contra el narcotráfico, despenalización de la hoja de coca

Viernes, 10 de marzo de 2006

Factores sociales en la revalorizaci?n de la coca

por Enrique Mayer.

Hace m?s de dos d?cadas que participo en la campa?a de defensa del consumo tradicional de la coca. En los a?os 70 y 80 me pareci? importante resaltar dos puntos: primero, que el consumo de coca en su forma tradicional no constituye toxicoman?a. El Dr. Fernando Cabieses1 ha publicado varios trabajos en los que se afirma que no se puede demostrar que el uso prolongado de la coca en su forma tradicional tenga efectos negativos sobre el organismo. Segundo, que en cuanto nexo integrador social en la cultura andina, la coca tiene un papel tan importante que es dif?cil imaginarse a esa cultura sin su coca. Hoy d?a estos puntos han sido mayormente aceptados. Por lo tanto, solo los rese?ar? brevemente. Quisiera, m?s bien, tratar temas que adquieren mayor vigencia en el contexto actual. Me preocupa la forma en la que habremos de tomar posici?n frente a los efectos nocivos que el narcotr?fico internacional est? causando en nuestro medio social, y me pregunto si es necesario repensar nuestra posici?n. No lo creo, pero me parece que hay que cambiar de ?nfasis.

En 1978 tuve la oportunidad de editar un n?mero especial de la revista Am?rica Ind?gena2, dedicado ?ntegramente a la defensa de la coca. En esta edici?n se defend?a el uso tradicional de la coca desde varios ?ngulos: biol?gico, pol?tico-cultural, socio-hist?rico y religioso. Baldomero C?ceres3 demostr? que los supuestos argumentos usados en contra del uso de la coca, carec?an de fundamento cient?fico. Un art?culo de Roderick E. Burchard cita los trabajos de Carlos Monge4, quien afirmaba, inclusive, que la coca es un elemento necesario para los procesos fisiol?gicos de los hombres que viven en la altura. Burchard trat? de corroborar este argumento demostrando el papel que uno de los elementos qu?micos en la hoja de la coca (ecgonina) tiene en el proceso de la digesti?n. Se resalt? tambi?n la importancia que la coca tiene en la medicina popular5. Reun? asimismo, varios trabajos culturales6 en los que la defensa de la coca se basa en su papel como nexo de integraci?n social, ya que la coca es un s?mbolo que marca la pertenencia a un grupo social7, y su uso expresa la voluntad que este grupo ejerce para unificarse en su interior y para mantener su identidad8. Los intentos de suprimir su uso constituye interferencia paternalista del mundo exterior, que tiene como imagen el ind?gena infantil incapaz de tomar decisiones por s? mismo. Finalmente, se protest? porque la eliminaci?n del coqueo constituye un intento de destrucci?n de los patrones culturales y religiosos y de los valores andinos9. Los indios del Per? se han defendido y resistido a esa destrucci?n cultural con vigor y tenacidad, y lo seguir?n haciendo.

En 1989, el Instituto Indigenista Interamericano public? los resultados de una investigaci?n en Per?, Bolivia y el Norte de Argentina en el que se ampliaron y reiteran estos mismos puntos10. El Instituto, con el aval del Fondo de las Naciones Unidas para la fiscalizaci?n del Uso Indebido de Drogas (UNFDAC), recomienda que:

La diferenciaci?n entre la toxicoman?a asociada a la coca?na y a la masticaci?n tradicional de la hoja de coca debe estar en la base de toda legislaci?n que se sustente en el reconocimiento a los derechos sociales, culturales y econ?micos de los pobladores de la regi?n andina.
El cultivo y uso de la hoja de coca en la cultura tradicional andina debe estar efectivamente reconocido en las legislaciones de estupefacientes de los pa?ses andinos, precisandose las condiciones de su cultivo y uso l?cito por aquel sector de la poblaci?n que participa de esa tradici?n cultural. (Instituto Indigenista Interamericano, 1986 : 28-29).
Se puede decir que en el contexto internacional de esos a?os logramos una peque?a victoria. Se lleg? a aceptar que el uso tradicional de la coca en los pa?ses andinos era distinto a las actividades de producci?n de coca para elaboraci?n de pasta b?sica para el narcotr?fico internacional. En 1988 la Convenci?n contra el Tr?fico Il?cito de Estupefacientes y Sustancias Sicotr?picas adoptada por las Naciones Unidas propuso que, entre las dr?sticas medidas de erradicaci?n, sin embargo, se deber?n respetar los derechos humanos fundamentales y tendr?n debidamente en cuenta los usos tradicionales l?citos donde al respecto exista la evidencia hist?rica, as? como la protecci?n del medio ambiente11. Las fuerzas represivas antidroga no se han volcado sobre los consumidores tradicionales de la coca, y la incapacidad de controlar la expansi?n de cocales no merm? la cantidad disponible para el consumo tradicional12 a pesar de la creciente demanda de la hoja como insumo para la pasta b?sica.

