contra el narcotráfico, despenalización de la hoja de coca

lunes, 09 de febrero de 2009

Colombia: La misión que encendió la polémica

 Olga Amparo Sánchez, quien estuvo en la primera de las tres liberaciones de esta semana, le contó a El Espectador qué sucedió realmente durante esa jornada

OLGA AMPARO SANCHEZ

Llegamos de Brasil en los helicópteros a Caquetá el sábado anterior a la liberación. Íbamos en uno, el segundo  era el de apoyo por si se presentaba algo con el primero. Eran 17 pilotos brasileros, gente muy querida, muy experta, cálida y comprometida. Aunque es importante precisar que el papel de Brasil era simplemente prestar la logística, en ningún momento participaron en la negociación, sino que prestaron toda la logística.

El domingo, con mucha ansiedad pensando en que todo saliera bien. Nos levantamos a las 5:30 a.m. y teníamos que estar en el aeropuerto a las 7:30. Llegamos al aeropuerto. Las condiciones climáticas no eran las mejores. Nos tocó esperar una hora, hora y media. Estábamos la Cruz Roja, los dos helicópteros, la tripulación de los dos helicópteros, en el helicóptero que nosotros íbamos iba el piloto, el copilo y cuatro más, como auxiliares en la parte técnica; tres miembros de la Cruz Roja: la directora para América Latina de la Cruz Roja, el coordinador de la misión y el médico. Salimos como a las 8:40, casi las 9:00 a.m.

Hablamos con la prensa para también poderle enviar un mensaje a las Farc, porque ellos oyen noticias, y poder decirles que la misión salía, que se iba a cumplir en los términos acordamos. Partimos de Florencia como a las 9:00 hacia el lugar de las coordenadas. El vuelo duró una hora y piquito. Una de las señales era que iba a haber unos guerrilleros con una sábana blanca. En ese momento uno siente una emoción muy grande de ver que unas personas van a volver a la libertad. Ahí descendió el helicóptero. Es una zona más o menos opaca, con mucha nube, tierra y tierra de selva, y uno no sabía dónde estaba.

El helicóptero aterrizó sin ningún problema. Habían tumbado unos árboles para que el helicóptero pudiera aterrizar en buenas condiciones. Nos dimos cuenta porque la tala era muy reciente y nosotros preguntamos qué había pasado con esos árboles, nos dijeron que los habían cortado. Vimos unos 6 o 7 guerrilleros, una guerrillera.

Nos dijeron que había problemas: desde las 7:00 a.m. sentían aviones sobrevolando. Nosotros, en Florencia, habíamos preguntado cuántos vuelos comerciales llegaban a esa ciudad y nos dijeron que cuatro. Con eso, nosotros ya teníamos idea de cómo registrar si eran vuelos comerciales o militares. Yo, personalmente, siempre tuve la duda de que no se respetara el acuerdo de que no hubiera sobrevuelos.

Antes del domingo hubo varias reuniones. Nosotros no nos reunimos con el Ministerio de Defensa porque durante todo el proceso de negociación, Colombianos y Colombianas por la Paz decidimos que no estuviera el Ministerio de Defensa como un pasaporte de seguridad. Toda la coordinación se hizo con el Comisionado para la Paz. En Florencia nosotros no hablamos con Luis Carlos Restrepo, él no estaba allá. En Florencia hubo una reunión entre el CICR y Colombianos y Colombianas por la Paz.

Como la Cruz Roja tenía la misión de coordinar todo el operativo, ellos se reunieron con la senadora Piedad Córdoba, fundamentalmente, a veces la acompañamos algunas de las personas de Colombianos y Colombianas por la Paz. También tuvieron reuniones previas con el Ministerio de Defensa y el Gobierno para acordar el protocolo que se sigue en situaciones como éstas.

Cuando nosotros llegamos a Florencia no había delegación del gobierno colombiano porque en Florencia simplemente iba a salir la misión a recoger a los liberados, pero la entrega iba a ser en Villavicencio, que era donde estaban autoridades locales y nacionales y los periodistas. Realmente, había muy pocos periodistas en Florencia por aquello del desplazamiento.
La Cruz Roja dice que ellos no llegaron a ese acuerdo explícito de permitir vuelos por encima de los 20 mil pies, porque en ninguna de las misiones de ese tipo permiten vuelos militares.

