contra el narcotráfico, despenalización de la hoja de coca








Por Ricardo Uceda
Si no ocurre algo extraordinario, el alcalde de Lima Luis Castañeda acabará su segundo mandato a fines del 2010 con una amplia aceptación. Algo extraordinario sería, por ejemplo, que las investigaciones sobre el caso Comunicore avanzaran hasta el grado de implicarlo. Pero primero habría que demostrar si hubo funcionarios beneficiados por pagar repentinamente una deuda refinanciada meses antes. Las sospechas, a partir de lo publicado por el diario Perú 21, se ciernen sobre dos gerentes municipales discretamente suspendidos en sus cargos. Otro hecho fatal para la popularidad del alcalde sería que el Metropolitano, una vez en funciones, no demostrara virtudes sino defectos. Sin embargo, los más duros críticos de la gestión del alcalde admiten que será de gran beneficio para la capital.
Hasta el momento se han malmirado las incesantes postergaciones, los continuos aumentos en el presupuesto. Pero todo eso pasará al olvido si el sistema funciona bien.
El legado de Castañeda será su inversión en infraestructura vial y en transporte público, realizada luego de reformar las finanzas del Municipio en su primer período. Este "vialismo" es rentable políticamente, y por eso el alcalde, pese a un descenso de 85 a 68 por ciento de aprobación de enero a abril, piensa que puede ser presidente de la República. Según la encuestadora Ipsos Apoyo, la caída se debería a los retrasos del Metropolitano, que son percibidos como ineficiencia. No menciona como causa el caso Comunicore, pero podría ser una de ellas. Habría que añadir que actualmente la ciudad parece partida en pedazos en varios distritos, pues siguen construyéndose pasos a desnivel -al final de su mandato habrá 10 nuevos en zonas populosas y de clase media- y ensanchándose avenidas fundamentales. Ya que esto causa irritación mientras no puede disfrutarse, es dable suponer que la popularidad de Castañeda, con base en su imagen de trabajador, sigue alimentada por la ingeniosa construcción de 3.000 escaleras en los cerros que rodean Lima, por donde antes trepaban como gatos millones de personas para regresar a sus viviendas. El mismo Castañeda ve en estas escaleras el toque distintivo de su gestión, pues en abril del 2007, al asumir su segundo mandato, en la mitad de su discurso se preguntó:
-¿Cómo subían antes? Allí está el logro. Allí está el resumen de la filosofía. Eso es generar inclusión social.
Con el mismo pensamiento, transformó los parques zonales que los distritos tenían abandonados en siete grandes clubes sociales populares con piscinas y ambientes de recreación, que los fines de semana complacen a familias de los conos que antes no tenían esta diversión a su alcance. Por último, otro distintivo de la gestión de Castañeda serán los Hospitales de la Solidaridad. Por muchas reservas que se tengan sobre su idoneidad, expresadas por voceros que sostienen que la calidad de la atención tiene altibajos, que no hay historias clínicas y que no son fiscalizados, lo cierto es que son la "niña de los ojos" de la administración. Luego de reconvertir buses abandonados, tráileres, frigoríficos y hasta barracas, los hospitales móviles atienden rápido y barato, la cantidad de gente satisfecha es abrumadora y, por añadidura, el sistema rinde beneficios económicos.
-Sin duda es la obra social más emblemática -dice el teniente alcalde Marco Parra-. De acuerdo con nuestras encuestas, la población cree que estos centros son mejores que los hospitales nacionales de salud.
Para los críticos de Castañeda, todas estas obras se ven opacadas por la falta de transparencia de su gestión. En una entrevista para esta nota, Parra no pudo mencionar un estudio comparativo entre el rendimiento de los hospitales de la Municipalidad y los del Ministerio de Salud. Sin embargo, dándose por ciertas las virtudes del sistema, no se explica que a la regidora de oposición Marisa Glave el Municipio no le entregue las cifras correspondientes a su funcionamiento.
-¿Cuántos Hospitales de la Solidaridad hay en Lima y en convenio con las municipalidades? ¿Cuáles son las distintas tarifas? ¿Cuál es el convenio marco de vinculación con los médicos? He pedido todo eso por escrito y no me lo dan.