Pero, en cierto sentido nuestra victoria no fue tan importante. Se debi? a que los organismos antidroga internacionales r?pidamente se dieron cuenta que con eliminar el uso tradicional de coca no afectar?an en nada el flujo de narc?ticos hacia el mundo moderno. La lucha no era contra los usuarios tradicionales. Adem?s no conven?a enardecer a varios millones de usuarios tradicionales, y como el argumento pro-uso tradicional de la coca tiene elegantes matices anti-imperialistas, que pueden ser explotados pol?ticamente, no val?a la pena comprarse el pleito. Dejar tranquilos a los usuarios tradicionales de coca y los que la comercializan ha tenido resultados. As?, por ejemplo, son s?lo pocos los comit?s de productores de coca en los pa?ses andinos que han enarbolado la bandera de la defensa del relativismo cultural para proteger su participaci?n il?cita en un boom econ?mico inusitado13. Hay que reconocer tambi?n que los grandes empresarios de la coca?na nunca han defendido su profesi?n con argumentos culturales en defensa de las bondades de la coca. En general, y hasta hoy, el mundo de la coca y el mundo de la coca?na han ido por caminos paralelos sin afectarse mutuamente14.

El nuevo contexto
Hoy estamos en un contexto diferente. Primero, porque tenemos que reconocer que el impacto negativo del narcotr?fico, que se ha expandido enormemente en nuestros pa?ses, penetra toda la sociedad. Urge para los pa?ses andinos una nueva pol?tica anti-coca?na que sea eficaz. El narcotr?fico corroe el tejido social. El costo social en t?rminos de instituciones corrompidas y de violencia es enorme y largamente sobrepasa los costos que se incurren en rehabilitar o mantener a los adictos incapacitados. Los consumidores de coca hasta hace poco pod?an todav?a decir que ese problema no les importaba ni afectaba. En el Per? de hoy s?. Hay muchos comuneros que tienen experiencia de trabajo con los pichicateros15, hay los que han vivido el boom de la coca?na, los que murieron asesinados por la codicia en b?squeda del oro blanco, y tambi?n quienes se quedaron varados en Chicago (no en Chicago de Estados Unidos, sino en Chicago de Tingo Mar?a), barrio donde se consume la droga local. El narcotr?fico y el terrorismo son factores ligados que han afectado profundamente a los campesinos de las zonas rurales del Per?. Todav?a no se conoce hasta qu? punto el narcotr?fico ha armado a los terroristas, pero, de hecho, el narcotr?fico ha introducido en el campo niveles de violencia nunca antes conocidos. Por otro lado, el influjo de d?lares en la econom?a nacional v?a la exportaci?n de pasta ha afectado adversamente a la econom?a nacional y contribuido a la crisis econ?mica en la que los campesinos consumidores de coca conforman uno de los principales sectores afectados16. Pretender que el Per? de hoy no tiene serios problemas causados por el narcotr?fico es asumir la actitud de avestruz. Se debe lograr una inteligente y sana pol?tica anti-coca?na que a su vez pueda claramente hacer los distingos entre el uso tradicional de la coca y el uso socialmente negativo de la coca?na cuyo consumo tambi?n est? arraig?ndose en nuestro medio urbano. Es necesario que los productores de coca que exigen que se les declare exceptuados por los programas de erradicaci?n de coca, sean consecuentes con su compromiso y apoyen eficazmente el combate contra el narcotr?fico.

Segundo, el contexto de hoy es diferente porque los Estados Unidos tambi?n comienzan a darse cuenta que su pol?tica ?de guerra antidroga? de la era Reagan-Bush ha fracasado. ?ste es el momento apropiado en el que se puede influir en la formulaci?n de nuevas pol?ticas anti-narcotr?fico que sean m?s eficaces y coherentes. Es el momento en que hay que ir m?s all? del argumento que la coca no tiene nada que ver con el narcotr?fico, para salir con propuestas viables que emanen de los pa?ses andinos, comprometiendo a todos los sectores sociales para resolver el problema. Se acab? la era en la que la pol?tica anti-narc?ticos era tomada con poca seriedad. En el caso peruano, esta coyuntura es importante, pues, bajo la cobertura de lucha anti-narcotr?fico, han entrado muchas armas al pa?s que quiz?s no s?lo se utilicen en ese contexto.

Tercero, porque la crisis pol?tica y econ?mica de Per? y Bolivia en las d?cadas de los ochenta y noventa ha causado que varios cientos de miles de familias de agricultores que viven de la producci?n de coca para la coca?na tengan pocas alternativas econ?micas. Ellos se han constituido en un elemento pol?tico importante en nuestros pa?ses en el que tambi?n se ha inmiscuido el terrorismo pol?tico17.

Cuarto, porque en el mundo de hoy se barajan nuevas ideas para absorber socialmente las v?ctimas del consumo de sustancias qu?micas que afectan la mente y el comportamiento. Se habla de la necesidad de descriminalizar el uso de drogas para mitigar as? la violencia que es uno de sus altos costos sociales. Se plantea que la persecuci?n policial no es el ?nico modelo para ?combatir? al mundo de la droga, ni siquiera es lo que mejor puede resolver los problemas sociales que se vinculan al consumo de sustancias t?xicas. En el los pa?ses andinos tenemos fuerzas policiales y militares no inmunes a la corrupci?n, con lo que el narcotr?fico corroe todos los aspectos de nuestra sociedad.