Previo a la ida a Brasil hubo una reunión con el Gobierno, el embajador de Brasil, uno de los pilotos de Brasil que vino a mirar cómo eran las condiciones de seguridad y planificar los vuelos, y hubo claridad de que no se iban a permitir sobrevuelos militares. No es ni a 10 mil, ni a 15 mil, ni a 20 mil ni a 100 mil: era no vuelos militares en esas zonas. Tanto que previo al día de la liberación hubo una discusión entre la Cruz Roja y la senadora Piedad Córdoba porque ellos querían que se dieran los municipios con mayor anterioridad, pero la senadora fue enfática en decir que ella daría los nombres de los municipios (las zonas) 24 horas antes, precisamente, como una forma de no generar hostigamientos militares innecesarios para la liberación de los rehenes.

En las conversaciones en que nosotros estuvimos, tanto con el Gobierno como con la Cruz Roja, en ningún momento se habló de números: se habló de no vuelos militares en lo absoluto. Creo que eso ya es un sofisma que se está introduciendo y no tiene sentido. No estamos acostumbrados a saber la verdad, pero ésta permite que las sociedades maduren y la democracia se favorezca. Éste fue un error que puso en peligro no la vida de nosotros, en ningún momento lo sentí así, sino la entrega por parte de las Farc de los rehenes.

También es de reconocer, y seguramente algunos podrán decir que soy 'fariana', que las Farc obraron de forma madura, que estuvieron dispuestos, en todo momento, de no abortar la misión y de buscar algunos mecanismos que permitieran entregar a los liberados. Mecanismos como decirnos 'llamen a Bogotá, esperemos a ver qué pasa'. Si ellos no hubieran tenido la voluntad, hubieran dicho que 'la misión no se realiza porque hay sobrevuelos'.

Llegamos al primer lugar un poco antes de las 9:00 a.m. El vuelo duró como una hora y diez minutos. Algunos guerrilleros vestían traje camuflado, otros, traje negro, tenían sus armas y sus radioteléfonos. Esta situación hay que entenderla en el marco del conflicto. Cuando llegamos ellos estaban muy molestos y nerviosos porque llevaban dos horas escuchando los sobrevuelos. 'La misión está parada hasta que miremos qué pasa', nos dijeron.

El cielo estaba encapotado y sólo se oía el ruido de dos aviones. Uno sentía que volaban en círculo, no sé en qué sentido porque no tenía idea de dónde estábamos, pero el uno daba vueltas en un sentido y el otro, en el sentido contrario, con intervalos de 3 a 5 minutos. Desde que nos bajamos del helicóptero, antes de que ellos nos lo dijeran, nosotros escuchamos las aeronaves.

Apenas llegamos los guerrilleros pidieron hablar con Piedad a solas para hacerle algunas preguntas: '¿Usted de verdad es Piedad Córdoba?' '¿No es la de La Luciérnaga?' Ellos se tenían que asegurar de que quienes íbamos éramos realmente las personas que debían ir.

Ellos en ningún momento nos expresaron que creían que esto era otra Operación Jaque. Ellos pensaron que había un hostigamiento de parte de los militares y que ese hostigamiento estaba impidiendo la liberación de los cuatro miembros de la Fuerza Pública. Inicialmente, la Cruz Roja nos dijo que estábamos muy nerviosos y que esos eran vuelos comerciales. Pero, tanto como los guerrilleros como los de la misión les dijimos que no podían serlo.

Ya llevábamos más o menos una hora ahí. A la guerrillera le dijeron por el radioteléfono que la misión no se podía llevar a cabo hasta que no cesaran los sobrevuelos. Que llamáramos a Bogotá a preguntar qué pasaba. Pero, según el protocolo, el teléfono satelital no se debía abrir porque a través de éste se podía hacer seguimiento. Pero dada la situación, la senadora Piedad Córdoba, que nos consultó, y los de la Cruz Roja decidieron abrir el teléfono satelital y llamar al Comisionado para la Paz. Ya eran las 10:15 a.m. No lo pudimos localizar pero después supimos que en ese momento él estaba volando de Bogotá a Villavicencio.