La desatendida pregunta de Glave -error político y falta administrativa a las que una gestión exitosa hacen más patentes- ha llevado a muchos a preguntarse si se trata solamente de un problema de comunicación o hay algo más de fondo en esta falta de transparencia.
Por un lado, es obvio que hay un asunto de estilo. Al evaluar la gestión de Castañeda con ocasión del último aniversario de Lima, el arquitecto Augusto Ortiz de Zevallos dijo a La República que su principal crítica al alcalde, reconociendo que es eficaz y trabaja bastante, era su poca apertura y su prescindencia de la opinión de los otros.
-Lo que me distanció inicialmente de Castañeda -añadió AOZ, quien fue regidor y hoy asesora el proyecto de la Costa Verde- fue que rompiera con la tradición, respetada por Barrantes, Del Castillo o Andrade, de convocar al cuerpo de regidores, una tradición de pluralidad que hacía que la ciudad se pensara en conjunto. Este prescindir de la opinión de los otros continúa.
El alcalde no asiste a las sesiones semanales del Concejo Metropolitano. Está unos minutos, pasa lista a los asistentes, firma el acta de la sesión anterior y se va. Usualmente lo reemplaza el teniente alcalde, Marco Parra.
Antes de que pidiera licencia, el regidor del APRA Carlos Calderón solía hacer constar en acta los minutos que demoraba Castañeda en la sesión del Concejo antes de retirarse. En una ocasión, en mayo del 2007, le dijo:
-Quiero dejar constancia de que abandonó la sesión a los 10 minutos, rompiendo su récord de permanencia hasta ahora.
El problema puede venir del dominio que tiene el alcalde sobre el Concejo Metropolitano. Solidaridad Nacional controla una nutrida delegación de concejales propios y amigos, gente que sin mayor sufrimiento se pasó a las filas del oficialismo. Lo más llamativo fue la deserción de los representantes de Restauración Nacional, del pastor Humberto Lay: seis de los siete elegidos se volvieron castañedistas, comenzando por Diego Uceda, el mismo día de la juramentación.
Actualmente, de 39 regidores solo 12 son de oposición. Pero con matices. El representante del fujimorismo, el general Walter Chacón, nunca interviene. El APRA, con cinco eficaces representantes, no hizo una oposición que pusiera en riesgo las buenas relaciones que Alan García mantiene con Castañeda. Un opositor calificado es el abogado Germán Aparicio, quien fuera teniente alcalde de Alberto Andrade en Lima y en Miraflores, y que encabeza la representación de Somos Perú por tercer período consecutivo. En esta delegación, de tres miembros, figura como invitado el sociólogo Rafael García, experto en sistemas de transporte masivo. Unión por el Perú se quedó con un concejal, porque el segundo bate palmas por el alcalde.
Finalmente, está la minuciosa Marisa Glave, invitada del Partido Nacionalista, acaso la voz más disconforme, aunque al hablar sobre sus agobiantes inquisiciones dijo para esta nota:
-Ya me cansé.
En el otro lado, el personaje más importante es Marco Parra, abogado y empresario, secretario general de Solidaridad Nacional. Parra maneja el Concejo, aunque no está involucrado en la administración. Le sigue la arquitecta Norma Yarrow, presidenta de la comisión de Transporte, también del partido, colaboradora de Castañeda desde que este dirigía el sistema de peajes de Lima, a fines de los años ochenta. Son muy importantes tres aliados: el abogado proveniente de la izquierda Ángel Delgado, presidente de la comisión de Asuntos Legales, y dos regidores que llegaron en el 2002 por Somos Perú y Diálogo Vecinal -de Jaime Salinas-, respectivamente: Roxana Rocha y Luis Davelouis. Presiden las comisiones de Desarrollo Urbano y Economía. Todos ellos, cada jueves a las cinco de la tarde, sustentan las propuestas de ordenanzas y acuerdos, las ampliaciones presupuestales, las numerosas cuestiones necesarias para cumplir las 35 funciones que asigna al Concejo Metropolitano la Ley de Municipalidades. En las sesiones intervienen pocos por el oficialismo y la oposición. Usualmente son los mismos, no más de ocho personas.