Y quinto, en 1994 se celebr? el A?o Internacional de las Poblaciones Ind?genas. Reflexionemos tambi?n que ?sta fue la d?cada de los movimientos ?tnicos politizados que se han lanzado a la guerra en Europa oriental. En el a?o en que se hacen llamados al respeto de las culturas ind?genas, son los movimientos indios de los pa?ses andinos, que reclaman vehementemente el derecho a consumir coca y con ello recusan las pasadas pol?ticas de reducci?n del cultivo. La defensa de la coca es uno de los mejores caballitos de batalla de los movimientos indios en los Andes.

Los productores de coca han formado gremios que tienen potencial pol?tico, y como toda industria en crisis, solicitan apoyo institucional del estado. La respuesta ha sido declarar que el productor de coca no es un narcotraficante ni un criminal (pero s? lo son los que acopian, procesan, transportan y distribuyen pasta b?sica y clorhidrato de coca?na). Frente a una sobreproducci?n de coca (si se eliminase todo el tr?fico ilegal de ambos pa?ses) y frente a un fuerte contingente de productores organizados que defienden su derecho a seguir produci?ndola, y ante un cuadro relativamente est?tico de consumo tradicional de coca (quiz?s hasta en descenso) ?podemos revalorizar la coca en tal forma que se expandan sus usos y formas de consumo leg?timo? ?Se podr?a exportar coca al mercado internacional? ?stas son las circunstancias que motivan una re-elaboraci?n de conceptos que defiendan la producci?n y consumo leg?timo de coca en el mundo, y es por eso que se plantea la necesidad de revalorar la hoja de coca.

La revalorizaci?n
La revalorizaci?n de la coca tendr?a que tener los siguientes lineamientos.

1) Defender los usos tradicionales:

Insistir que el uso tradicional de la coca es una forma saludable de consumir coca y que no es da?ina. Implica continuar con los estudios y debates cient?ficos que as? lo demuestren de una vez por todas. Como bien lo demuestra C?ceres, hubo intencionalidad de equiparar el uso de la coca con la ?toxicoman?a? del uso de coca?na en los estudios de la ?poca de los a?os 40 y 5018 que hay que rebatir con estudios que descalifican dichas aseveraciones. Quedan adem?s muchas interrogantes sobre los procesos bioqu?micos de la ingesti?n de la coca por medio del chaccheo (masticaci?n) y la absorci?n de sustancias v?a las mucosas de la boca y el aparato digestivo. Muchas hip?tesis que se han planteado todav?a no han sido sujetas a un proceso riguroso de estudio. Es importante tambi?n difundir por todos los medios necesarios y los canales adecuados los resultados de dichas investigaciones y las implicancias que estos puedan tener. Es importante que en este proceso de difusi?n se incluya a los quechua y aymar? hablantes, quienes son los m?s directamente interesados en conocer los resultados. Hay que cambiar el contenido de lo que se ense?a sobre la coca en las escuelas rurales. Los prejuicios remanentes de la ?poca de la leyenda negra de la coca, en la que era igual al uso de coca?na, condenaron a los ind?genas de los Andes a ser considerados drogadictos. No faltaron los prejuicios racistas que pretend?an explicar la causa de la ?degeneraci?n?19 de la raza ind?gena en el h?bito del coqueo, que se difundieron a partir de la ?poca en que la coca?na adquiere caracter?sticas negativas en Europa20. Estos prejuicios abundan a?n hoy y su difusi?n es continua. C?ceres insiste que el ?discurso psiqui?trico sobre las ?toxicoman?as? dentro de las cuales se cuenta al ?cocainismo? debe ser abandonado?21.

2) Expandir los grupos que consumen coca:

Impulsar a que nuevos grupos adopten este h?bito. En la pr?ctica, implica expandir los contextos sociales en los que leg?tima y l?citamente se consuma coca con orgullo. Implica una expansi?n del mundo donde la cultura andina es conscientemente practicada y pide que ella emerja de la semiclandestinidad en los lugares donde hoy se encuentra refugiada en escondites urbanos e internacionales. Por ejemplo, ?qu? es lo que est? pasando con la nueva generaci?n de j?venes hijos de migrantes andinos quienes han crecido en contextos urbanos, respecto a la coca? ?La usar?an y har?an propaganda los cultores de la nueva m?sica ?chicha?, o es que ellos ya han adoptado otras formas de consumir los productos de la coca?

Hace veinte a?os, en los pueblos y ciudades de la sierra, el consumo o no consumo de la coca era un claro distintivo que serv?a para marcar fronteras ?tnicas y de clases sociales. Las relaciones de clase y etnia en la sierra se han modificado profundamente y con ello tambi?n los que chacchan y los que no usan coca en diversas situaciones22. Ser? necesario un moderno estudio de ?marketing? para averiguar el potencial de un nuevo mercado rural y urbano consumidor de coca. Tambi?n entra aqu? el juego entre lo p?blico y lo privado. ?En cu?ntos velorios de clase media se chaccha coca? En Salta, Argentina, la coca es una sobremesa en restaurantes y casas de clase media. ?Hasta cu?ndo lo fue en el Cusco? ?Es factible re-introducir el consumo de coca en contextos sociales de clase media mestiza en la sierra andina?