El coordinador de la misión de la Cruz Roja decidió llamar al representante en Colombia para que a su vez él llamara al Ministerio de Defensa y hablara con el Ministro para informarle de la situación. Hizo las llamadas. Esperamos media hora más mientras el representante de la Cruz Roja se comunicaba con el Ministro. El Ministro, según informó el coordinador de la misión, dijo que lamentaba mucho que existieran esos sobrevuelos pero que éstos se debían a que el general (Freddy) Padilla, por un error, había desplazado unos aviones de (la base de) Tres Esquinas. El Ministro le comunicó al representante de la Cruz Roja que se iban a suspender los vuelos y, evidentemente, después de esta charla, los sobrevuelos se suspendieron.

Frente a esa situación la guerrilla tomó la decisión de continuar con la misión si cuatro guerrilleros iban como guías a dar las coordenadas. Ellos cambiaron las coordenadas para la entrega de los liberados. En ese lugar no nos los iban a entregar, ése era un primer lugar y las coordenadas que cambiaron fueron las del segundo lugar. Ellos consideraron que se debían montar cuatro guerrilleros, y eso generó nuevamente una discusión con la Cruz Roja, que consideraba que los guerrilleros no se podían montar.

Teníamos una situación de discusión. Pensábamos que se debía flexibilizar el protocolo un poco. Nunca nos pasó por la cabeza que fuera a cambiar el plan, y la guerrilla nunca dijo que iba a llevar unos guías. La condición surgió en aras a los sobrevuelos, no sólo en el primer lugar a donde llegamos sino en el lugar donde iban a entregar a los rehenes. La guerrilla hubiera podido decir que no nos los entregaba en esas condiciones, pero, sin que sea esto un canto a la guerrilla, uno tiene que reconocer su buena voluntad.

Le preguntamos a la tripulación de Brasil si ellos tenían problema con montar a los guerrilleros y ellos dijeron que no. La Cruz Roja dijo que tenía que consultarse entonces al Gobierno de Brasil y eso nos ponía en otra encrucijada: llamar al embajador de Brasil en Colombia, que él llamara a Brasilia. Al fin la Cruz Roja llamó al embajador, no sé si él llamó a Brasilia, tuvimos que esperar otros 20 minutos para que se consultara, se llamó nuevamente por el teléfono satelital y Brasil aceptó. Pero vino el tercer episodio: la Cruz Roja dijo que los tenía que requisar.

Desde el principio, la comisión y la Cruz Roja dijimos que los guerrilleros debían ir sin armas y ellos aceptaron sin discutir. Pero cuando se pidió la requisa ellos se negaron, consideraron que eso atentaba contra su dignidad de combatientes. El vocero era un comandante, no sé cómo se llamaba, no se identificó en ese lugar ni él ni el resto de los guerrilleros. Todos eran jóvenes, no creo que ninguno pasara los 35 años, la mujer tenía unos 25 años.

Daniel Samper le preguntó al guerrillero que estaba coordinando si ellos iban armados y él le dijo que no. Daniel les dijo que creíamos en su palabra y dijo que nosotros éramos los garantes, ante la Cruz Roja, de que no iban armados. Fue la única forma de desempantanar ese último impasse.

Ahí estuvimos desde las 9 hasta las 11 pasadas. Nos montamos con los cuatro guerrilleros que llevaban las coordenadas y un radioteléfono. Cuando nos estábamos acercando, le iban entregando al piloto las coordenadas. Una hora y cuarto de vuelo.

Cuando llegamos al segundo lugar la situación era completamente distinta. Era una montaña, una planicie, rodeada de selva, y uno veía desde el helicóptero por lo menos tres anillos de guerrilleros, con las armas empuñadas, y en el planito de la montaña otro anillo como en semicírculo, abriendo espacio para que aterrizara el helicóptero. Desde éste se veían guerrilleros acostados en el suelo con el fusil hacia arriba.

Se bajaron primero los cuatro guerrilleros. Aparecieron los dos comandantes que estaban ahí. La señal era una sábana blanca, en todos los lugares lo era. Los comandantes nos dijeron que había problemas para la entrega por los sobrevuelos, que en la vereda El 12 de Octubre había habido un enfrentamiento. No sé la vereda de qué municipio era ni en qué departamento estábamos, yo creo que estábamos por el Caguán, pero no estoy segura. No me quise aprender nombres de nada. Ellos plantearon que en esa vereda hubo un enfrentamiento que dejó un guerrillero muerto en combate y otro desaparecido.

