sábado, 09 de febrero de 2008
Colombia: La pandora errante
En ambientes de crisis las reflexiones que intentan traducir los alambicados orígenes de ciertos procesos al lenguaje cristalino suelen ser desacreditadas sin el menor análisis, mucho más cuando se trata de examinar críticamente proyectos que pretenden involucrar y uniformar masiva y alocadamente a la colectividad bajo una consigna.
Una investigación que no requiere la profundidad de los procesos científicos advertiría que la marcha convocada para el cuatro de febrero entrante, está animada por circunstancias políticas que tienen una alta simbología en su proyección no visible a los ojos ni al entendimiento de las masas. Es decir, la centralidad de sus propósitos está recubierta de aparente nobleza.
En términos inequívocos la respetable Comisión Permanente por la Defensa de los DDHH, ha afirmado que “en estos días el país se ha visto agredido por un brutal embate mediático que busca comprometer a sectores de la población en una marcha “contra las FARC” el 4 de febrero, sin embargo, poco a poco va saliendo a la superficie el verdadero trasfondo de esta convocatoria que busca un apoyo incondicional a las posiciones guerreristas del gobierno, apoyo a nuevas variantes de rescate por la fuerza que ponen en riesgo la vida de los retenidos (cerco a campamentos de las FARC) y apoyo incondicional a una nueva reelección del presidente Uribe. Entre los objetivos no aparece ni una palabra en favor de un Acuerdo de Intercambio Humanitario”.
Veamos ahora la fecha “acordada”: Una ojeada a la historia reciente nos conduce a recordar que el cuatro de febrero de 1992 (hace 16 años) el entonces coronel Hugo Chávez lideró el fallido golpe militar contra el presidente Carlos Andrés Pérez. En tal virtud las personas que se han colocado a la cabeza de la promoción del evento bajo el esquema de “marcha”-palabra que en este contexto evoca aires marciales- contra las FARC, no son primíparas en procesos de reproducción ideológica. Seleccionaron deliberadamente esa fecha para movilizar en la conciencia nacional un “espíritu antichavista”, que de atrás se viene desarrollando con raquíticos mítines opositores ante la embajada del vecino país. Ello no contradice el lobby que grandes industriales hacen ante los ministerios del Poder Popular buscando engordar sus arcas con la complicidad del gobierno colombiano
Inicialmente era posible observar una simple coincidencia en la fecha, más cuando fueron apareciendo otras concomitancias, como la expansión paramilitar en la larga frontera, el acaparamiento y contrabando de víveres de primera necesidad por alianzas criminales de colombianos con “venecos” de la oposición, y la inopinada visita del Almirante Michael Glenn Mullen, jefe del Estado Mayor Conjunto de los EE.UU y de Condoleeza Rice, en momentos en que los hechos inherentes al proceso con las FARC producían las más altas tensiones en las relaciones binacionales, no quedaba duda de que los inspiradores de la marcha harían de ella una pieza más del engranaje que se propone impulsar la desestabilización de la institucionalidad venezolana y la reproducción gubernamental de Uribe III.
El instrumento de esa reproducción ideológica dispuesto para formar la base de las representaciones sociales del ignaro pueblo, no ha sido otro -al lado de los mass media comerciales- que Face Book, una herramienta ya denunciada por un editorial del prestigioso matutino The Guardian como patrocinada por sectores militaristas y de la extrema derecha norteamericana, para hacer rastreos de las fichas personales que la intelligence de “El gran hermano” observa para el posterior encarte judicial.
Es quizás inevitable aludir a la convocatoria que vienen haciendo desde sus respectivos espacios de comunicación dos emblemáticos adalides de la derecha uribista, cuyas trayectorias no son precisamente una oda a la democracia y a la ética pública: Salvatore Mancuso y Fernando Londoño Hoyos. Bajo sus designios se congregarán coléricamente todos los(as) que en este país piensan en que la única salida es la guerra contra las FARC, olvidando las masacres cometidas por el paramilitarismo y/o la responsabilidad del Estado por acción u omisión en violaciones a los Derechos Humanos, crímenes de guerra o de lesa humanidad, la desaparición forzada, la tortura, las ejecuciones extrajudiciales, las masacres selectivas, etc. Y todavía más: expresando su solidaridad con quien les ha decretado la muerte por cercamiento a los secuestrados de la selva profunda.
Toda la parafernalia logística está servida para que esa marcha represente lo que no quieren ni sienten los colombianos: La reposición de un mandato de derecha, la guerra con la república bolivariana de Venezuela y la muerte -el cielo no quiera- de las víctimas de esta incomprensible guerra social y política que vivimos.
Por: Alpher Rojas Carvajal (especial para ARGENPRESS.info)
Fuente: Argenpress