3) Des-andinizar la coca:

Es decir, encontrar formas leg?timas y placenteras de consumir coca por otras culturas y clases sociales que antes no la consum?an. Encontrar formas de consumo urbano y de clase media que valore el uso de la coca en t?rminos propios de esa cultura. Es decir, igual que con el consumo del alcohol, tabaco o caf?, evolucionar?an formas culturalmente espec?ficas del consumo de coca que tendr?n resonancia en la cultura en la que ?sta se desarrollase. Igual como hay diferentes formas de consumir coca entre los grupos ind?genas de Am?rica, idealmente en el mundo deber?n formarse tambi?n estilos y elaboraciones culturalmente espa?olas, italianas o holandesas del consumo de coca, si el consumo se difundiese hacia esos pa?ses.

4) Acreditar y legitimar lo positivo que es la coca en la cultura oficial de los pa?ses Andinos:

Los organismos oficiales y representativos deber?n asumir oficialmente formas de comunicar al p?blico en general que ellos aprueban y apoyan el consumo leg?timo de coca. Aparte de propaganda y actos p?blicos en los que se consuma coca, las municipalidades, por ejemplo, pueden crear lugares oficialmente reconocidos donde se expenden productos de la coca. A los turistas internacionales, adem?s de ofrecerles un mate de coca, tambi?n se les puede ense?ar a consumir la coca en formas m?s tradicionales, tal como el chaccheo. Las campa?as anti-droga dirigidas a la juventud podr?an tener el mensaje ?A la coca dile s?, a la coca?na no? o ?Consume coca ? y deja la cola?.

5) Acoplarse al mercado mundial naturista:

Resaltar las ventajas de los elementos bioqu?micos singulares o en combinaci?n que la coca ofrece para consumidores de otras culturas. Con la coca se puede explotar la man?a mundial por los remedios naturales, ya que es uno de los pocos productos no da?inos que afectan el ?nimo y el nivel energ?tico de las personas. Hasta hoy todav?a no se promocionan las virtudes de coca como anest?sico local ni como calmante contra dolores internos. La capacidad de reducir la sensaci?n de hambre para los que hacen dieta tampoco ha sido explotada.

En cierta forma esto implica volver a andar por un camino ya recorrido. En el siglo pasado el franc?s Angelo Mariani fue un genio de la comercializaci?n. Mariani populariz? varios tipos de t?nicos que se vend?an directamente al p?blico en empaques exclusivos, con recomendaciones impresas en la etiqueta de eminentes m?dicos y personajes importantes (entre ellos el Papa Le?n XIII, el Zar de Rusia, y Julio Verne). Hab?a Vin Mariani (vino con coca macerada), Elixir Mariani (con concentraci?n de alcohol y coca?na m?s potentes), Pastilles Mariani (para la tos con extracto de coca) y Th? Mariani (extractos de la hoja para hacer infusiones). De igual modo el boticario John Styth Pemberton en Atlanta, Georgia (EE.UU.), patent? un remedio similar al vino de coca de Mariani en 1885. El a?o siguiente Pemberton le quit? el alcohol y agreg? nueces de kola que contienen cafe?na, y en 1888 sustituy? el agua corriente con agua y di?xido de carbono por ser ?m?s medicinal? y le cambi? de nombre. Esta patente fue vendida al Sr. Asa Griggs en 1891, quien hizo de la Coca-Cola s?mbolo mundial de lo esencial de ser gringo. Si ellos tuvieron ?xito en el ?marketing? de productos de la coca23, no hay raz?n por la cual esto no puede volver a hacerse, si cambiasen las actitudes contra la coca y las reglamentaciones vigentes. Hay un leg?timo mercado potencial a nivel mundial cuyas dimensiones a?n no son exactamente conocidas.

6) Lograr que se eliminen las restricciones internacionales:

Allanar el camino de los organismos nacionales e internacionales para que ellos eliminen las restricciones que impiden la comercializaci?n de la coca y la b?squeda de nuevos productos en los que se pueda consumir beneficiosamente y pac?ficamente. A pesar de que a nivel pr?ctico la DEA (de los Estados Unidos) y los que formulan pol?ticas anti-drogas reconocen que el uso tradicional de la coca es relativamente inocuo, Bolivia encontr? recientemente que su solicitud de eliminar la coca de la lista de los narc?ticos le fue negada. Hasta hoy, la pol?tica boliviana de conquistar un nicho leg?timo para la exportaci?n e industrializaci?n de la hoja de coca no ha prosperado mucho ni ha contado con el apoyo de organismos internacionales y otros pa?ses. En el Per? ni siquiera se intenta esto.

