjeros indican que el turismo tiene potencial, aunque est? apenas aprovechado.

Otra presencia extranjera es la de la Agencia Estadounidense de Desarrollo Internacional (Usaid). La estaci?n de ?mnibus y la casa y albergue de la Central Agraria Campesina fueron construidas con fondos de Usaid, y as? lo indican brillantes carteles.

La pobreza no brilla, pero rompe los ojos en los Yungas. Los problemas sanitarios m?s acuciantes son la diarrea infantil, la leishmaniasis y la tuberculosis, explica el educador Mario Arana Choque, de la Pastoral Social de la Iglesia Cat?lica, C?ritas.

La organizaci?n realiza aportes en educaci?n y salud, trabajando con las comunidades a trav?s de la Central Agraria. Tambi?n toma parte en esfuerzos de formaci?n de l?deres y en asistencia para elaborar salidas econ?micas.

Pero en materia de trabajo con la comunidad, nada luce m?s imponente que las cifras de vacunas, tratamientos y antibi?ticos que reparten los m?dicos y efectivos de la Unidad M?vil de Patrullaje Rural (Umopar): miles y miles de dosis, dice el m?dico Carlos Feraudy, parte de la fuerza de elite de lucha antidrogas.

Todo es necesario para llegar a la gente de los Yungas con la nueva imagen de esta fuerza policial entrenada en Estados Unidos, que se ha convertido en inc?modo exponente en el terreno de la pol?tica de un presidente cocalero. ?Y el narcotr?fico? Esa es otra historia. (FIN/2006)

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