Se mostraron muy preocupados porque creían que el Ejército les había estado haciendo seguimientos y nos dejaron oir una grabación de una interceptación de algún oficial, no sé si alguien que estaba en una de las aeronaves, pero alguien con mando, porque daba orientaciones de ubicación en grados. Dijo: 'Hacia el sur del río Caguán', que era una de las coordenadas que se tenía para la llegada al primer lugar. Decía 'No copia, no copia, tomen fotografías y avancen por tierra'. No es textual pero ese era el sentido.

Los guerrilleros estaban preocupados, nerviosos. Armaron un cambuche con una mesa y unos asientos y comenzamos a conversar con estos dos comandantes, que nos dijeron que en esas condiciones no se podía hacer la entrega. Nosotros les dijimos de la importancia de que el país caminara hacia un acuerdo humanitario. Daniel Samper fue muy claro en decirles que Colombianos y Colombianas por la Paz no estamos de acuerdo con la lucha armada ni con el secuestro, pero que nos parecía importante ese diálogo epistolar que se había iniciado con ellos y que esperábamos continuarlo para encontrar caminos donde el secuestro se saliera del conflicto.

Ellos explicaron que el conflicto no se podía humanizar sino que se debía acabar, porque la guerra no podía ser humana. Dieron sus explicaciones sobre las grandes desigualdades. Alrededor de nosotros había 3 anillos con unos 500 guerrilleros, todos muy jóvenes, vi muchas mujeres muy jóvenes y muy bonitas. Los comandantes se identificaron, uno era el comandante Horacio. Los guerrilleros estaban de camuflado, verde oliva y negro, tres tipos de uniforme. Nosotros preguntamos qué significaban esos uniformes pero nos dijeron que nada, que no son índice de rango o algo así.

Nos sirvieron un almuerzo, que es el picnic del que habla el general Padilla. Nos dieron un sancocho muy rico, tal vez de gallina campesina, gaseosa manzana. Todo en las condiciones que ellos tienen, las condiciones de la selva. No fue como lo han querido presentar, una gran fiesta. Fue una situación difícil. Es un irrespeto que digan eso de 'picnic' porque, aunque es una opción, los guerrilleros no viven en una gran fiesta sino en condiciones precarias, geográficamente es un territorio muy difícil.

Almorzamos ahí. El mantel era un plástico negro. Hablamos con ellos bastante tiempo, mientras se calmaban. Por el radioteléfono seguían diciendo que había tropa del Ejército que avanzaba hacia donde estábamos. Era tanto el interés de nosotros de que la misión se cumpliera que lo único que nos interesaba era establecer una situación de diálogo y de confianza con la guerrilla para que ellos se sintieran seguros con nosotros y la misión llegara a feliz término. En un momento, uno de los comandantes le dijo a la tropa: 'Si hay ingreso del Ejército, se tiran al suelo y se defienden'. Los cuatro de la misión nos miramos como pensando en dónde nos tirábamos nosotros, porque eso era campo abierto.

Ahí empezaron a agilizar la entrega, porque en todo ese tiempo todavía no habían llegado los cuatro miembros de la Fuerza Pública.

Uno de los comandantes que hablaba con nosotros, que es de color negro, es la muestra de la tragedia de este país. Él fue líder de las marchas cocaleras de 1996 y muchos de esos líderes, cuando ingresaron los paramilitares al Putumayo, fueron desaparecidos. Lo que él narra es que para muchos de ellos, la única forma de proteger su vida fue ingresando a la guerrilla. Las historias que uno oye ahí son muy tristes, son historias de mucha exclusión, de gente que no encontró salida en esta sociedad, y que llegó a la guerrilla por proteger su vida, o por sus ideales, u otras razones. Después de mirar tan de cerca tanto dolor, tanta exclusión, gente tan joven, me hacía pensar en los privilegiados como mis hijos. Horacia aparenta unos 40 años, es un negro agradable. Nos cantó las canciones que él ha compuesto, corridos, vallenatos, de temas sociales pero también de amor, a la vida, a la libertad.