7) Ense?ar al mundo a chacchar coca:

M?s audaz a?n, proponer al mundo occidental que el mundo andino tiene algo que ense?arle a los que abusan de la coca?na. Con el consumo contemplativo y pausado de la hoja de coca, se puede, s?, lograr una manera perfectamente no violenta, placentera e inofensiva de gozar de un pasatiempo social de consumo de estimulantes que no cause da?o a nadie. Difundamos el modelo andino de consumir la coca como alternativa al uso da?ino de coca?na y sus derivados. Pregonemos al mundo que hay formas sociales y tranquilas de consumir ?drogas? sin que estas causen da?o a nadie.

Es necesario salir a la ofensiva, y proponer el consumo oral de hojas de coca como una manera social y tranquila de consumir estimulantes inocuos y en forma natural en todo el mundo. Propongo que no s?lo sea el orgullo andino el haber descubierto y domesticado la planta de la coca, sino que tambi?n seamos nosotros los que responsablemente mostremos al mundo c?mo se debe consumir su hoja. ?Ense?emos al mundo a chacchar coca!

El respeto al uso de la coca
En la defensa de la coca de los a?os 70 y 80 hemos insistido que atentar contra el consumo tradicional de la coca implicaba atacar a la cultura andina en su esencia e integridad. Defend?amos el derecho de la cultura andina a existir como principio fundamental, y no nos deten?amos tanto en lo bueno o lo malo del mismo acto de chacchar coca. Al demostrar que la coca es la planta sagrada de los indios, defenderla implicaba apelar al derecho de libertad de culto. Aunque leg?timos, hoy estos argumentos me parecen un poco exagerados ya que conducen a posturas un tanto rid?culas. La forma como es sagrada una cosa en una cultura no es la misma en otras, y hacer aparecer a la coca como una cosa similar a objetos muy reverenciados de otras religiones es risible. Sin dejar de ser sagrada, la expresi?n de la sacralidad de la coca es, sin embargo, diferente a la forma como esto se representa en el mundo cat?lico o se teatraliza en un evento p?blico. La coca prefiere formas de expresi?n menos dram?ticas.

La coca aparece como compa?era fiel del hombre y de la mujer del Ande. A la coca se le habla y se le conf?an los secretos y anhelos m?s ?ntimos. Y la coca responde e indica. Ella se comunica con los humanos. La coca puede responder a los anhelos e inquietudes con su sabor. Si es dulce responde afirmativamente a las cuestiones de su interlocutor, si es amarga negativamente o tambi?n puede saber ambigua. La coca usada as? ayuda a la reflexi?n, a la ponderaci?n de los dilemas de la vida y a encontrarles salida. Es lo opuesto al escapismo y el hedonismo que el consumidor occidental busca con la coca?na o el crack. La coca no solamente no embrutece, sino que al contrario, genera sabidur?a y ayuda a encontrar soluciones ante problemas en los que hay factores desconocidos que necesitan ser esclarecidos. La coca ayuda a resolverlos. Tiene sus misterios, los que se aprenden con la experiencia y con paciencia24. Convence aun al m?s desconfiado. Los que coquean no necesitan de ayuda psiqui?trica.

He aqu? la versi?n de un muchacho esc?ptico migrante de la comunidad de T?ngor (en la que hice mi primer trabajo de campo en 1969). Viv?a en Lima y se dedicaba a la distribuci?n y venta de ropa que sus parientes fabricaban informalmente en el barrio de El Agustino. Hab?a adquirido sus documentos personales en forma ilegal. Regres? a la comunidad para participar en la fiesta de carnaval. Al enterarse de que yo estaba recopilando cuentos sobre la magia de la coca, ?l me dijo con toda seriedad, que la coca tiene capacidad de ?avisar?. Hab?a perdido sus documentos y andaba preocupado. Su abuela le mir? y dijo que algo andaba mal con ?l y que iba a consultar la coca. Luego de consultarla dio su veredicto. Dijo que el muchacho estaba enamorado. Y con eso, el joven encontr? sus documentos, pues los hab?a dejado debajo del colch?n en casa de su enamorada.

La coca, pues, avisa, y se vale de formas misteriosas. Su magia no s?lo se expresa en actos importantes como el despacho, o la lectura de la coca en una mesa de curaci?n o en el intercambio simb?lico entre ganaderos25. Ella tiene formas sutiles de penetrar al pensamiento y los sentimientos de cada usuario, por lo que es la fiel compa?era en el camino y de la vida. Es, como lo dice Catherine Allen, un arraigo y un modo se ser, y por eso una expresi?n de la identidad de uno. Es una sacralidad ?ntima, familiar, cotidiana y subjetiva. La coca es la expresi?n de una religi?n minimalista. No es la majestuosidad ni el misterio inexplicable que exige acto de fe, ni es el trueno, ni el rayo, ni tampoco el ?ltimo misterio del universo. La coca es mucho m?s humilde y tranquila, y all? es donde reside su virtud. No hay grandes visiones, ni bruscos cambios en la sensaci?n del placer. No se vuela con la coca, pero tampoco se llega a los profundos estados de desesperaci?n y depresi?n que provoca el uso de la coca?na.