En este espacio se ha producido, además, un cambio significativo respecto de las administraciones anteriores. El alcalde no está.
El teniente alcalde parece siempre apurado por acelerar la reunión. Los informes, pedidos y acuerdos se suceden rápidamente. A diferencia de las sesiones con los anteriores alcaldes, que podían durar hasta las nueve de la noche, estas pueden terminar antes de una hora. Aquí está otra explicación de las críticas. La mayoría gobernante considera que el debate es improductivo, sinónimo de conflicto. Además, la mínima expresión de los opositores no lo justifica.
La legislación y el escrutinio de un concejal no solamente abarcan la gestión del cuerpo central de la municipalidad, con sus 17 gerencias y más de 30 subgerencias, sin contar otros programas y proyectos. Además hay 14 instituciones de manejo externas, entre ellas poderosas empresas con carácter de sociedad anónima e instituciones descentralizadas que manejan la mayor parte del dinero municipal, como Emape, de peajes; Protransporte, a cargo del Metropolitano; Emilima, de inversiones inmobiliarias; y EMMSA, de mercados. Están Invermet y el Servicio de Administración Tributaria (SAT). Es imposible que un regidor -que gana 3.000 soles mensuales y suele destinar, si es laborioso, un día de la semana a sus funciones- conozca los detalles de los asuntos que va a decidir. Sin embargo, su responsabilidad incluye todo el funcionamiento del sistema.
En forma paralela a las sesiones de la comuna, funcionan las comisiones. Cada una de ellas, con más de 10 miembros, convoca a los principales funcionarios para que informen a los regidores y estos puedan opinar en un sentido o en otro. No necesariamente asiste la mayoría. A diferencia de las reuniones del Concejo, donde se registra todo lo que los presentes dicen, en comisiones las actas resumen los temas tratados y los pareceres. No necesariamente acuerdos, pues los principales van al Concejo. Tampoco se entregan informes escritos, salvo en temas inocuos. La información es de palabra, inútil para hacer un cuestionamiento en regla. Uno podría pensar que un presidente de comisión, como Delgado o Davelouis o Rocha o Yarrow, por su posición en el Concejo y por su prominencia en el partido, son los personajes centrales de la administración municipal. No es así. Ni siquiera Marco Parra lo es.
Debajo de Castañeda, el principal gobernante es Ángel Pérez, presidente de Protransporte, el instituto encargado de construir el Metropolitano. Hasta el 2009 ejercía esta función al mismo tiempo que la de gerente municipal, el principal cargo administrativo de la comuna. Como Yarrow, trabaja con Castañeda desde los ochenta, y ha gerenciado todos sus proyectos. Pérez es principal por su experiencia y cercanía con el alcalde y por la envergadura de la obra, y al costado suyo habría que mencionar a otros tecnócratas que son las personas a las que realmente escucha Castañeda y con las que trabaja cotidianamente y toma decisiones. Por ejemplo, Carlos Bustamante, gerente de Emape; Luis Rubio, que maneja los Hospitales de la Solidaridad; Flor de María Valladolid, de Emilima; Giselle Zegarra, que promueve la inversión privada; Juan Blest, el artífice de la reingeniería financiera. Cualquiera de ellos es más importante que un presidente de comisión.
Donde usualmente despacha Castañeda es en Emape. Por su formación e idiosincrasia, el alcalde encuentra más provechoso reunirse con un grupo de ingenieros y planificadores que con los elegidos para gobernar. En estas instancias, y no durante los diálogos técnicos en las comisiones o en las reuniones del Concejo Metropolitano, es donde se decide realmente la marcha municipal. Las sesiones de los jueves son para Castañeda una pérdida de tiempo. Además, según un amigo suyo:
-Lucho sufre en los largos debates, con peroratas. Si fuera parlamentario se moriría: le da un ataque al corazón.
