lunes, 16 de febrero de 2009
Colombia: Podrirse en cautiverio
El presidente Uribe parte del principio de que si se negocia y se retribuye a los secuestradores, se legitima el crimen y se incentiva el aumento de los secuestros. Para corroborarlo, él muestra la disminución de los secuestros de las Farc. Este argumento tan errado, superficial e inhumano ha sido ley inviolable del código del presidente Uribe contra las Farc. La opinión pública colombiana, que aceptó e impulsó el terrorismo y criminalidad del paramilitarismo como recurso para exterminar a las Farc, ve en la tesis del Presidente una lógica irrefutable y la aplaude estruendosamente.
Lo que esta tesis significa es que los secuestrados deben podrirse en cautiverio, porque liberarlos por negociación es exponer al resto de los colombianos a que sean secuestrados. La tesis de Uribe no solo carece de fundamento, es bárbara e inconsecuente con los secuestrados, sino además completamente alejada del contenido político del secuestro y no indirecta, sino directamente criminal. Con su tesis, lo que ha hecho es explotar la ingenuidad y preferencia de métodos violentos de los colombianos para un puro beneficio político personal.
El Presidente puede imponer con éxito este sofisma en Colombia, pero la realidad del secuestro y la liberación es muy diferente.
Israel negocia y busca un rescate del soldado Gilad Shalit desde el instante en que Hamas lo apresó. Liberar a Shalit es la prioridad del primer ministro israelí, Ehud Olmert, en sus propias palabras. El presidente de derecha francés, Nicolás Sarkozy, tomó la liberación de Íngrid Betancourt como la prioridad de su gobierno tan pronto asumió la presidencia de Francia. Con 'Jaque' o sin 'Jaque', esa liberación la iba a lograr. La negociación estaba en el tope de su lista.Lo importante en estos dos casos es: primero, la prioridad que tiene para los gobiernos que ningún militar o civil permanezca en manos de los enemigos, porque eso admite la superioridad del enemigo y porque establece que el Estado falla en proteger a sus ciudadanos. Cada segundo que los secuestradores mantengan a una víctima en su poder es una derrota del Estado en su habilidad y en su objetivo de devolverla a la libertad.
Segundo, que la negociación es pieza fundamental de cualquier liberación; es la única forma que el secuestrado tiene de saber que se está luchando por su libertad. Al negar la negociación, el gobierno entrega el secuestrado a la merced de los criminales, a la suerte de las armas y a un destino en el que quedan incluidas la tortura y la muerte.
Uribe le ha quitado al Gobierno el arma de la negociación y les ha permitido a las Farc demostrar, con los secuestrados más antiguos, cuántos años le han mamado gallo al Gobierno. Uribe ha preferido resignarse.
Las Farc quieren que el calificativo de terroristas se lo quiten y además saben que mantener a centenares de secuestrados no solo es demasiado, sino una responsabilidad de riesgos múltiples. Estas son las verdaderas causas de la disminución de los secuestros de las Farc.
Seguir con el viejo cuento calcinado de que el diálogo con esta guerrilla no sirve porque el presidente Pastrana no supo manejarlo en el Caguán no tiene asidero. Imagínense si eso pensaran el gobierno irlandés del norte o el surafricano. Todavía habría Ira como hay Eta, y todavía habría 'apartheid' como hay exterminio en Darfur.
El presidente Uribe es ejemplo de negociadores con terroristas. La Ley de Justicia y Paz y el centro vacacional de Santa Fe de Ralito para desestresar a los jefes narcoparamilitares mientras negociaban peor que el Caguán demuestran que Uribe sí tiene corazón para los narcoparamilitares. ¿No valen acaso los secuestrados el corazón más grande que haya proclamado un presidente?
De no lograr el intercambio humanitario, quedaría demostrado que este gobierno no está preparado para los otros pasos necesarios en la finalización del conflicto.
José María Rodriguez
Fuente: Columnistas - ELTIEMPO.COM -> Podrirse en cautiverio
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