Es esto lo que constituye para m? el paradigma digno de aculturaci?n para otros. Me parece que en esta forma de utilizar un estimulante inofensivo, los usuarios del mundo andino han encontrado una forma de ser y actuar en la vida que es digno de difundir al resto de la humanidad. Si algo puede ense?ar la coca a la humanidad, es que el chaccheo colectivo, pausado, tranquilo, contemplativo, reflexivo y pensante durante ciertos momentos en la vida cotidiana provee a las personas algunos momentos de reflexi?n, sabidur?a, y calma. Es la calma la que da las pautas para actuar. Y este modelo se deriva no s?lo de los procesos bioqu?micos de los contenidos activos de la hoja de coca que al interactuar con la cal y la saliva producen reacciones biol?gicas en el cuerpo y ?nimo del usuario, sino tambi?n del hecho que en el ritmo cotidiano de actividades se deja tiempo para sentarse, conversar y pensar sobre cosas grandes y chiquitas de la vida con los compa?eros. La coca es un gran socializador. Su an?logo en el mundo oriental es el yoga, tradici?n cultural que tambi?n ha logrado una difusi?n mundial.

Propongo por tanto revalorizar la coca en su integridad en el contexto de la cultura que la cre? y la usa. Esto implica aceptar la validez de la cultura andina, e implica aceptar y reconocer que en las pr?cticas del m?s humilde de sus representantes, (el runa coquero), en las que tuvo que refugiarse esta cultura en quinientos a?os de persecuci?n, se encuentran los g?rmenes de modelos viables e importantes para ser adoptados y utilizados por el resto de la humanidad.

Apropiaci?n indebida
La pregunta sobre la autenticidad de la revalorizaci?n de la coca es importante, pues en cierto sentido, se est?n creando situaciones culturales artificiales (como, por ejemplo la introducci?n del uso de la coca a grupos que antes no lo usaban). Si una innovaci?n pega, aunque parezca inusitado y poco aut?ntico en un primer momento, ser? la ?onda? en otro, y poco despu?s se convertir? en la genuina tradici?n que antes no exist?a. Esto es parte de la creatividad cultural humana. Los trabajos de los historiadores Eric Hobsbawm y Terence Ranger26 han demostrado c?mo, lo que la gente cree ser las m?s f?rreas tradiciones, fueron arbitrariamente inventadas en alg?n momento. Los autores describen graciosas ceremonias inventadas por los colonos ingleses de la India que, de un a?o al otro, se convirtieron en ?tradiciones inventadas?. Un ejemplo contundente es el Inti Raymi del Cusco actual. Ese festival es una creaci?n de intelectuales Cusque?os de los a?os 194027 que, poco a poco, ha ido adquiriendo mayor ?tradici?n? y ?autenticidad?. Aun as? la coca no figuraba en las representaciones del incanato hasta el a?o de 1993 en el que se introdujo la coca en el escenario y la dramatizaci?n.

Lo mismo sucede con el coqueo y las costumbres asociadas. Ahora que se busca extender el ?mbito de los que las puedan practicar, se entra en el terreno de extender, modificar y cambiar los alcances de una tradici?n en nombre de salvaguardar esa misma tradici?n. Por supuesto, tambi?n se corre el peligro de crear algo espurio. De inmediato surgir?n acusaciones y contra-acusaciones de que lo propuesto es una genuina o una falsa representaci?n de dicha tradici?n28. Quedar? la revalorizaci?n que se imponga como la m?s apropiada y la que parezca a sus cultores ser la m?s genuina en el contexto dado.

La valoraci?n de un proceso cultural es reconocer lo que tiene valor en su contexto debido, en su forma y en la integridad de las intenciones. Valorar la tradici?n andina del curanderismo es, por ejemplo, reconocer que la tradici?n existe y tiene sus propios m?ritos y valores. Extender dicha tradici?n hacia clientes de otras culturas puede tambi?n ser valioso29. Pero puede llegar el momento en el que se toman algunos aspectos externos y desligados a la tradici?n entera, para ser usados con otras intenciones. Pongamos como ejemplo la lectura de la coca, que forma parte de las ceremonias de curaci?n30. Si para promover el turismo, alguien se pondr?a a leer la coca a la hora de los cocteles en el lobby de un hotel elegante para entretener a turistas, podr?a tratarse de una apropiaci?n indebida de esa tradici?n.

Defino la apropiaci?n como la extracci?n de alg?n aspecto de una cultura para utilizarlo en contextos ajenos y para fines enteramente diferentes para los que fue creado. El proceso de apropiaci?n cultural es uno de los factores en las tensas relaciones de dominaci?n, dependencia, roce e imperialismo que existen entre las culturas. En la apropiaci?n cultural hay una especie de robo o plagio de la esencia de una cultura por agentes de otra. Una de las culturas termina enriquecida, mientras que la otra aparece usada o abusada.

Es por la apropiaci?n de un alcaloide de la coca ajeno a la integridad de la planta y su uso en la cultura andina, que hay una apropiaci?n indebida de la coca por el mundo occidental. Desinteresados en conocer o aplicar c?mo los seres humanos usan la hoja de coca, e indiferentes a las funestas consecuencias del tr?fico de esta sustancia, los narcotraficantes son verdaderos agentes de una apropiaci?n cultural indebida. Su motivaci?n es tan s?lo por su adicci?n al lucro (la mayor?a de los famosos narcos colombianos no usan la coca?na que ellos tan acuciosamente venden). Los peruanos, bolivianos y miembros del mundo andino que se prestan para estos procesos de apropiaci?n son culpables de lo que s?lo se puede describir como una prostituci?n, pues permiten que recursos propios de su pa?s y su cultura ?ntima y privada sean utilizados indebidamente. Vale la analog?a.

