contra el narcotráfico, despenalización de la hoja de coca

Mi?rcoles, 14 de agosto de 2013

La soledad Cocalera

A propósito de Nancy Obregón y las últimas detenciones en el Valle del Huallaga [1]

La primera vez que conversé con Nancy Obregón fue en su casa de Santa Rosa del Mishollo, a seis horas de Tingo María por la ruta a Tocache. Corría el año 2004 y las movilizaciones cocaleras se sucedían en los distintos valles del país, especialmente en el Huallaga y el VRAE. Básicamente, los cocaleros se oponían a las erradicaciones de cultivos reanudadas en el gobierno de Toledo  y a la forma en que se implementaban los programas de desarrollo alternativo. El 2003 se había constituido la Confederación de Productores Agropecuarios de las Cuencas Cocaleras del Perú (CONPACCP) y había cierta efervescencia en pueblos como el que visitaba, donde decenas de agricultores se concentraban para discutir medidas de protesta.

Tras unos días  de visita y varias horas de entrevista, quedaba claro el liderazgo de Nancy Obregón en la zona, resaltando su estilo político –directo, confrontacional, polarizador-  que empataba rápidamente con las familias campesinas. Para Obregón el objetivo en ese momento era detener las erradicaciones y afirmar a los cocaleros no sólo como interlocutores válidos sino también como actores políticos; igual a lo ocurrido en Bolivia con Evo Morales a la cabeza. Ello implicaba participar en elecciones y estaba decidida a hacerlo; ya la habían buscado algunos partidos y varios grupos independientes, pero en ese momento, decía, la prioridad era la consolidar la organización de todos los valles. 

Cuatro años después la entrevisté en su despacho de Congresista por la región San Martín. Junto a la parlamentaria andina Elsa Malpartida, representaban a los campesinos cocaleros. No obstante, sus organizaciones  se habían debilitado volviendo a dinámicas locales donde cada valle definía sus propias acciones de protesta y/o sus términos de negociación. Nancy Obregón responsabilizaba a Nelson Palomino y su entorno de abogados de la crisis de la CONPACCP, rechazando además su condescendencia con el gobierno de García. Pero más allá de los conflictos entre líderes y lideresas bastante caudillistas y pragmáticos, la crisis confirmaba las dificultades de los propios productores cocaleros para coordinar la acción colectiva; inmersos como se encuentran entre redes del narcotráfico, sin referentes políticos, empobrecidos y militarizados por la presencia de remanentes de Sendero.

En el caso de Obregón, afirmaba que su prioridad ahora era impulsar desde el terreno legislativo temas como la despenalización de la hoja de coca, el desarrollo de las zonas cocaleras  o las  críticas al TLC con  Estados Unidos. Hablaba menos de Evo Morales y esperaba que de ser elegido presidente, Humala realizara un gobierno similar al de Hugo Chávez. En general, su gestión parlamentaria fue bastante deslucida; resultaba evidente que su poca experiencia en la política representativa, el alejamiento de sus bases en Tocache y el declive de las organizaciones cocaleras le impedían mayor protagonismo. Además, su estilo de hacer política, el mismo que desplegaba con éxito en el Mishollo, y su entorno  cercano (su hijo acusado de violación, su esposo y otros conocidos acusados de narcotráfico) acabaron por aislarla en una dinámica defensiva.

La última vez que coincidí con Nancy Obregón fue el 2012, cuando nos encontramos casualmente en el Centro de Lima. Tras su breve paso por la oficina de enlace parlamentario, se dedicaba a vender productos de belleza Ebel  y Natura. No había postulado a la reelección y según decía tenía demasiados enemigos; desde jefes de la policía hasta ex ministros, políticos, analistas y periodistas, eran muchos “los que se la tenían jurada”;  reconocía algunos errores pero lo suyo no era la autocrítica. Del Partido Nacionalista no esperaba nada y de las organizaciones cocaleras tampoco. Comentó que por ahora vivía en Lima pero viajaba con frecuencia a su chacra. Quedamos en conversar con más calma pero ya no pudimos concretar el encuentro.