Castañeda, sin embargo, tiene una coartada, más allá de que sus ausencias no son antirreglamentarias: él fue elegido para gestionar la Municipalidad así como el Concejo que preside para fiscalizarlo y aprobar ordenanzas. Haciendo un paralelo con el gobierno central, él encabeza un poder ejecutivo y el cuerpo de regidores hace el contrapeso. Así las cosas, siendo deseable que el alcalde asista a las sesiones, no se justificaría que el Concejo coarte los debates y renuncie a ser un centro de deliberaciones. Como Marco Parra conduce las sesiones, este estilo es suyo y no de Castañeda.
En una sesión de Concejo, un regidor puede solicitar información, y entonces el secretario toma nota del pedido y lo tramita para que los funcionarios correspondientes la provean. Esto ocurre cuando la información proporcionada en las comisiones es insuficiente o cuando se requiere recibir datos por una vía formal.
La opositora Marisa Glave reconoce que presidentes de comisión como Norma Yarrow o Luis Davelouis han sido muy solícitos para brindarle información útil para su gestión, pero, a la larga, ha resultado insuficiente. Según Glave, desde que estalló el caso Comunicore han dejado de darle cualquier información.
Varios regidores de oposición han venido pidiendo información repetidamente sobre ciertos temas relevantes, y buena parte de ella no les ha sido entregada. La situación ha llegado al punto que la principal crítica de la oposición ya no es tanto que el Metropolitano se retrasa o que el caso Comunicore debió ser investigado por el propio Municipio, sino que los regidores no son informados adecuadamente. Uno de ellos está evaluando denunciar penalmente al secretario general de la Municipalidad, José Alberto Danós, por omisión de deberes funcionales. ¿Es tan grave la situación?
Para el teniente alcalde Marco Parra la falta de transparencia es producto de la posición política radical y juvenil de una regidora que va a cumplir 28 años, Marisa Glave, "que provino del Partido Nacionalista y está creciendo políticamente". Admite que hay pedidos no respondidos por falta de tiempo y porque resulta más eficaz que los regidores interesados se dirijan a las gerencias para tomar datos directamente, o que recurran a las comisiones.
-Se supone que un regidor no se informa en el Concejo sobre lo que va a decidir, sino en las comisiones. Allí se da toda la información. Lo que pasa es que no van. O no entienden la información que se les da. Eso ya no es problema nuestro.
Cuando comenzó la segunda gestión, en enero del 2007, el regidor aprista Carlos Calderón objetó que la mayoría hubiera reducido el número de comisiones, y que las presidencias se hubieran decidido sin diálogo. En realidad, aún no se habían decidido, pero la propuesta ya estaba en mesa y la mayoría solo tenía que levantar la mano para aprobarla. Calderón pedía un gesto político, un poco de negociación, que no se dio después de su intervención en el Concejo. Por su parte, Marisa Glave y Rafael García se reunieron con Marco Parra para saber si en el marco de lo que Solidaridad Nacional quería hacer, podría haber algunas proximidades con lo que ellos proponían.
-Sacamos la impresión de que nos ninguneó -dijo García-. Dijo "ya veremos" o algo así, fiel al estilo de ellos, impenetrable.
Por entonces ya estaba claro que el principal proyecto de la segunda administración de Solidaridad Nacional sería el Metropolitano. Eso lo sabían todos, porque el presupuesto había sido aprobado, como una idea básica, durante el primer período.
Precisamente una discusión de fondo que se daría en el Concejo Metropolitano sería a propósito de la ampliación presupuestal para esta obra. Pero antes habría dos temas de menor relevancia que trascendieron al público y que animaron, de algún modo, la monotonía de las reuniones de los jueves.
La primera fue el asunto de las piletas. Durante la campaña electoral Castañeda dijo que las piletas del Circuito Mágico del Agua, una obra que ahora solo suscita elogios, "no le costarían un centavo" al Municipio. En realidad, la comuna gastaría unos 16 millones de dólares en las piletas, como se comprobó cuando Flor de María Valladolid, presidenta de Emilima, lo admitió mucho después en el Concejo. En realidad, Valladolid nunca dijo otra cosa, pero Castañeda y Parra sí. Cuando los regidores de oposición empezaron con las preguntas, Parra dio a entender públicamente que varias empresas privadas costearían las piletas.