En el contexto del segundo Forum internacional por la revalorizaci?n de la hoja de coca llevado a cabo en la ciudad del Cusco en Julio de 1993, cabr?a preguntarse seriamente si los procesos de revalorizaci?n de la coca que propugnamos no tienen cierto vicio de hipocres?a. Creo que habr?a hipocres?a si los que est?n presentes para valorar la coca no se manifiestan al mismo tiempo con un profundo compromiso de lucha contra el narcotr?fico que es el que prostituye los usos genuinos y leg?timos de esa coca que buscamos revalorizar. Si no lo hacemos, seremos tildados de crear cortinas de humo y defensas culturales para proteger un narcotr?fico vergonzoso. Debemos recusar las formas en las que nuestros argumentos presten alg?n apoyo al narcotr?fico. Tenemos que estar claramente conscientes en qu? forma nuestros intentos de revalorizaci?n de la hoja de coca en su integridad constituyen una contribuci?n constructiva a la lucha contra el narcotr?fico.

A la hora de revalorizar, tenemos que decidir claramente, qu? es lo que nosotros queremos verdaderamente exportar. ?Es nuestra cultura (y, dentro de ella, una forma leg?tima de gozar de un producto natural)? ?O estamos interesados en exportar meramente una sustancia qu?mica? Si la respuesta va por la segunda, entonces nuevamente habr?amos permitido que agentes exteriores se apropien de algo valioso de nuestra cultura y los que t?cita o abiertamente habr?amos participado en ese proceso hemos deshonrado a la cultura andina que cre? un uso leg?timo de la coca.

* Versi?n actualizada del art?culo publicado en 1993 en Debate Agrario No. 17, Centro Peruano de Investigaciones Sociales CEPES, Lima, pp. 131-143.

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Notas

Fernando Cabieses ?Aspectos etnol?gicos de la coca y de la coca?na? en R. Jer? (compilador) Coca?na 1980, Lima, Pacific Press.

Am?rica Ind?gena (vol. XXXVIII, N?m. 4, 1978), re-editado con un nuevo art?culo de Ruggiero Romano como un libro sin autor con el t?tulo de La coca andina: Visi?n de una planta satanizada, Juan Bold? y Clement y el Instituto Indigenista Interamericano, M?xico 1986.

Baldomero C?ceres; ?La coca, el mundo andino y los extirpadores de idolatr?as del siglo xx? en La coca andina... op cit ), y con mayores fundamentos en ?Historia, prejuicios y versi?n psiqui?trica del coqueo andino? en Per? Ind?gena Vol 12 No 28, pp. 31-72, 1990.

Carlos Monge ?El problema de la coca en el Per??, Anales de la Facultad de Medicina, XXIX, Lima 4to trimestre 1946)

Jos?e Hulshof ?La coca en la medicina tradicional andina? en La coca andina... op cit .pp. 107-119;

Joseph Gagliano, ?La medicina popular y la coca en el Per?: un an?lisis hist?rico de actitudes? en La coca andina... op cit pp. 39-61.

Enrique Mayer, ?El uso social de la coca en el mundo andino: Contribuci?n a un debate y toma de posici?n?;

Catherine A. Wagner ?Coca y estructura social en los Andes peruanos?;

Javier Zorilla Eguren ?El hombre andino y su relaci?n m?gico-religiosa con la coca? en La coca andina... op cit , pgs 121-146, 165-204, 147-160 respectivamente.
?Hay que recordar al mismo tiempo que el uso de la coca es una clara se?al que identifica inmediatamente al indio y lo hace objeto de actos discriminatorios por parte de elites mestizas, urbanas y rurales. El asco que provoca en estos ?ltimos el h?bito se transfiere a la persona, siendo ?sta tratada como contaminante e inmunda. [...] Por otro lado, ya que el uso de la coca es un estigma, quienes la usan abiertamente en desaf?o de la discriminaci?n, reconocen entre s? v?nculos de solidaridad y hermandad frente al mundo mestizo que los discrimina?.

Enrique Mayer, ?El uso social...? op. cit. pg. 139-140. Ese asco tiene largo arraigo hist?rico. A?n sin tener experiencia directa, Bartolom? de las Casas dijo que el coqueo ?es cosa muy sucia y enjendra grande asco verlos?... citado en Baldomero C?ceres, Historia, prejuicios... op. cit. pp. 43.