La senadora Piedad Córdoba pasó y saludó a todos para distensionar la situación, conversamos con algunos de ellos. Eso no significa que yo le esté haciendo un canto al secuestro, a los crímenes de lesa humanidad. Estábamos hablando con seres humanos que participaban en una liberación y así teníamos que tratarlos, no les podíamos decir que tenemos que acabar con ellos. Todo el tiempo les hablamos de sacar el secuestro de la lucha armada, de buscar caminos para llegar a un acuerdo humanitario, a la paz.

Y, en lo que yo al menos vi, aunque pueda parecer contradictorio, ellos creen que la paz es la única salida para este país, pero una paz que signifique inclusión. Si la sociedad tuviera la capacidad de oír, sin que eso signifique ser complaciente, pero oír lo que tienen por decir otros colombianos que están armados pero que tienen que salir de las armas. esta guerra no la gana ni los unos ni los otros. No creo que haya una alternativa distinta a la negociación política. Eso no quiere decir que el Estado no los tenga que combatir, pero no creo que la vía sea la militar.

El otro comandante, básicamente, estaba pendiente del radioteléfono. Él habló al principio, él fue el que nos dijo de la confrontación en la vereda, luego se fue a hablar con la tropa, habló con la senadora Piedad Córdoba para distensionar la cosa, hasta que Piedad les dijo que las cosas ya se habían normalizado y que trajeran a los cuatro miembros de la Fuerza Pública. Fueron por ellos.

Estaban muy emocionados. Nos abrazaban a todos. A la senadora le decían que sin ella esto no habría sido posible, que era la única que los podía sacar de allí. Que si no fuera por ella hubieran estado enterrados allí. Entregados los rehenes, la guerrilla nos pidió que nos quedáramos en ese lugar una hora y, cuando vimos, ya no había ningún guerrillero.

Todo el tiempo, los pilotos brasileros fueron muy profesionales. Permanecieron super neutrales, cuando se les pidió opinión de llevar a los guerrilleros ellos dijeron que no había ningún problema. Cumplieron su misión de brindar apoyo logístico para la liberación. Cuando estuvimos en el punto en que recogimos a los rehenes ellos nunca se bajaron del helicóptero, ni hablaron con ningún guerrillero. Los guerrilleros se les acercaron para darles almuerzo, no más.

En todo este tiempo, los de la Cruz Roja también estaban hablando con los guerrilleros. Y ellos fueron enfáticos en decirle a la Cruz Roja que no creían en ella, no sólo por la Operación Jaque sino porque en otras situaciones la Cruz Roja no había sido ni neutral ni objetiva. 'No creemos en ustedes, ustedes no nos dan garantía de nada'. Ellos les respondieron que les parecía importante hablarlo, hacer reuniones cara a cara y poder conocer las percepciones y hechos en que la guerrilla consideraba que la Cruz Roja había fallado. La guerrilla fue enfática en decir que ellos hacían la liberación porque creían en la palabra de la senadora Piedad Córdoba y en Colombianas y Colombianos por la Paz.

Hablamos con los miembros de la Fuerza Pública. Y sé que es mi palabra contra quienes dieron la rueda de prensa en la Casa de Nariño, entiendo también su situación, no creo que uno tenga que sancionarlos por dar dos versiones distintas, pero por ejemplo, ellos dijeron en la rueda de prensa que dos días antes la guerrilla les había dicho que iban a ir unos periodistas a entrevistarlos y que ellos tenían que decir una serie de cosas, que era su pasaporte para salir. Nosotros les preguntamos que cuándo se habían enterado de que los iban a liberar y ellos nos dijeron que esa misma mañana, cuando nos lo dijo el periodista que nos entrevistó: Hollman Morris.

Morris estaba cuando llegamos al campamento, pero creo que esa es otra tempestad en un vaso de agua. Hay periodistas que son cronistas de la guerra, y él estaba ahí haciendo un registro importante dentro de la guerra. Estuvo en el almuerzo que nos dieron, pero no nos contó nada. Lo saludamos no más. No sabíamos que iba a estar ahí y tampoco teníamos por qué saberlo, un periodista se busca la manera de registrar los eventos importantes para el país, porque los periodistas han estado ahí hemos sabido de los horrores de la guerra. Pero en este país todo lo satanizamos y no utilizamos la misma medida para todas las partes. ¿Cómo logró llegar ahí? No lo sabemos.