Tampoco era cierto, aunque lo sería después. Glave obtuvo los supuestos convenios de los que se hablaba y eran cartas de intención. En las instalaciones del Circuito Mágico del Agua uno puede ver, sin embargo, anuncios de Coca-Cola y del Banco de Crédito.
-Desde el 2007 pido esos convenios y no me los dan -dice quien fuera brazo derecho de Andrade, Guillermo Aparicio-. Yo no digo que haya nada incorrecto. Pero quiero saber a cuánto están valorizados estos anuncios, y por cuánto tiempo. A lo mejor cedimos los anuncios por muy poco, o por mucho, no lo sé. A lo mejor los convenios caducaron. ¿Se firmaron otros? No lo sé.
No me contestan la información. La Municipalidad de Lima dice que es información confidencial de un contrato privado.
Consultado para esta crónica, el regidor Marco Parra dijo que a Aparicio le fue mostrado un contrato, pero que no podían darle una copia. Admitió que un juez, ante un pedido amparado en la ley de transparencia, podría ordenar la entrega del documento.
-Que lo haga el juez, pero nosotros no podemos violentar un contrato privado. Por otra parte, ¿qué más da que el dinero lo haya puesto la Municipalidad o los privados? ¿Acaso la obra no está sobradamente justificada?
El Circuito Mágico del Agua es ahora un orgullo de la ciudad, y de la administración. Genera ingresos que han posibilitado hacer un fideicomiso para reparar próximamente el Teatro Municipal.
Viendo las cosas en retrospectiva, un regidor de la mayoría dijo para esta nota que fue un error no informar claramente lo de las piletas.
-Fue un error de información, impensado. Ahora dígame: ¿qué importancia tiene eso? Tengo la impresión, disculpe estas palabras, de que lo que le preocupa a alguna gente de la oposición son cojudeces.
Otro caso ilustrativo para entender la lógica de la mayoría municipal fue el descubrimiento de que el congresista y prominente líder de Solidaridad Nacional Walter Menchola usaba como propia una camioneta de Emape. No solo él: en realidad su protegida, la estudiante universitaria Karen Ku y el hermano y el padre de esta. Menchola había sido regidor en el primer gobierno de Castañeda pero ya no tenía ningún vínculo formal con la Municipalidad. Lo peor era que Menchola hizo que el Congreso contratara a la señorita Ku para la bancada de Unidad Nacional.
Ella no iba a trabajar aduciendo enfermedad, y presentaba certificados médicos falsificados. La revelación, hecha por el programa Cuarto Poder, de América Televisión, y seguida con excitación por toda la prensa, derivó en una suspensión de 120 días para Menchola en sus funciones de congresista.
Aunque el escándalo repercutió principalmente en el Congreso, por la condición de congresista del implicado, la situación en la Municipalidad era en cierto modo más embarazosa. Menchola era fundador de Solidaridad Nacional, afín hasta el tuétano con Castañeda. A simple vista, solo una autorización del más alto nivel podía permitirle el privilegio al parlamentario. Como mínimo, una autorización del presidente de la empresa o del gerente general, Carlos Bustamante. El Concejo Metropolitano nombró una comisión investigadora que desarrolló un proceso farragoso, síntoma del problema político: las cabezas eran personas fundamentales para Castañeda. Las bitácoras de los vehículos fueron entregadas a la comisión cuatro días antes de que culminara sus funciones. Los choferes no se presentaron a declarar. Finalmente, tras dos meses de búsqueda para contestar una sola pregunta (¿quién autorizó el uso de las camionetas?), la comisión encontró responsabilidad en mandos menores.
-Carlos Bustamante no podía caer -dijo una fuente influyente en la Municipalidad-. Si era responsable por cualquier tonto error, había que salvarlo.
