domingo, 23 de diciembre de 2007
España: La cocaína que se vende en Asturias es ahora más adictiva al estar mezclada con heroína
Sábado. Cuatro de la madrugada. Un reputado empresario asturiano en la cuarentena ingresa en el Hospital Central de Asturias con taquicardia. Minutos más tarde fallece. Nunca llega a realizarse un examen toxicológico y sólo su círculo más íntimo conoce la causa real de la muerte: sobredosis de cocaína. En los registros oficiales el fallecimiento se atribuye a «problemas cardiacos».
El caso, real, le sirve al jefe de servicio del área de salud mental de Oviedo y catedrático de Psiquiatría de la Universidad, Julio Bobes, una de las máximas autoridades de la región en esta especialidad, para alertar de que muchas de las dosis de cocaína que se venden en Asturias han sido previamente mezcladas con heroína, lo que multiplica de forma considerable su potencial adictivo.
Bobes dio ayer la voz de alarma tras constatar un incremento de las consultas de los servicios de salud mental del Principado por problemas de adicción a la coca, una sustancia de la que, a falta de los datos referidos a 2007, las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado requisaron casi 3.000 kilos en la región desde 2000 hasta finales del año pasado.
El catedrático de Psiquiatría explicó que «hay un acuerdo entre los distribuidores para vender cocaína cada vez más pura» y «asociarla a la heroína», con lo que «consiguen eliminar algunos de los inconvenientes asociados al consumo de coca, como el hecho de que produce mucha inquietud psicomotora». La heroína logra, por ejemplo, que los tics faciales, que suelen ser comunes entre quienes esnifan, desaparezcan y, con ellos, la evidencia de que han esnifado. «La heroína evita este efecto secundario, pero, a cambio, produce más dependencia». Bobes pretende llamar la atención sobre «una adicción que está experimentando un crecimiento importante» y que «es muy difícil de afrontar con los medios que existen en Asturias». Así, el catedrático denuncia que los servicios de salud mental del Principado «carecen de dispositivos y programas específicos para la atención y el tratamiento de estos pacientes».
Pero no sólo eso: «Todo parece indicar que la facilidad para acceder a esta droga y las cantidades que circulan por el mercado negro aumentarán», según el jefe de servicio del área de salud mental de Oviedo, fundamentalmente, por tres razones. La primera es que «la producción mundial aumenta y los cultivos de esta planta se multiplican, lejos de sustituirse por otros». El exceso de oferta «permite bajar los precios: un gramo de coca costaba 25.000 pesetas hace una década, mientras que ahora ronda las 10.000». Llevado a la microescala, una raya cuesta en el Principado unos cuatro euros, menos que una copa. «Ese coste es accesible para los salarios que se manejan en la Unión Europea», donde, según las últimas estadísticas del Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicologías, España y Reino Unido lideran el ranking de consumo de coca.
La tercera razón de esta escalada de adicciones es la referida combinación con la heroína, constatada por el hecho de que, «mientras que los consumidores de este opiáceo disminuyen, las plantaciones de opio aumentan».
Esta mezcla de un depresor con un excitante, ambos de gran potencia, se había venido utilizando en una droga que se conoce como «speed-ball», aunque ésta se consume por vía intravenosa.
«Los médicos somos los radares que detectan los problemas de adicción en primer lugar, y carecemos de recursos. Lo que tenemos estaba básicamente enfocado a los adictos a la heroína de los ochenta, llamados despectivamente yonquis, y el perfil de los cocainómanos de ahora no tiene nada que ver con aquella adicción».
«Con la cocaína no hay patrones», precisa el psiquiatra, por cuya consulta pasan «desde el señor que trabaja en la construcción y que se tira doce horas en la obra hasta transportistas que viajan por España con cantidades que, además, distribuyen, y profesionales liberales, personas perfectamente integradas y con puestos relevantes que al principio no tienen demasiados problemas, pero que progresivamente se van quedando fuera del sistema y que la usan para desinhibirse». No obstante, sí pueden distinguirse dos perfiles básicos de consumidor: «Aquellos que la emplean con fines de ocio y quienes buscan un alivio a la sobrecarga laboral».
Otro de los problemas que hacen que la percepción del riesgo que entraña el consumo de cocaína quede «dulcificado» es que «los fallecimientos por esta causa no trascienden»: «A los familiares no les interesa por el estigma social y por el impacto que todavía generan los comportamientos adictivos».
Según Bobes, «esta limitación tampoco permite que el debate social sobre las drogas se haga de forma correcta, porque los muertos no están en ese debate».
Se acerca la Navidad, una fecha en la que las fiestas se acumulan y en la quienes tienen en esta sustancia su negocio hacen el agosto. El presidente de la Asociación de Hostelería de Asturias, Alfredo García Quintana, anunció hace cinco meses la firma de un convenio con Sanidad, en cuarentena, cuyo objetivo sería «conseguir que el consumo sea difícil en bares y discotecas» con medidas como «no dejar pasar a más de una persona al baño de los locales». Julio Bobes también prefiere dejar reposar el informe presentado esta semana por la directora general de Salud Pública del Principado, Amelia González, que asegura que el consumo entre los jóvenes asturianos se ha estabilizado.
Por Oviedo, A. VILLACORTA
Fuente: Ine.es