Los miembros de la Fuerza Pública nos dijeron que lo intuían porque habían estado caminando desde el 21 de diciembre hasta dos días antes de la liberación. Le solicitaron a la senadora que intermediara con los comandantes para que a los otros secuestrados los dejaran oír radios. Nos dijeron que era porque la tropa les había quitado los radios por considerar que hay algunos periodistas muy parcializados. En ese contexto, lo que ellos dijeron es que la noticia oye noticias todos los días, entre 6:30 y 8:30 a.m., y después hacen reunión de análisis de las noticias. Varias veces les escucharon decir que si los periodistas seguían tan parcializados los iban a secuestrar o a poner bombas, pero no fue como lo plantearon, que fue una amenaza que mandaron. Ellos nos contaron que oían las reuniones de los guerrilleros, que algunas veces guerrilleros que se enojaron dijeron esas cosas, pero no como fue presentado de que la guerrilla 'mandó decir'.

Les preguntamos por los sobrevuelos y nos confirmaron no sólo que había habido sobrevuelos toda la mañana, sino que desde hacía cuatro días había hostigamiento militar. También les preguntamos que cómo era la comida y ellos dijeron que era igual para todos: cuando había, comían tanto secuestrados como guerrilleros, y que en tiempos de navidad había entrado más comida y habían tenido la oportunidad de comer torta y pollo. Pero en la rueda de prensa dijeron que había comida distinta para los comandantes, los guerrilleros y los secuestrados. Pero bueno, yo creo que eso es entendible.

Salimos muy tarde, pasadas las 4:30, alcanzamos a pensar que no podríamos llegar a Villavicencio. Hollman no se vino con nosotros. Se quedó con nosotros después de que los guerrilleros se esfumaron, pero no sé qué pasó con él luego de que nosotros alzáramos vuelo. Él estaba con dos personas más. Finalmente llegamos a Villavicencio como a las 7:00 de la noche, fueron casi tres horas de vuelo. El vuelo estuvo bien y los pilotos brasileros eran muy profesionales. En el vuelo de regreso los liberados se la pasaron hablando. Tanto que uno de ellos le dijo a la senadora: 'Oiga, senadora, con unos ahorritos que mi mamá me tiene yo quiero hacer un curso de escolta y voy a ser su escolta'. Era uno de los del Gaula. El soldado que cantó la canción de Jaque nos cantó a nosotros una canción para la senadora Piedad Córdoba y para Colombianos y Colombianas por la Paz. Él dijo que la había compuesto, que era experto en corridos mexicanos. Pero en el helicóptero no se pudo hablar mucho por el ruido.

Cuando llegamos a Villavicencio, les prestamos los celulares para que hablaran con sus familias. El Comisionado para la Paz nos situó a una reunión urgente para expresarnos la molestia del Gobierno frente a las declaraciones de Jorge Enrique Botero. El Comisionado dijo que, según el Gobierno, habíamos roto los acuerdos por lo de Jorge Enrique y lo de Hollman. Nosotros no sabíamos en ese momento de las declaraciones de Jorge Enrique, porque cada uno estaba dando declaraciones por su lado apenas nos bajamos, y de las declaraciones de Jorge Enrique nos enteramos ahí con el Comisionado.

El Comisionado se paró un momento y nosotros le dijimos a Jorge Enrique que no estábamos de acuerdo con él. Sin embargo, por supuesto, el Gobierno, la Cruz Roja, Colombianos y Colombianas por la Paz y hasta la guerrilla, que eran todas las partes involucradas, sabían que Jorge Enrique iba a hacer un documental sobre todo este proceso. Eso no era sorpresa. La sorpresa fue ver al otro periodista. Luis Carlos Restrepo nos dijo que el Gobierno estaba muy molesto, que nosotros habíamos roto los acuerdos. La reunión fue tensa, duró unas dos horas. Estaban la Cruz Roja, el Comisionado, un militar que es como coordinador de la parte de aviación de Villavicencio.