En el tema de fondo, el Metropolitano, el manejo de las cifras suscita controversia hasta ahora entre los propios líderes del Municipio. No hace mucho, el teniente alcalde Marco Parra admitió que el presupuesto inicial del Metropolitano fue de 154 millones de dólares. Castañeda salió a rectificar: esa fue, dijo, una cifra referencial, antes de los estudios definitivos. El costo del Metropolitano es hoy, cifra oficial, de unos 300 millones de dólares. Si se considera que el recorrido cubre 25 kilómetros, se tienen 12 millones de dólares por kilómetro. El regidor Rafael García hizo el cálculo de este costo en el 2008, cuando en el Concejo se propuso uno de los varios aumentos presupuestales. Por entonces los regidores de la mayoría salieron al frente de García, para desmentirlo. "Costará 6,5 millones [por kilómetro]", dijeron. Ahora nadie duda del costo total, hasta el momento. Pero ¿cuál es el problema?
-Yo creo que, en lo fundamental, tenemos que ver a cuánta gente va a beneficiar el Metropolitano -dice Rafael García-. Si consideramos que en su primera fase atiende un 10 por ciento del transporte público y sobre todo rompe la inercia de un sistema perverso, y que se mantiene sin subsidio, yo lo asumo así de caro como está. Realmente va a beneficiar mucho a la ciudad.
Viniendo de alguien que ha sido duramente crítico con la poca claridad de las cifras presupuestales, la reflexión es significativa. García no olvida que está pendiente la explicación presupuestal. "Ellos tienen que decirnos por qué costó tanto. Seguramente los 300 millones están allí, pero falta saber cómo".
El proyecto del Metropolitano procede de una idea original de Alberto Andrade, dos veces alcalde de Lima (1996-2002), quien desarrolló la mayor parte de sus gestiones en controversia con el gobierno de Fujimori. Por buen tiempo, la capacidad de gasto de la Municipalidad dependió de avales del Poder Ejecutivo, y Andrade no los tuvo. Así, a Andrade se lo recuerda principalmente porque recuperó el Centro Histórico de Lima, de donde expulsó a los ambulantes, pero no por sus obras viales, con excepción de la Vía Expresa de Javier Prado. Andrade, desde luego, quería hacer un gran proyecto de transporte público, y después de estudiar las condiciones se convenció de que no lo podría hacer a partir del muñón del tren eléctrico dejado por Alan García. Apostó, pues, por hacer el Lima Bus, un "metro de superficie", y en las postrimerías de su mandato defendió esta idea contra el aspirante al sillón municipal de entonces, Luis Castañeda, quien quería un tren eléctrico. Andrade perdió las elecciones. Cuando Castañeda asumió el cargo, encontró que su antecesor había conseguido un financiamiento para su proyecto con el BID y el Banco Mundial.
En el 2003, Protransporte inició operaciones con un presupuesto de 420 millones de soles. Pero el proyecto, que ya no se llamaba Lima Bus sino Metropolitano, no era el mismo. Castañeda le hizo importantes transformaciones, siendo la principal una Estación Central subterránea. Cuando fue presupuestada, en el 2006, costaba 18,5 millones de soles. Terminó costando más de 100 millones. Es que también esta estación se transformó en los planos desde que fue concebida.
En el 2007, los nuevos regidores se dieron con que el anterior Concejo Metropolitano había aprobado una ampliación presupuestal de 200 millones de soles, elevando la obra a un total de 643 millones de soles. Los técnicos de Protransporte fueron llamados a sesión del Concejo para explicar los cambios. En el acta 45 de las sesiones del Concejo, del 15 de noviembre de 2007, figura el siguiente diálogo entre Marisa Glave Remy y el gerente de Proyectos e Inversiones de Protransporte, Walter Paredes:
MARISA GLAVE: Ustedes tienen un estudio que de alguna manera señala que la Estación Central no costaría más de 18,5 millones de nuevos soles. ¿Ese es el supuesto del que ha partido la Municipalidad?
WALTER PAREDES: En el caso de la Estación Central, los 18 millones de nuevos soles es el monto que tiene el contrato inicial de la obra.
MARISA GLAVE: Eso es lo que va a costar la Estación Central según el contrato inicial. Pero ¿podría variar?