Hace unas semanas Nancy Obregón fue detenida y enfrenta cargos por narcotráfico y terrorismo.  Diversos medios de comunicación y políticos de distintas tiendas partidarias se han apurado en condenarla sin importar que viene un largo proceso de investigación antes que el Poder Judicial la sentencie. Si bien existen indicios delictivos que investigar y, de ser el caso, sancionar, la detención de Obregón pone sobre la mesa otros aspectos poco abordados. De un lado, revela las enormes dificultades de las y los  líderes sociales para desarrollarse en el terreno de la política representativa y afirmar una ‘carrera política’ que a su vez consolide las instituciones.

La tan mentada crisis de los partidos se expresa también en su imposibilidad de asentarse como espacios de formación,  deliberación y competencia en torno a la actividad pública, que ofrezca un espacio de interacción más o menos permanente a las y los dirigentes. Los últimos diez años, el Partido Nacionalista - léase Ollanta  Humala, Nadine Heredia y allegados-  han  reclutado a sus congresistas y autoridades de acuerdo a los votos y/o recursos que puedan ofrecerles en las campañas electorales. El 2006  seleccionaron a Obregón por que aseguraba el voto cocalero y el 2011 eligieron a otros que como Amado  Romero (el popular ‘Come oro’ ) aportaban recursos.  Poco importan la continuidad de los cuadros o de las líneas políticas a impulsar, siendo muy frecuente que, terminado su período,  varios ex congresistas se dediquen a la sobrevivencia y/o se vean involucrados en líos judiciales.

De otro lado, esta reciente detención pone nuevamente en evidencia lo irresuelto del problema del narcotráfico y el desarrollo de las zonas cocaleras. Pese a que desde el 2011, el Perú es el  primer productor de coca y cocaína en la región, desplazando a Bolivia y Colombia [2], salvo en el breve período de Ricardo Soberón al frente de DEVIDA, los últimos gobiernos han aplicado la misma política diseñada por el gobierno norteamericano en los años de la Guerra Fría. Así, se da prioridad a la erradicación forzosa de cultivos, la criminalización del productor y el desembolso de fondos para la sustitución de cultivos; es decir, para que los campesinos cambien la coca por algún otro producto que jamás alcanzara la misma rentabilidad. Los mediocres resultados de estas políticas no sólo se reflejan en la alta producción de cocaína sino también en la persistente  pobreza de los distritos cocaleros [3] y en la escasa investigación de circuitos de lavado de activos que muy probablemente involucran sectores en auge como la construcción.

Sin duda, como en tantos otros temas, en lo que a lucha contra el narcotráfico y alternativas de desarrollo se refiere, el gobierno de Ollanta ha optado por el piloto automático. De fondo, la pregunta sigue siendo si el Perú puede proponer e implementar algo distinto sobre el tema. En un momento se habló del ‘modelo San Martin’, consistente en la aplicación de programas de desarrollo integral que incluían el impulso de productos alternativos, la erradicación de cultivos ilícitos y la inversión en infraestructura. Pero podrían discutirse otras opciones -por ejemplo la legalización de cultivos y distribución tal como ensaya Uruguay con la marihuana-, pero eso es más que impensable en el conservador Perú, de nuestros días.

Por Anahí Durand

NOTAS:

1.  Este artículo se basa en las entrevistas realizadas para mi tesis de maestría “Senderos que se bifurcan, movilización y representación en los productores cocaleros del Perú”. FLACSO, México, 2008.
2.  Según el informe del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales (CSIS, por su sigla en inglés), avalado por la DEA, la producción de cocaína pura en el Perú alcanzó las 325 toneladas durante el 2011 seguida de Bolivia con 265 toneladas mientras que Colombia tuvo una capacidad de producción de cocaína pura de 195 toneladas métricas.
3.  En distritos del VRE Ayacuchano como Sivia el 51% de la población se encuentra en situación de pobreza, y en Santa Rosa el 51.3.

Fuente: NoticiasSER


Tags: Cocaleros, Nancy Obregon, Elsa Malpartida, Hoja de Coca, Persecusion, Narcotrafico, Drogas

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