Le informamos a Luis Carlos de los sobrevuelos, él escuchó la grabación de lo que interceptó la guerrilla (Jorge Enrique lo grabó). Yo les vi como cara de preocupación. Luis Carlos dijo que iba a averiguar qué había pasado y planteó que eran vuelos comerciales, pero nosotros dijimos que no podía ser. Él hizo un par de llamadas y luego nos dijo que en acuerdo con la Cruz Roja, según el Ministerio de Defensa, los vuelos podían ser por encima de los 20 mil pies. Pero la Cruz Roja, en cabeza de la directora para América Latina, planteó que eso nunca fue un acuerdo porque la Cruz Roja no acepta ese tipo de protocolos.
En ese momento pensamos que las otras dos liberaciones se podían dañar por varias razones: en esa reunión Luis Carlos nos dijo que Jorge Enrique no podía ser más garante del proceso por haber tomado partido, en alguna medida vetó su presencia. En eso Daniel tuvo una posición de mucha coherencia y muy ética. Dijo que para él era inaceptable ese veto y que quería expresar claramente que el Gobierno estaba haciendo trampa, que no estaba de acuerdo con ese manejo y los demás compartimos su postura. Yo le pregunté a Luis Carlos que si eso significaba que Botero no podía ir más en las misiones y él me contestó: 'No me pongas en blanco y negro. Estoy diciendo es que ustedes rompieron los acuerdos'. Él recibió una llamada, nos dijo que le iba a expresar al Presidente nuestra posición, y al regresar nos dijo que la única que podía ir en las siguientes misiones era la senadora Piedad Córdoba. Ahí ya nos sacaron a los tres.

Piedad le dijo que quería discutir eso, ella planteó la posibilidad de que la acompañara otra persona. Ahí Luis Carlos planteó que iba a haber algunas restricciones para la prensa porque, por solicitud del Presidente, eso no podía seguir convirtiéndose en un show mediático. Terminamos la reunión con Luis Carlos y cerca de las 11 de la noche Piedad lo llamó, luego de una reunión de Colombianos y Colombianas por la Paz. Daniel dijo que no aceptaba veto de ninguna clase y él mismo planteó que era yo la que debía acompañar a la senadora. Él dijo: 'Yo, ante este evento, me bajo de la misión. Me voy para Bogotá mañana'. Ahí hicimos un acuerdo de no dar ninguna declaración hasta que terminaran las tres liberaciones, consideramos no ponerlas en riesgo. En la llamada, Piedad le expresó a Luis Carlos que deseaba viajar conmigo, que por favor le consultara al Presidente. Que el Presidente acababa de llegar de un viaje muy largo y que iba a intentar hablar con él en la mañana.

Pero luego pasó lo de la Casa de Nariño. Ya estábamos en el hotel y hablamos con la Cruz Roja, y ésta nos dijo que en esas condiciones era muy difícil continuar con la misión. ¿Qué pasó aquí? ¿Qué podemos hacer? Dábamos vueltas. El coordinador de la Cruz Roja llamó a Piedad Córdoba y le dijo que en esa situación, para la Cruz Roja, era muy difícil continuar porque la garante era la senadora. Nos acostamos hacia las 3:00 a.m. y la próxima liberación, se suponía, empezaba a las 7:30 a.m.

Nos levantamos a las 5:30 am y fuimos a desayunar a las 6:30 a.m., sin tener muy claro cuál era el panorama. Estábamos en stand by de qué iba a pasar. Llegaron los familiares de Alan Jara al hotel para ver qué iba a pasar, estaban muy preocupados. La Cruz Roja, a su vez, me imagino que hizo algunas conversaciones y hacia las 9:00 se dio la autorización para que la senadora Piedad Córdoba fuera en la misión. Ahí conocimos la decisión de que no hubiera medios.

Yo, personalmente, creo que ningún funcionario toma una decisión de bajar a todos los de la comisión, de que los periodistas no cubran, sin ser discutidas con el alto gobierno. Yo sí creo que fue una decisión del alto gobierno, donde Luis Carlos tramitaba la orden, pero que en últimas generó tal nivel de polémica y tal rechazo que para el alto gobierno era más fácil decir que el error era de Luis Carlos. Independientemente de nuestras diferencias, creo que eso no se le hace a ningún ser humano.

EL ESPECTADOR
8 de febrero de 2009

Fuente: SÍ SE PUEDE LOGRAR LA PAZ - Acuerdo humanitario ya - La misión que encendió la polémica


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