Catherine Wagner (hoy Catherine J. Allen) public? con ?xito rotundo un libro en los Estados Unidos que resume claramente su posici?n en cuanto al papel que la coca tiene en la conformaci?n de la identidad de los runakuna de Sonqo en Paucartambo. The Hold Life has: Coca and Cultural Identity in an Andean Community, (Smithsonian Press, Washington, DC.). Recomiendo su traducci?n y publicaci?n en el Per?.
?...su destrucci?n atentar?a contra los derechos humanos en su conjunto y, en particular, contra la libertad religiosa pudiendo considerarse como una nueva extirpaci?n de idolatr?a, un acto de etnocidio y la negaci?n, en la pr?ctica del pluralismo cultural?,

Javier Zorrilla ?El hombre Andino y su relaci?n m?gico-religiosa con la coca? en La coca andina... op cit , pp. 157.
Instituto Indigenista Interamericano, La coca, tradici?n, rito, identidad, M?xico. 1989.
Art?culo 14 ?Medidas para erradicar el cultivo il?cito de plantas de las que se extraen estupefacientes y para eliminar la demanda il?cita de estupefacientes y sustancias sicotr?picas?.
Es cierto que en el Per? los canales de comercializaci?n de coca se volvieron un poco m?s complicados y sujetos a abusos locales debido a los controles que se intenta ejercer. Es cierto tambi?n que estos controles no impactan en nada al creciente narcotr?fico, y son puntos de fricci?n entre las fuerzas del orden y los campesinos transportistas, comercializadores y consumidores.

Healy, Kevin, ?The Boom within the Crisis: Some Recent Effects if Foreign Cocaine Markets on Bolivian Rural Society and Economy? in D. Pacini and C. Franquemont (eds) Coca and Cocaine Effects on People and Policy in Latin America, Cambridge Mass, Cultural Survival Report 23: pp. 101-143. 1985. Aunque hay que reconocer que los productores de coca?na no han explotado la veta ?nacionalista? de la coca para protegerse pol?ticamente. M?s a menudo han ofrecido pagar la deuda nacional. Si en algo se muestra que ellos tienen problemas de adicci?n, es al dinero y la riqueza instant?nea que el narcotr?fico ofrece.

Edmundo Morales, Cocaine: White Gold Rush in Peru, The University of Arizona Press, Tucson,1989 es una voz disidente. Argumenta que el impacto del narcotr?fico en la sociedad campesina es da?ino, no tanto por efecto de la droga sino por el del dinero ilegalmente obtenido y mal utilizado.
Edmundo Morales op. cit

Elena Alvarez, ?The Coca Underground Economy in the Andes? ms. 1991.

Claudio Tantahuilca ?Econom?a Cocalera y Violencia Social? en Chirif, Alberto; Nelson Manrique; y Benjamin Quijandr?a (compildaores) Per?: El Problema Agrario en Debate, SEPIA III, Lima, Centro de Estudios Rurales Bartolom? de las Casas y Seminario Permanente de Investigaci?n Agraria, 1990.

C?ceres op cit. ?La coca , el mundo andino...? pp. 775-780, e ?Historia, prejuicios y versi?n psiqui?trica ...? pp. 51-56.
El porqu? se da por aceptada la idea de que la raza ind?gena est? degenerada requiere urgente investigaci?n en el campo de la historia de las ideas en el Per?.

C?ceres ?Historia y prejuicios...? op. cit cita a Hermilio Validiz?n 1913: ?si la degeneraci?n de la raza ind?gena no reproduce con fidelidad el cuadro cl?sico de la degeneraci?n de coca?nica que se observa en los Asilos y Sanatorios, no es posible sin embargo, excluir el factor del cocainismo en la etiolog?a de tal degeneraci?n? pp. 51.

C?ceres ?Historia y prejuicios...? op. cit pp. 32.

Roberto Jord?n Pando, Jos? Ortiz Mercado, Eric Roth, Mauricio Mamani, guido Mancilla, Ivan Arze Q. ?Coca, coca?smo y cocainismo en Bolivia? pp. 79-107, y Eric Roth y Ra?l Bohrt P. ?Actitudes de la poblaci?n de La Paz ante la hoja de coca? pp. 171-230, en La coca, tradici?n, rito, identidad ... op cit.

Ver uno de los graciosos afiches de propaganda de Vin Mariani reproducido en Robert Byck (compilador) Sigmund Freud, the Cocaine Papers, M. Stonehill 1974.

ver Anthony Henman Mamacoca El Ancora, La Oveja Negra, Bogot?, Colombia.

ver Sergio Quijada Jara ?La coca en las costumbres del hombre del agro andino? Per? Ind?gena X, 23 . 1963, y La coca en las costumbres ind?genas , Imprenta R?os, Huancayo, 1982 (1955).

Eric Hobsbawm and Terence Ranger Invented Traditions, Cambridge.
Jos? Luis R?nique, Los Sue?os de la Sierra: Cusco en el Siglo XX, Lima, CEPES (Centro Peruano de Estudios Sociales 1991.
?Ser? m?s autentico el Inti Raymi ahora que la coca tiene un papel que jugar en las representaciones?
El curandero mochano Eduardo Calder?n, conocido como El Tuno, ha organizado sesiones de curaci?n para turistas que se llevan a cabo cerca de las m?sticas lineas de Nazca.
ver Percy Paz Flores, el experto de la lectura de hojas de coca en ?Cosmovisi?n andina y uso de la coca? en Instituto Indigenista Interamericano, La coca, tradici?n, rito, identidad, pp. 232-381.

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