WALTER PAREDES: Lo normal es que no haya variaciones significativas.
En el 2008, Protransporte pidió 200 millones de soles más. Esta vez, la sustentación vino acompañada de una disputa pública.
Los funcionarios de Protransporte dijeron en el Concejo que la Estación Central costaría más de lo previsto, y que, entre otras necesidades, era indispensable compensar el alza de precios internacionales de los materiales de construcción. Fue por entonces que Rafael García declaró que era el proyecto más caro del que tenía conocimiento. Castañeda contestó a sus críticos diciendo que tenían "mentalidad de bodegueros".
Así como la Municipalidad no se explicó claramente el primer salto de 200 millones de dólares, tampoco lo hizo suficientemente con el segundo. Tendría que admitir algunas ineficiencias. No es un secreto que los expedientes técnicos fueron elaborados más de una vez y que a lo largo de una misma vía se corrigieron varias obras. Cuando Emape pidió más dinero para paraderos y terminales en el Concejo, la arquitecta Carola Cuadros lo justificó diciendo que los planos que le había entregado Protransporte estaban mal hechos: había que medir todo de nuevo. Por otra parte, Protransporte cambió varias veces de administraciones y de técnicos, produciendo nuevas obras y sobrecostos.
Marisa Glave pidió un informe escrito en el que hubiera un cuadro detallado de aumentos por producto, y sus causas. No se lo dieron. En la comisión de Economía, recibió un informe verbal: la Estación Central terminará costando 125 millones de soles, los costos de la infraestructura serán 555 millones de soles y los gastos institucionales, 200 millones. Total: 880 millones de soles.
-Pero yo no quiero una explicación genérica -insiste Glave-. Quiero un papel, con cuadros detallados.
Ni Glave, ni García, ni Aparicio insinúan corrupción en la gestión de Castañeda. Los tres afirman que el Metropolitano es una obra muy importante que beneficiará a la ciudad. Sin embargo, con este proyecto se vincula principalmente su larga lista de pedidos de información no atendidos. Tienen, por supuesto, otros intereses importantes, todos referidos a líneas exitosas de la gestión del alcalde. Por ejemplo, en el tema de las miles de licitaciones municipales, no obtienen copia de los contratos que la Municipalidad hizo con los entes internacionales intermediarios que las hacen, tipo la Organización de Estados Iberoamericanos o la Organización Internacional de Migraciones. ¿Cuántas contrataciones se hicieron a través de ellos? ¿Cuánto cobran?
Por su parte, y con otros métodos, el periodista Daniel Yovera, del diario Perú 21, descubrió que la Municipalidad de Lima pagó de un porrazo 36 millones de soles que iban a ser cancelados a plazos a Relima, una proveedora de limpieza. Los pagó a Comunicore, una empresa fantasma -que después de cobrar desapareció- que poco antes le había comprado la acreencia a Relima por solo 14,5 millones. El Municipio, al pagar, ahorró intereses, pero uno de los gerentes que tuvo que ver con el pago fue contratado posteriormente por quien armó Comunicore, una relación digna de toda sospecha. Yovera comenzó jalando la punta de un hilo y luego ha ido encontrando información poco a poco. En el pleno del Concejo, la mayoría rechazó la formación de una comisión investigadora.
De acuerdo con una autoridad edilicia, luego de las investigaciones se descubrirá que no hubo corrupción en el Municipio.
Yovera es visto hoy como un enemigo por la mayoría del Concejo, donde lo amenazaron a gritos dos regidores, uno de ellos quien fuera encargado de Cultura, Efraín Aguilar, conocido como "Betito" en la televisión. Para algunos, en Solidaridad Nacional, un partido nuevo que todavía no ha sido golpeado en la política, los críticos pueden ser vistos como enemigos. Yovera también tiene su opinión sobre la administración:
-Es una administración cerrada. Cuando tuve que pedirle información por alguna presunta irregularidad, nunca pude entrevistar al alcalde u obtener información relevante. Si hay cosas por descubrir, sé que la información no va a provenir de la Municipalidad.
Fuente: Poder 360° - Intelligence for the Business Elite